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El Matrimonio Que Llore A Escondidas

El Matrimonio Que Llore A Escondidas

Status: Terminada
Genre:Pareja destinada / Amor eterno / Romance / Ángeles / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Luisa Soto Rios

El matrimonio que lloré a escondidas
Una historia real de amor, un bebé milagro y un duelo que nadie vio

NovelToon tiene autorización de Maria Luisa Soto Rios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7 de noviembre- la sorpresa

El 7 de noviembre de 2024 no se me va a olvidar nunca. Nunca. Aunque pasen 10, 20, 50 años, aunque me quede sin memoria para otras cosas, ese día lo voy a tener grabado en el corazón como si me lo hubieran tatuado con fuego. Porque fue el día que vi la cara de amor más grande que he visto en mi vida.

Todo empezó a las 5 de la mañana. Me desperté antes de que sonara la alarma. Ya estaba despierta desde las 3, con los ojos abiertos, viendo el techo, sonriendo sola. No podía dormir de los nervios. Tenía la ropa lista desde una noche antes, colgada en el gancho de la puerta, planchadita, con el perfume ya echado para que oliera bonito. Tenía la comida lista en el refrigerador, en los topes transparentes que te dejan pasar. Arroz rojo, chicharrón en salsa verde que me enseñó a hacer mi suegra porque era su favorito de él, tortillas de harina, una coca bien fría, pan dulce. Todo lo que a él le gustaba y que tenía años sin comer bien.

Mi suegra me marcó a las 6 y me dijo "¿ya estás lista, Mari?". Y yo le dije "desde las 3 estoy lista, suegra". Y se rió. Me dijo "yo también estoy bien nerviosa, mija, no dormí nada pensando en la cara que va a poner mi hijo cuando te vea". Y las dos nos reímos, pero era una risa nerviosa, de esas que te dan cuando estás a punto de hacer algo muy grande.

Llegamos al lugar a las 7 de la mañana y ya había una filota enorme. La fila de visita familiar siempre es así, larguísima, con señoras con sus bolsas de comida, con niños chiquitos que lloran, con esposas que llevan horas esperando. Pero ese día yo no sentía el cansancio. Yo iba flotando. Iba con mi pase de esposa bien apretado en mi mano, con mi credencial que decía "Esposa". Cada que la veía, sonreía. Era mi orgullo. Era la prueba de que yo no era una visita cualquiera. Yo era su esposa.

Pasamos la primera revisión, la segunda, la tercera. Te revisan todo, te tocan, te checan la comida, te huelen hasta el refresco para ver que no lleves nada malo. Una vez una custodia me dijo "¿a quién vienes a ver?" y yo le dije bien orgullosa "a mi esposo". Y me miró raro, como sorprendida, porque yo me veo bien joven. Pero me selló el brazo y me dejó pasar.

Y por fin entramos al patio. El patio es grande, con mesitas de cemento, con bancas, con mucho ruido, con muchos niños corriendo, con música de fondo que ponen los mismos internos. Huele a comida, a perfume barato, a encierro, a todo revuelto. Y ahí, en una de esas mesitas del fondo, estaba él.

Estaba solo. Sentado, con su uniforme gris, con su gorra para atrás, con las manos entrelazadas, viendo hacia el piso. Se veía flaquito, se veía cansado. Mi suegra me dijo "míralo, ahí está, no nos ha visto". Y a mí se me hizo un nudo en la garganta. Porque llevaba año y medio escuchando su voz y solo dos veces en mi vida lo había visto en persona, y ahora lo estaba viendo ahí, esperando, sin saber que su esposa ya venía en camino.

Mi suegra, que es más lista que yo para estas cosas, me dijo "ve tú primero, mija, yo me quedo aquí atrás para que sea sorpresa de los dos". Y me empujó poquito.

Caminé. Te juro que cada paso que daba sentía que me iba a desmayar. Me temblaban las rodillas, me sudaban las manos, sentía que el corazón se me iba a salir por la boca. La gente me veía pasar, pero yo solo lo veía a él.

Me paré atrás de él, a medio metro, y con la voz más temblorosa del mundo, pero tratando de hacerme la chistosa, le dije: "Disculpe, señor, ¿esta silla está ocupada?".

Él no volteó luego luego. Pensó que era alguien más que le estaba pidiendo la silla. Me dijo sin voltear "sí, está ocupada, aquí se va a sentar mi mamá". Y siguió viendo al piso.

Y yo, ya con lágrimas en los ojos, le dije un poquito más fuerte: "¿Y si se sienta su esposa?".

Entonces sí volteó. Volteó lento, como con flojera, como diciendo "ya, quién es la que está molestando". Y cuando me vio, se le congeló todo.

Te lo juro, Yessica, se congeló. Se quedó tieso. Los ojos se le abrieron tanto que pensé que se le iban a salir. La boca se le abrió, pero no hablaba. Se quedó así como 10 segundos, que para mí fueron 10 horas, viéndome, sin creer lo que estaba viendo. Como si estuviera viendo una aparición, como si no fuera real.

Yo ya no aguanté y me solté llorando y le dije "¡Sorpresa, mi amor!".

Y entonces reaccionó. Se paró de un brinco, tan rápido que tiró la silla de cemento para atrás, hizo un ruidazo y toda la gente del patio nos volteó a ver. Pero a él no le importó. Me agarró de la cintura y me levantó. Me levantó en el aire, dando vueltas, como en las películas, y me abrazó. Me abrazó tan fuerte, tan fuerte, que sentí que me iba a quebrar, pero no me importó. Yo también lo abracé, le eché los brazos al cuello y lo apreté con todas mis fuerzas.

Olía a jabón de barra, a limpio, a suavitel barato, a él. Olía a mi esposo. Por fin podía oler a mi esposo después de año y medio de solo imaginármelo.

Me susurró al oído, con la voz quebrada, llorando, temblando: "¿Eres tú, Mari? ¿De verdad eres tú? No me lo creo, mi amor, no me lo creo, pensé que nunca ibas a venir, pensé que me estabas mintiendo". Y yo llorando le decía "sí soy yo, mi amor, sí soy yo, tu esposa, ya estoy aquí, ya no estoy por teléfono, ya estoy aquí".

Nos abrazamos como 5 minutos sin soltarnos. La gente nos veía, algunos se reían, otros nos aplaudían, porque se notaba que era una sorpresa de verdad. Mi suegra ya venía caminando hacia nosotros, llorando también, con las bolsas de comida, y nos dijo "ya, ya, ya, cálmense, que van a hacer un escándalo, siéntense".

Nos sentamos. Él no me soltaba la mano. No me la soltó en ningún momento en toda la visita. Me agarraba la mano con sus dos manos, como si tuviera miedo de que me fuera a ir, de que fuera un sueño y me fuera a despertar y yo no estuviera.

Me veía y me decía "estás más bonita en persona, estás más chiquita, estás bien bonita, mi esposa". Y yo le decía "tú también estás bien guapo, te ves mejor que en las fotos". Y nos reíamos, con pena, como dos niños de secundaria que se gustan.

Comimos. Le di de comer en la boca, como si fuera mi niño. Le daba el arroz y él abría la boca y me veía con amor. Me decía "nadie me había dado de comer en la boca en 10 años, Mari, nadie". Y a mí se me partía el corazón y a la vez se me llenaba de amor. Porque yo era la primera. La primera mujer en 10 años que lo iba a ver, la primera que le daba de comer, la primera que le decía "mi esposo" viéndolo a los ojos.

Ese día hablamos de todo y de nada. Nos reímos, lloramos, nos abrazamos, nos dimos besitos en la frente, en la mejilla. No nos besamos en la boca con pasión porque nos daba pena con mi suegra ahí, pero nos dimos muchos besitos chiquitos, de esos que te das cuando quieres mucho a alguien.

Cuando se acabó la visita y nos dijeron que ya nos teníamos que ir, él no me quería soltar. Me abrazó otra vez, bien fuerte, y me dijo al oído "gracias, mi amor, gracias por ser mi esposa, gracias por venir, me hiciste el hombre más feliz de este lugar, te amo". Y yo le dije "yo también te amo, nos vemos pronto, ya tengo mi pase, ya voy a venir cada que pueda".

Salí de ahí caminando en las nubes. Con los ojos hinchados de llorar, con la ropa toda arrugada de tanto abrazo, pero con el corazón lleno, llenísimo. Mi suegra me abrazó afuera y me dijo "¿viste su cara, Mari? ¿Viste cómo se puso? En 10 años nunca lo había visto así de feliz". Y nos abrazamos las dos llorando en medio de la calle.

El 7 de noviembre fue nuestra verdadera boda. No la del 23 de octubre con papeles. La de verdad, con abrazos, con comida, con amor. Fue el día que por fin, después de año y medio de curiosidad, por fin pude tener a mi esposo entre mis brazos.

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monita
wauu que historia de amor más profundo ,más bonito ,espero que seas feliz ❤️
monita
😰
monita
perdón ,pero cuando tuvieron su visita de pareja ella dijo que era su primera vez 🤔 y ahora dice que ya es madre ???😱😱😱
monita
me pareció repetido 🤔
Carmen Ramos
triste pero ella fue feliz y siendo porque lo recuerda con amor
Carmen Ramos
q hermosa novela de verdad estoy aquí leyendo y llorando
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