Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
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Capitulo 8: ¡Prueba de Mier...!
Despertó con la garganta seca y el cuerpo pesado; intentó moverse y el dolor en el costado la obligó a detenerse, un dolor profundo, constante, que no dejaba pensar con claridad. Era una punzada real que le atravesaba el costado cada vez que respiraba más fuerte, cada vez que tensaba el abdomen, y eso fue lo primero que la hizo entender que seguía viva.
Abrió los ojos despacio.
El techo no era el de la habitación de Gabriel.
Las vigas eran más altas, el olor distinto, a hierbas y a alcohol médico.
Intentó incorporarse. No pudo.
Las vendas le apretaban el torso, sujetándola.
—No te muevas —dijo una voz desconocida desde la izquierda—. Si te incorporas así te vas a abrir la herida otra vez.
Fiorella giró la cabeza.
Un hombre mayor, túnica clara, manos manchadas de ungüentos, la observaba con atención.
—¿Dónde estoy? —preguntó, la voz áspera.
—En la enfermería del ala principal.
—Gabriel.
—Está bien.
—Quiero verlo.
—Ahora no.
Intentó levantarse de nuevo.
—Te dije que no te muevas —insistió el médico—. Perdiste mucha sangre, si sigues forzándote me vas a complicar el trabajo.
—No me importa su trabajo, quiero ver al niño.
—Y yo no voy a dejar que te mueras por testaruda. Mi Lord no me lo perdonaría.
Se miraron unos segundos, tensos.
—¿Está vivo el niño? —preguntó ella más bajo.
—Sí.
—¿Seguro?
— Lo vi yo mismo hace una hora, estaba con los guardias, no ha parado de preguntar por ti.
El pecho se le aflojó apenas. Luego regresó el recuerdo. La puerta rompiéndose. La sangre. Y después Giovanni de pie, mirando todo como si nada.
La rabia le subió otra citan rápido que le ardieron los ojos.
No había sido un accidente. No había sido un fallo de seguridad. Fue intencional.
Una prueba. Apretó los dientes.
—¿Quién dio la orden de traerme aquí? —preguntó.
El médico dudó.
—Lord Giovanni.
Claro.
No hizo falta nada más. Un rato después la puerta se abrió sin aviso. Fiorella no necesitó girar la cabeza para saber quién era.
Giovanni.
Se quedó de pie junto a la cama.
No preguntó cómo se sentía. Solo la miró. Ese gesto le encendió la sangre.
—Así que despertaste —dijo él con voz baja.
—Lamentablemente —respondió ella.
—El médico dijo que sobrevivirías.
— Qué alivio para usted ¿No?
Hubo un silencio pesado.
— Pasaste la prueba —añadió Giovanni.
Fiorella lo miró fijo.
— ¿Qué prueba?
— Protegiste a Gabriel sin dudar.
— ¿Eso fue una prueba?
— Sí.
Ella soltó una risa corta, amarga.
— Me atravesaron con una espada.
— Necesitaba confirmarlo.
— ¿Confirmar qué? ¿Que sangro?
— Que no huirías.
— ¡Pude morir!
Su voz se quebró, pero no bajó la mirada.
— La herida no fue fingida, ¿sabe?, no fue mentira, dolió de verdad, sigo sangrando de verdad.
— Lo sé.
— ¡Gabriel me vio! —continuó—. Me vio tirada, llena de sangre, gritando, ¿tiene idea de lo que eso le hace a un niño?
Giovanni no respondió de inmediato.
— Necesito a alguien que resista el miedo —dijo al final.
— ¿Y cree que traumatizarlo ayuda?
— Si no soporta ver sangre, no sobrevivirá en este castillo.
— ¡Es un niño!
— Es mi hijo.
— Justamente por eso.
El silencio se volvió espeso.
Fiorella respiraba con dificultad por la rabia.
— Usted no se disculpa, ni aunque fuera por su hijo ¿verdad?
— No.
— ¿Ni siquiera lo considera?
— No cambiaría nada.
— Cambiaría el hecho de que no parezca un monstruo.
Giovanni sostuvo su mirada.
— No me interesa parecer algo.
— A mí sí me interesa Gabriel, y usted casi lo hiere.
Las palabras salieron más duras de lo que planeó.
Él simplemente habló con el mismo tono plano.
— Ordené que te atendiera el mejor médico del reino.
— Qué generoso.
— Usarán los mejores remedios, las mejores vendas, no se escatimará nada.
— Eso no borra lo que hizo.
— No lo intento.
— ¿Entonces que?
— Mantenerlos con vida.
Se miraron largo rato. Ella estaba furiosa, lo odiaba, lo comenzó a odiar desde que hizo este teatro. Pero él seguía inmutable.
— Si hubieras dudado —continuó Giovanni—. Si hubieras soltado a Gabriel, si hubieras intentado negociar o escapar, te habría apartado de él de inmediato.
— No lo habría soltado.
— Lo sé.
— Entonces no necesitaba cortarme.
— Sí lo necesitaba.
Fiorella cerró los ojos un segundo, agotada.
— Usted es insoportable, malvado y cruel.
— Probablemente.
— ¿Todos los padres ricos están así de mal de la cabeza?
— Solo los que tienen enemigos.
El tono fue tan directo que la desarmó un poco. Cuando volvió a abrir los ojos, él seguía ahí.
— Descansa —dijo—. Te necesito viva.
— Uy. ¿Para atravesar mi corazón por diversión?— dijo ella, irónicamente.
— Si me provoca, sí.
— Discúlpeme mi señor si nadie se lo ha dicho pero es usted una escoria.
— Gracias.
Se dio la vuelta para irse.
— Espere —lo llamó ella.
Él se detuvo.
— Si vuelve a usar a Gabriel como parte de sus pruebas, yo misma lo voy a enfrentar, no me importa quién sea usted.
— Anotado.
— No estoy bromeando.
— Yo tampoco.
Y salió. Días después, cuando la fiebre bajó y pudo caminar sin marearse, Giovanni volvió.
Esta vez se sentó frente a la cama. Eso ya era extraño.
— Tengo una propuesta —dijo.
— Hable.
— Deja de ser sirvienta.
Parpadeó.
— ¿Perdón?
— Vivirás en el ala principal.
— ¿Por qué?
— Cuidarás a Gabriel oficialmente.
— Ya lo hago.
— No más escondido, no más encierros, no más pasillos secundarios.
— ¿Qué está diciendo exactamente?
Giovanni la miró directo.
— Te convertirás en noble.
El corazón le dio un golpe fuerte.
— ¿Noble… cómo?
— Con mi nombre.
Se quedó en silencio.
— ¿Está proponiendo…?
— Matrimonio político.
Fiorella olió alcohol para asegurarse de que no estuviera desorientada. Giovanni solo suspiró bruscamente.
— Así nadie cuestionará tu presencia a su lado, nadie podrá tocarlo sin pasar por ti, y por mí.
Pensó en Gabriel. Sin darse cuenta, aquel niño era su pilar para seguir en este mundo. Y realmente lo era.
— Acepto —dijo antes de pensarlo demasiado.
Giovanni alzó una ceja.
— No preguntas condiciones.
— Solo tengo una.
— Habla.
— Gabriel no vuelve a estar encerrado.
— No lo estará.
— Entonces acepto. Y además, quiero que seas su padre. Que lo veas y que él sepa que lo amas.
— Hablas como si fueras su madre y que yo soy un bastardo que no lo quiere.
— ¿Y acaso es mentira?
Giovanni giro su rostro. Solo le aclaro algo.
— Gabriel es lo único que tengo de Claudia. Protegerlo de mi mismo es lo mejor. Y protegerlo de los enemigos de la corona es mi principal razón.
Fiorella lo entiendo perfectamente. Y aunque lo sigue odiando, alargó su mano y tocó su hombro para que la viera. Él lo hizo. Miró con ese brillo lleno de curiosidad.
— Inténtalo. Jamás tuve oportunidad de cuidar a un niño. Fue difícil porque Gabriel no me quería al principio. Pero a usted sí. Pide por verlo cada día. Que su padre este pendiente de él. No que lo encierre con la excusa de protegerlo.
Giovanni por primera vez suavizó su mirada. Luego se levantó para irse. Se detuvo en la puerta sin mirarla. Para el final marcharse sin decirle algo más.
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Posdata: Chicas. se que puede que la actitud de Giovanni sea un poco.... Bueno, ya saben, Cuestionable. pero quise hacer realmente un villano. Pueden odiarlo igual que la protagonista. Esa es la idea.