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Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Matrimonio arreglado / BL
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Me obligaron a casarme con el duque más frío del Imperio.
Lo juré odiar… hasta que empezó a protegerme.
Un omega orgulloso, un alfa distante y un matrimonio que podría convertirse en amor.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 Donde el orgullo empieza a ceder

La mañana llegó sin sirenas ni sellos nuevos. Para Ravenshire, esa ausencia ya era una noticia. El muelle abrió con normalidad contenida; los faroles seguían encendidos aunque el sol estuviera alto, como si la ciudad necesitara recordarse a sí misma que podía ver en la oscuridad.

Caelan se levantó con el cuerpo pesado. No por heridas —no había recibido ninguna— sino por el cansancio acumulado de noches que no terminaban de ser noches. Se lavó las manos en el cuenco de agua fría y se detuvo a observar cómo la sangre seca de la víspera se diluía hasta desaparecer. Le quedó una sensación incómoda: no de culpa, sino de conciencia. Había elegido el filo. Eso no se olvidaba.

Salió al corredor. Blaise estaba allí, con los mapas extendidos sobre una mesa estrecha, como si la guerra pudiera reducirse a líneas de tinta. No se miraron de inmediato. No era distancia: era costumbre de no invadir.

—Los turnos de vigilancia funcionaron —dijo Blaise—. No hubo movimientos raros en la noche.

—Que no los haya habido no significa que no los habrá —respondió Caelan—. La calma del Imperio siempre viene con fecha de vencimiento.

Blaise asintió. Plegó el mapa sin prisa.

—Hoy no hay auditores. El consejo descansa.

—Nadie descansa —replicó Caelan—. Solo cambian de trinchera.

Hubo un silencio que ya no era tenso. Era habitual. Compartían el espacio sin medirse los pasos, como si la presencia del otro hubiera dejado de ser una amenaza. Eso, para ambos, era nuevo.

Caminaron juntos hacia la muralla. Abajo, la ciudad respiraba en su ritmo áspero: carretas, pregones, el golpe del metal en el muelle. La normalidad del norte no era tranquila; era resistente.

—No me mires así —dijo Caelan de pronto.

—¿Así cómo?

—Como si fueras a decir algo y te arrepintieras.

Blaise se permitió una exhalación corta.

—No me arrepiento. Solo… no sé dónde ponerlo sin que suene a orden.

—No lo pongas como orden —respondió Caelan—. No me hablo con órdenes.

Blaise lo miró, y por primera vez en días no había cálculo en sus ojos.

—Anoche —dijo— pensé que ibas a morir.

Caelan se quedó quieto. No esperaba esa frase. No de esa forma.

—No soy tan fácil de matar —replicó, por reflejo.

—No hablo de la dificultad —respondió Blaise—. Hablo de la idea. No me gustó.

El viento golpeó la muralla. Caelan apretó los dedos en la piedra fría.

—No me debes cuidado —dijo—. No soy parte de tu deber.

—Tal vez no —respondió Blaise—. Pero no todo lo que hago es deber.

Esa línea quedó flotando entre ambos, incómoda, sin nombre. Caelan no se giró. No se permitió mirar el rostro de Blaise cuando la frase aún vibraba en el aire.

Bajaron hacia el patio interior. Un grupo de niños corría tras una pelota de trapo. Una mujer los regañó con una sonrisa cansada. Caelan observó la escena con una atención que no sabía que tenía.

—El norte no te pidió que te quedaras —dijo—. Podrías haberte mantenido al margen de todo esto.

—Tampoco me pidió que me fuera —respondió Blaise—. Y, aun así, elegí quedarme.

—Elegir es fácil cuando tienes opciones —replicó Caelan.

—Elegir es difícil cuando sabes que cualquier opción tiene costo —dijo Blaise—. Yo lo sé.

Se detuvieron frente al armero del ducado. Blaise tomó una cantimplora y se la tendió sin mirarlo. Caelan la aceptó sin comentario. Ese gesto mínimo, repetido, empezaba a tener peso propio.

—No te estoy pidiendo que confíes en mí —dijo Blaise—. Te estoy pidiendo que no pelees solo.

Caelan bebió. Cerró los ojos un segundo.

—No sé pelear acompañado.

—Yo no sé pedir compañía —respondió Blaise—. Podemos fallar juntos.

Caelan soltó una risa breve, sin humor.

—Eso suena a promesa.

—No lo es —dijo Blaise—. Es una propuesta de torpeza compartida.

La frase le arrancó a Caelan algo parecido a una sonrisa. Pequeña, casi imperceptible. No era rendición. Era un afloje.

Pasaron la tarde revisando turnos y rutas. Nada grandioso. Nada épico. El trabajo cotidiano que sostiene ciudades cuando no hay himnos que cantar. En un momento, un mensajero tropezó en el patio. Caelan lo sostuvo por el brazo antes de que cayera. Blaise lo vio. No dijo nada. Guardó el detalle como se guardan las cosas que no se quieren explicar todavía.

Al caer la noche, el viento bajó del río con un frío que se colaba por las costuras del abrigo. Caelan se apoyó en la baranda de la muralla. Blaise se quedó a su lado, sin tocarlo.

—No quiero deberte nada —dijo Caelan.

—No te estoy cobrando —respondió Blaise—. Tampoco quiero deberte yo.

—Quiero… —se detuvo—. Quiero que, si nos caemos, sea en el mismo lado del suelo.

Caelan lo miró por primera vez de frente desde la mañana. Vio cansancio. Vio algo más frágil que no encajaba con la rigidez del duque.

—No me prometas que no caerás —dijo—. Prométeme que no me mentirás cuando caigas.

Blaise asintió.

—Eso sí puedo prometerlo.

El silencio que siguió ya no era una frontera. Era un puente estrecho, apenas suficiente para que dos personas cruzaran sin empujarse.

Esa noche, Ravenshire durmió un poco mejor. No porque el peligro hubiera desaparecido, sino porque, por primera vez en mucho tiempo, dos personas dejaron de cargarlo solos.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me tiene tan Atrapada está historia plis no dejes de actualizar
Annyely: Gracias por leer y por tu apoyo 💖 prometo seguir actualizando la historia.
total 1 replies
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