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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas
Popularitas:37.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

Geovanny

La vi salir de su habitación y el mundo se detuvo.

se veía hermosa, pero había algo diferente en ella. Algo radiante. Algo que solo yo podía ver porque sabía lo que había pasado esa noche. Sus mejillas tenían un color sonrosado que no estaba ahí antes. Sus ojos, brillaban con una luz nueva. Y su boca... su boca tenía esa hinchazón característica de haber sido besada hasta el agotamiento.

Era mía.

Todo en ella gritaba que era mía.

El impulso de acercarme, de tomarla entre mis brazos, de besarla delante de todo el mundo, fue tan fuerte que tuve que sujetarme para no hacerlo. Mis piernas temblaban. Mis manos, cerradas en puños a los costados.

—¿Dormiste bien?

pregunté, y mi voz sonó más ronca de lo que pretendía.

—Sí

respondió, pero en sus ojos vi la duda.

— Muy bien.

Mentía. Y su mentira me encantaba. Porque significaba que recordaba. Que algo en ella sabía que la noche anterior no había sido un sueño.

—¿Segura?

insistí, acercándome un paso.

— Te noto... diferente.

Ella apartó la mirada, y vi el rubor extenderse por sus mejillas.

—Solo dolor de cabeza

dijo.

— No estoy acostumbrada a tomar tanto.

Dolor de cabeza. Sí, seguro que también le dolía todo el cuerpo después de la noche que le había dado. Pero no dije nada. Solo asentí y la acompañé hacia el coche.

Durante todo el viaje al aeropuerto, durante todo el vuelo, la tuve a mi lado. Sentía su calor, su olor, su presencia. Y tenía que contenerme para no tocarla, para no susurrarle al oído, para no recordarle cada momento de la noche anterior.

En el avión, cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el respaldo. Aproveché para mirarla sin disimulo. Su cuello, donde mis labios habían pasado horas. El borde de su blusa, donde se adivinaban más marcas. Sus manos, esas manos que se habían aferrado a mi espalda mientras la hacía gemir.

Dios, era hermosa.

Y era mía.

Aterrizamos a media tarde. El coche de la empresa nos esperaba. Durante el trayecto hacia la ciudad, el silencio fue cómplice. supe que no podía llevarla de vuelta al trabajo. Necesitaba descansar. Necesitaba recuperarse de lo que le había hecho.

—Descansa

le dije, suavizando la voz más de lo habitual.

—Cuidate

Ella asintió, pero antes de bajar del coche, me miró. Directamente a los ojos. Y en su mirada había preguntas. Muchas preguntas.

La vi alejarse hacia la puerta de su edificio, con esa forma de caminar que me volvía loco, esas caderas anchas moviéndose bajo la falda ajustada. Y cuando desapareció, cuando la puerta se cerró tras ella, exhalé el aire que había estado conteniendo durante horas.

––––

En la oficina, mi padre me esperaba impaciente.

—¿Y bien?

preguntó en cuanto entré.

— ¿Cómo fue?

—Cerrado

respondí, dejando los documentos sobre su escritorio.

— Acuerdo millonario. Méndez y su socio firmaron. Están encantados con la propuesta.

La sonrisa de mi padre iluminó todo su rostro. Por un momento, fui su hijo perfecto. El que traía resultados. El que no defraudaba.

—Sabía que podía contar contigo

 dijo, levantándose para darme una palmada en el hombro.

— ¿Y Romina, Cómo se desempeñó?

Mi corazón dio un vuelco solo de escuchar su nombre.

—Impecable

dije, y no era mentira.

— Es increíblemente brillante. Me complementó en todo.

—Me alegra oírlo

asintió mi padre.

— Esa chica tiene futuro aquí. Cuídala.

Cuídala.

Si él supina cuánto la cuidaba. De maneras que jamás imaginaría.

Salí de su despacho con una mezcla de orgullo y culpa. El acuerdo era un éxito. Pero lo que había pasado con Romina... eso era un territorio que no sabía cómo navegar.

—¡Geovanny, hermano!

La voz me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista y allí estaba él. Jacobo Mendoza. Mi mejor amigo desde la universidad, el único que conocía todos mis secretos, el único que sabía de Romina desde el primer día.

—Jacobo

sonreí, abrazándolo.

— ¿Qué haces aquí?

—Pasaba por aquí, quería ver a mi amigo favorito. Y de paso, invitarte una copa. Te veo cara de necesitarla.

—No sabes cuánto.

Jacobo era todo lo que yo no era. Alegre, extrovertido, mujeriego empedernido. Pero leal como ninguno. Desde el día en que, en primer año de universidad, lo defendió de unos tipos que querían robarlo, supimos que seríamos amigos para siempre.

—Cuéntame

dijo, mientras caminábamos hacia los ascensores—. ¿Cómo fue el viaje, Con la chica esa, La misteriosa?

—Romina

dije, y solo pronunciar su nombre me provocaba un nudo en la garganta.

—Esa misma. ¿Qué pasó?

El ascensor se abrió y entramos. Cuando las puertas se cerraron, me apoyé contra la pared y suspiré.

—Pasó todo, Jacobo. Todo.

Sus ojos se abrieron como platos.

—¿Todo todo, La noche de graduación parte dos?

—Peor. Mejor. No lo sé. Fue... fue increíble.

Jacobo silbó bajito.

—¿Y ella sabe que fuiste tú?

—No. Cree que fue un sueño.

—¿Un sueño?

se rió.

— eres un caso perdido. ¿Cuánto tiempo llevas detrás de ella, Cuatro años, Y todavía no le dices nada?

—No es tan fácil.

—Sí lo es

insistió.

— Llegas, le dices, Oye, Romina, yo soy el tío que te ha estado dando placer en la oscuridad, ¿qué tal si lo hacemos a la luz?. Y ya está.

—No puedo

negué con la cabeza.

— Si descubre que soy yo, pensará que fue un plan, una mentira. Y además, está Camila.

—Ah, la modelo de pega

bufó Jacobo.

— Esa no cuenta y lo sabes.

—Cuenta para mi padre. Y para la fachada que he construido.

—Pues derrumba la fachada, colega. Vale más ella que toda esa mierda.

El ascensor llegó a la planta baja. Las puertas se abrieron y salimos al vestíbulo. Y entonces, Jacobo se detuvo en seco.

—Madre mía

susurró.

— ¿Quién es esa?

Seguí su mirada y la vi. Laura. La amiga de Romina. Estaba en recepción, entregando unos documentos, con su uniforme impecable y ese pelo rizado que siempre parecía tener vida propia.

—Jacobo, ni se te ocurra

advertí.

— Esa es Laura, la mejor amiga de Romina. Con ella no te metas.

—¿Por qué, Es tuya también?

sonrió con picardía.

—No es mía, pero es la persona más importante para Romina. Y si le haces daño, ella se lo contará, y entonces Romina me odiará por asociación.

Jacobo me miró con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿O sea que sí es tuya, Romina, digo?

—No empecemos.

—Ya empezamos hace cuatro años, amigo. Cuando me contaste de la chica del patio de la universidad. Tiene unos ojos, Jacobo, unos ojos que no me dejan dormir. ¿Te acuerdas?

Lo recuerdo. Cada maldito día.

Laura terminó su gestión y se giró para irse. En ese momento, nos vio. O mejor dicho, vio a Jacobo, que la miraba con una intensidad que solo él podía tener.

Ella arqueó una ceja, lo miró de arriba abajo con una mezcla de curiosidad y desafío, y luego, sin mediar palabra, giró sobre sus talones y se fue.

Jacobo se quedó paralizado.

—¿Qué... qué fue eso?

preguntó, tocándose el pecho.

— ¿Me acaban de fulminar con la mirada?

Sonreí por primera vez en horas.

—Eso, amigo, fue Laura. Y te ha dejado claro que no le interesas.

—Al contrario

dijo Jacobo, con una sonrisa enorme.

— Eso, hermano, fue un desafío. Y yo nunca rechazo un desafío.

—Jacobo...

—Tranquilo, tranquilo

me palmeó la espalda.

— Solo quiero conocerla. Ser amable. Conversar. No voy a hacerle daño. Palabra.

Lo dudaba. Pero conocía a Jacobo. Cuando se fijaba en alguien, no había fuerza en el mundo que lo detuviera.

Salimos del edificio y caminamos hacia un bar cercano. Ya en una mesa, con dos cervezas delante, Jacobo retomó el tema.

—En serio, Geovanny. ¿Cuánto tiempo vas a seguir así? Mirándola desde lejos, amándola en secreto, entrando a su habitación como un ladrón y saliendo antes de que amanezca. En algún momento tendrás que plantarte frente a ella y decirle la verdad.

—Lo sé.

—Y mientras tanto, cualquier otro puede llegar y quitártela. Ese Méndez, por ejemplo, que según me contaste ya le echó el ojo.

La mención de Méndez hizo que mi mandíbula se tensara.

—A ese lo tengo controlado.

—¿Controlado? Estaba a punto de invitarla a salir delante de ti. Si no llegas a intervenir...

—Pero intervine.

—Y ella no sabe por qué. Cree que fue profesionalismo. Cree que solo la estás protegiendo como jefe. No sabe que la quieres, Geovanny. No sabe que es tuya.

—Lo sé.

—Pues dilo

insistió.

— Dilo de una puta vez. Llegará otro y te la quitará, y entonces te arrepentirás toda la vida.

Bebí un trago largo de cerveza. Sus palabras resonaban en mi cabeza con la fuerza de una verdad incómoda.

—Tiene que ser en el momento adecuado

dije.

— No puedo decírselo así nomás. Necesito... no sé, necesito que ella esté lista. Que confíe en mí.

—Para confiar, primero tiene que conocerte. De verdad. No al jefe Geovanny, sino al Geovanny que lleva cuatro años enamorado de ella.

Suspiré, pasándome una mano por el rostro.

—Es más complicado de lo que crees.

—Siempre lo es

sonrió Jacobo.

— Pero las mejores cosas de la vida son complicadas. ¿O no?

No pude evitar sonreír.

—¿Desde cuándo te volviste filósofo?

—Desde que vi a esa pero risado fulminarme con la mirada

rió.

— Esa mujer me ha hecho cuestionar mi existencia entera.

—Olvídate de Laura, Jacobo.

—Imposible. Ya es tarde. Pero no te preocupes, esto es aparte. Tú concéntrate en lo tuyo. En decirle la verdad a Romina antes de que sea tarde.

La conversación continuó entre risas y cervezas, pero mi mente estaba en otro lugar. En ella. En Romina. En sus ojos marrones, sus caderas anchas, su forma de mirarme como si yo también fuera un misterio para ella.

Jacobo tenía razón.

No podía seguir así para siempre.

Tenía que decirle la verdad.

Pero ¿cómo, Cuándo, Y qué pasaría después?

Esa noche, cuando llegué a mi apartamento vacío, me tumbé en la cama y cerré los ojos. Su olor aún permanecía en mi piel. Su sabor, en mis labios. Su calor, en mis brazos.

—Eres mía, Romina

susurré en la oscuridad.

— Y pronto lo sabrás.

Pero mientras tanto, seguiría siendo su ladrón de sueños.

Su amante sin rostro.

Su secreto mejor guardado.

Continuara...

1
Vane Sailo☆
Gracias por la novela esta muy buena y me gusta que no aburre el drama si no que atrapa cada capítulo
Nay Gutierres ☆
la vida de Romina identifica a más de una mujer que piensa que no merece algo y merecemos todo lo que queramos
Ara Celis ☆
muy buena me gusta mucho
Roy Gomera ☆
me gustó gracias espero seguir leyendo
Laly(⁠つ⁠≧⁠▽⁠≦⁠)⁠つ
leí el primer capítulo y me quedé enamorada de la trama muy buena la novela
Ana Mosqueado
más capítulos autora por favor esta muy buena la novela
Anyeli Sinraiza
me recordó a mi mamá 🤣
Anyeli Sinraiza
que buena familia la de Romina 🥰
Iris fontama☆
la quiere pero se comporto primero como un cobarde
Sofia Vermel
cometió estupideces 🤭
Paula Perez
empieza el romanceeeeeee
Paula Perez
unos golpes te vendrían bien 🤣
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Buena trama ágil sin tanto contratiempo
Gaga⊂⁠(⁠´⁠・⁠◡⁠・⁠⊂⁠ ⁠)⁠∘⁠˚⁠˳⁠°
desde el primer capítulo quede encantada y cada capítulo es mejor gracias autora por la novela
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Ellos empezaron al revés primero el bebé después el romance jjjj
Lulu(⁠つ⁠≧⁠▽⁠≦⁠)⁠つ
de las novelas que he leído de este género, esta me encanta la recomiendo
Xary Fernández ☆
me gustó bastante la trama quede prendada desde el principio
Reyna Matos ☆
espectacular la novela
Coly Perez
ahora vendrán mi parte favorita el romance 🥰
Yul Barrero☆
yo creo que ya la convenció jajajaja
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