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El CEO y la Bebé

El CEO y la Bebé

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Niñero / Padre soltero / Amor eterno / Completas
Popularitas:427.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Vitória Tavares

Eduardo Belmont lo tiene todo: poder, dinero y el control absoluto de un imperio empresarial. Pero tras la muerte de su esposa, el hombre más temido del mundo corporativo se convirtió en una sombra. Se refugió en el trabajo, en noches vacías y en una frialdad que mantuvo a todos a distancia, incluida su propia hija.

Clara tiene apenas meses de vida y nunca ha sentido los brazos de su padre.

Cuando Alana llega a la mansión Belmont como niñera, lo único que espera es un empleo estable. Lo que encuentra es una casa llena de silencio, una bebé que necesita amor desesperadamente y un hombre que parece incapaz de sentir. Pero detrás de la mirada gélida de Eduardo, Alana descubre algo que nadie más ha visto: un corazón roto que todavía late.

Lo que comienza como un deber profesional se transforma en algo que ninguno de los dos puede controlar. Cada sonrisa de Clara los acerca. Cada roce accidental enciende algo prohibido. Y mientras Eduardo lucha contra lo que siente por la mujer que le devolvió la luz, alguien observa desde las sombras, dispuesta a destruir todo lo que Alana ha construido.

Entre la pasión que crece, los secretos que acechan y una obsesión peligrosa que amenaza con arrasar con todo, Eduardo tendrá que decidir: seguir escondiéndose detrás de su armadura de hielo... o arriesgarlo todo por el amor que jamás creyó merecer.

Una historia de segundas oportunidades, amor prohibido y la familia que el destino tenía reservada.

NovelToon tiene autorización de Vitória Tavares para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — Solo quedaron cenizas

La mañana nació fría.

Sin sol.

Sin color.

El cielo parecía un gran manto gris cubriendo la ciudad, como si hasta la naturaleza se negara a seguir adelante.

Eduardo permaneció en silencio durante todo el trayecto al crematorio.

En el asiento trasero, la pequeña Clara dormía en la silla para bebé, arrullada por el movimiento suave del vehículo.

A su lado, Doña Adelaide sostenía una manta rosada entre los dedos, observando a Eduardo por el retrovisor.

Él estaba inmóvil.

Los ojos fijos en la carretera.

El rostro duro.

Pero la mandíbula tensa delataba el dolor que se negaba a mostrar.

Al llegar, el ambiente era silencioso y solemne.

El aroma de lirios blancos aún impregnaba el aire.

Todo parecía demasiado limpio.

Demasiado frío.

Demasiado definitivo.

Eduardo bajó primero.

Abrió la puerta trasera y, por un momento, se quedó simplemente mirando a Clara.

Tan pequeña.

Tan tranquila.

Una parte viva de Eleonor.

Pasó delicadamente la mano por el rostro de su hija y luego se la entregó a Doña Adelaide.

—Quédese con ella.

El ama de llaves asintió en silencio.

—Sí, señor Eduardo.

Él caminó solo hasta la sala reservada para la despedida final.

Adentro, la urna provisional reposaba sobre una mesa de mármol rodeada de velas y lirios.

El empleado explicó todo en voz baja, respetuosa, pero Eduardo apenas escuchó.

Las palabras llegaban lejanas.

Como un eco.

"Última despedida."

"Ceremonia."

"Cenizas."

Lo único real ahí era la ausencia de Eleonor.

Se acercó despacio.

Sus dedos tocaron la superficie fría de la urna.

Y por primera vez, la realidad lo golpeó con toda su fuerza.

Eso era todo lo que quedaría de la mujer que amaba.

Un nudo doloroso se formó en su garganta.

—Perdóname… —susurró.

La voz salió tan baja que casi se perdió en el silencio.

—Lo intenté todo.

Cerró los ojos.

Los recuerdos llegaron como una avalancha.

El primer encuentro.

La sonrisa de ella en el altar.

La noticia del embarazo.

Las manos entrelazadas en la habitación del hospital.

La última promesa.

Una lágrima rodó.

Después otra.

Y otra.

—Debí haber podido salvarte.

Su voz falló.

—Tengo dinero… poder… contactos en todo el mundo.

El puño se cerró a un costado de su cuerpo.

—Pero no pude salvar a la única persona que realmente importaba.

El pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas.

Afuera, Clara comenzó a llorar.

Un llanto bajo.

Pequeño como ella.

Pero suficiente para atravesarle el alma.

Eduardo giró el rostro hacia la puerta.

Por un instante, permaneció inmóvil.

Entonces comprendió.

Todavía tenía una parte de ella.

Su hija.

Su niñita.

Respiró hondo, se secó el rostro rápidamente y le dedicó una última mirada a la urna.

—Adiós, mi amor.

La ceremonia siguió.

En silencio.

Solemnemente.

Y cuando todo terminó, Eduardo recibió la pequeña urna con las cenizas de Eleonor entre sus manos.

Era liviana.

Demasiado liviana.

Como si el universo se burlara de la inmensidad del dolor que aquello cargaba.

En el auto de vuelta, sostuvo la urna durante todo el camino.

Como si todavía la estuviera abrazando.

Cuando los portones de la mansión Belmont se abrieron, el vacío se volvió aún más cruel.

Todo ahí le recordaba a Eleonor.

Las flores en el vestíbulo.

El piano en la sala.

El perfume suave que parecía flotar aún por el pasillo.

Eduardo subió las escaleras lentamente.

Entró a la habitación del matrimonio.

Y se detuvo.

La cama todavía deshecha.

La bata de ella colgada detrás de la puerta.

El portarretratos sobre la mesa de noche.

Se acercó a la foto.

Los dos sonriendo en la playa, durante la luna de miel.

El pecho se le apretó.

Sin fuerzas, se sentó al borde de la cama.

La urna todavía entre las manos.

El silencio de la mansión parecía gritar.

Fue ahí donde el duelo realmente comenzó.

No el duelo de las formalidades.

Ni de los documentos.

Ni de las despedidas.

Sino el duelo del hombre que volvía a casa y solo encontraba ausencia.

Durante los meses que seguirían, Eduardo se cerraría al mundo.

A sus padres.

A sus amigos.

A sí mismo.

Y la mansión Belmont se transformaría en un lugar de sombras, silencio y recuerdos.

Mientras la pequeña Clara crecía en brazos de Doña Adelaide…

Eduardo desaparecía dentro de su propio dolor.

1
Maria Luisa Cornara de Bodart
no es fácil salir de un duelo ..
audelina barra guzman
otra vez te digo Rosi te pásate excelente bella historia gracias y bendiciones 🙏❤️
audelina barra guzman
si pero Patricia duro poco porque a Rosi no le gusta las mujeres falsas jajaja 🎉🍼
audelina barra guzman
abra otro Eduardo así de romántico 🥹❤️ es puro amor y hasta pienso que a Eleonora no fue tan grande su amor ❤️
audelina barra guzman
ya estoy llorando 🥹🥹🥹🍼🍼🍼🍼 Rosi segunda historia que leo tuya son excelente son preciosas te Felicito ❤️❤️❤️
YENIS MORENO
me encanta esta historia la verdad no tiene capitulo malo felicidades autora
audelina barra guzman
que lindo Eduardo ❤️❤️❤️❤️🎉🎉🎉🍼🍼🍼🥹
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Ahora entendemos por qué Patricia no lo quería dejar ir 🫣🫣🤭😈
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Por fin la despidió, se había tardado bastante, desde la primera vez que lo amenazo lo hubiera hecho 😤
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Eso le pasa por pensar con la de abajo e involucrarse con cualquier loca 🤦🏼‍♀️😤
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Parece tonto él, que no tiene poder, una simple secretaria siempre lo amenaza que se va arrepentir y él no hace nada, ya la hubiera despedido 🤦🏼‍♀️🤬
Lucy alejo
muy buena me gustó felicidades a la autora
audelina barra guzman
bien excelente el amor todo lo soporta ❤️❤️❤️❤️❤️❤️
audelina barra guzman
Eduardo supongo que ya la despediste del trabajo a esa diabla 😈😈😈
audelina barra guzman
esa Patricia no se quiere ni un poquito no tiene dignidad zorrita
audelina barra guzman
está tóxica se ISO ilusiones sola porque Eduardo le dijo bien clarito que eso era solo sexo
audelina barra guzman
tuve miedo pensé que le reclamaría que no tiene apellido para entrar en su familia Felicidades 🎉
audelina barra guzman
Rosi porque no mandas una maratón son muy cortitos los capítulos 🤔🤔🤔
Lucy alejo
🥰🥰😍😍
Lucy alejo
emocionante capitulo, creo que me entró una basurita en el ojo 🥹
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