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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

—¿Qué pasa, cariño? —preguntó Diego al fin, incapaz de seguir esperando a que Tania completara la frase.

Tania esbozó una sonrisa tenue.

—Preparé la habitación de al lado de la nuestra para Farah. Ya la dejé arreglada.

El rostro de Diego se iluminó al instante; una sonrisa amplia le floreció en los labios, rebosante de satisfacción. Por dentro, celebraba a gritos. Perfecto, pensó con astucia. De esa manera, colarse en la habitación de Farah resultaría infinitamente más fácil.

La distancia entre su cuarto con Tania y el de Farah era de apenas un palmo: estaban pared con pared, separados únicamente por un tabique.

—Vaya, gracias, cariño. De verdad eres una esposa muy comprensiva —la elogió Diego, un cumplido hueco que resonó vacío en los oídos de Doña Carmen, cada vez más inquieta.

Farah sonrió con altivez, sintiéndose en la cima al recibir esa atención y ese trato privilegiado.

Los halagos de Diego le hicieron olvidar el incidente y la rabia que había sentido contra Tania; la desconfianza que le tenía se diluyó por completo. Era, sin duda, una mujer que no podía compararse con la astucia de Tania.

A diferencia de ellos dos, Tania apenas esbozó una sonrisa enigmática. Una sonrisa que escondía miles de secretos. Diego y Farah ignoraban que, dentro de esa habitación, Tania ya había preparado una pequeña sorpresa que ninguno de los dos lograría anticipar. La trampa estaba tendida con esmero, y las presas acababan de entrar en la madriguera.

* * *

Cena cargada de tensión

El comedor ya estaba dispuesto. Tania, Diego y Doña Carmen se hallaban sentados a la mesa amplia. Tania lucía elegante con una bata hogareña pero decorosa, mientras Diego y su madre vestían ropa informal. El silencio reinaba, pendientes de la llegada de Farah.

Entonces se oyeron pasos que se acercaban; no eran pasos comunes, sino una cadencia segura y calculada.

Todas las miradas se volvieron hacia la entrada del comedor. Farah apareció.

Llevaba un camisón de satín, fino y escaso, de un rojo encendido. La tela, casi inexistente, desafiaba cualquier mirada, sobre todo en la zona del escote. La prenda no ofrecía protección alguna sobre las curvas de su cuerpo; el volumen generoso de sus pechos quedaba expuesto sin disimulo, y los contornos de sus pezones se adivinaban bajo el tejido transparente.

Farah caminó con elegancia estudiada, cada paso medido como si desfilara por una pasarela de alta costura. Su expresión destilaba satisfacción, convencida de que su apariencia haría temblar el corazón de Diego y llenaría de celos a Tania.

Al verla, Diego quedó hipnotizado. Los ojos se le abrieron de par en par, la mirada fija en las curvas de Farah. Con esfuerzo, tragó saliva mientras sus ojos recorrían aquel cuerpo de arriba abajo sin el menor disimulo.

La escena no pasó inadvertida para Tania. Aunque estaba ocupada sirviéndole arroz a Doña Carmen, con el rabillo del ojo registraba cada reacción de su marido. Alcanzó a ver el instante en que Farah le lanzó un guiño coqueto a Diego, un gesto sutil pero cargado de intención.

Juego de cuarta, pensó Tania con frialdad, archivando mentalmente la escena como una prueba más.

Diego seguía petrificado, hechizado por la aparición de Farah, incluso después de que ella tomara asiento en la silla de enfrente.

Solo salió de su ensimismamiento cuando Tania rompió el silencio.

—¿En tu pueblo acostumbras usar esa clase de ropa? —preguntó con un tono de ingenuidad perfectamente fabricado y una sonrisa amable.

Farah se sobresaltó; un rubor delator le tiñó las mejillas que segundos antes exhibían arrogancia. Sin embargo, se recompuso de inmediato y respondió con aplomo:

—Sí, Tania. Es que allá hace mucho calor.

Tania no se detuvo ahí. Volvió a lanzar otra pregunta que era, en realidad, una puñalada envuelta en seda.

—¿No tienes frío? En el pueblo tal vez se entienda, por el calor, sin aire acondicionado ni nada. Pero aquí, en esta casa, todos los cuartos tienen aire acondicionado, menos la cocina. ¿No te da pena andar vestida así delante de Diego? ¿O es que simplemente no te importa lo que piensen los demás? Digo... eres de esas personas que no se preocupan por el qué dirán.

El rostro de Farah se encendió hasta la raíz del cabello; no encontraba qué responder. La irritación le deformaba las facciones sin que pudiera ocultarla.

Doña Carmen se removió con evidente incomodidad. La mujer dejó caer el tenedor sobre el plato con un tintineo agudo que atrajo todas las miradas. Se la veía incómoda con la tensión reinante. Estrujaba la servilleta en su regazo, deseando con todas sus fuerzas reprender a Farah, pero la lengua se le había vuelto un nudo.

Diego intervino de inmediato al percibir que el ambiente se caldeaba.

—Ya, ya. Vamos a cenar. La comida se va a enfriar.

Cenaron en calma aparente, pero aquel silencio pesaba como plomo y estaba preñado de significados ocultos. Solo el chocar de cubiertos contra la loza servía de testigo mudo a la guerra fría que acababa de declararse en esa mesa. Tania comió con serenidad, mientras Diego y Farah evitaban cruzar la mirada, y Doña Carmen mantenía la cabeza gacha, consumida por la inquietud.

La cena concluyó. Los cuatro permanecían sentados ante la mesa silenciosa, con los restos de la comida todavía frente a ellos. Diego acababa de llevarse el último bocado a la boca cuando Tania, con voz despreocupada, lanzó una pregunta que alteró el clima de golpe.

—Ah, Diego —comenzó, desviando la vista del plato hacia el rostro de su marido—, a todo esto, ¿cuánto tiempo piensa quedarse Farah en nuestra casa? No pretende vivir aquí para siempre con nosotros, ¿verdad?

La pregunta dio en el blanco con la precisión de un bisturí que perfora una mentira. El rostro de Diego se endureció al instante.

Un silencio breve lo invadió todo. Solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado. Diego y Doña Carmen se quedaron congelados antes de que él lograra recomponerse.

Al otro lado de la mesa, Doña Carmen palideció visiblemente. La mano que antes sostenía el vaso ahora le temblaba con violencia. Agachó la cabeza, rehuyendo las miradas de su hijo y de su nuera, atrapada en una telaraña de mentiras cada vez más enredada.

Diego, con visible esfuerzo por neutralizar su expresión y aparentar calma, respondió al fin:

—¿A qué te refieres, cariño? ¿Te molesta que Farah esté aquí? —intentó darle la vuelta a la pregunta, añadiendo una dulzura postiza a la voz.

—No es una extraña, ¿eh? Es sobrina de mamá, prima mía —agregó.

Tania replicó sin perder la compostura ni la lógica:

—Lo sé, Diego. Pero no tenemos ninguna obligación de alojarla en esta casa, y menos con la intención de que se quede a vivir por tiempo indefinido. Eso no está bien. Tu mamá es otra cosa: es tu madre y mi suegra.

Acto seguido, Tania cambió de semblante. Se puso una máscara de preocupación tan convincente que Diego creyó que ella moría de miedo ante la idea de perderlo.

—Solo estoy preocupada, Diego —prosiguió, suavizando el tono con una falsedad impecable.

—Los días malos y las tentaciones del demonio llegan cuando uno menos se lo espera. Ahí afuera hay miles de casos y no pocos escándalos de infidelidad: con la cuñada, con la prima, con la nuera, con la suegra...

La expresión angustiada de Tania infló el ego de Diego hasta las nubes. Se convenció de que ella estaba aterrada de perderlo. Sonrió satisfecho, tomó la mano de Tania sobre la mesa e ignoró por completo la mirada furiosa de Farah.

—Cariño, no tienes nada de qué preocuparte. Yo no soy como los demás, yo soy fiel —declaró, rezumando hipocresía.

—Jamás te sería infiel. Contigo me basta y me sobra; no existe otra mujer tan buena ni tan comprensiva como tú. No he olvidado cómo me acompañaste con lealtad mientras construía mi carrera desde cero.

Tania aparentó sentirse halagada, pero todo era pura actuación. Cada palabra de elogio que salía de la boca de Diego le sabía amarga, como tragar lodo. Se limitó a asentir con suavidad, ocultando tras una sonrisa apenas perceptible el sabor de la victoria.

Muy bien, Diego. Sigue volando alto con tu ego. Porque cuando caigas, el golpe va a dolerte mucho más.

Doña Carmen bajó la vista, concentrada en el bordado del mantel. La culpa le carcomía el pensamiento. Habría querido gritar: "¡Deja de mentir, Diego!", pero no podía; la boca se le cerraba por el miedo. Le dolía el alma contemplar tanta falsedad en esa mesa.

Farah, entretanto, lo escuchó todo con una expresión agria que no logró disimular. Bajo la mesa, apretó los puños hasta que las uñas se le clavaron en las palmas, furiosa al presenciar esa escena de ternura entre Diego y Tania justo frente a sus ojos.

Continuará...

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Ana Rivera
Le cambiaron el nombre a farah por elena. que pasó
Monica Raquel Martin
vaya yo creo que ya es hora del desenlace, hasta cuando va a esperar
Ginnelle
no sé si soy yo, Pero está novela ya la leí en otro lugar, o tal vez me este equivocando, Pero así como empieza con esa similitud, me hace pensar, otra cosa.
Adarely Garcia
esta interesante, pero ya se hizo muy monótono... cómo puede llevar 7 meses teniendo a esos son en su casa y con todas las pruebas que lleva, no ha hecho nada 😠😬
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