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¡Suya!

¡Suya!

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Conversación Entre Rivales

La noche seguía su curso. La música de la orquesta se mezclaba con el murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas. La gente bebía, reía, bailaba. Algunos se movían entre los grupos con la soltura de quienes conocen a todos, otros permanecían en sus círculos, ajenos al resto.

Alessandra había sido arrastrada a una conversación con un grupo de señoras mayores que no paraban de elogiar su vestido y preguntarle por su recuperación. Sonreía, asentía, respondía con cortesía, pero su mirada se desviaba de vez en cuando hacia Dante.

Él estaba unos metros más allá, hablando con un viejo socio de negocios. Un hombre de cabello plateado que gesticulaba con entusiasmo mientras Dante asentía con su habitual seriedad. La conversación parecía fluir con normalidad, sin sobresaltos.

Hasta que el socio se despidió y Dante quedó solo.

En ese momento, Alexander Santander se acercó a él.

Llevaba una copa de champán en una mano y la otra metida en el bolsillo del pantalón. Una sonrisa apenas perceptible se dibujaba en sus labios, esa sonrisa de quien sabe que está en su territorio. La luz de los candelabros se reflejaba en su cabello oscuro, perfectamente peinado hacia atrás.

No era ningún secreto para nadie que Dante Moretti y Alexander Santander eran rivales empresariales. La prensa los había enfrentado en innumerables portadas. "La batalla de los titanes", los llamaban. Competían por contratos, por inversores, por el favor del mercado. Se odiaban con la elegancia que solo los hombres de negocios saben mantener.

—Dante Moretti—dijo Alexander, con un tono que pretendía ser casual pero que tenía un filo cortante—. No espere verte aquí.

—Alexander —respondió Dante, con la misma cortesía fría que usaba siempre—. Felicidades de Nuevo por el compromiso.

—Gracias —dijo Alexander, deteniéndose a su lado—. La verdad es que no pensé verte aquí. Sabía que la invitación llegó a tu casa, pero... bueno, con nuestro historial, no esperaba que aceptaras.

Dante tomó otro sorbo de su copa.

—Mi esposa quería venir. Y yo no ibA a negarle algo que le hacía ilusión.

La mención de Alessandra hizo que la sonrisa de Alexander se tensara ligeramente.

—Ah, tu esposa. Sí, la vi al entrar. Muy hermosa. —Hizo una pausa, como si saboreara lo que iba a decir—. Me alegra que hayas encontrado a alguien después de todo. No sé cómo lo hiciste, pero... bueno, supongo que hasta los hombres como tú tienen suerte de vez en cuando.

Las palabras de Alexander eran un cuchillo envuelto en terciopelo. Un ataque sutil, disfrazado de cumplido.

Dante no se inmutó. En su lugar, dejó la copa sobre una mesa cercana y se giró ligeramente para mirar a Alexander frente a frente.

—Sí, tuve suerte —respondió, con la misma cortesía pero con un filo helado—. A diferencia de ti, que parece que estás teniendo mala racha últimamente. He oído que tus inversiones no van muy bien.

Alexander parpadeó. Su sonrisa se congeló por un segundo.

—No sé de qué hablas.

—Claro que sabes —dijo Dante, con una calma que resultaba más ofensiva que cualquier grito—. La empresa Santander está en crisis. Los inversores están retirando su apoyo... y tú estás aquí, celebrando un compromiso, como si nada pasara. —Hizo una pausa, dejando que las palabras se asentaran—. Pero supongo que cada quien tiene sus prioridades.

El rostro de Alexander palideció ligeramente. Su mandíbula se apretó.

—No tienes idea de lo que hablas.

—¿Ah, no? —Dante inclinó la cabeza, con una expresión de fingida curiosidad—. Porque tengo informes que dicen lo contrario. Informes muy detallados, por cierto. Pero bueno, no soy quien para juzgar. Solo me sorprende que estés tan tranquilo con todo lo que se te viene encima.

Alexander apretó la copa con más fuerza. Sus dedos se blanquearon alrededor del tallo de cristal.

—Eres un hijo de puta, ¿lo sabías?

—Sí —respondió Dante, sin perder la calma—. Pero soy un hijo de puta con información. Y eso, en nuestro mundo, es lo único que importa.

Alexander sintió que el calor le subía al rostro.

—Mi empresa está bien.

—Por supuesto —dijo Dante, asintiendo con una lentitud que resultaba casi burlona—. No dije lo contrario. Solo mencioné que ha sido un año complicado para ti. Para todos, en realidad. Pero tú, siendo el hombre tan capaz que eres, seguro que lo resolverás.

La tensión entre ellos era palpable. Alexander apretó la mandíbula, sus dedos jugando con el borde de la copa.

—¿Sabes, Dante? —dijo, con una sonrisa que no ocultaba su incomodidad—. A veces me pregunto si todo ese éxito tuyo es real o solo una fachada.

Dante sonrió. Una sonrisa fría, calculada.

—¿Alguna vez te has preguntado si el éxito que tienes es realmente tuyo o solo una herencia bien administrada?

Alexander se quedó en blanco. Su sonrisa se congeló.

Porque esa era su debilidad. Su apellido, la fortuna que le había sido entregada sin que él hiciera nada para merecerla. Era un secreto a voces, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.

Hasta ahora.

—Al menos yo no tuve que casarme por dinero —dijo Alexander, con un veneno que apenas podía controlar—. ¿O fue por amor? Perdona, no recuerdo bien. Las revistas de chismes siempre confunden las historias.

Dante no se inmutó.

—¿Por dinero? —repitió, con un tono de incredulidad fingida—. Alexander, si supieras cuánto vale mi esposa por sí misma... te sorprenderías. Pero claro, tú siempre has sido de los que miran el precio de todo, menos el valor de las personas.

Alexander apretó la copa con tanta fuerza que sus nudillos se blanquearon.

—Cuidado con lo que dices, Moretti.

—Solo digo lo que veo —respondió Dante, y su voz era tan calmada que resultaba exasperante—. Igual que tú. La diferencia es que yo tengo razones para hablar. Tú solo hablas por hablar.

Se miraron fijamente. La tensión entre ellos era tan densa que casi se podía cortar con un cuchillo.

Y entonces, Dante dio un paso atrás. Un gesto pequeño, casi cortés.

—Bueno —dijo, ajustándose el puño de la camisa—. Ha sido un placer hablar contigo, Alexander.

...----------------...

La noche seguía su curso. La música y las risas se filtraban desde el salón principal, pero en el pasillo que llevaba a los baños, el silencio era casi absoluto. Solo el eco de pasos ocasional y el murmullo lejano de la celebración rompían la quietud.

Dante se había disculpado con tranquilidad y se había dirigido al baño. Estaba realmente agotado. Los eventos sociales no eran especialmente de su agrado. Demasiada gente, demasiadas sonrisas falsas, demasiadas conversaciones. Prefería mil veces estar en su cama, en silencio, con el calor de su esposa abrazándolo mientras dormía.

Se lavó las manos y se pasó el agua por el rostro. El reflejo en el espejo le devolvió una imagen cansada. Apretó los ojos un momento, respiró hondo, y salió.

Iba a buscar a Alessandra. Iba a llevársela de allí. Ya había soportado suficiente.

Alessandra también había salido del salón principal. El calor de la gente y las conversaciones la estaban agotando, y necesitaba un momento de silencio. Caminó hacia el pasillo que llevaba a los baños, con la intención de refrescarse un poco.

Pero cuando dobló la esquina, se detuvo en seco.

Fernanda estaba allí, frente a Dante. Sus ojos brillantes y una pequeña sonrisa tímida que contrastaba con la seguridad que había mostrado durante toda la noche. Parecía nerviosa, vulnerable.

Alessandra se pegó a la pared sin pensarlo, escondiéndose detrás de una columna. No sabía por qué lo hacía. Tal vez era curiosidad. Tal vez era algo más oscuro, algo que no quería nombrar. Pero su cuerpo se movió antes que su mente, y se quedó allí, escuchando.

—¿Necesita algo señorita Fernández? —preguntó Dante, y su voz era neutra.

Fernanda parpadeó, sorprendida por el tono.

—Dante, ¿en serio me vas a tratar así? —preguntó ella, con un dejo de dolor en la voz.

—¿Qué quiere? —repitió él, con un dejo de irritación.

Fernanda dio un paso adelante. Sus dedos se enredaron nerviosamente en el borde de su vestido.

—Porque me tratas así —dijo, con la voz temblorosa—. ¿Por qué no me buscaste cuando llegué del extranjero? Te esperé. Todos estos años pensé que volverías a buscarme.

Dante la miró sin inmutarse.

—¿Esperarme para qué, Fernanda? Tú te fuiste. Tomaste tu decisión. Y yo seguí adelante.

—Pero yo siempre pensé que volvería a ti —insistió ella, con un tono más desesperado—. Solo necesitaba tiempo. Mi padre, la presión, todo era tan complicado...

—Y ahora estás comprometida —la interrumpió Dante, con una frialdad que cortaba—. Con Alexander. Así que no sé qué esperas de mí.

Fernanda dio otro paso, acercándose más a él. Su mano se alzó como si quisiera tocar su rostro, pero él se apartó apenas.

—Porque aún te amo —dijo ella, con la voz quebrada—. Nunca dejé de hacerlo. Tú te fuiste de mi vida sin mirar atrás. Y ahora... ahora estás casado con otra.

—Así es —respondió Dante, y su tono no dejaba espacio para dudas—. Estoy casado. Alessandra es mi esposa.

—Pero no la amas —dijo Fernanda, y había un destello de esperanza en sus ojos—. Tú y yo sabemos que no la amas. Te casaste con ella para olvidarme. ¿verdad? Un remplazo.

El corazón de Alessandra se detuvo.

Un reemplazo.

Las palabras resonaron en su cabeza como un eco que no se detenía.

—Sabes que es cierto —continuó Fernanda, con más seguridad ahora—. No te casaste con ella por amor. Te casaste porque yo me fui. Te conozco demasiado bien Dante moretti.

Dante no respondió. Y ese silencio fue peor que cualquier palabra.

Fernanda lo abrazó por detrás, apretando su rostro contra su espalda. Sus brazos se cerraron alrededor de su cintura con una desesperación que ella misma parecía no entender.

—Dante, por favor —susurró—. Deja de mentirte se que aún me amas. Y no quiero a Alexander. Solo quiero estar contigo.

Dante se quedó quieto. No la apartó. No la abrazó. Solo se quedó allí, inmóvil.

—Sé que fue un error irme —continuó Fernanda—. Fui una estúpida. Pero ahora puedo arreglarlo. Podemos estar juntos, como siempre debió ser. Solo dime una cosa... ¿aún me amas?

Alessandra sintió que el mundo se tambaleaba. Sus manos temblaban. Su respiración se había vuelto irregular. Las palabras de Fernanda resonaban en su mente como un martillo.

Todo encajaba. El silencio de Dante. La distancia. La falta de palabras. Los pequeños gestos que nunca terminaban de ser del todo cálidos.

Y entonces, la ironía la golpeó con toda su fuerza.

Fernanda. La mujer que la había asesinado. La misma que la había empujado desde lo alto de un edificio. La misma que había fingido dolor frente a su ataúd. La misma que ahora estaba abrazada a su esposo, declarándole su amor.

Esa mujer era el "primer amor" de Dante.

La mujer que Dante amaba. La mujer por la que se había casado con ella.

Con Alessandra.

Una sonrisa se formó en sus labios. No era una sonrisa de alegría. Era una sonrisa amarga, torcida, llena de una ironía tan profunda que dolía.

—Claro —susurró para sí misma, tan bajo que apenas se escuchaba—. Claro que sí.

Se giró y caminó de vuelta al salón con pasos rápidos, sin mirar atrás. La música, las risas, la gente... todo se sentía lejano. Irreal. Como si estuviera viendo una película en la que ella no era más que una espectadora.

Caminó hacia la salida con paso firme, ignorando las miradas y los saludos. Solo quería irse. Quería salir de allí. Quería estar sola.

—¿Alessandra? —la voz de Isabel la alcanzó—. ¿Estás bien, hija?

Alessandra se detuvo. Se giró lentamente y miró a su suegra con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Perfectamente —respondió, y su voz era sorprendentemente calmada—. Solo necesito irme. Digale a Dante que lo espero en casa. O que no vaya. Ya no me importa.

Salió al estacionamiento y tomó el auto del chofer, quien la miró con sorpresa.

—Señora, ¿todo bien?

—Lléveme a casa —dijo, con la voz firme—. Ahora.

El chofer no preguntó más. Arrancó el motor y el vehículo se deslizó por las calles de la ciudad.

Alessandra miró por la ventanilla, sintiendo que el frío de la noche se filtraba en su pecho. Pero no lloró. En lugar de eso, sonrió. Una sonrisa amarga, irónica, llena de una decepción tan profunda que dolía más que cualquier lágrima.

Fernanda era el primer amor de Dante.

Ella era solo un reemplazo.

Y ahora, por fin, lo sabía.

—Qué ironía —susurró, y su voz sonó casi divertida—. Mi asesina es el amor de mi esposo. ¿Qué más puede salir mal?

Y mientras el auto avanzaba por las calles vacías, Alessandra se prometió a sí misma que no volvería a ser la segunda opción de nadie.

Nunca más.

FERNANDA FERNÁNDEZ

1
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
espectacular. 😎😎🙌🏻🙌🏻
Lala
espero actualices más seguido y con más capítulos si puedes
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Sería bueno saber qué clase de persona fue Alexandra. 🤔🇨🇴
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
🤔🤔 porque tanto desprecio hacia Ana.!!??
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
ary
yo pienso que Ana no era hija del papa o de la mamá
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
pobre inocente jajaja no sabes lo que se té viene cuando una mujer está molesta
karencitha
porque el tal Inacio odiaba y despreciaba a Ana si ella era su hija que clase de padre trata así a su propia hija
Kim Nava
osea que Alessandra es la hija que tuvo su padre fuera del matrimonio 😳😳😳hay por Dios eran medias hermanas 🤔
Jose Salazar
más capítulos
Kim Nava
exacto y mucho menos te hubieras dejado abrazar por la zorra esa no hiciste nada para apartarla
ary
me hubiera gustado ver más como pareja siendo ella x que si dice que si la quiere. entonces ama ala antigua
Kim Nava: si que la reconquista pero que lo haga sufrir mucho tiempo por imbécil 😡
total 2 replies
Myriam Hernandez
Excelente
MILAGROS Becerra
maratón 🙏
Kim Nava
y solo por quedarse cayado ante esa zorra
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa
ary
si si maraton
ary
bueno ki vienen los malos entendidos
Eli
regalen maratón plis
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tiene el cuerpo y los recursos de Alexandra, pero le faltan los recuerdos y así la situación se complica. 🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏👏👏🇨🇴
Lala
espero actualices seguido. es muy emocionante
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