Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Escuela 2
Pasaron algunos días.
Caroline no había olvidado su idea.
Todo lo contrario.
Desde aquella tarde en el carruaje, había dedicado prácticamente cada momento libre a investigar.
Preguntó discretamente a sus doncellas.
Revisó documentos.
Leyó informes sobre otros ducados.
Investigó los costos de contratar profesores.
Averiguó cuánto costaría arrendar o comprar un edificio.
Estudió cuánto podían valer los libros, los pupitres, las pizarras y los materiales.
Incluso investigó diferentes modelos de enseñanza.
Y mientras más descubría...
Más convencida estaba.
[Esto puede hacerse.]
No sería sencillo.
Pero podía hacerse.
Especialmente porque el ducado Ashford tenía los recursos necesarios.
Caroline preparó todo cuidadosamente.
Había organizado sus ideas.
Había escrito presupuestos.
Había hecho cálculos.
Había preparado una propuesta.
Incluso tenía varias alternativas en caso de que su madre rechazara la primera.
Y, finalmente, se armó de valor.
Pidió una reunión formal con la duquesa.
Una hora.
En la oficina.
Como si fuera una reunión entre dos miembros de una administración.
Cuando llegó el momento, Caroline caminó por el pasillo sosteniendo una carpeta contra su pecho.
[Tranquila.]
Respiró profundamente.
[Es tu madre.]
Dio otro paso.
[Una madre que administra un ducado.]
Otro paso.
[Una mujer extremadamente ocupada.]
Se detuvo frente a la puerta.
[¡Y yo estoy a punto de pedirle que financie una escuela!]
Caroline cerró los ojos.
—Puedo hacerlo.
Tocó la puerta.
—Adelante.
Entró.
La oficina de la duquesa era amplia y luminosa.
Había estanterías llenas de documentos, libros y mapas.
La duquesa estaba detrás de su escritorio revisando algunos papeles.
Cuando levantó la mirada y vio a su hija, sonrió.
—Buenos días, querida.
—Buenos días, madre.
Caroline hizo una pequeña reverencia.
La duquesa la observó durante unos segundos.
Y entonces notó algo.
El vestido.
Era elegante.
Pero también mucho más ajustado y favorecedor que cualquiera de los vestidos que Caroline había utilizado anteriormente.
La duquesa arqueó ligeramente una ceja.
Después miró a su hija de arriba abajo.
Caroline lo notó.
[Está mirando mi vestido.]
La duquesa volvió a sonreír.
—Has cambiado bastante tus gustos últimamente.
Caroline sintió un poco de vergüenza.
—¿Es... malo?
—No.
La duquesa negó con la cabeza.
—Simplemente es diferente.
Caroline sonrió.
—Me gustan.
—Entonces me alegro.
La duquesa señaló una silla frente a su escritorio.
—Siéntate.
Caroline tomó asiento.
Dejó la carpeta sobre sus piernas.
La duquesa la miró.
—Me dijeron que querías hablar conmigo de un asunto importante.
Caroline tragó saliva.
[Ya está.]
[Es ahora.]
Abrió la carpeta.
—Sí.
Sacó el primer documento.
—Quiero crear una escuela.
La duquesa se quedó inmóvil.
No parecía molesta.
Solamente sorprendida.
—¿Una escuela?
—Sí.
Caroline comenzó a hablar.
Al principio su voz fue un poco insegura.
Pero después de los primeros minutos, la seguridad regresó.
Explicó lo que había descubierto.
La cantidad de niños que no recibían educación.
Las dificultades económicas de sus familias.
Los modelos existentes en otros ducados.
Los diferentes sistemas de enseñanza.
Los posibles costos.
Las fuentes de financiamiento.
La contratación de profesores.
La compra de materiales.
Los posibles edificios.
Incluso había preparado una estimación de cuánto dinero necesitarían durante el primer año.
La duquesa escuchaba.
No la interrumpía.
De vez en cuando hacía alguna pregunta.
Caroline respondía.
—¿Y cómo seleccionarías a los profesores?
—He pensado en contratar maestros con experiencia y verificar sus referencias.
—¿Y los niños?
—Las familias con menos recursos tendrían prioridad.
—¿Cobrarías matrícula?
—No.
La duquesa levantó ligeramente las cejas.
Caroline continuó.
—Si queremos ayudar a las familias que no pueden pagar una educación, cobrarles sería contradictorio.
La duquesa sonrió ligeramente.
Caroline pasó otra página.
—También pensé que podríamos incorporar talleres de oficios para los estudiantes mayores. Así no solamente recibirían educación básica, sino que podrían aprender habilidades que les permitan ganarse la vida.
La duquesa la observaba atentamente.
Pero en un momento determinado dejó de prestar atención a los documentos.
No porque la propuesta no le interesara.
Todo lo contrario.
La estaba escuchando.
Pero algo más había llamado su atención.
Su hija.
La misma niña que había conocido años atrás.
La muchacha tímida que apenas hablaba.
La joven que prefería pasar horas leyendo.
La hija que siempre había parecido necesitar protección.
Ahora estaba frente a ella.
Hablando con seguridad.
Presentando presupuestos.
Analizando problemas sociales.
Pensando en el futuro.
La duquesa sintió una pequeña emoción en el pecho.
[¿Cuándo creció tanto?]
Caroline continuó hablando sin darse cuenta.
—Y si el primer establecimiento funciona, podríamos abrir otros en diferentes zonas del ducado.
La duquesa sonrió.
[Realmente ha madurado.]
Caroline llegó finalmente al último documento.
Respiró profundamente.
—Eso sería todo.
Cerró la carpeta.
El silencio llenó la oficina.
Caroline miró a su madre.
Por primera vez desde que había comenzado la reunión, se sintió verdaderamente nerviosa.
[¿Y si dice que no?]
La duquesa permaneció unos segundos en silencio.
Después sonrió.
—¿Cuándo quieres empezar?
Caroline parpadeó.
—¿Qué?
—La escuela.
La duquesa apoyó las manos sobre el escritorio.
—¿Cuándo quieres empezar?
Caroline abrió la boca.
La cerró.
Volvió a abrirla.
—¿Puedo...?
La duquesa soltó una pequeña risa.
—Por supuesto que puedes.
Caroline no podía creerlo.
—¿No piensa que es demasiado costoso?
—El ducado puede permitírselo.
—¿No cree que es demasiado ambicioso?
—Lo es.
Caroline se quedó confundida.
La duquesa sonrió.
—Pero no imposible.
Caroline sintió que sus ojos comenzaban a humedecerse.
—Entonces...
—Empieza cuanto antes.
La duquesa tomó uno de los documentos.
—Espero que la primera escuela Ashford sea todo un éxito.
Caroline se quedó completamente quieta.
Una sonrisa enorme apareció en su rostro.
—¿La primera escuela Ashford?
—Si funciona como espero, no veo por qué debería ser la última.
Caroline no pudo contenerse.
Se levantó de la silla.
Rodeó el escritorio.
Y abrazó a su madre.
La duquesa abrió los ojos con sorpresa.
No esperaba aquello.
Caroline la abrazó con fuerza.
—¡Gracias!
La duquesa permaneció inmóvil durante unos segundos.
Después, lentamente, levantó los brazos.
Y abrazó a su hija.
Caroline cerró los ojos.
Por primera vez desde que había llegado a ese mundo, sintió algo parecido a pertenecer realmente a él.
No era solamente Caroline Ashford por nombre.
Era una hija.
Una noble.
Una mujer con una nueva vida.
Y ahora también sería la fundadora de una escuela.
La duquesa acarició suavemente su cabello.
—Estoy orgullosa de ti.
Caroline apretó un poco más el abrazo.
Sus ojos se humedecieron.
[Estoy feliz.]
No podía explicar completamente por qué.
Quizá porque en su vida anterior había encontrado sentido ayudando a los niños.
Quizá porque ser maestra había sido una de las cosas que más había amado.
O quizá porque después de haber muerto protegiendo a sus alumnos, necesitaba saber que todavía podía hacer algo bueno por otros niños.
Se separó lentamente.
Se limpió discretamente una lágrima.
—Voy a hacerlo bien.
La duquesa sonrió.
—Lo sé.
Caroline salió de la oficina poco después.
Caminó por el pasillo.
Y cuando estuvo completamente sola...
Apretó los puños.
—¡Voy a construir una escuela!
Una doncella que pasaba por allí se sobresaltó.
Caroline se quedó quieta.
[Quizá debería dejar de gritar por los pasillos.]
Pero no pudo evitar sonreír.
Había descubierto algo.
En su nueva vida podía tener vestidos hermosos.
Podía leer todos los libros que quisiera.
Podía disfrutar de su fortuna.
Podía vivir aventuras.
Pero había algo todavía más importante.
Podía ser útil.
Podía ayudar.
Podía hacer que el dinero que había heredado sirviera para mejorar la vida de otras personas.
Y esa sensación...
Esa sensación de estar haciendo algo que realmente importaba...
Le daba un sentido profundo a su segunda vida.
Caroline miró hacia el cielo a través de una de las ventanas.
Sonrió.
[Espero que estén bien, pequeños.]
Pensó en sus antiguos alumnos.
[Quizá nunca pueda volver a verlos.]
Una pequeña tristeza apareció en su expresión.
Pero después sonrió nuevamente.
[Pero voy a cuidar de otros niños.]
Y así, sin saberlo todavía, Caroline Ashford acababa de comenzar el proyecto que cambiaría para siempre la historia del ducado.
🥲