Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Despertar 1
Las imágenes se detuvieron de repente.
La joven de cabello negro apareció nuevamente ante ella.
Esta vez era mayor.
Su rostro tenía facciones delicadas, su piel era clara y sus ojos poseían un tono luminoso que contrastaba maravillosamente con el negro de su cabello.
Era una muchacha realmente hermosa.
No una belleza que dependiera de vestidos extravagantes o adornos costosos.
Su belleza era natural, delicada y elegante.
Y, aparentemente, ella misma no le daba demasiada importancia.
En una de las imágenes, Ellie estaba sentada frente a un espejo mientras una doncella le cepillaba el cabello.
—Señorita, debería dedicar un poco más de tiempo a cuidar su piel.
Ellie había bostezado.
—¿Por qué?
—Porque su piel necesita cuidados.
—Pero está bien.
—También debería probar un peinado diferente para la celebración de su mayoría de edad.
—¿No puedo llevar el cabello suelto?
La doncella había suspirado.
Ellie había vuelto a abrir su libro.
—Si me permite, prefiero terminar este capítulo.
La mujer observó aquella escena con una expresión que habría podido describirse como una revelación espiritual.
[¡NO!].
Las imágenes se detuvieron.
[¡NO, NO, NO!].
La mujer contempló a Ellie con creciente desesperación.
[¡Esa muchacha es preciosa! ¡PRECIOSA! ¡¿Cómo puede tener esa cara y no aprovecharla?!].
Ella, que en su vida anterior jamás había salido de casa sin revisar su maquillaje, sentía que estaba a punto de cometer una intervención de emergencia.
[¡Esos ojos! ¡Ese cabello! ¡Esa piel! ¡Con una buena rutina de cuidado facial, unos peinados bonitos y vestidos que resalten su figura, esta muchacha podría hacer que todo el reino perdiera la cabeza!].
Hizo una pausa.
[Claro que, si no quiere maquillarse demasiado, podemos empezar con algo natural. No hay necesidad de exagerar. Un poco de rubor, labios bonitos, protección solar... ¡Ay, Dios mío, necesito un tocador!].
Se quedó callada.
Después, una sonrisa lenta se extendió por su rostro invisible.
[Espera un momento].
Su mente comenzó a trabajar.
Una familia noble.
Una mansión.
Sirvientes.
Dinero.
Libros.
Una protagonista hermosa.
Y una vida en la que, aparentemente, nadie esperaba que se ganara el sustento trabajando turnos nocturnos.
La mujer sintió que podía llorar de felicidad.
[¡ESTO ES EL PARAÍSO!].
De pronto, las imágenes desaparecieron.
La oscuridad volvió a envolverla.
Pero esta vez no se sintió asustada.
Al contrario.
Estaba tan emocionada que apenas podía contenerse.
[De acuerdo. Tranquila. He leído suficientes novelas de reencarnación para saber cómo funciona esto].
Primero, debía despertar.
Después, tenía que comprobar que realmente había reencarnado en Ellie Viceroy.
Y, una vez confirmada su nueva identidad, tendría que organizar su vida.
Nada demasiado complicado.
Leería todo lo que quisiera, disfrutaría de las comodidades de la mansión, cuidaría su apariencia y procuraría no meterse en problemas.
Especialmente, no se metería en problemas.
[Una vida tranquila. Eso es todo lo que quiero. Nada de guerras, nada de conspiraciones, nada de compromisos políticos y, por favor, nada de hombres misteriosos que me arrastren a situaciones peligrosas].
Se cruzó de brazos mentalmente.
[Quiero una biblioteca enorme, una cama cómoda, vestidos preciosos y tiempo libre. ¿Es mucho pedir?].
La oscuridad comenzó a desvanecerse.
Sintió algo.
Un cuerpo.
Un peso.
La presión de las sábanas sobre su piel.
Un olor delicado, como el de las flores recién cortadas.
Y una sensación extrañísima en los párpados.
¡Tenía párpados!
¡Tenía rostro!
¡Tenía manos!
[¡ESTOY VIVA!].
Intentó abrir los ojos.
Al principio solo vio una mancha borrosa.
Después, el techo.
Un techo alto, decorado con molduras elegantes y detalles dorados.
La luz del sol se filtraba a través de unas cortinas de color crema.
Había muebles de madera pulida, un sillón junto a la ventana, una mesa llena de libros y un enorme armario que parecía contener más ropa de la que ella había tenido en toda su vida anterior.
La joven permaneció inmóvil.
No podía creerlo.
Lentamente, levantó las manos.
Eran manos delicadas, de dedos finos y piel suave.
Las giró hacia un lado.
Luego hacia el otro.
Abrió y cerró los dedos.
[¡Son mis manos!].
Se llevó ambas manos al rostro.
Su piel era tersa.
Sus dedos recorrieron sus mejillas, su nariz y sus labios.
Después, apartó las sábanas y se incorporó de golpe.
—¡Ah!
Su propia voz la hizo sobresaltarse.
Era diferente.
Más suave.
Más joven.
Miró sus brazos, sus piernas y el camisón que llevaba puesto.
Finalmente, volvió la cabeza hacia el enorme espejo situado cerca del armario.
Se quedó sin respirar.
Allí estaba ella.
O, mejor dicho, Ellie Viceroy.
ni cuando era virgen me sonrojaba tanto😅😅😅🤣🤣🤣sinlo se soy cruel😎🤣🤣🤣🤣
me encanta
Espero equivocarme🥲