Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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ARREBATO DE LUCA
Rodrigo se aferró a los barrotes de hierro, sintiendo que el aire le faltaba. La desesperación comenzó a arañarle la garganta.
Si lo encerraban allí, si la justicia se ensañaba con él por un crimen que no cometió, ¿qué pasaría con su familia? ¿Quién cuidaría de su abuela enferma? ¿Quién protegería a su pequeña hermana de siete años?
“¡Por favor! ¡Déjenme hablar con ellos!” gritó Rodrigo hacia el pasillo vacío, con la voz rota por la impotencia “¡Solo quería ayudar al niño! ¡Llamen a la oficial de la tarde, ella me vio aquí! ¡Por favor, escúchenme!”
Pero en el frío calabozo de la comisaría, solo el eco sordo de sus propios gritos le devolvió la respuesta, nadie estaba dispuesto a escucharlo.
………………….
A diferencia de la penumbra y el frío glacial de la celda de concreto donde Rodrigo había pasado la noche en vela, el pequeño Luca amaneció rodeado de sábanas de seda y el calor de los brazos protectores de su madre.
La luz suave de la mañana se filtraba por las cortinas de la lujosa habitación. Luca parpadeó, reconociendo el techo alto y los juguetes que decoraban su entorno, pero la sensación de seguridad no duró mucho.
De pronto, el rostro noble de Rodrigo y la promesa de la noche anterior asaltaron su mente infantil.
Se incorporó bruscamente “Mamá… mamá, ¿dónde está papá?” preguntó con la voz alterada, buscando con la mirada en cada rincón del cuarto.
Lesly, aún adormecida, parpadeó con extrañeza ante la insólita pregunta. Acarició los cabellos de su hijo intentando calmarlo.
“Mi amor, papá está muy lejos... ya te lo he explicado” respondió con suavidad.
“¡No, mamá! Yo encontré a papá ayer. ¡Estuve con él, él me cuidó!” insistió Luca, con los ojos muy abiertos y las mejillas encendidas.
La expresión de Lesly se endureció al instante, transformándose en una máscara de fría seriedad.
El recuerdo del estibador de ropa desgastada en la comisaría cruzó por su mente como una afrenta.
“Si estás hablando del hombre que te retuvo ayer, mi amor, él es un delincuente. Es malo, y por eso ahora está en la cárcel” explicó con firmeza, queriendo cortar de raíz lo que ella consideraba una peligrosa confusión.
Las palabras cayeron como un balde de agua helada sobre el niño. Los ojos de Luca se inundaron de lágrimas de rabia e impotencia.
“¡Eres mala! ¡Eres muy mala!” gritó con todas sus fuerzas.
Antes de que Lesly pudiera reaccionar, el pequeño se zafó de su abrazo, saltó de la cama y corrió a toda velocidad por el pasillo, encerrándose en su propia habitación con un portazo seco.
“¡Mi amor, espera!” gritó Lesly, levantándose de la cama a toda prisa “¡Luca, por favor, abre!”
El alboroto no tardó en despertar al resto de la casa.
Renato y Estela Acuña aparecieron en el pasillo, con rostros desencajados por la preocupación al ver a su hija golpear desesperadamente la puerta del niño.
“¿Qué pasa, hija? ¿A qué viene tanto grito?” preguntaron al unísono.
“No lo sé…” admitió Lesly, con la respiración entrecortada “Le dije que el hombre que lo tenía ayer está en la cárcel, donde debe estar, y se puso así”
Se volvió hacia la puerta “¡Luca, mi vida, ábrele a mamá, por favor!”
Al otro lado, solo el eco de un llanto ahogado fue la respuesta.
Estela, que había permanecido en silencio observando la rigidez de su hija, dio un paso al frente. Su mirada maternal albergaba una sabiduría que a Lesly aún le faltaba.
“Hija... creo que nos excedimos anoche” analizó Estela con voz suave pero firme “Al final de cuentas, fuimos nosotros quienes perdimos al niño por un descuido. Si ese joven hubiese sido un delincuente con malas intenciones, se habría escondido, te habría pedido un rescate millonario o algo peor. Pero él llegó voluntariamente a la comisaría con Luca en brazos. Creo que, merece que lo escuches”
“¡Abuelita, ayuda a papá, por favor! ¡Él no es malo!” interrumpió la voz quebrada del pequeño Luca desde el otro lado de la madera, habiendo escuchado la defensa de su abuela.
Estela se acercó de inmediato a la puerta, ignorando la mirada de protesta de Lesly “Abre, mi pequeño. Abre la puerta y te prometo que te llevaré a verlo” le aseguró con dulzura.
“¡Mamá! No puedes prometerle eso...” protestó Lesly, sintiendo que perdía el control de la situación.
“Déjala” la silenció Renato con un susurro firme, poniéndole una mano en el hombro “Deja que abra primero”
La cerradura giró con un clic. La puerta se abrió apenas unos centímetros y Luca salió disparado para refugiarse en el regazo de su abuela, sollozando con amargura.
“Papá es bueno… llévame con él, abuelita” suplicaba entre lágrimas.
“Hijo, ya te expliqué que ese hombre no es tu...” intentó intervenir Lesly, pero sus palabras solo consiguieron avivar el llanto del niño.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡