Kaiser, un ex soldado, queda sepultado bajo los escombros de su propio hogar y despierta en un cuerpo odiado por todos y cargado con recuerdos de crueldad que no le pertenecen. Pronto descubre que la muerte de ese cuerpo, fue ejecutado por sus esposos bestia —criaturas superiores, juramentadas en sangre— y que ahora él es el villano cuya sombra piden destruir. Entre la culpa ajena que lo corroe y la furia inminente de quienes lo odian, debe decidir si aceptará el castigo o devolverá el tormento; en ese limbo, la redención puede ser más aterradora que la venganza.
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Cap 9: batalla
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El hombre le envió un mensaje, diciéndole que se escondiera bien y si era posible que escapara a un lugar seguro, mientras él llegaba a buscarlo. Aris leyó el mensaje sintiéndose aliviado, el gamma le respondió que estaba escondido cerca al sótano, pero no podía huir ya que habían demasiadas personas muy bien armadas y que además habían capturado a Raidan y Daiven.
— esta noche parece no querer acabar — murmuró Farul emprendiendo el viaje a toda velocidad hacia la mansión.
En la mansión, uno de los guardias se dio cuenta del túnel, por lo que de inmediato alumbró viendo a Aris, este al verse descubierto, no tuvo otra opción que salir a prisa del túnel. Estando afuera y con la luna llena, tomó su forma animal, la luz de la luna, hacía brillar el pelaje blanco y erizado de la bestia.
Aris, imponente, se irguió sobre sus patas traseras, ganando una altura aterradora. Sus ojos, eran como dos brasas encendidas de furia y miedo, el animal escaneaba a la docena de guardias que lo rodeaban con sus ballestas tensadas y espadas de plata listas.
— No debieron invadir mi hogar—gruñó él, con un sonido que vibró en el pecho de todos los presentes.
No dejándose intimidar, los guardias avanzaron con seguridad, siguiendo la señal del capitán. En ese instante, el aire se llenó de un silbido metálico y los primeros proyectiles volaron hacia el lobo, quien con un movimiento felino y una velocidad que desafiaba la física, giró, esquivando la mayoría y destrozando un escudo de guardias con un solo zarpazo brutal. El lobo embistió, derribando a tres hombres de un golpe de hombro y lanzando a otros por los aires con sus garras. Cada movimiento suyo era una descarga de pura fuerza bruta y un intento salvaje por conservar su libertad.
Aún así, los guardias no se rendían, estaban bien entrenados y, sobre todo, preparados para enfrentarse a ese tipo de bestias. Mientras el lobo se defendía, las trampas comenzaron a cerrarse y Una red reforzada con fibras de hierro descendió sobre sus hombros, haciéndolo tambalearse.
El gamma rugió, desgarrando la red con los dientes, pero ya era tarde. Dos guardias arrojaron frascos con un gas paralizante que llenó el espacio. Ante este ataque, el gigante lobo comenzó a tambalearse, sus patas se volvieron pesadas como plomo.
Aris dió un último rugido desafiante que hizo temblar los cristales cercanos, mientras caía de rodillas. Finalmente, su enorme cuerpo cedió contra el frío suelo de piedra, vencido no por falta de valor, sino por el peso de la estrategia enemiga. Allí tirado, el lobo volvió a su forma humana, su cuerpo tenía varias heridas y su rostro estaba inflamado.
— Listo, este inútil es el último— expresó uno de los guardias dándole una patada
— informaré al señor— dijo el capitán
El hombre llamó al padre de Farul y le informó sobre la captura de Aris, hecho esto, uno de los soldados tomó al gamma del cabello para arrastrarlo hacia el auto. En ese momento, el silencio se rompió con el chirrido de unos neumáticos sobre el pavimento mojado. Un sedán negro derrapó frente a los guardias, bloqueandoles la salida. Antes de que el motor se apagara por completo, la puerta del conductor se abrió de golpe, saliendo de el, Farul.
Al ver como arrastraban al indefendo gamma, Farul sin perder tiempo, alzó un revólver de gran calibre. Un estruendo sordo resonó en el lugar y el guardia que arrastraba a Aris por el cabello se desplomó al instante, con la sorpresa grabada en su rostro inerte.
—¡ Miserables, no debieron tocar a mi cachorro! —rugió Farul, mientras su mano libre desenvainaba un cuchillo de combate con un destello de acero.
Los guardias, aturdidos por la repentina intervención, tardaron en reaccionar. Fue ese instante que Farul aprovechó para disparar dos veces más, abriéndose paso a través del cerco. Sin embargo, los guardias recuperaron la compostura y comenzaron a devolver el fuego. Evitando el ataque, Farul se lanzó tras un contenedor de basura, sintiendo cómo las balas de ballesta y los disparos silbaban peligrosamente cerca de sus oídos.
El combate se volvió letal y caótico, Farul se movía como un espectro, disparando ráfagas cortas para mantenerlos a raya, y cuando un guardia intentó flanquearlo por la derecha, él se deslizó por el suelo, esquivando un estoque y hundiendo su cuchillo en el costado del atacante antes de levantarse con un movimiento fluido.
— Esos infelices— murmuró mientras disparaba
La batalla parecía imposible de ganar, ya que él estaba solo contra una docena, aún así, peleaba con una ferocidad casi animal, para proteger a su cachorro. El hombre recibió un roce en el hombro, una herida superficial que ignoró por completo. Su única prioridad era rescatar a Aris, que estaba a pocos metros de él, recuperando poco a poco la conciencia, mientras gruñía débilmente al ver a su amo enfrentarse a la muerte por él.
Farul vació su cargador y lanzó el arma vacía contra el rostro de un guardia para distraerlo y empuñar un cuchillo con ambas manos, preparandose para la carga final de los supervivientes. El hombre respiró hondo, sintiendo cómo la adrenalina le quemaba las venas. Contando movimientos y tiempos, Farul se lanzó hacia adelante con una furia controlada, aprovechando la confusión. Un guardia cayó por una patada bien colocada en la rodilla, otro recibió el cantazo de la culata y quedó tambaleando. Con agilidad y sin perder el ritmo, desarmó a uno y usó su propia arma contra él, apuntando a los demás, obligándolos a retroceder unos pasos calculados.
El capitán de los guardias intentó contraatacar, pero Farul ya había leído su postura, por lo que lo desarmó con un giro seco del cuchillo y, antes de que pudiera recuperar el control, le dio un golpe contundente que lo dejó fuera de combate. Los demás, viendo caer a sus compañeros y sometidos por la precisión y la fiereza del atacante, comenzaron a dudar. Algunos tiraron sus armas, otros buscaron la retirada, en tanto uno más valiente, intentó embestirlo por la espalda, pero Farul lo frenó con un disparo que alcanzó su pecho
— Raidan y Daiven…… el demonio y el vampiro que me pertenecen, ¿Dónde están?....... Hablen— apuntandolos con el arma
— E-Están en casa de su padre— confesó uno de los guardias mal herido