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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21: El enfrentamiento.

El muy imbécil tiene el don de arruinar los momentos.

Eso fue lo primero que pensé cuando lo vi cruzar el jardín. Karl, con su paso seguro, las manos en los bolsillos, su expresión de alfa que cree que el mundo le pertenece y su olor a cuero y tabaco que llegó hasta mí antes que él. Invasivo, como siempre.

Kevin dejó la taza sobre la mesa, despacio, sin ruido y su olor cambió. Fue muy sutil, el sándalo se volvió un poco más seco, el cedro, más cortante, como una advertencia silenciosa que solo yo noté. Karl se detuvo frente a nuestra mesa y nos miró, primero a Kevin, luego a mí, y algo en su expresión se torció. Un gesto mínimo, casi imperceptible, pero yo lo vi y Kevin también.

—Kevin.

—Karl.

Kevin no se levantó, ninguno de los dos se saludó con la mano, ninguno sonrió. Solo se miraron, como dos animales que se reconocen, que se miden, que saben que hay algo en juego pero ninguno quiere ser el primero en enseñar los dientes.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Karl, y su voz sonó dura. Seguramente más de lo que pretendía.

—Tomar algo con Ian —respondió. Simple, sin justificaciones, sin excusas.

Karl se giró hacia mí, sus ojos verdes brillaban con algo que no supe interpretar. Rabia, confusión, inseguridad. Las tres cosas, revueltas.

—¿Y tú, Karl? —pregunté sin moverme del asiento—. ¿Qué haces aquí?

—Vine a buscarte. Fui a tu casa y Elvira me dijo que estabas aquí, con Kevin.

—Ya. —No dije nada más.

Y entonces llegó la pregunta.

—¿Por qué no me esperaste en casa? Hoy es sábado.

Me quedé mirándolo, sin parpadear, sin mover un músculo.

Los sábados, claro, el día sagrado de Karl. El día en que el Ian de antes se arreglaba, se ponía guapo y se sentaba en el salón a esperar. A veces Karl llegaba, a veces no, a veces mandaba un mensaje a última hora. "No puedo, surgió algo." "Estoy cansado, mañana nos vemos." "Tengo que estudiar." Excusas baratas que Ian se tragaba, una tras otra, hasta que un día dejó de tragarlas porque ya no estaba vivo para hacerlo.

—No sabía que tenía que esperarte —dije.

Karl parpadeó.

—Siempre me esperas.

—¿Siempre? —Sonreí sin ganas—. ¿Y tú siempre vienes?

Silencio.

Karl abrió la boca, la cerró, miró a Kevin, como si esperara que su hermano dijera algo, que interviniera, que lo salvara. Pero Kevin no dijo nada, solo lo observaba con esa calma suya que descolocaba más que cualquier grito.

—¿Mamá sabe que estás aquí? —dijo Karl girándose hacia Kevin y su tono cambió. Se volvió más afilado, más bajo, más peligroso.

Era una amenaza velada, pero amenaza al fin y al cabo. "¿Mamá sabe que estás aquí? ¿Mamá sabe que estás con mi prometido? ¿Mamá sabe que estás haciendo algo que no deberías?" Mamá, siempre mamá, la mujer que favorecía a Karl, la que le permitía todo y lo justificaba todo. La que nunca veía sus errores.

Kevin se tensó solo un poco, pero lo suficiente como para que lo notara.

—No, no lo sabe. No pensaba venir, fue una decisión repentina.

—Ya. —Karl sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Que casualidad.

—Yo lo invité.

Los dos se giraron hacia mí.

—Yo lo invité —repetí—. Kevin no sabía nada, yo lo llamé esta mañana y le dije que viniera. Si hay algún problema, es conmigo.

Karl me miró sin entender, como si acabara de hablarle en chino.

—Los sábados son de nosotros —dijo al fin—. ¿Cómo se te ocurre salir con alguien más?

Me reí, no pude evitarlo. Una risa corta, sin gracia, que le heló la expresión del rostro.

—¿De nosotros? —repetí—. Karl, ¿en qué universo paralelo tú y yo somos "nosotros"? ¿Qué significa eso en tu cabeza? ¿Que me siente todo el día en el salón, arreglado, esperando a ver si apareces? ¿Que no haga planes por si acaso a ti se te ocurre dignarte a venir?

—Ian...

—Vienes cuando quieres y si no, simplemente no lo haces, sabiendo que estoy esperando. Y ahora me reclamas porque no me encontraste en casa, sentado, con las manos cruzadas, esperando a ver si al señorito se le ocurre aparecer.

Karl no dijo nada, porque no podía, porque era verdad. Porque en todos esos años, nunca había pensado en lo que Ian hacía mientras él no estaba, nunca le había importado. Ian esperaba, perdonaba, Ian se disculpaba. Siempre. Siempre. Siempre.

—Escúchame bien, Karl —dije, y mi voz sonó más baja, más lenta, firme—. Los sábados son para mí, para lo que yo quiera, como siempre lo has hecho tú. Si quieres verme, tendrás que avisarme antes, a ver si estoy disponible.

Karl me miró con los ojos como platos y la boca abierta, con el olor a cuero y tabaco que se le había vuelto errático, confuso alterado.

—Eso no es así —dijo al fin—. Yo... es cierto que en ocasiones tuve que cancelar, pero era por cosas importantes. Cosas que no podían esperar.

Claro, como revolcarte con tu amante. Como llevarla a ella al mismo restaurante donde llevabas a Ian y prometerle lencería nueva mientras le decías a tu prometido que tenías que estudiar.

—Pues esto es importante para mí —contesté.

Y no dije nada más, no hacía falta.

Karl se quedó ahí, de pie, sin saber qué hacer ni qué decir y entonces, en lugar de irse, en lugar de entender que no era bienvenido, hizo lo peor que podía hacer. Se sentó, corrió una silla y sentó entre Kevin y yo. No frente a nosotros, no al lado, entre nosotros. Como si quisiera separarnos, marcar territorio, como si quisiera recordarme que él estaba ahí, que era mi prometido. Que tenía derecho a estar.

El ambiente cambió de golpe, la tensión se volvió densa, pesada, como si alguien hubiera bajado el oxígeno de la habitación.

Kevin no dijo nada pero lo vi tensarse, muy sutilmente. Sus hombros se pusieron rígidos, su mandíbula se apretó y su olor... su olor cambió otra vez, el sándalo se volvió más seco, más cortante, como si estuviera conteniéndose, como si estuviera a punto de decir algo que no debía. Karl, en cambio, intentó ser cercano, cariñoso, como si nada hubiera pasado. Como si no acabara de hacer el ridículo.

—¿Qué están tomando? —preguntó mirando las tazas.

—Café —dije.

—Yo té —dijo Kevin.

—Qué bien. —Karl asintió, como si le importara—. ¿Puedo pedir algo?

—Es un café —dije—, puedes pedir lo que quieras.

Karl llamó al camarero, pidió un café y luego se giró hacia mí y puso su mano sobre la mía., otra vez, como en el auto. Su mano caliente, pesada, sus dedos apretando los míos, como si tuviera derecho, como si fuera suyo. Me quedé paralizado, no aparté la mano, no la retiré, pero mi cuerpo se tensó y mi mente... mi mente se llenó de imágenes. Karl en la cama con Valeria, Karl riéndose de Ian, diciendo "es tan fácil de engañar"

Y entonces, sin poder evitarlo, miré a Kevin.

Kevin me estaba mirando a mí, no a Karl, no a la mano, y sus ojos se habían vuelto más oscuros, su mirada más peligrosa, como si estuviera viendo algo que le causaba una profunda incomodidad, algo que quería detener pero no sabía cómo.

—Ian —dijo Karl, y su voz sonó más suave, más íntima. Demasiado—. ¿Estás bien? Estás muy callado.

—Estoy bien.

—¿Seguro? Últimamente estás... distante. Como si no quisieras estar conmigo.

—Es que no quiero.

Karl parpadeó, no esperaba esa respuesta tan directa, tan sin filtros.

—¿Qué? —dijo.

—Que no quiero estar contigo ahora mismo, aquí. No quiero.

Karl retiró la mano, despacio, como si le hubiera dolido.

—Ian, no entiendo por qué estás así, esto no eres tú.

—Ya. Pues el de antes se murió y no piensa volver.

Karl abrió la boca pero no supo que decir. Volvió a mirar a Kevin, como si esperara que su hermano salvara la situación, que dijera algo.

Y esta vez, Kevin habló.

—Karl. Ya basta.

Los dos nos giramos hacia él.

—¿Qué? —dijo Karl.

—Que ya basta. —Kevin habló con calma, sin levantar la voz, pero con una firmeza que no dejaba lugar a dudas—. Él te ha dicho que no quiere estar contigo ahora mismo y tú sigues insistiendo, tocándolo sin permiso. Sigues hablando como si tuvieras derecho. No lo tienes.

Karl se quedó helado.

—Es mi prometido.

—Es un contrato, uno que tú no has sabido honrar, y eso no te da derecho a tratarlo como un objeto.

Karl miró a Kevin con rabia, con incredulidad.

—¿Y tú qué sabes? ¿Eh? ¿Qué sabes de lo que pasa entre Ian y yo?

—Sé lo que veo y lo que veo no me gusta.

—Claro. El perfecto Kevin., el que nunca falla, el que siempre tiene la razón. El que siempre está donde tiene que estar.

—No soy perfecto, pero al menos no finjo que lo soy.

Karl se levantó de golpe, la silla chirrió contra el suelo. La gente de las mesas cercanas nos miró, Karl no les hizo caso, solo miraba a Kevin, con los puños apretados y la mandíbula tensa.

—No te metas en mi vida, Kevin. No te metas con Ian.

—No me estoy metiendo, solo te estoy diciendo la verdad. Y la verdad es que no tienes derecho a tratarlo así.

—¿Y tú qué? ¿Qué derecho tienes tú? ¿Eh? ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué viniste?

—Porque Ian me invitó.

—¿Y por eso ya crees que puedes opinar sobre mi relación?

—No opino sobre tu relación. Opino sobre tu comportamiento, que no es lo mismo.

Karl dio un paso hacia Kevin y Kevin no se movió. Se quedó ahí, firme, con esa calma suya que daba más miedo que cualquier reacción. Entonces Karl hizo algo que no esperaba, me agarró del brazo.

—Ian, nos vamos.

Me quedé quieto, mirándolo. Su mano en mi brazo, su olor, su expresión. Todo.

—Suéltame.

—No hasta que me escuches.

—No tienes nada que decir que yo quiera escuchar.

—Ian...

—Suéltame, Karl.

Su mano apretó un poco, solo un poco y entonces, Kevin se levantó y dio un paso hacia adelante, sin decir nada, sin amenazar. Solo se puso a mi lado, un poco más cerca, y su feromona se expandió. Lenta. Firme. Sin invadir pero presente.

—Suéltalo —dijo Kevin y su voz sonó más baja, más grave. Más alfa.

Karl lo miró y algo en su expresión cambió, algo que no me quedó del todo claro. Miedo, rabia, celos. O todo junto.

Y soltó mi brazo.

Me levanté, despacio, apoyé las manos en la mesa y lo miré.

—Esto no se queda así —dijo Karl.

—No —dije—. No se queda así, se queda como yo diga y ahora mismo, digo que me voy.

Me giré hacia la salida, con Kevin a mi lado, sin decir nada, sin preguntar, solo caminando conmigo. Cuando llegamos al auto, abrió la puerta, no me tocó, no me ayudó, solo esperó a que yo subiera. Luego dio la vuelta, se sentó al volante y arrancó.

El silencio no fue cómodo esta vez, fue denso, pesado, como si las palabras que no habíamos dicho se hubieran quedado flotando en el aire, ocupando todo el espacio. Kevin conducía con las dos manos en el volante, los nudillos blancos, la mandíbula apretada. Sus ojos avellana miraban al frente, pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, se desviaban hacia mí, rápido, como si quisiera asegurarse de que estaba bien.

Yo miraba por la ventana pero no veía nada, Solo pensaba en la cara de Karl cuando le dije que no quería estar con él, en su expresión, su olor, su mano en mi brazo.

—¿Estás bien? —preguntó al fin.

—Sí.

—Lo que ha pasado... mi hermano...

—No tienes que disculparte por él.

—No me estoy disculpando. Solo... no sabía que podías ser así.

—¿Así cómo?

—Tan... directo. Tan... sin miedo.

Sonreí sin muchas ganas.

—He aprendido a decir lo que pienso y no voy dejar de hacerlo.

Kevin me miró y luego también sonrió.

—Te has convertido en un demonio —dijo.

—Eso me han dicho —respondí, encogiéndome de hombros.

Nos miramos por un segundo y luego nos reímos, los dos, mientras el auto avanzaba por las calles, y en ese momento todo fue fácil, sencillo, real. Como si Karl no existiera, como si ni Valeria, ni el plan existieran. Solo estábamos él y yo y esa risa que no quería que terminara.

Pero mientras el auto avanzaba, la risa se apagaba y el silencio volvía, no pude evitar pensar en lo que había dicho Karl. 'Esto no se queda así.' Y supe que tenía razón, porque Karl no era de los que se rendían. Y yo acababa de declararle la guerra.

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Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
Nidia Mojica
Ya le cauo jna mosca a la sopa, también que estaban ellos dos.
☆Nanu☆
eh bue, lo bueno dos veces bueno, pero a veces dura poco...
Kevin, demuestre lo que realmente vale saber y querer saber del que te gusta 😉.
Será que la madre de Ian les dijo a donde iban estos dos a Karl??? 👀
Yolanda Plazola Arroyo: si creo que que ella le dijo porque es mucha coincidencia que se encontrarán ai
total 3 replies
kohaku viento
noo ya llegó la basura a arruinar el momento
Alex
ya le cayó 💩 al pastel 🙄
DAM 💜💜💜
ahora sí que no confíe en sus supuestos padres ellos saben algo o están encubriendo no lo sé tengo esa sensación
DAM 💜💜💜
Ahora sí comienza su verdadera lucha de aprender a vivir en otra piel hay me encanta
☆Nanu☆
me gusta Kevin, ojalá se sienta fuerte viendo que Ian puede salir del molde en el que lo pusieron y él también lo haga.
ya quiero leer esa no cita 😏🤭😉
Yolanda Plazola Arroyo: sí ami también me gusta hojala estén juntos 💕😍
total 1 replies
Nidia Mojica
Me encanta que Ian y Kevin se estén acercando maa 😍😍😍😍.
Nidia Mojica
La inzbestigación está dando sus frutos.
Julissa Jimenez
😍😍😍😍Kevin e Ian 😍😍😍😍😍me encantan como pareja 😍😍😍😍son más sinceros entre ellos a pesar de todo😍😍😍😍 y eso es genial 😍😍😍😍😍
kohaku viento: estoy de acuerdo contigo son la pareja perfecta 😍😍❤️❤️❤️❤️
total 1 replies
Julissa Jimenez
👿👿👿👿👿si Ian sigue así 😂😂😂😂
Nidia Mojica
Esto se pone cada vez mejor. Necesito mas capitulos.
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