Todo gira entorno a ;__"Ariana White: y su primer amor.
Amor a primera vista , algo que cambiara su vida de golpe y le demostrará que la madurez no está en los años que tienes, si no en como afrontas los problemas que se te presentan, tendrá la ayuda de su mejor amiga y cuñada, como ella la llama desde el inicio.
Acompañenme en esta nueva historia, espero que les guste
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El clásico,_ enemigo del amor
Liam
—Liam, oigo la voz de mi pequeña hermana llegando al hospital. ¿Qué haces aquí, pequeña?
—¡Ella es mi amiga! —exclamó Fabiana, su voz rota por la preocupación—. ¿Qué pasó? ¿Cómo no tuviste más cuidado?
Y ahí estaba yo, sintiéndome como un adolescente regañado. Les expliqué a todos que no pude detenerme a tiempo, pero la realidad es que esa niña, Ariana, estaba completamente distraída. Iba como un rayo en su bicicleta, inmersa en una furia palpable. Cuando me detuve, solo toqué su rueda trasera con la defensa de mi coche, pero fue suficiente para verla lanzada por los aires.
La preocupación me sacudió hasta los huesos. Sin pensar en nada más, bajé de inmediato del coche. Al llegar a donde estaba ella, pude notar que estaba avergonzada, quizás porque las personas la observaban y nadie se había acercado a ayudarla. Así que, sin pensarlo mucho, pregunté cómo estaba.
Pero cuando levantó la vista y puso sus ojos en los míos... vi el océano en ellos. Eran tan grandes, tan hermosos y expresivos, que por un segundo me olvidé del pánico. Ella en realidad era hermosa, con un rostro delicado que estaba cubierto de polvo.
Demasiado hermosa para el drama en el que acaba de meterse.
Luego, la pequeña Fabiana se acercó, y me di cuenta de la realidad: era una pequeña, como de la edad de mi hermana. Y resulta que era nada más y nada menos que su mejor amiga, la que siempre estaba en casa, pero a la que nunca le había prestado verdadera atención.
Solo pude auxiliarla. Aunque no decía nada coherente, de un momento a otro quedó inconsciente. Al cargarla hacia el coche de un transeúnte que se ofreció a llevarla, sentí que olía a fresas. Vaya, esta niña. Sí que me dejó perplejo, pero supongo que es por el susto de haberla podido lastimar.
Mi hermana me acusó y se molestó conmigo, pero solo cuando Ariana, ya más calmada en el hospital, le contó lo que había ocurrido, recién se tranquilizó. Sé que no estuvo bien, pero oí toda su conversación desde el pasillo. Y, sinceramente, me pareció bien que sea una niña tan madura y tenga valores tan altos. Su discurso sobre el condicionamiento y la dignidad me impresionó. Un contraste total con la superficialidad que suele rodear a las chicas de esa edad. No pude oír lo demás, ya que sus padres llegaron.
Es solo la amiga de mi hermana. Un accidente. Punto. Me repetía, pero el recuerdo de esos ojos grandes y asustados, y la fragancia dulce a fresas, no se iba.
HOY ES EL DÍA
El día de la cena. Había estado dos días enteros practicando frente al espejo mi postura de "joven adulta sofisticada", buscando el equilibrio perfecto entre la dulzura de mis quince años y la seriedad que exige alguien que ha sido atropellada por un futuro abogado.
Los padres de Fabiana me dedicaron una gran sonrisa y un abrazo con gran cariño. Siempre suelo visitarlos y de vez en cuando ceno con ellos. Me siento en familia con los Thompson. De hecho, la señora Thompson, mi tía Sabrina, me ha dado algunos de los mejores consejos sobre moda y etiqueta. Solo se me hace raro no haber conocido a Liam antes.
Me senté en la elegante mesa del comedor, con Fabiana a mi lado, lista para ser mi cómplice. Lucía un vestido azul marino que mi madre me había forzado a usar, diciendo que "el azul siempre proyecta calma y madurez".
La cena estaba a punto de servirse. El ambiente era alegre, mi padre bromeaba con el señor Thompson sobre un caso reciente, y yo me sentía lista para mi debut, aunque el pánico de quedarme muda al tener a Liam tan cerca, justo enfrente de mí, era real. Él me sonrió, una sonrisa de disculpa amistosa, y yo logré devolverle una sonrisa que espero no haya parecido una mueca nerviosa.
Justo cuando la tía Sabrina iba a dar las gracias, sonó el timbre.
El ama de llaves anunció, con una leve mueca de desaprobación: —Señora, hay una invitada del joven Liam.
Liam se levantó de inmediato, con una expresión de leve sorpresa.
—Disculpen. Debe ser Serena. Le pedí que no viniera, pero...
La puerta del comedor se abrió, y allí estaba ella. Una joven muy hermosa, con un vestido rojo vibrante, el cabello rubio ceniza cayendo en ondas perfectas y una sonrisa que parecía hecha para la cámara. La sonrisa se hizo más amplia cuando vio a Liam.
—¡Liam, cielo! No podía dejarte solo en tu primera cena de regreso —dijo Serena, ignorando olímpicamente a todos los demás. Se acercó a él y le dio un abrazo excesivamente largo y teatral.
Al verla aparecer de esa forma pensé;
¡Ajá! El famoso "chicle que no se despega". Es rubia, lleva rojo y me ha ignorado. El clásico "enemigo del amor" de las películas. Bien, Liam, tu exnovia acaba de declarar la guerra con un solo abrazo.
Mi sonrisa se tensó. El dulce y romántico ambiente que había intentado crear con mi calma y mi vestido azul se rompió por completo ante el color escandaloso de su vestido.
Miré la reacción de los anfitriones. A la tía Sabrina no le gustó nada. Sus labios se apretaron ligeramente, y el tío Thompson, el señor Thompson, carraspeó con incomodidad. ¡Bingo!
Tal parece que esa tal Serena no le cae bien a los padres de Liam.
Fabiana me dio un codazo bajo la mesa, sus ojos brillando con diversión y complicidad.
—Serena, qué sorpresa —dijo Liam, con un tono educado, pero firme. La presentó a mis padres con formalidad, y luego, finalmente, se dirigió a mí.
—Ariana, ella es Serena. Serena, Ariana White. Es... una amiga de la familia.
¿"Amiga de la familia"? Ni siquiera "la amiga de mi hermana". Ya veía por dónde iban las cosas.
Serena me dedicó una mirada rápida, condescendiente, midiendo mi vestido azul de "niña buena".
—Oh, Fabiana me ha hablado mucho de ti. Siento mucho lo de tu accidente, cariño —dijo, usando un tono exageradamente dulce que me hizo querer rodar los ojos.
Pensé:
¿"Cariño? Tú no me dices cariño. Yo no soy tu perrito de juguete. Te voy a demostrar que la "niña del accidente" puede ser mucho más peligrosa que tu vestido rojo.
La cena continuó. Serena se sentó directamente al lado de Liam, acaparando la conversación y haciendo referencia constantemente a "esa vez que estuvimos en Santonina..." o "cuando visitamos el bufete en Londres...". Yo me sentía cada vez más pequeña.
Respira, Ariana. Eres la hija de un White. No te dejes intimidar por una rubia con un vestido ruidoso y escandaloso, los ojos me dolian al ver ese rojo delante de mí.
En un momento, Liam me preguntó sobre mis estudios. Era mi oportunidad.
—Estoy aplicando a unos cursos de verano en Economía Avanzada en Yale —dije con calma, usando un tono que papá me había enseñado para sonar segura—. Me interesa la gestión de activos, señor Thompson.
Serena se rio, cubriéndose la boca con la mano. —¡Qué linda! ¿Economía? ¡Eso suena tan aburrido, Ariana! Yo solo sé de arte y moda.
—El arte es subjetivo, pero las cifras no mienten, Serena —respondí con una dulzura venenosa. Vi a Liam reprimir una sonrisa y a mi padre asentir con orgullo.
La noche apenas comenzaba, pero ya sabía algo: la conquista de Liam iba a ser mucho más difícil, y mucho más divertida, de lo que había imaginado.