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SOY LA VERDADERA HEREDERA - RENACIDA PARA VENGARME

SOY LA VERDADERA HEREDERA - RENACIDA PARA VENGARME

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:47.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Gala Ponce murió sola, atropellada en una calle oscura, huyendo de un esposo que la despreciaba, de una hermana que la destruyó y de una familia que nunca la quiso.

Pero el destino le dio otra oportunidad.

Despertó diez años atrás, en la piel de la joven ingenua que alguna vez fue, con todos los recuerdos de la tragedia que estaba por venir. Esta vez, no permitirá que la manipulen. No dejará que la casen a la fuerza. No dejará que la atropellen.

Pero lo que Gala no sabe es que el hombre que más la odió —ese esposo frío y despiadado que la convirtió en prisionera— fue también el único que lloró su muerte.

Y cuando él descubra la verdad... ya no habrá vuelta atrás.

Porque a veces, el peor enemigo es también el único que puede salvarte.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 21

Gala llegó a las puertas de la mansión Ricci. La imponente fachada de piedra, los jardines perfectamente recortados, las ventanas que brillaban bajo la luz del atardecer. Todo era exactamente como lo recordaba. Todo era exactamente como lo había vivido. Y sin embargo, todo era diferente.

Estaba segura de poder superarlo. De poder entrar en esa mansión sin que su pasado la aplastara. Pero sus pasos se detuvieron. Sus pies no podían avanzar.

Boris frunció el ceño. Barbara miró a Gala con curiosidad. Eliana, que sonreía, se quedó sin sonrisa.

Gala estaba pálida. Sus dedos temblaban sutilmente, pero Boris lo notó. Era otra vez su estrés postraumático. Pero ¿qué tenía que ver eso con su casa?

Barbara se acercó y la tomó de la mano. La sintió fría.

—Querida, tranquila. Aquí está tu tía Bárbara. No pasa nada. Te cuidaré bien.

Gala asintió, pero sus ojos seguían clavados en la fachada. En esa puerta. En esa entrada que había cruzado tantas veces en su vida anterior. Siempre con miedo. Siempre con la sensación de estar caminando hacia su propia tumba.

Al dar un paso, se mareó. El médico lo había advertido: podía tener mareos o ligeras pérdidas del equilibrio. Boris se adelantó y la tomó en brazos como una princesa.

Gala se sobresaltó. Se ruborizó de inmediato. Era por la colonia de ese hombre. Su olor era delicioso, pero a la vez la asustaba.

—Presidente Ricci, bájeme. No es necesario. Yo...

—No te muevas —la interrumpió Boris, con su tono seco de siempre—. Estás delicada. Después te quejas.

Siempre frío. Siempre distante. Pero sus actos decían todo lo contrario.

La llevó hacia arriba, cruzando el umbral de la mansión. Gala cerró los ojos por un instante. El interior era exactamente como lo recordaba: los suelos de mármol, la gran escalera de caracol, el candelabro de cristal que colgaba del techo. Pero esta vez, no había cadenas invisibles. No había órdenes. No había encierro.

Esta vez, era una invitada.

—Puedes dejarme aquí —dijo Gala, cuando llegaron al pie de la escalera—. De verdad, ya me siento mejor.

Boris la miró por un momento. Sus ojos grises escudriñaron su rostro, como si buscara algo. Luego, la dejó sobre sus pies, pero no se apartó.

—Tu habitación está en el ala este —dijo, con un tono neutro—. Es la más tranquila. La que tiene mejor vista.

Gala asintió. El ala este. En su vida anterior, había vivido en el ala oeste. La más alejada. La más fría. La más solitaria. Cerca de la lavandería. Cerca de los enseres de limpieza.

El ala este era para los invitados de honor. Para la familia.

—Gracias —susurró, sin mirarlo.

Eliana, que había estado observando la escena con una sonrisa cada vez más amplia, se acercó y tomó a Gala del brazo.

—¡Vamos, te muestro tu habitación! Es preciosa. Tiene un balcón que da al jardín. Y la cama es tan suave que no vas a querer levantarte.

Gala se dejó llevar, agradecida por la distracción. Mientras subían las escaleras, no pudo evitar mirar hacia atrás. Boris seguía en el mismo lugar, observándola. Y en sus ojos había algo que Gala no supo interpretar.

¿Preocupación? ¿Curiosidad? ¿O algo más?

No lo sabía. Y no quería saberlo.

*_*

Mientras tanto, en la mansión Ponce, Elia estaba nuevamente complotando.

Tenía a su tonto hermano ahí, indignado. Miguel no se tragaba el golpe. Literalmente. La nariz rota, el pómulo fracturado, la humillación de haber sido noqueado por Boris Ricci. Todo eso lo tenía furioso.

—Mi hermana es muy desconsiderada —dijo Elia, con su voz más suave—. Hacerse la desmayada solo para que Boris te malinterprete. Realmente me da mucha pena por ti.

Miguel apretó la mandíbula. La venda en la nariz le daba un aspecto grotesco, y su rostro hinchado apenas dejaba entrever sus ojos.

—Ella hizo tanto lío solo por una bofetada. Es ridículo. Boris parecía un demonio. Realmente, ella lo hizo para que Boris se enfade con los Ponce. Estoy seguro. Esa mujercita es tan calculadora, tan...

—Lo sé —Elia sonrió y se acercó, como la hermanita buena—. Cuando los Ricci vengan, yo aclararé el malentendido. Verás que Boris no te va a culpar.

Miguel la miró, admirado. Elia siempre sabía qué decir. Siempre sabía cómo calmar las aguas. Era la hija perfecta. La hermana perfecta.

Lo que Miguel no sabía era que Elia tenía otros planes.

La verdad era otra, muy diferente. Gala, en ese momento, era introducida en una familia que giraba a su alrededor como su familia biológica debería haber girado. Y eso, para Elia, era insoportable.

Maldita seas, Gala, pensó, mientras sonreía a su hermano. No deberías estar ahí. Ese lugar es mío. Esa familia es mía. Boris es mío.

Pero no lo era. Y ella lo sabía.

*_*

Esa noche, Gala cenó con la familia Ricci.

Fue una experiencia extraña. Barbara, con su elegancia fría y su sonrisa enigmática, la trató como a una hija. Le preguntó por sus estudios, por su trabajo, por sus intereses. Y escuchó con atención, como si cada palabra de Gala fuera importante.

Eliana, por supuesto, monopolizó la conversación durante la mayor parte de la cena. Habló de la universidad, de sus amigas, de sus planes para el verano. Pero cada tanto, se giraba hacia Gala y le sonreía, incluyéndola en la conversación, asegurándose de que no se sintiera excluida.

Y Boris... Boris estaba en silencio.

Observaba. Analizaba. Sus ojos grises no se apartaban de Gala, siguiendo cada uno de sus movimientos, cada gesto, cada palabra. Había algo en ella que lo intrigaba. Algo que no podía nombrar. Algo que lo hacía querer protegerla, aunque no entendía por qué.

Cuando terminó la cena, Gala se excusó y subió a su habitación. Estaba agotada. El día había sido largo. Demasiado largo.

Se sentó en la cama, mirando por el balcón. El jardín se extendía ante ella, iluminado por la luz de la luna. Era hermoso. Tranquilo. Nada que ver con la vista del ala oeste, que daba a un callejón oscuro y a los contenedores de basura.

Esta vez es diferente, se dijo. Esta vez es diferente.

Pero en el fondo de su mente, una pequeña voz le susurró: ¿Y si no lo es?

Gala cerró los ojos y respiró hondo.

No podía permitirse dudar. No ahora. Había logrado algo increíble: había escapado de los Ponce, había conseguido un trabajo, había encontrado aliados. Estaba en la casa de los Ricci, sí, pero como invitada. Como protegida. No como prisionera.

Esta vez es diferente.

Se recostó en la cama, dejando que el cansancio la venciera. Y mientras el sueño la alcanzaba, no pudo evitar pensar en Boris.

En sus ojos grises. En su olor. En la forma en que la había llevado en brazos.

No puedo confiar en él, se recordó.

Pero en el fondo de su corazón, una pequeña voz le susurró algo diferente.

¿Y si esta vez es diferente?

*_*

En el pasillo, Boris estaba de pie frente a la puerta de Gala. No sabía por qué había ido hasta ahí. Solo sabía que necesitaba asegurarse de que estaba bien. De que estaba a salvo.

Levantó la mano para tocar la puerta, pero se detuvo. ¿Qué diría? ¿Qué excusa pondría?

No tenía ninguna.

Bajó la mano y se giró, caminando hacia su propia habitación. Pero antes de entrar, miró una vez más hacia la puerta de Gala.

Mañana, se dijo. Mañana averiguaré qué está pasando.

Y entró en su habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Pero en el fondo de su mente, una pequeña voz le susurró algo que no quería escuchar.

No es mañana. Es ahora. Y lo sabes.

1
Johann
🤭🤭🤭🤭
Johann
👏👏👏👏
Johann
🤔🤔🤔🤔
Vianey Hernandez Ortiz
Ay Boris aunque te hagas el frío, ya estás ardiendo por Gala🤭🤭🤭
Nancy Parraga
Que irá hacer Boris con las mentiras de los ponces?
ya quiero leer que va a pasar con la intrigosa de Elia
Nancy Parraga
Nos corto en lo mejor 😂😂😂
Vianey Hernandez Ortiz
Será que Boris recuerde en algún momento??🤔🤔🤔
Nancy Parraga
bien Boris has que esos desgraciados le entreguen lo que le corresponde a Gala
Nancy Parraga
Esa víbora 🐍 es una desgraciada quiere quedarse con la herencia de Gala que gente más hdp
Nancy Parraga
Ahora ya ellos saben la verdad y quién los drogo
Elvira Fretes
emocionante ❤️, esa cena será épica 😂😂
Kely Medina
Dios esto se ba poner de infarto ba correr sangre
Elvira Fretes
seguro fue Elia y quizás en complot a sus padres y hermanos
Elvira Fretes
mmm, quien será ?, bueno ya se aclaro el tema Boris, ahora a proteger a Gala
Filomena Ramírez Jiménez
Interesante novela, como todas las q escribes Adriana, contamos q pronto escribas los siguientes capítulos. Gracias
Miriam Colín
Me encanta la historia, felicidades autora. No nos abandones tanto tiempo querida autora plis.
Miriam Colín
En espera de más capitulos emocionantes, deseo leer que va pasar en esa cena.
Jose Salazar
cada vez más atrapante
Miriam Colín
Si de verdad fue Elia quien desea quedarse con la herencia es una maldita zorra avariciosa y envidiosa.
Nadvel
esa cena va a estar buenisimaaa
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