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ATRAPÉ AL ODIO

ATRAPÉ AL ODIO

Status: Terminada
Genre:Venganza / Malentendidos / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

“Cuando el pasado guarda sus secretos, dos destinos chocan entre el odio, el poder y una promesa que cambiará todo.”

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14

⚠️ PARA MAYORES DE 18 AÑOS ⚠️

Si no estás preparado/a para leer contenido con escenas de violencia, abuso y temas fuertes, no continúes.

 

—Isabella

Llegamos a la universidad y todo parecía igual que siempre:

Gente saludando, risas, grupos reunidos en los patios. Pero para mí todo se veía diferente:

Cada paso que daba era vigilado, cada mirada era controlada.

Adrián caminaba a mi lado, su mano apoyada en mi cintura con una presión que me recordaba que no me alejara ni un centímetro.

De pronto escuché mi nombre.

—¡Isabella!

Era Javier, un compañero de clases que conocía desde el primer año.

Se acercó sonriendo y me saludó como siempre:

—¿Cómo estás?

Hace rato no te veía, pensé que no vendrías hoy.

Yo me detuve un instante, por costumbre, y alcancé a decir:

—Sí, todo bien… solo tuve unos problemas.

No alcancé a decir nada más.

Sentí cómo los dedos de Adrián se clavaron hasta dolerme.

Su sonrisa desapareció al instante, pero mantuvo la compostura solo por fuera.

Me pegó a su cuerpo como si quisiera fundirme en él, y me susurró al oído con una voz tan fría que me heló la médula:

—Sonríe.

Finge que eres feliz.

Hay cámaras por todas partes.

Si haces una escena, si te atreves a decir algo…

pagarás el doble.

Y tus padres no se enterarán de nada hasta que yo decida que sea el momento.

Me dio la vuelta con lentitud engañosa, y caminamos hacia el auto como si fuéramos la pareja más enamorada del mundo.

Nadie notó que me estaba apretando hasta hacerme daño, nadie supo que mi corazón se había detenido de miedo.

—Adrián

Subí al volante con la mandíbula tan tensa que me dolían los dientes.

La rabia me quemaba por dentro, cada segundo que pasaba me hacía arder más.

Conduje sin decir una palabra, con los ojos fijos en el camino, hasta que dejamos atrás todo rastro de la universidad.

Y cuando por fin hablé, mi voz sonó como un trueno contenido:

—¿Todo bien?

¿Así que todo bien?

¿Te atreves a mirarlo, a responderle, a tratarlo con esa amabilidad que solo me pertenece a mí?

¿Ya te olvidaste de lo que te advertí?

¿Ya te olvidaste de quién eres?

—Isabella

—No… por favor… yo solo… —intenté explicar, pero mi voz se quebró en un sollozo.

—¡Cállate! —bramó, golpeando el volante con tanta fuerza que el auto se sacudió—.

No quiero escuchar excusas.

Ya te dije que no te quiero cerca de nadie.

Y tú me desobedeciste.

Y ahora vas a aprender que mis reglas no son palabras vacías.

Condujo directo al hotel donde se alojaba, entró al estacionamiento subterráneo y me sacó del auto casi arrastrándome.

Subimos a su habitación, y en cuanto la puerta se cerró con un golpe seco detrás de nosotros, toda la máscara cayó para siempre.

Ya no había cámaras.

Ya no había nadie que nos viera.

Ya no había necesidad de fingir.

—Adrián

La empujé con fuerza contra la pared, haciéndola dar un grito ahogado.

La miré con los ojos llenos de un odio ciego, una furia que no sentía desde hacía años.

—Aquí no hay nadie que te salve.

Aquí no hay nadie que escuche tus mentiras.

Aquí solo estamos tú y yo.

Y tú me desafíaste.

La tomé como si fuera una cosa, sin ninguna delicadeza, sin ningún respeto.

La arrojé sobre la cama y me puse encima de ella, sujetándola con tal fuerza que no pudo moverse ni un milímetro.

—Hoy vas a pagar con cada gota de tu sangre ese saludo.

Hoy vas a sentir lo que es desafiar me a mí.

Entré en ella con una violencia que nunca antes había mostrado, con una brusquedad desgarradora, una y otra vez, golpeándola sin piedad, haciéndola gritar con un dolor tan agudo que se le rompía la voz.

Escuché sus súplicas, sus llantos desesperados, y solo me hice más fuerte, más cruel, más implacable.

—¡Grita! —le rugí al oído—.

¡Grita todo lo que quieras!

Nadie vendrá.

Nadie te oirá.

¡Tú eres mía!

¡Solo mía!

Y cada vez que se te ocurra mirar a otro, te haré sentir el doble de esto.

—Isabella

Entró en mí con una brutalidad una y otra vez, con una fuerza que nunca imaginé posible, haciéndome gritar del dolor con toda mi alma, hasta que me quedé sin voz, sin aire, sin fuerzas.

Me sentí desgarrada, destruida en cuerpo y alma, mientras él seguía y seguía, sin detenerse ante mis ruegos, ante mi dolor, ante nada.

Cada movimiento suyo era una tortura nueva, un recordatorio salvaje de que yo no tenía voluntad, ni cuerpo, ni vida propia.

Cuando por fin terminó, me dejó allí tirada, temblando de pies a cabeza, con el dolor recorriendo cada rincón.

Me obligó a arreglarme, a limpiarme las lágrimas, a ponerme de pie.

Y cuando me miró a los ojos, ya no había furia en su rostro:

solo una frialdad absoluta y una orden que me heló la sangre:

—Ahora volvemos.

Volvemos como si nada hubiera pasado.

Como dos personas que se aman.

Y escúchame bien:

no quiero que hables con nadie.

Ni un saludo, ni una mirada, ni una palabra.

Tú entrarás a Medicina, y yo iré a mi clase de Derecho.

Y si te veo hablar con alguien…

ya sabes lo que pasa.

Me tomó de la mano, me acarició la mejilla con una ternura falsa que me dio escalofríos, y me dijo bajito:

—Sonríe.

Y actúa como si fueras la mujer más feliz del mundo.

Y así, con el dolor todavía vivo en cada centímetro de mi piel y el miedo clavado en el alma, regresamos a la universidad.

Caminamos juntos, de la mano, como si nada hubiera pasado.

Y cuando llegamos a la entrada de la facultad de Medicina, me dio un beso suave en la frente, como si fuera el hombre más cariñoso del mundo, y me susurró:

—Nos vemos a la salida.

Y recuerda: nadie se entera de nada.

—Isabella

Lo vi alejarse hacia el edificio de Derecho, y yo me quedé allí, parada, fingiendo una sonrisa que no sentía, sabiendo que ahora.

tendría que vivir con la doble vida que él me había impuesto:

la pareja perfecta en público, y la prisionera rota en silencio.

 

1
Leticia Contreras
espero y no te arrepientas Isabella
Lois fuentes coloma: esperemos que no se arrepienta🤭
total 2 replies
Leticia Contreras
el que por su gusto es guey hasta la collunta le save
Lois fuentes coloma: me encanta que te gusto el libro después te recomiendo a leer el regreso de la promesa
total 1 replies
Leticia Contreras
ya caiste redondita otra ves
Leticia Contreras
haber si recuerdas todo el dan̈o que le hisiste
Leticia Contreras
se le quemo el cerebro a Isabella
Lois fuentes coloma: gracias por leer si se le quemo el cerebro 😂
total 2 replies
Leticia Contreras
escritora ahora si te volaste la barda
Leticia Contreras
andale Isabella ya te llego el amor por tu violador
Leticia Contreras
muy amnesia ya olvido lo cerdo que fue
Leticia Contreras
no pues wow
Leticia Contreras
no me gustaria que con todo el mal que hizo todabia se quede con el
Leticia Contreras
ya se paso de fritos
Leticia Contreras
sin comentarios
Leticia Contreras
ya la sangre llama pero no mereces nada cretino
Leticia Contreras
Isabella no entendio su leccion
Leticia Contreras
no merece ni un saludo infeliz
Leticia Contreras
que mala onda con este encuentro
Leticia Contreras
no ya regreso este animal
Leticia Contreras
no merece nada despues de todo lo que hizo
Leticia Contreras
ahora resulta que se enamoro de su verdugo inconsevible
Leticia Contreras
que apenas se entero que hizo sufrir y degrado a una inocente
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