Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.
Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS
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Cap. 22 La llegada del indeseable
Natalia y Branko se miraron.
—¿Quién puede ser a esta hora? —preguntó ella.
—No lo sé. No espero a nadie.
—Yo tampoco.
El timbre sonó otra vez. Insistente. Como quien sabe que lo van a atender.
Branko fue a abrir.
Natalia se quedó en el salón, con los brazos cruzados y el presentimiento de que algo iba a arruinar la noche.
Escuchó la puerta abrirse. Una voz. Una risa. Una voz conocida. Demasiado conocida.
—¡Primo! —dijo alguien con un entusiasmo falso—. ¿Cómo estás? Pasaba por aquí y dije: ¿por qué no saludo a mi querido Branko?
—Marko —respondió Branko, con voz de hielo—. ¿A estas horas?
—Nunca es mala hora para ver a la familia.
Los pasos se acercaron al salón.
Marko entró como si fuera dueño de la casa: con una sonrisa amplia, las manos en los bolsillos del pantalón, el pelo engominado y una colonia tan fuerte que se podía oler desde la otra punta de la habitación.
Marko Sitik. Primero de Branko. Treinta y dos años. Soltero. Empresario fallido. Donjuán de saldo. Y el hombre que Natalia más detestaba en el mundo (después de Valeria).
—Natalia —dijo Marko, con una voz que pretendía ser seductora y resultaba pegajosa—. Qué hermosa estás esta noche. ¿Te cambiaste el peinado?
—No —respondió Natalia, sin levantarse del sillón—. Es el mismo de siempre.
—Pues te queda bien. Muy bien.
"Ay, Dios mío, qué asco —pensó Natalia, mientras Branko apretaba los puños—. Qué asco de hombre. Mira esa sonrisa de tiburón de feria. Mira ese pelo engominado. Mira esa colonia que parece mata cucarachas. Y encima me dice 'qué hermosa estás'. Como si no me lo hubiera dicho mil veces. Como si no me hubiera mandado mensajes a las tres de la mañana. Como si no me hubiera tocado el culo en la boda de su prima. BASURA. Eso es lo que es."
Branko escuchó "me tocó el culo en la boda de su prima" y vio rojo.
—Marko —dijo, con una calma tensa—. ¿A qué vienes?
—A verte. A charlar. Hace semanas que no nos vemos.
—Hace semanas que no nos vemos porque no te he invitado.
—No necesitas invitarme. Somos familia.
—La familia se invita. No se aparece.
Marko soltó una risa. Como si Branko hubiera hecho un chiste.
—Siempre tan serio, primo. Necesitas relajarte. ¿Tomaste algo?
—No tomo.
—Pues deberías. Te vendría bien.
"A él lo que le vendría bien —pensó Natalia— es que le diera un infarto. O que se cayera por las escaleras. O que Branko le partiera la cara de una vez. Pero Branko no pega. Branko es frío. Branko es calculador. Branko es… demasiado educado para este escenario. Lástima."
—Marko —dijo Branko, cambiando de táctica—. ¿Cómo va tu negocio?
—Bien, bien. Creciendo. Ya sabes.
—¿Creciendo? Porque oí que tuviste que cerrar la última oficina.
Marko palideció. Solo un segundo.
—Mala racha. Pero ya pasó.
—Me alegro.
"Mentiroso —pensó Natalia—. No cerró una oficina. Cerró tres. Y debe dinero hasta al carnicero. Pero viene aquí con su sonrisa de rico imaginario a hacerse el interesante. Patético. Patético y acosador."
Branko escuchó lo de las tres oficinas y guardó la información para otro momento.
Marko se sentó en el sillón de Branko. No preguntó. Solo se sentó. Como si fuera su casa.
—¿Me ofreces algo de beber? —preguntó, cruzando las piernas.
—Hay agua —respondió Branko con frialdad.
—¿Solo agua?
—Y vino. Pero el vino es de Natalia. No sé si quiere compartirlo.
Marko se giró hacia Natalia con una sonrisa que pretendía ser encantadora y resultaba repulsiva.
—¿Me compartes un poco de tu vino, Natalia?
—No.
—¿Ni un sorbo?
—No.
—Qué dura eres.
—Soy consecuente. No regalo lo que es mío.
"Ni mi vino, ni mi tiempo, ni mi paciencia —pensó Natalia—. Y mucho menos mi cuerpo, que es lo que realmente quieres, desgraciado. Me dan ganas de vaciarle la copa en la cabeza. Pero no. Soy una dama. Una dama que piensa en matarlo. Eso también cuenta."
Branko se sentó en el sillón de Natalia —el de ella, el pequeño, el que quedaba junto al suyo— y puso una mano en el respaldo. Como una advertencia. Como un "este territorio es mío".
Marko lo notó. Y le gustó. Porque él era de los que disfrutan provocar.
—¿Saben? —dijo Marko, cambiando el tono—. He estado pensando.
—Siempre es peligroso —murmuró Natalia.
Marko se rió. Otra vez. Como si todo fuera un chiste.
—He estado pensando que deberíamos hacer una cena familiar. Todos juntos. Los Sitik. Los Santino. Una reunión de clanes.
—¿Para qué? —preguntó Branko.
—Para unir lazos. Para conocernos mejor. Para… no sé… celebrar la vida.
"Celebrar la vida —pensó Natalia—. Este tío quiere celebrar la vida para acercarse a mí en un evento social donde no pueda escapar. Para hacerme insinuaciones delante de todo el mundo. Para tocarme el culo otra vez y disimular con una sonrisa. Hijo de la gran…"
—No creo que sea buena idea —dijo Branko en voz alta—. Las familias no se llevan bien.
—Por eso hay que juntarlas. Para que empiecen a llevarse bien.
—O para que se maten.
—Eres muy negativo, primo. Deberías ser más optimista.
—Soy realista.
Marko ignoró a Branko y se giró hacia Natalia.
—¿Y tú qué opinas, cuñada?
—Que no soy tu cuñada. Soy tu prima política. Y opino que las cenas familiares son una pérdida de tiempo.
—¿Por qué?
—Porque la gente no cambia en una cena. Sigue siendo la misma. Solo que con servilleta en el regazo.
Marko soltó una carcajada. Demasiado fuerte. Demasiado larga.
—Me encanta cómo piensas —dijo, con una mirada que recorrió a Natalia de arriba abajo—. Eres única.
"Ay, no —pensó Natalia—. Ahora viene. Ahora viene con el 'eres única'. Me lo ha dicho doscientas veces. En mensajes, en llamadas, en cenas, en bodas, en funerales. 'Eres única, Natalia. Tu marido no te valora, Natalia. Deberías estar con alguien que te aprecie, Natalia.' Y ese alguien es él, claro. El mismo que debe dinero hasta al alma. El mismo que tiene las manos pegajosas. El mismo que me da asco."
Por eso la preferencia con Lucia es su hija Natalia nunca le dieron un trato adecuado.