NovelToon NovelToon
ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Héroes / Venganza / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Pólux es un dios inmortal del Olimpo. Cástor, su hermano gemelo, es mortal y vive entre humanos. Desde que fueron separados, solo tienen un pacto: una vez al mes deben encontrarse bajo el árbol que ambos consideran sagrado.

Pero un día, Cástor no aparece.

Pólux siente que el vínculo que los une está herido y desciende a la Tierra. Lo encuentra inconsciente en un hospital, víctima de años de humillaciones, abusos y una conspiración que casi le cuesta la vida.

Entonces toma su lugar en la academia humana.

Nadie sospecha que el estudiante que regresó no es Cástor.

Es Pólux.

Y mientras descubre quién destruyó a su hermano, los culpables aprenderán demasiado tarde que meterse con un mortal es una cosa…

metérsete con el hermano de un dios es otra.

Porque Cástor podía perdonarlos.

Pólux no.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL GRAVE ERROR DE CONFUNDIR AL DIOS CON SU VÍCTIMA

El pasillo seguía en silencio cuando él apareció.

Su nombre era Damián. El verdadero hijo de Elena y Javier. El que siempre había tenido el cuarto más grande, la ropa nueva, el dinero que nunca le daban a Cástor. El que cada noche, tras cerrar la puerta de su habitación, cerraba también la puerta de la casa para que nadie oyera los golpes, los insultos, el sonido de algo rompiéndose contra la pared. El que durante años hizo de la vida de Cástor un infierno silencioso, sabiendo que nadie lo defendería.

Caminó por el pasillo con paso pesado, los hombros echados hacia adelante, las manos cerradas en puños. Al verme, soltó una risa seca y cruel, la misma risa que Cástor había escuchado mil veces antes de que el primer golpe cayera.

—Ahí estás, maldito —escupió, acercándose rápido, sin dudarlo ni un instante—. Pensé que te habías largado. Pero no, tenías que volver. Y ahora vienes a hacer el ridículo delante de mis padres, ¿verdad? A inventar cuentos, a amenazar… Siempre la misma basura.

Se detuvo frente a mí. Era más alto, más corpulento. Todos esperaban que yo retrocediera. Igual que siempre. Igual que hacía Cástor.

—Crees que porque te dejaron volver ya eres uno de nosotros —dijo, inclinándose hacia mí, la voz cargada de asco y furia—. Crees que puedes hablar así a mis padres y que no va a pasar nada. Pues te equivocas. Nadie te pidió que vinieras. Nadie te quiere aquí. Y ahora mismo te voy a enseñar lo que pasa cuando te crees más de lo que eres.

Levantó la mano. Rápido. Violento. Iba a golpearme. Igual que tantas veces antes. Creía que yo era Cástor. Creía que iba a bajar la cabeza, a encogerme, a recibir el golpe en silencio.

Grave error.

Su puño avanzó veloz hacia mi cara. Yo no me moví ni un milímetro. No retrocedí. No levanté los brazos para protegerme. Simplemente… lo miré. Y en el último instante, antes de que me tocara, mis ojos brillaron con esa luz dorada, fría y absoluta, como dos soles que lo juzgaran.

Damián se detuvo en el aire. Su puño se detuvo a un centímetro de mi rostro, temblando. No fue él quien paró. Fue su cuerpo, que de repente entendió lo que su mente todavía no podía comprender. Estaba frente a algo que no podía golpear. Algo que no se rompía. Algo que era.

—¿Qué… qué es esto? —balbuceó, la furia trocada en confusión, luego en miedo—. ¿Por qué no te mueves?

Lo miré a los ojos, sin rastro de ira, sin rastro de prisa.

—Porque tú —dije suavemente—, puedes golpear a un niño. Puedes romper sus cosas. Puedes hacerle sentir que no vale nada. Pero no puedes golpear al viento. No puedes romper el fuego. Y no puedes hacer temblar a un dios.

Le agarré la muñeca. No con fuerza bruta. Con una calma absoluta. Y sin hacer el menor esfuerzo, bajé su mano. Él no pudo resistirse. No pudo moverla. Era como si el acero pesara menos que mi dedo.

—Durante años levantaste la mano contra él —continué, mi voz tranquila, cada palabra cayendo como una sentencia—. Durante años creíste que el silencio de Cástor era miedo. Era paciencia. Creíste que su debilidad era tuya. Era su bondad. Y ahora… ahora levantas la mano a quien vino en su lugar.

Lo solté. Damián retrocedió tambaleándose, como si le hubieran empujado, aunque yo no lo había tocado con fuerza. Respiraba con dificultad, mirándome como si viera un fantasma.

—¿Quién eres? —susurró—. Tú… tú no eres él.

—No —respondí, con una sonrisa que no llegó a mis ojos—. Él perdonaba. Yo recuerdo. Él contenía su ira. Yo solo la he estado esperando. Y tú, Damián… tú acabas de darme la excusa perfecta para dejar de contenerme.

Me acerqué un paso. Él retrocedió otro, hasta chocar contra las taquillas. Los demás estudiantes observaban en silencio absoluto, sin entender qué ocurría, pero sintiendo que algo terrible e imparable acababa de despertar.

—Corre —le dije, muy bajito, solo para que él oyera—. Es lo único que te recomiendo. Porque la próxima vez que levantes la mano… no te detendrás a un centímetro de mi cara. Yo te dejaré llegar. Y entonces… te destruiré con la misma mano que tú levantaste contra él.

Damián se quedó un instante más, paralizado, con el pánico pintado en cada rasgo de su rostro. Y entonces, giró sobre sus talones y huyó, corriendo por el pasillo, tropezando con todo, desapareciendo de mi vista.

Me quedé solo en medio del pasillo. Cerré los ojos un instante, conteniendo la furia que amenazaba con desbordarse. El freno se aflojaba. Cada recuerdo de lo que habían hecho a mi hermano lo aflojaba un poco más. Y sabía que, tarde o temprano, algo se rompería.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play