NovelToon NovelToon
EL ALFA QUE ME ODIABA

EL ALFA QUE ME ODIABA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mitos y leyendas / Hombre lobo / Omegaverse
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Dyanne Valdez

"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?

NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: Cuatro Meses

(POV Lola )

Cuatro meses.

Bueno, cuatro meses y doce días, para ser exactos. Pero había perdido la cuenta después del tercero.

Cuando desperté esa mañana, con el sol entrando por las cortinas y el brazo de Damián rodeando mi cintura, me costó trabajo recordar que hubo un tiempo en que esto me parecía imposible.

Ahora era lo más normal del mundo.

Bueno, normal. Toda mi vida era una locura, pero al menos esta locura tenía su brazo rodeándome.

—¿En qué piensas? —preguntó Damián sin abrir los ojos.

—En que hoy es un día importante.

—¿Por qué?

—Terminé mi primer cuatrimestre en la universidad.

—Ah. ¿Y eso es bueno?

—Significa que no he suspendido nada. Al menos de momento.

—Claro que no has suspendido. Eres la persona más testaruda que conozco.

—¿Eso es un cumplido?

—Es una observación.

Sonreí. Me giré en sus brazos para quedar frente a él.

—Cuatro meses —dije.

—¿Qué?

—Llevo aquí cuatro meses.

—Lo sé.

—¿Y no te cansas de mí?

—Todos los días.

Abrí los ojos, fingiendo indignación.

—¿Cómo?

—Me canso de no tenerte más cerca. Es diferente.

El calor me subió a las mejillas.

—Eres... eres...

—¿Sí?

—Nada. Eres imposible.

—Lo sé.

Apretó el brazo, atrayéndome más contra él. Apoyé la cabeza en su pecho. Su corazón latía lento, acompasado.

—Cuatro meses —repitió—. Y todavía no me has dicho si te quieres quedar.

—¿No te lo he dicho?

—No.

—Pues me quedo.

—¿Para siempre?

—Para siempre.

No dijo nada. Pero su brazo me apretó un poco más.

Y fue suficiente.

(POV Lola - Bajada al comedor)

Bajamos al comedor y ya estaban casi todos.

Konstantin, en su lugar de siempre, leyendo el periódico. Elena, a su derecha, con su sonrisa perpetua. León, desayunando con una energía que yo no tenía. Elara, a su lado, con una taza de café humeante.

Y Valeria.

Valeria estaba en su sitio, pero algo en ella había cambiado. Desde lo del topo, desde que ayudó a descubrir al jardinero, ya no nos miraba con el mismo veneno. Era más callada. Más observadora.

—Buenos días —dije, sentándome.

—Buenos días, Lola —respondió Konstantin—. ¿Cómo estás?

—Bien. Hoy termino mi primer cuatrimestre.

—¿En la universidad?

—Sí. Estudios online, pero cuenta.

—Felicidades —dijo Elena, con su sonrisa—. Qué bien.

—Gracias.

Valeria no dijo nada. Pero me miró. Solo un instante.

Luego bajó la vista.

—¿Y qué piensas hacer para celebrar? —preguntó León.

—¿Celebrar? ¿Se celebra?

—Claro. Es un logro. Deberías hacer algo especial.

Dudé. No estaba acostumbrada a celebrar nada.

—¿Una cena? —propuse sin mucho entusiasmo.

—Aburrido —dijo León haciendo una mueca.

—¿Entonces?

León se inclinó hacia adelante con una sonrisa de oreja a oreja.

—Una parrillada. En la piscina. De noche. Con música. Algo diferente.

—¿Una parrillada? —preguntó Konstantin, levantando una ceja.

—Sí, padre. Comida al aire libre. Relajada. Sin protocolos.

—Suena... informal.

—Justo de eso se trata.

Elena intervino con su sonrisa perpetua.

—Podría ser divertido. Hace buenas noches.

—¿Tú crees? —preguntó Konstantin.

—Sí, querido. Y así los jóvenes se divierten un rato.

Konstantin reflexionó un momento. Luego asintió.

—Bueno. Una parrillada, entonces.

León aplaudió.

—¡Sí! Yo me encargo de la carne.

—¿Y yo qué hago? —preguntó Elara.

—Tú te encargas de la música.

—Hecho.

Todos miraron a Valeria.

Ella puso los ojos en blanco.

—Supongo que puedo no arruinarlo.

—Eso es todo lo que pedimos —sonrió León.

Y por un momento, la mansión casi pareció un hogar.

(POV Lola )

—¡No puede ser!

Elara irrumpió en mi habitación como un huracán, con una bolsa de playa en la mano y una sonrisa maliciosa.

—¿Qué pasa? —pregunté, sobresaltada.

—Que se me olvidó que tenía esto.

Abrió la bolsa y empezó a sacar ropa. Trajes de baño. Pareos. Sandalias.

—¿Qué es todo eso?

—Nuestros trajes de la playa. De cuando fuimos el verano pasado, ¿recuerdas?

Lo recordaba. Un viaje improvisado de fin de semana. El único descanso que nos habíamos tomado en años.

—¿Y qué haces con eso ahora?

Elara me miró con una sonrisa picara.

—Lola. Va a haber piscina. Y va a hacer calor. Y vamos a estar todos ahí fuera.

—¿Y?

—Y tú necesitas ponerte algo especial.

—Tengo un bañador normal.

—¿El negro? ¿El de toda la vida? —puso los ojos en blanco—. No, señora. Esta noche te pones esto.

Rebuscó en la bolsa y sacó un bikini diminuto. Rojo. Con tiras finas. El que siempre decía que era "demasiado atrevido".

—Ni loca —dije.

—Lola.

—No.

—Lola, escúchame. Damián lleva cuatro meses durmiendo contigo sin pasar nada. Cuatro meses. El pobre hombre debe estar al borde de la locura.

—Elara...

—No me interrumpas. Esta noche, con ese bikini, en la piscina, con la luz de la luna... va a quedarse sin palabras. Y tú necesitas ver eso.

—¿Para qué?

—Para que dejes de dudar de lo que siente por ti.

Abrí la boca. La cerré.

—No dudo.

—Mientes. Te conozco. Y sé que en el fondo todavía piensas que es el vínculo, que no es real, que todo es un accidente.

—Elara...

—Pues esta noche vas a verlo. Cuando te mire con ese bikini, vas a saber que no es el vínculo. Es él.

Tomó el bikini y me lo puso en las manos.

—Póntelo. Por mí.

Suspiré.

—Vale.

—¡Sí!

Salió de la habitación como un torbellino, dejándome sola con el diminuto trozo de tela roja.

Lo miré.

¿Estaré loca por hacer esto?

Pero en el fondo, una parte de mí quería ver su reacción.

(POV Damián )

—¿Seguro que esto es buena idea? —preguntó Damián mientras León preparaba la parrilla junto a la piscina.

—¿El qué? ¿Comer al aire libre? ¿Pasar un rato agradable en familia? Sí, hermano, es buena idea.

—No me refiero a eso.

León lo miró con una sonrisa.

—¿Entonces?

—Lola. Todo esto. No sé si le gustan estas cosas.

—¿Has pensado en preguntarle?

Damián guardó silencio.

—Eso pensé.

León colocó las brasas con cuidado.

—Mira, hermano. Llevas cuatro meses con ella. Cuatro meses durmiendo a su lado. Cuatro meses con el vínculo abierto. Y todavía no te has declarado.

—No es momento.

—¿Cuándo va a ser momento? ¿Cuando Kael la secuestre? ¿Cuando su loba despierte? ¿Cuando sea demasiado tarde?

Damián apretó la mandíbula.

—No es tan sencillo.

—Sí lo es. La quieres. Dilo.

—León...

—Dilo.

—...

—Dilo o te tiro a la piscina.

—La quiero.

León sonrió.

—¿Ves? No fue tan difícil.

—Pero no sé si ella...

—Mírala cuando baje —lo interrumpió León—. Mírala y dime si todavía tienes dudas.

Damián iba a responder, pero en ese momento...

Ella apareció.

Lola bajó las escaleras que llevaban al jardín. El sol se ponía detrás de ella, creando un halo de luz a su alrededor.

Llevaba un bikini rojo. Diminuto. De tiras finas. Su piel pálida contrastaba con el color vibrante. Su cabello negro caía suelto sobre sus hombros.

Y Damián...

Damián se quedó sin palabras.

—Guau —dijo León a su lado.

Damián ni siquiera lo escuchó.

Solo podía mirarla.

Cada paso que daba hacia ellos era una tortura y un regalo al mismo tiempo. El bikini dejaba ver su piel, la curva de sus caderas, la marca en su cuello que él había dejado.

Su marca.

—Damián —susurró León—, cierra la boca, que pareces un pez.

Pero no podía.

Cuando Lola llegó junto a ellos, lo miró. Y en sus ojos vio algo que lo dejó aún más paralizado.

Ella sabía lo que provocaba en él.

Y le gustaba.

—¿Qué tal? —preguntó Lola, con una sonrisa nerviosa.

Damián tragó saliva.

—Yo... tú...

León soltó una carcajada.

—Creo que mi hermano está aprobando el atuendo, Lola.

—León —gruñó Damián.

—¿Qué? Es verdad. Lleva diez segundos sin articular palabra. Eso es un récord.

Lola sonrió. Esa sonrisa que a Damián le derretía el hielo.

—¿No te gusta? —preguntó, con falsa inocencia.

Damián dio un paso adelante. Luego otro. Hasta quedar frente a ella.

—Me gusta demasiado —dijo en voz baja—. Y eso es un problema.

—¿Por qué?

—Porque ahora no voy a poder pensar en otra cosa.

El calor subió a las mejillas de Lola.

—Quizá ese era el plan.

—¿De quién?

—De Elara.

Damián sonrió. Una sonrisa pequeña, pero real.

—Tu amiga es peligrosa.

—Lo sé.

—Y tú también.

—¿Yo?

—Póntelo así y preguntas si me gusta. Sí, Lola. Tú también eres peligrosa.

Ella mordió su labio inferior.

Y Damián sintió que perdía la razón.

(POV Lola)

—¿Vas a quedarte ahí mirándome toda la noche? —pregunté.

—Quizá.

—¿Y la parrillada?

—Que la haga León.

—¡Oye! —protestó León desde la parrilla—. Yo no soy el único que sabe cocinar.

—Tú cocinas mejor.

—Eso es cierto. Pero no me dejes solo con la responsabilidad.

Damián ni siquiera lo miró.

—Estoy ocupado.

—¿Ocupado en qué?

—En mirar.

León resopló.

—Elara, ven aquí. Mi hermano se ha vuelto idiota.

Elara se acercó desde la piscina, donde había estado colocando luces.

—¿Qué pasa?

—Que Damián no puede dejar de mirar a Lola.

—Ah, eso. Normal.

—¿Normal?

Elara sonrió con picardía.

—Yo fui la que eligió el bikini.

León la miró con admiración.

—Eres una genio.

—Lo sé.

—¿Casémonos?

—Todavía es pronto.

—Pero algún día.

—Quizá.

Se miraron.

Y por un momento, todo fue perfecto.

(POV Damián)

La noche caía sobre la mansión.

Las luces flotaban en la piscina. La parrilla humeaba con la carne que León preparaba. Konstantin y Elena conversaban en una esquina. Valeria, sentada en una tumbona, observaba con una expresión que Damián no supo interpretar.

Pero él solo miraba a Lola.

Estaba en el borde de la piscina, con los pies en el agua, riendo por algo que Elara le había dicho. El bikini rojo brillaba con la luz de las antorchas.

—¿Vas a acercarte o piensas quedarte ahí toda la noche?

La voz de León lo sobresaltó.

—No sé.

—Damián, es tu chica. Ve.

—No es mi chica.

—¿Ah, no? ¿Entonces por qué llevas cuatro meses durmiendo con ella?

—Es diferente.

—No, no lo es. Y lo sabes.

Damián guardó silencio.

León suspiró.

—Mira, hermano. Yo no soy experto en relaciones. Pero sé una cosa: cuando miras a Lola, tus ojos cambian. Se vuelven más cálidos. Más humanos. Y ella te mira igual. Así que deja de pensar y actúa.

—¿Y si...

—No hay "y si". Solo hay ella. Y tú. Y el vínculo. Y cuatro meses esperando.

Damián miró a Lola otra vez.

Ella levantó la vista en ese momento.

Sus miradas se encontraron.

Y él supo que León tenía razón.

(POV Lola r)

La noche era perfecta.

El cielo estrellado. Las luces en la piscina. La música suave de fondo. El olor de la carne en la parrilla.

Y Damián, mirándome desde lejos, con esos ojos que ya no eran de hielo.

—No deja de mirarte —dijo Elara a mi lado.

—Lo sé.

—Y tú no dejas de sonreír.

—¿Sonrío?

—Como una boba.

—Cállate.

—No. Disfruta. Te lo mereces.

Miré a Damián otra vez.

Y él, como si hubiera sentido mi mirada, comenzó a caminar hacia mí.

—Creo que viene —susurró Elara.

—Lo sé.

—¿Estás nerviosa?

—Un poco.

—Pues yo me voy. Esto es para vosotros.

Y desapareció.

Damián llegó a mi lado. Se sentó en el borde de la piscina, junto a mí. Tan cerca que su hombro rozaba el mío.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Muy bien.

—¿Te gusta la fiesta?

—Sí. Sobre todo una parte.

—¿Qué parte?

—La que me mira desde hace una hora.

Sonrió.

—Esa parte también está muy bien.

—Me alegro.

El silencio cayó entre nosotros. Pero no era incómodo. Era cálido. Como una manta en invierno

1
Carola Videla 😈🇦🇷
si eso es el problema, lo que siente y no quiere sentir. Pobres omegas tanto odio por ellos , que injusto
tomatito
podra mandar él, pero en la cama manda ella y el obedece 🤣🥰
tomatito
me enamore de la historia y apenas es el caitulo dos😶
Milagros Daiana Lucía Vera: ya somos dos
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play