Ignorada por años , viví en la sombra de mi hermana mayor desde que tengo memoria, solamente porque creían que ella sería la luna de la Manada.
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21
El contrato firmado reposaba contra el pecho de Valerie como un estandarte de victoria. Tras despedirse con una fría y elegante formalidad del director ejecutivo en el despacho principal, Valerie recorrió el pasillo alfombrado del piso ejecutivo con pasos ligeros pero firmes. La tensión magnética que había compartido con Kaelen quedó atrás, reemplazada por la satisfacción de saber que su estrategia en el mundo humano marchaba exactamente sobre el plano trazado.
Con el documento oficial en la mano, se dirigió al ala administrativa de la compañía para completar los trámites de incorporación en el departamento de recursos humanos.
El área de personal era un espacio moderno, delimitado por mamparas de cristal esmerilado y decorado con un minimalismo estricto. Al cruzar el umbral, Valerie se acercó al mostrador principal, donde una mujer de presencia imponente y abrumadora elegancia revisaba unos expedientes digitales con una tablet de última generación.
La empleada era, sin lugar a dudas, un espectáculo visual. Llevaba el cabello rubio platino recogido en un moño alto y sofisticado que estilizaba su cuello, un traje sastre de alta costura color burdeos que se ajustaba a su silueta con precisión milimétrica, y unos labios pintados de un rojo carmín tan intenso que parecía una declaración de guerra. Su perfume, una fragancia costosa y penetrante a jazmín y maderas orientales, impregnaba el aire a su alrededor, proyectando una autoridad autoproclamada que buscaba intimidar a cualquiera que se cruzara en su camino.
Se trataba de Victoria, la jefa adjunta de recursos humanos y una de las empleadas más antiguas de la firma, famosa en los pasillos de la torre tanto por su eficiencia despiadada como por su insoportable complejo de superioridad. Victoria se consideraba a sí misma la reina indiscutible del ala administrativa, creyendo que su cercanía a los círculos de poder del edificio la colocaba por encima de cualquier empleado raso o pasante que tuviera la osadía de cruzar las puertas del corporativo.
Valerie detuvo su marcha frente al mostrador, manteniendo la compostura y la mirada serena.
—Buenas tardes. Vengo a entregar mi contrato oficial de pasantía y asistencia de diseño, firmado directamente por la dirección ejecutiva —dijo Valerie con voz clara y calmada, extendiendo el documento sobre la superficie de mármol.
Victoria no se apresuró a tomar el papel. Con una lentitud calculada y altiva, levantó la barbilla, ajustó sus gafas de diseño sobre el puente de su nariz perfecta y examinó a Valerie de arriba abajo. Su mirada destilaba un desdén absoluto, evaluando la sencilla ropa de estudiante de la joven y su juventud evidente como si se tratara de una mota de polvo inservible.
—¿Una pasante de primer ingreso que presume haber sido recibida por el propio CEO? Qué adorable —respondió Victoria con una sonrisa cínica y cortante, cuyo tono de voz rebosaba una condescendencia exasperante—. Las jovencitas como tú suelen creer que por una bonita cara o por saber alinear un par de líneas en un software CAD ya se han ganado el derecho de pisar el piso ejecutivo. Déjame decirte que la torre Vane & Vanguard no es una guardería para aspirantes a arquitectas.
Sin inmutarse lo más anímico ante el ataque verbal, Valerie mantuvo los hombros relajados. Su loba interior se movió con un bufido de fría diversión en su mente, acostumbrada desde su infancia a lidiar con la arrogancia de personas vacías que necesitaban pisotear a los demás para sentirse importantes.
—No busco una guardería, señora. Busco trabajar —respondió Valerie con una calma glacial que desconcertó por un segundo a la ejecutiva—. Y los términos de mi contratación están especificados en el documento que tiene frente a usted.
Con mala gana, Victoria extendió los dedos con manicura perfecta y tomó el contrato. Sus ojos recorrieron las primeras líneas, pero el golpe real llegó cuando su vista se detuvo en la sección inferior del papel.
Su rostro maquillado experimentó una metamorfosis instantánea. Sus ojos azules se abrieron de par en par, y la sonrisa altanera se desvaneció de sus labios, reemplazada por una mueca de profundo desagrado y genuino desconcierto.
Al pie de la página, firmando con una caligrafía inconfundible, elegante y autoritaria, estaba la rúbrica personal de Kaelen. No era la firma genérica del departamento legal ni un sello administrativo delegado; era el puño y letra del mismísimo director ejecutivo, validando la entrada de Valerie como su asistente personal directa.
Una oleada de celos feroces, rabia y humillación contenida sacudió el interior de Victoria. Durante años, ella había intentado llamar la atención del misterioso, frío e imponente CEO, esforzándose por ascender en la jerarquía y ganarse un espacio privilegiado a su lado en el piso ejecutivo, sin recibir jamás más que órdenes frías y distantes. Y ahora, una simple mocosa, una estudiante novata recién llegada a la ciudad, aparecía de la nada con un contrato firmado de su puño y letra para trabajar codo a codo con él.
—Esto... esto es ridículo —masculló Victoria entre dientes, apretando el papel con tanta fuerza que los nudillos se le volvieron blancos, a punto de arrugarlo por la frustración—. El director jamás toma pasantes bajo su tutela directa a menos que... a menos que haya algún tipo de error de procedimiento. Voy a revisar esto ahora mismo con...
—No hay ningún error, señora —interrumpió Valerie, inclinándose ligeramente sobre el mostrador y clavando sus oscuros ojos en los de la jefa de recursos humanos con una intensidad silenciosa que hizo que Victoria contuviera el aliento por una fracción de segundo—. El director en persona dejó claras mis funciones y mi supervisión. Le sugiero que procese el alta del expediente tal como lo ordenó, a menos que quiera explicarle personalmente por qué su pasante principal no está registrada en el sistema.
El golpe de autoridad de Valerie, desprovisto de gritos pero cargado de una frialdad letal, dejó a Victoria sin palabras. La mujer mayor sintió que la autoridad que tanto presumía se desmoronaba frente a una muchacha que la superaba en temple sin esfuerzo alguno.
Con las manos temblando de rabia pura, Victoria arrojó el contrato sobre el escáner, tecleó furiosamente en su ordenador y dio de alta el perfil de Valerie en el sistema corporativo, sin dejar de lanzarle miradas cargadas de veneno.
—Estás advertida, niñata —siseó Victoria en un susurro cargado de amenaza mientras le entregaba su tarjeta de identificación corporativa con la categoría de acceso autorizado—. El favor del director es volátil en esta empresa. Y las personas que suben muy rápido... suelen caer con la misma velocidad.
Valerie tomó la tarjeta de acceso con absoluta tranquilidad, esbozando una sonrisa imperceptible que rozaba la indiferencia más absoluta.
—Gracias por su eficiencia, señora. Nos veremos en los pasillos —respondió Valerie con elegancia, dándose la media vuelta y abandonando la oficina de recursos humanos con la cabeza en alto, dejando a Victoria consumida en su propia bilis.
La partida en el mundo corporativo apenas comenzaba, y Valerie ya había demostrado que ninguna reina de cartón iba a interponerse en su camino.
como que su apellido es BETUCCI , si en el capítulo 8 en email que recibió de la universidad dice textualmente:
"Estimana Valerie Petrov"
🙄🙄🙄🤔🤔🤔
"LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA...AYYYY DIOS!"