Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 6 Después de la fiesta
Capítulo 6: Después de la fiesta
La música continuaba sonando, pero Seo-yeon ya no prestaba atención.
Seguía pensando en las últimas palabras de Ji-ho.
“Todos escondemos algo.”
—¿Estás bien? —preguntó él.
Seo-yeon lo miró.
—Sí.
—No parece.
—Estoy pensando.
—Eso puede ser peligroso.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Siempre haces bromas cuando no sabes qué decir?
—Solo contigo.
Seo-yeon volvió a mirarlo.
Había algo diferente en su expresión.
Ya no parecía el chico frío que había conocido en el instituto.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Hasta que alguien apareció detrás de Ji-ho.
—¿Interrumpo?
Era Min-jae.
—Sí —respondió Seo-yeon.
Min-jae se rio.
—Perfecto. Entonces hice mi trabajo.
Ji-ho negó con la cabeza.
—¿Qué quieres?
—Necesito hablar contigo.
—Después.
—Ahora.
Min-jae lo miró seriamente.
Ji-ho entendió.
—Voy.
Antes de marcharse, miró a Seo-yeon.
—¿Vas a quedarte?
—Un rato.
—Bien.
—¿Por qué?
Ji-ho sonrió.
—Para saber que llegas bien.
Seo-yeon levantó una ceja.
—Puedo cuidarme sola.
—Ya lo sé.
Ji-ho se alejó.
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—¿Qué pasa? —preguntó Ji-ho cuando llegaron a otra habitación.
Min-jae cerró la puerta.
—La apuesta.
Ji-ho suspiró.
—Otra vez.
—Solo quería saber cómo va.
—Va bien.
—¿Ya confía en ti?
Ji-ho se quedó callado.
—Más o menos.
Min-jae sonrió.
—Entonces vas ganando.
—No es tan sencillo.
—¿Por qué?
Ji-ho miró hacia la puerta.
—Porque ella no es como las demás.
Min-jae soltó una carcajada.
—Eso es exactamente lo que dijiste que no iba a pasar.
Ji-ho no respondió.
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En el salón, Seo-yeon estaba buscando a Min-ah cuando Ha-rin se acercó.
—¿Podemos hablar?
Seo-yeon asintió.
Se alejaron un poco del resto.
—¿Te estás acercando mucho a Ji-ho? —preguntó Ha-rin.
Seo-yeon la miró.
—No sé.
—¿No sabes?
—Estamos hablando. Eso es todo.
Ha-rin sonrió.
—Ji-ho no suele hacer eso.
—¿Hacer qué?
—Interesarse por alguien.
Seo-yeon guardó silencio.
Ha-rin continuó:
—Solo ten cuidado.
—¿Con él?
—Sí.
—¿Por qué?
Ha-rin dudó.
Por un instante estuvo a punto de decirle la verdad.
Pero no podía.
—Porque Ji-ho puede ser complicado.
Seo-yeon la observó.
—Gracias por advertirme.
Ha-rin sonrió.
—De nada.
Pero cuando Seo-yeon se marchó, su sonrisa desapareció.
---
Más tarde, Seo-yeon salió de la casa.
Había comenzado a llover.
—Genial...
—Otra vez sin paraguas.
Ella se giró.
Ji-ho estaba detrás de ella.
—¿Me estás siguiendo?
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
Abrió su paraguas.
—Ven.
Seo-yeon se acercó.
Caminaron juntos hasta la entrada.
—Ji-ho.
—¿Sí?
—¿Por qué eres amable conmigo?
Él tardó en responder.
—Porque quiero.
—Eso no explica nada.
—Quizás no todo necesita una explicación.
Seo-yeon lo miró.
—Tú sí la necesitas.
Ji-ho sonrió.
—¿Por qué?
—Porque no entiendo qué quieres de mí.
Él bajó la mirada hacia ella.
Por un instante, pareció que iba a decir la verdad.
Pero recordó la apuesta.
—Quiero conocerte.
Seo-yeon se quedó callada.
La respuesta parecía sencilla.
Demasiado sencilla.
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Al llegar a casa, Seo-yeon recibió un mensaje.
Número desconocido:
“No confíes tanto en Kang Ji-ho.”
Frunció el ceño.
Miró la pantalla unos segundos.
Después llegó otro mensaje.
“No sabes quién es realmente.”
Seo-yeon sintió un pequeño escalofrío.
No respondió.
Pero tampoco borró los mensajes.
Mientras tanto, en su habitación, Ji-ho miraba su propio teléfono.
Tenía un mensaje de Min-jae:
“No olvides por qué empezaste.”
Ji-ho apagó la pantalla.
Porque ese era precisamente el problema.
Ya no estaba seguro de recordar por qué había empezado.