Flor Watson, una heroína, deberá enfrentar a sus demonios internos dentro del Valhalla mientras al mismo tiempo continúa con su vida poco normal como madre en una familia.
¿Podrá Flor sobrevivir a su mente? ¿O a la maternidad?
NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo #9
Aquel Zorro que me había encontrado en medio de ese mar infinito, me ayudó a encontrar un camino hacia lo que parecía ser la casa donde vivía con mis papás hasta graduarme.
—¿Por qué? ¿Por qué me traes aquí?
—Es el único lugar donde esa bestia jamás te va a encontrar, y es un atajo que te llevará hasta Kairo
—Gra…
Antes de que pudiera darle las gracias, el zorro se desvaneció… dejándome completamente sola en ese vacío infinito. Entré a mi antigua casa, cojeando por el dolor en mi brazo que se había esparcido hasta mi pierna.
Al cruzar la puerta pude sentir como mi cuerpo dolía cada vez más. No solo eso, los susurros con las voces de mi familia retumbaron en los pasillos. Ellos no dejaban de quejarse que estuviera sola en mi camino hacia mi hogar:
—¿Y tú novio? Nova —preguntaron por medio de una radio que había en el pasillo—
—¡¿No tendrás un hijo?! ¡Nova! Ya estás en la edad para pensar en eso
—Aww, te veías muy linda junto a tu novio. ¡¡¿Ya se van a casar?!!
—¡¡¿Para cuándo la boda con ese chico?!!
—¡¡Para cuando nos darán nietos!!
—Nova, ya casi cumples 30, debes darnos nietos
—¿Ya se van a casar?
—¡¡Se les acaba el tiempo!! —gritaron al mismo tiempo todas las voces mientras se distorsionaban—.
Me detuve para tapar mis oídos para dejar de escuchar esos susurros y cerré mis ojos con fuerza, lo curioso fue que mi cuerpo comenzó a cambiar con cada susurró.
—¡¡Basta!! ¡¡Basta!! ¡Basta!
Mi cuerpo se moldeó con esos susurros, volviéndose poco a poco el de una mujer adulta, mi ropa cambió también, volviéndose aquel vestido de bodas que usé para casarme con Stanley. Los susurros se detuvieron en cuanto mi cuerpo terminó de moldearse.
Cuando abrí los ojos, todo a mi alrededor había cambiado revelando que ahora era el interior de un hospital. Todo estaba iluminado, y no había nadie en el alrededor.
—¿Qué? —susurré desorientada volteando a los alrededores—.
Justo cuando creía que me había perdido de nuevo, escuché los llantos de varios bebés y el grito de una mujer.
—¡¡Megan!! —grité aterrada mientras corría hacia donde provenían los gritos de mi hermana mayor—
Corrí hasta llegar a una de las habitaciones del hospital, donde me encontré a mi hermana con la panza hinchada, en su muñeca había un listón rojo que estaba unida a la fuerza a las arterias de un hombre sin rostro. Ese hombre a simple vista parecía un juguete de felpa que te causaba querer abrazarlo.
Junto a ella estaba Kairo con un viejo uniforme de enfermera. Me quedé paralizada en cuanto la vi, más cuando pude ver la escena con más detalle.
—¡¡Por favor!! ¡¡Ya sal de mi cuerpo!! —gritó desesperada mientras pujaba con todas sus fuerzas—.
—Megan, no olvides respirar con tranquilidad y cuente conmigo; uno, dos, tres —le recomendó Kairo con una sonrisa—.
—¡¡Megan!!
Desesperada intenté entrar dentro pero la puerta se cerró de golpe en mi cara, traté de abrir la puerta mediante patadas, puñetazos y mi visión láser pero era imposible.
—¡¡Megan!! —grite pateando la puerta—.
La voz de Kairo no tardó en escucharse por los altavoces del hospital, parecía más contenta de lo normal. Siendo honesta, quería matarla… ¡Quería hacerla pagar por todo el dolor que me había causado! Pero… no podía, el dolor en mi brazo se expandía con tanta velocidad que en ese momento todo el cuerpo me ardía.
—De verdad estoy muy segura de que Megan podrá cuidar de mi hermanito… ¡Un brindis por ellos! Ahora… para celebrar la ceremonia y el nacimiento del amor personificado… déjenme contarles una historia, una muy especial para mí…
Kairo comenzó a contar una historia que se me hacía muy familiar al igual que me causaba repulsión…
“Mi padre solía contarme sus días de estudiante de medicina, él estaba haciendo sus prácticas y por azares del destino terminó por asistir el parto de una mujer de la edad de mi hermano.
La embarazada… era una mujer bastante joven, y el padre de su hijo era un estudiante de policía. Ellos realmente no estaban enamorados, de hecho por lo que recuerdo, aquel chico no había tenido novia en su vida, y estaba tan desesperado por tener a una familia que le pagó a una desconocida para que tuviera relaciones con él y para que diera a luz a su hijo.
La mujer en cambio era una extranjera que necesitaba dinero para pagar su universidad, ambos estaban desesperados.
En resumen, la mujer lo hacía por dinero o para poder valerse por sí misma y el hombre por una familia o simplemente para no sentirse solo…
Con el paso del tiempo, ella fue abandonada por su novio ya que le fue infiel a sus espaldas, y el chico empezó a tener problemas con el bebé, y al final terminaron por juntarse y casarse”
—Jaja, no es curioso… como la desesperación te lleva a hacer tales cosas. Aunque lo admito, Megan… es difícil creer la verdad mientras ustedes… actúan como si se amarán pero eso solo se queda en familia ¿Verdad?
Traté de seguir avanzando pero mis piernas no dejaban de temblar por el dolor que se había terminado de extender por todo mi cuerpo.
Solo bastó un suplido para tirarme al suelo, caí al suelo con un ardor parecido al que sentí cuando di a luz a mi hija. Mi cuerpo temblaba, mis lágrimas no dejaban de brotar de mi rostro, mi cuerpo ya no reaccionaba.
Desesperada grité, implore y pataleé por la ayuda de mis padres, por mis hermanos y por mi esposo, pero nadie escuchó mis gritos ni mi llanto.
—Tu cuerpo esta al límite es obvio que no va a responder —dijo Kairo por el altavoz—
Las únicas personas que me escucharon fueron las voces en mi cabeza, esas personas eran siluetas negras de mi familia, que solo me miraban sin decir nada, y claro Kairo.
—Mirate, Nova, la mujer más fuerte del mundo, ahora está llorando en el suelo en lo profundo de su mente —se burló Kairo—. Que tierno, intentas solucionar el como alejaste a tu familia
—Kairo, no, por favor —suplique tapando mis oídos—.
—¡Alejaste a tu hermana! La querida hermana que siempre te apoyo. También mataste a tu padre…
—¡No! ¡Basta! —me quejé entre sollozos—
—¿No lo entiendes? ¡Tú eres la causante de todo el mal de tu familia! ¡No eres la heroína! ¡No salvarás nada! Porque… solo… eres una frágil niña asustada… que no puede sanar
—¡¡Basta!! —grité con todas mis fuerzas antes de perder la consciencia por completo—. Basta… por favor… —les imploré perdiendo la consciencia—.