Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPÍTULO 20 - LA MAÑANA DESPUÉS DE LO IRREVERSIBLE
Desperté antes que él. No supe exactamente por qué. Tal vez fue el silencio. Tal vez la luz tenue que se filtraba entre las cortinas. O tal vez… mi propio cuerpo.
Abrí los ojos lentamente, sintiendo el peso de algo nuevo sobre mí. No era solo el cansancio. No era solo el descanso incompleto.
Era… conciencia.
Conciencia de lo que había pasado. De lo que había cambiado. De lo que ya no podía deshacerse. Me quedé inmóvil unos segundos, mirando el techo, dejando que la realidad se asentara poco a poco… como si pudiera suavizar el golpe. Pero no lo hizo.
Giré ligeramente la cabeza.
Y lo vi. Adrián dormía a mi lado. Tranquilo. Sereno. Como si la noche no hubiera sido un terremoto. Como si nada dentro de él se hubiera quebrado. Su respiración era constante, profunda. Una mano descansaba cerca de mí, apenas separada, como si en algún momento hubiera estado más cerca… como si hubiera habido una conexión que ahora ya no estaba. O tal vez sí. Tal vez seguía ahí. Y eso era lo que más me asustaba.
Bajé la mirada.
Las sábanas blancas. Arrugadas. Marcadas. Y entonces la vi. La mancha. Pequeña. Pero imposible de ignorar. Un rastro silencioso de lo que había sido mi primera vez. Un recordatorio claro. Irrefutable. Ahora era suya. No solo en apariencia. No solo en papel. Sino en cuerpo. En realidad. En algo que no podía deshacer.
Sentí un nudo formarse en mi garganta. No era arrepentimiento. No exactamente. Pero tampoco era paz. Era… una mezcla confusa, pesada y difícil de nombrar.
—Ya no hay vuelta atrás… —susurré apenas, más para mí que para el mundo.
Y era cierto. Todo lo que había sido antes de esa noche… ya no existía de la misma manera. Me incorporé con cuidado, sintiendo el leve dolor recorrer mi cuerpo. Era distinto. Nuevo. Incómodo. No insoportable… pero presente. Real.
Cada movimiento me recordaba lo que había pasado. Cada paso… lo que había entregado. Caminé hacia el baño en silencio. Cerré la puerta suavemente.
Y entonces… me permití respirar.
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El agua cayó sobre mi piel como un alivio inmediato. Cálida. Envolvente. Casi reconfortante. Cerré los ojos. Y por un instante… quise desaparecer. No físicamente. Sino emocionalmente. Quise apagar todo lo que estaba sintiendo. Pero no pude. Porque todo estaba ahí. Demasiado vivo. Demasiado presente.
Apoyé las manos contra la pared de la ducha, inclinando ligeramente la cabeza.
—¿Qué hiciste, Valeria…?
Mi voz se mezcló con el sonido del agua. No había respuesta. Nunca la había.
—Era necesario…
Me dije. Como siempre. Como desde el principio.
—Era por mamá… Por Daniel… Por Lucía…
Pero esta vez… no sonaba igual. No se sentía igual. Porque lo que había pasado… no había sido solo un sacrificio. Había sido algo más. Algo que no podía encajar del todo en esa explicación. Y eso… eso era lo que me desestabilizaba.
—No debiste sentir nada…
Susurré… Pero lo hice. Y eso era lo peor. Porque no solo había cumplido. No solo había obedecido. Había… reaccionado. Había sentido. Había respondido. Mi pecho se tensó.
—No puedes permitirte eso…
Repetí. Más firme. Más urgente.
—No es tuyo…. No es para ti… Jamás será real.
Las palabras salían como una defensa. Como una barrera. Pero no eran suficientes. Porque mi cuerpo aún recordaba. Mi piel. Mi respiración.
La forma en que su voz había cambiado. La forma en que me había mirado. Como si… como si hubiera algo más. Negué con fuerza.
—No.
No podía pensar eso. No debía. Porque si lo hacía… todo se complicaría aún más. Y ya era demasiado.
Apoyé la frente contra la pared fría.
—Solo tienes que resistir… Solo dos años… Luego todo termina…
Mi voz se quebró apenas.
—Y desapareces.
La palabra dolió. Más de lo que esperaba. Porque hasta ese momento… no la había sentido tan real. Tan cercana. Tan definitiva.
Abrí los ojos. El agua seguía cayendo. Pero ya no era un refugio. Era solo agua. Y yo seguía ahí. Con todo. Con la verdad. Con la mentira. Con lo que había entregado.
Y con lo que había empezado a crecer sin permiso.
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Cuando salí de la ducha, el vapor llenaba el baño. Me envolvía. Como si quisiera ocultarme. Me sequé con cuidado. Lento. Pensando. Evitando pensar. Todo al mismo tiempo.
Me vestí con algo sencillo, elegante. Como Isabella. Siempre como Isabella. Cuando me miré al espejo… volvió a pasar. Ese instante. Esa duda. Esa desconexión.
—Eres ella…
Me dije.
—Tienes que ser ella.
Porque ya no había espacio para mí. No en esa vida. No en ese lugar. Y definitivamente, no en ese matrimonio.
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Abrí la puerta y salí.
La habitación estaba en silencio. Pero él ya no dormía completamente. Se estaba moviendo. Despertando. Sus ojos se abrieron lentamente y me miraron directamente.
—Te levantaste temprano…
Su voz estaba aún cargada de sueño. Más suave. Más humana.
Asentí levemente.
—No podía dormir más.
Se incorporó un poco, apoyándose en el respaldo.
Su mirada se mantuvo en mí.
—¿Estás bien?
La pregunta fue simple. Pero no lo era. Nunca lo era.
—Sí.
Mentí. Pero esta vez… no con la misma seguridad.
Él pareció notarlo. O tal vez no.
—Ayer fue…
No terminó la frase. No hacía falta.
—Lo sé.
El silencio se instaló entre nosotros. Pero no era incómodo. Era… distinto. Más consciente. Más cercano. Más peligroso.
—París nos espera… —dijo finalmente.
Como si quisiera cambiar el momento. Como si quisiera suavizarlo.
Asentí.
—Sí.
Pero en mi mente… París no era lo que me esperaba.
Era todo lo que venía después.
Todo lo que tendría que sostener.
Todo lo que tendría que seguir fingiendo.
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Un golpe suave en la puerta rompió el momento.
Ambos miramos hacia ella.
—Servicio a la habitación.
La voz desde afuera fue clara. Neutra. Profesional.
Pero para mí… sonó como algo más.
Como una interrupción. Como un recordatorio. Como si el mundo volviera a entrar. Como si la realidad retomara su lugar.
Me quedé quieta. Sin moverme. Sin saber por qué… pero sintiendo que ese simple toque… marcaba algo.
El final de una noche.
El inicio de algo más.
Algo que aún no entendía. Pero que sabía… no sería fácil. No para mí. No para Valeria.
No para la mujer que… ya no sabía dónde terminaba ella… y dónde comenzaba Isabella.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰