Stellan Von Krause, fue el villano en una historia romántica, pero, también fue el príncipe heredero, aquel que se ganó su puesto siendo el héroe del imperio, aquel que desde joven lucho en las guerras para proteger su imperio, solo para finalmente morir en manos del "protagonista ", porque amo tontamente a una mujer que nunca supo apreciar su amor. Pero ahora, el rey de las sombras ha renacido en su cuerpo, y a ahora, lo que menos le importa es el amor de esa mujer, lo único que desea es mantener su puesto de príncipe heredero y aplastar a quien se interponga en su camino.
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Capitulo 16.
La noche de la fiesta dedicada a Stellan llegó. Los invitados que llegaban se acercaban a felicitar a Stellan por sus logros y el emperador presumía con orgullo a su hijo. Cordelia estaba a su lado, saludando a las esposas de los nobles junto a la emperatriz. Por supuesto, muchas jóvenes estaban incómodas por la presencia de Cordelia porque ya se había corrido el rumor de que ella estaba en el palacio porque los Von Kleist planeaban casarla con el príncipe heredero.
—de ninguna manera puede ser así, esa mujer desciende de los demonios...— se queja una.
—esa familia es temible, la emperatriz no puede permitir esa unión.— agrega otra.
—no me importa quien sea, no pienso perder ante ella.— intervino una joven.
Esta era la hija de un marqués, era hermosa, conocida entre las damas nobles por las influencias de su familia. La joven llevaba un vestido costoso, joyas deslumbrantes que combinaban con su sedoso cabello rubio y ojos azules.
Tan pronto tuvo la oportunidad, se acerco a su padre, pidiendo que se acercaran a saludar al príncipe heredero y que la presentará. El marqués no lo dudo y llevo a su hija ante Stellan.
—saludos alteza, espero me recuerde, soy la hija del marqués Zinnia, Ailin Zinnia. Lo felicito por su éxito en la batalla.— hace una reverencia y levanta la mirada sonriendo coqueta.
Stellan solo la mira sin expresión alguna.
—lo siento, no te recuerdo, aunque a usted.— mira al marqués.— lo conozco, es parte de la corte. Espero que este disfrutando de la fiesta.
—p-por supuesto alteza, muchas felicidades por su éxito.— responde el marqués.
Ailin aprieta las manos en su vestido al haber escuchado a Stellan. ¿Como no podría recordarla?, ella ha estado en el palacio muchas veces en las fiestas de té de la emperatriz y esta le ha dado elogios estando Stellan presente. Ailin estaba por hablar pero es interrumpida.
—por cierto marqués.— le hace una seña a Cordelia.— ella es la señorita Von Kleist, ella vino en representación de su padre.
Cordelia quien se había acercado hizo un leve reverencia ante el marqués.
—un gusto marqués Zinnia, he escuchado de usted, es un comerciante muy exitoso. Sus telas son de buena calidad.— expresa Cordelia.
—así que la señorita conoce sobre la calidad de la tela de mi familia.— Ailin interviene.
—así es, son telas finas y dan elegancia a los vestidos.— responde Cordelia.
—que sorpresa, como viene del campo, creí que no conocía esta clase de cosas.— sonríe con burla.
El marqués se sobresalta al escuchar a su hija.
—como no conocerlas, mis doncellas compran esas telas para sus vestidos.— responde Cordelia con una falsa sonrisa de amabilidad.
Ailin frunce los labios ante su repuesta, ya que, eso era un insulto al negocio de su familia, pues telas de gran calidad no pueden ser usadas para vestir a los sirvientes.
—solo bromeo.— sigue Cordelia.— no se lo tome a mal señorita Zinnia.
El marqués es quien ríe ante las palabras de Cordelia, aunque lo hacía algo nervioso, la presencia de esa mujer a lado del príncipe heredero le daba ciertos escalofríos. El marqués se despide y toma a su hija del brazo para alejarla.
—quiero contarle la lengua.— murmura Cordelia.
—si la molesta, es libre de hacerlo, mi lady.— responde Stellan.
—no me tiente alteza, porque lo haré, mujeres como esa, siguen siendo una molestia hasta que se les da una lección.— se nota claramente las intenciones de esa joven con Stellan.
—lo sé, y por eso tiene mi permiso de hacer lo que crea necesario.— asegura Stellan.
Cordelia sonríe mientras mira hacía la joven, quien al parecer era reprendida por el marqués.
La primera concubina se acerca hacía la pareja acompañada de varias damas y su hija Ariel.
—señorita Von Kleist, luce muy bien, su vestido es hermoso.— comenta con falsa amabilidad.
—se lo agradezco concubina Dafne.— responde Cordelia.— ha pasado tiempo desde la última vez que la vi.
—si, ha pasado mucho, pero veo que ha llevado bien su vida desde ese día.— comenta.
—por supuesto, desde ese día mi vida mejoró, y ahora, mireme ahora, a lado de su alteza.— sostiene el brazo del príncipe heredero.
Escuchar aquello hizo a la concubina apretar las manos en su vestido, porque era obvió que Cordelia no estaba para nada afectada por la ruptura del compromiso con Harry.
—me sorprende que mi hermano sea capaz de aceptar a una señorita que ya tuvo un compromiso donde fue abandonada.— se burla Ariel.
Stellan la mira fijamente y sus ojos brillan, causando que Ariel siente la presión en su cuerpo, mientras su respiración empieza a hacerse falta. Se lleva las manos al pecho, luchando por respirar y cae de rodillas.
—más respetó por mi dama, o te venderé a un burdel.— advierte.
La respiración de Ariel se recupera, pero tose un poco mientras Dafne la ayuda a levantarse.
—le pido disculpas alteza, por favor perdone a su hermana, ella aun es joven...— suplica Dafne.
—a su edad yo entendía perfectamente la gerarquia, y sabía que ofender a mi superior merece un castigo.— responde Stellan.— si edad no excusa, a menos que tu como madre no hayas sabido educarla como corresponde.
Dafne se sobresalta y puede ver que todas las miradas estaban fijas en ella. Cordelia sonrió ladina, siendo vista por Ariel.
—y-yo...
—vete, pero esta ofensa no la olvido y no olvide concubina Dafne, la señorita Von Kleist es mi futura prometida, ofenderla a ella, es ofenderme a mí.— advierte.
—me disculpo su majestad...le prometo que yo misma educare a la princesa.— hace una reverencia.
Ariel también hace la reverencia. Mientras que las mujeres que la acompañaban se habían alejado algunos pasos de ellas.
—y princesa Ariel, sepa que, su hermano ni siquiera tuvo el honor de sostener mi mano, a diferencia suya, yo no permito que cualquier hombre insignificante me toque.— habla Cordelia asegurándose de que todos escucharan sus palabras.
Los murmullos se hicieron presentes, mientras que Stellan y Cordelia se alejan de ambas mujeres.
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