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Después de elegir el divorcio

Después de elegir el divorcio

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:32
Nilai: 5
nombre de autor: Mutzaquarius

Mela llevaba veinte años siendo la esposa perfecta. Cocinaba, limpiaba, cuidaba a su suegra enferma, criaba a su hija y mantenía en orden un hogar que nunca fue suyo. Todo para que Arman, su marido, pudiera concentrarse en los negocios y construir un imperio.

Hasta que descubrió que, durante la última década, él lo compartía todo con otra mujer.

El día que Mela firmó el divorcio, se llevó consigo una maleta medio vacía, una llave oxidada y una sola certeza: no iba a suplicar. Ni por dinero, ni por una casa, ni por la dignidad que le habían arrancado.

Volvió a Morana, el pueblo donde creció, a la casa de madera que sus padres le dejaron. Allí, con las manos en la tierra, empezó a reconstruirse desde cero: limpió maleza, plantó chiles y verduras, y poco a poco levantó un negocio que nadie esperaba.

Pero Morana también le trajo algo que no buscaba.

Dino. Un hombre sencillo que apareció en el pueblo con la sonrisa fácil y las manos siempre dispuestas a ayudar. Alguien que la miraba sin lástima y la trataba sin condiciones. Alguien que guardaba un secreto capaz de cambiarlo todo.

Mientras Mela construye su nueva vida, la antigua no deja de perseguirla. Arman, arruinado y arrepentido, vuelve a buscarla. Su exsuegra, que la despreció durante años, ahora la necesita. Su propia hija, que eligió quedarse con la amante, empieza a cuestionar esa decisión.

Y en medio de todo, un enemigo invisible lanza un ataque que amenaza con destruir lo que Mela acaba de ganar.

NovelToon tiene autorización de Mutzaquarius para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — La perfección que se paga cara

Camila se había convertido en la nuera ideal, sin dejar casi ningún flanco abierto a la crítica.

Se levantaba antes que todos en la casa. Preparaba el desayuno antes de que los empleados domésticos pudieran moverse. Se aseguraba de que la mesa estuviera impecable. Colocaba las medicinas de Diana según el horario exacto. Incluso de vez en cuando le tomaba la presión arterial con gesto solícito.

—Señora, tómese primero la pastilla. —Su tono era suave, las manos se movían con esmero.

Diana, que antes era terca como pocas, fue cediendo poco a poco. —Si sigues así, me voy a curar rápido —dijo con una sonrisa complacida.

Camila soltó una risita breve. —Si usted está sana, yo también quedo tranquila.

A ojos de Diana, Camila resultaba mucho más agradable que Mela.

Camila sabía hablar, sabía cómo ganarse su afecto. Y lo más importante: sabía cómo hacer que alguien se sintiera necesitado.

A Lina también la tenía consentida.

Si la chica quería algo, Camila se lo compraba. Si quería comer en un restaurante de moda, Camila la llevaba. Y cuando Lina estaba de mal humor, Camila se convertía en su confidente, escuchándola con paciencia infinita.

—Mamá Camila es la que mejor me entiende —soltó Lina una noche.

Diana terció de inmediato: —Por eso, aprende de mamá Camila. Una mujer tiene que ser inteligente, no solo saber ser ama de casa.

Camila esbozó una sonrisa tímida. Pero un destello tenue le cruzó la mirada.

En cuanto a Arman, Camila se transformó en la esposa perfecta.

No solo le tenía todo preparado, sino que también era hábil organizándole la agenda y le recordaba cada asunto importante.

A veces le encargaba su comida favorita y hacía cualquier cosa con tal de complacerlo. Incluso cuando él llegaba entrada la madrugada, Camila lo esperaba con una taza de café caliente.

Lo acompañaba, le escuchaba las historias del día y, desde luego, siempre con una imagen elegante y cuidada, de modo que Arman se sentía a gusto con solo verla.

—¿Todavía no te dormiste? —preguntó Arman.

Camila negó con la cabeza. —Te estaba esperando, cariño.

Esa frase sencilla bastó para entibiarle el pecho a Arman.

Algo que antes nunca había notado: que ya había tenido esa misma atención de parte de Mela. Solo que Mela la demostraba de otra manera, sin adornos, tal cual era. Muchas veces agotada, incluso desaliñada después de un día entero ocupándose de la casa.

En la oficina, Camila también colaboraba. Se sentaba en algunas juntas, daba sugerencias, leía propuestas de inversión e incluso acompañaba a Arman a almuerzos con clientes importantes.

Su porte era elegante. Su manera de hablar, convincente. Y para Arman, la presencia de Camila era como un soplo de aire fresco.

—Eres la pareja ideal para mí —le dijo Arman una noche.

Camila lo observó con una sonrisa dulce. —Porque yo siempre quiero lo mejor para ti, mi amor.

La frase sonaba sincera, al menos eso fue lo que Arman pensó.

Pero nada en este mundo es realmente gratis. Ni siquiera la perfección.

Dos semanas pasaron volando. Estaban en el despacho privado de Arman cuando Camila entró con una carpeta delgada llena de folletos y reportes con cifras.

—Quiero mostrarte algo, cariño.

Arman, que estaba firmando documentos, levantó la cabeza. —¿Qué cosa?

Camila puso la carpeta frente a él. —Una inversión.

Arman frunció el ceño. —No —respondió de inmediato—. No me interesa ese tipo de cosas.

—Escúchame primero. —Camila se sentó al borde del escritorio y fue abriendo hoja por hoja con movimientos pausados mientras explicaba—. No es una inversión cualquiera. Las ganancias son altas. Muchos empresarios grandes ya entraron.

Arman recorrió las páginas por encima. Los números eran tentadores, demasiado tentadores. Pero se mantuvo firme.

—Las ganancias serán grandes, pero el riesgo también es alto —zanjó.

Camila sonrió. —Todo negocio tiene riesgo. —Se inclinó un poco hacia él—. Pero los grandes no avanzan porque le tengan miedo al riesgo.

Arman guardó silencio.

Camila prosiguió con voz suave y persuasiva. —Imagina que ponemos ese capital a trabajar ahí. En un año, el rendimiento podría multiplicarse varias veces. Podríamos expandirnos más rápido. Abrir nuevas sucursales. Dejar muy atrás a la competencia.

Arman negó con la cabeza, sin ceder. —Ya estoy bastante cómodo con lo que tenemos.

Camila lo contempló un largo rato y luego dejó escapar una risa breve. —Ese es el problema. Te conformas demasiado pronto, cariño.

La frase le picó el orgullo a Arman.

Camila se apresuró a suavizar el golpe. Le rozó el brazo con delicadeza. —No te estoy menospreciando. Al contrario, creo que puedes ser mucho más grande de lo que ya eres.

Arman no dijo nada. Conocía bien ese tipo de juegos de palabras. Pero, por alguna razón, saliendo de la boca de Camila todo parecía tener sentido.

—No digo que tenga que ser ahora —añadió ella—. Puedes pensarlo con calma. —Cerró la carpeta despacio—. Pero las oportunidades grandes no se presentan dos veces.

Camila se puso de pie, se alisó el vestido y le plantó un beso fugaz en la mejilla antes de salir del despacho.

—Espero tu decisión, cariño.

La puerta se cerró y el silencio volvió a ocupar la habitación.

Arman clavó la vista en la carpeta. Sus dedos tamborilearon sobre el escritorio.

Sabía que debía tener cuidado. Las ganancias que le ofrecían eran enormes, pero esas cosas siempre venían acompañadas de trampas.

Sin embargo, los números seguían bailándole en la cabeza. Ganancias rápidas, expansión a lo grande y un nombre cada vez más alto.

Se reclinó en el respaldo y se aflojó la corbata, que desde hacía rato le apretaba el cuello.

Tomó la carpeta y la miró con ojos que empezaban a flaquear.

Mientras tanto, fuera del despacho, Camila recorrió el pasillo con paso sereno.

La sonrisa dulce aún le adornaba los labios. Pero cuando ya nadie la veía, la comisura se le fue elevando despacio.

Porque sabía una cosa: a alguien como Arman se le podía negar un consejo. Pero era muy difícil que se negara a sí mismo su propia ambición.

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