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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

El cementerio de los reyes de antaño, excavado en la ladera más protegida de las montañas que rodeaban las Fauces del Dragón, era un lugar donde el silencio no era ausencia de ruido, sino una presencia física, pesada y gélida que te apretaba la garganta. No había lápidas de mármol blanco ni estatuas de ángeles llorosos; solo túmulos de piedra volcánica marcados con runas de protección y espadas clavadas en la tierra congelada que servían como centinelas eternos.

El viento soplaba con una violencia contenida, arrastrando copos de nieve que parecían astillas de cristal. Martha, mi nodriza, no ocupó una fosa común. Siguiendo las órdenes de Aleixandre, su cuerpo —reunido finalmente con su cabeza en un ataúd de madera de pino del norte— fue depositado en un nicho de honor, bajo la sombra de un roble milenario que había sobrevivido a tres eras de escarcha.

Me quedé allí, de pie frente al túmulo, ignorando el frío que entumecía mis dedos. Llevaba una capa de lana gris oscura y el cabello recogido con una cinta de cuero. Clara lloraba a unos pasos detrás de mí, cubriéndose la cara con el delantal, sus sollozos rompiéndose contra el rugido del viento.

—Lo siento tanto, Martha —susurré, y mi voz se perdió casi al instante en la inmensidad del desfiladero—. Siento que tu lealtad hacia una causa perdida terminara costándote la vida. Siento que Lyra usara tu bondad como un arma para intentar romperme.

Sentí una mano cálida y pesada posarse sobre mi hombro. No necesité girarme para saber que era Aleixandre. Su presencia siempre traía consigo ese olor a acero y tormenta, una vibración que lograba acallar el ruido de mi propia culpa.

—Las lágrimas son el tributo que los vivos pagan a la muerte —dijo Aleixandre con su voz profunda y monocorde—. Pero en el norte, la sangre es el único tributo que devuelve la paz a los caídos. No te culpes por la crueldad de tus enemigos, Eleanor. Úsala como el filo de tu espada.

—No estoy llorando de tristeza, Aleixandre —respondí, girándome para mirarlo. Mis ojos ardían con una luz que no era humana, un reflejo de la magia de Vaelgoth que latía bajo mi piel—. Lloro de rabia porque Lyra cree que ha ganado este asalto. Cree que enviándome tus restos me recordaría mi debilidad. Lo que ha hecho es liberarme de mi última cadena. Ya no tengo nada que proteger en la capital. Ya no queda nadie allí a quien deba misericordia.

Aleixandre me observó con una intensidad que me hizo estremecer. Sus ojos carmesí recorrieron mi rostro, buscando un rastro de la niña que huyó del banquete imperial. Solo encontró a la villana que empezaba a comprender su propio poder.

—Entonces es momento de que el imperio sienta el frío que tú sientes —dijo él, extendiendo su mano hacia el horizonte sur, donde las nubes se tornaban grises y cargadas de presagios—. El Inquisidor Malakor no regresará para dar su informe, pero su cabeza sí lo hará. Para cuando Aedric reciba ese paquete, el sur ya debería estar sintiendo los primeros efectos de tu "regalo".

Asentí con la cabeza, sintiendo un escalofrío de anticipación.

—Clara, vuelve a la fortaleza con Varek —ordené a mi doncella—. Tengo un trabajo que hacer en la torre de los susurros. Aleixandre, necesito el apoyo de tu núcleo mágico. No podré llegar hasta las provincias centrales yo sola.

El archiduque sonrió. Una sonrisa depredadora, hermosa y letal.

—Mi poder es tuyo, Eleanor. Mi sangre y mi magia están a tu disposición para quemar o congelar lo que desees.

***

La Torre de los Susurros era el punto más alto de las Fauces del Dragón. Una aguja de piedra negra que se elevaba hacia el cielo plomizo, rodeada por nubes que giraban en círculos perfectos debido a la concentración de energía arcana que emanaba de la montaña. En el centro de la habitación circular, un altar de obsidiana grabado con el mapa del imperio servía como foco para las proyecciones mágicas.

Me coloqué frente al altar. Me despojé de la capa y extendí mis manos sobre el mapa tallado en relieve. Podía sentir la geografía de Valenor bajo mis dedos: las montañas del norte, las llanuras centrales y, sobre todo, el valle de los graneros en el sur, el corazón agrícola que alimentaba a las legiones y a la aristocracia.

—Recuerda —susurró Aleixandre, colocándose detrás de mí y rodeando mi cintura con sus brazos para estabilizar el flujo de energía—. No es un ataque físico. Estás lanzando una infección al alma de la tierra. Usa el dolor de la muerte de Martha. Usa el odio que sientes por Aedric. Conviértelo en escarcha.

Cerré los ojos.

Busqué en mi memoria el sentimiento de la traición. Recordé el sabor del veneno en la copa de vino, el peso de la corona de Lyra y la mirada de desprecio de mi padre. Visualicé cada humillación, cada palabra dulce de Aedric que luego se convirtió en un látigo. Toda esa energía oscura, acumulada durante dos vidas, comenzó a concentrarse en mi pecho, irradiando un calor negro que hizo que la marca de mi brazo brillara con un fulgor enceguecedor.

—¡Siete Cenizas! —exclamé, y mi voz resonó con un eco sobrenatural—. ¡Tierra que me diste el nombre, tierra que me arrebataste el honor! Por la sangre de mi nodriza y por el fuego de mis ancestros, te maldigo. Que el sol no caliente tus raíces, que el agua se convierta en hiel y que el grano se pudra en la espiga antes de que la mano del traidor pueda cosecharlo.

Sentí que el poder de Aleixandre fluía hacia mí. Era una marea de hielo absoluto, una fuerza bruta que amenazaba con romper mis venas. Sus manos apretaron mi cintura con fuerza, anclándome a la realidad mientras mi consciencia se expandía, volando por encima de las montañas, cruzando los bosques y descendiendo como una niebla purpúrea sobre los campos de trigo de la casa Fiargod.

Vi los campos dorados bajo la luz del atardecer. Vi a los campesinos trabajando, ajenos a la tormenta que se cernía sobre ellos. Y entonces, dejé caer la maldición.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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