Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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La primera confesión
El lunes por la tarde, Lucía y Carla regresaban juntas a casa. Habían salido del instituto hacía unos minutos y caminaban tranquilamente por la calle. Durante un rato hablaron de las clases, de los profesores y del trabajo que tenían pendiente.
Pero Carla no tardó en volver al mismo tema.
—Lucía.
—¿Qué?
—Necesito preguntarte algo.
Lucía la miró de reojo.
—¿Qué cosa?
—¿Te gusta Javier?
Lucía se quedó completamente quieta. Por unos segundos no supo qué responder. Carla tampoco dijo nada. Simplemente esperó.
Lucía bajó la mirada.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque te conozco.
Lucía soltó una pequeña risa nerviosa.
—¿Tanto se nota?
—Un poquito.
Lucía respiró profundamente. Ya no quería seguir fingiendo.
—Sí.
Carla abrió los ojos.
—¡Lo sabía!
Lucía empezó a reír.
—Pero baja la voz.
—Perdón.
Carla se acercó un poco.
—Entonces es verdad.
Lucía asintió.
—Me gustaba desde que lo conocí.
—¿Desde aquel cumpleaños?
—Sí.
Carla se quedó sorprendida.
—¡Pero si ni siquiera hablaron!
—Lo sé.
—¿Y ahora?
Lucía dudó.
—Ahora hablamos.
Carla guardó silencio durante unos segundos.
—¿Por mensajes?
Lucía asintió.
—Sí.
—¿Y él sabe que te gusta?
—No.
Carla pensó un momento.
—¿Y tú sabes si él siente algo por ti?
Lucía negó con la cabeza.
—No.
—Entonces no te apresures.
Lucía la miró.
—¿Por qué?
—Porque primero tienes que conocerlo de verdad. No solamente la versión que imaginabas cuando eras pequeña.
Lucía sonrió.
—Eso mismo he estado pensando.
Carla le tomó la mano.
—Y no tienes que contarle todo a Sofía todavía si no estás preparada.
Lucía se quedó pensativa.
—Pero me siento un poco mal por ocultárselo.
—Lo entiendo. Pero también tienes derecho a tener tus propios secretos.
Lucía sonrió agradecida.
—Gracias.
Cuando llegaron a casa, Carla se despidió. Lucía entró y encontró a su abuela preparando la cena.
—Llegaste temprano.
—Sí.
—¿Todo bien?
Lucía sonrió.
—Todo bien.
Aquella noche se sintió diferente. Por primera vez, alguien más conocía su secreto. Ya no estaba completamente sola con sus sentimientos.
Más tarde, mientras hacía sus tareas, el teléfono vibró. Era Javier.
Javier: ¿Cómo estuvo tu día?
Lucía sonrió.
Lucía: Bien. Le conté algo importante a Carla.
Javier respondió:
Javier: ¿Qué cosa?
Lucía miró la pantalla. Pensó en decírselo. Pero finalmente escribió:
Lucía: Algo sobre mí.
Javier no insistió.
Javier: Entonces espero que haya sido algo bueno.
Lucía sonrió.
Lucía: Sí.
Dejó el teléfono a un lado y continuó estudiando. No sabía qué ocurriría entre ella y Javier. Tampoco sabía cuándo tendría el valor de hablar con Sofía.
Pero había aprendido algo importante: guardar un secreto puede ser fácil; decidir cuándo compartirlo es mucho más difícil. Y Lucía todavía tenía que descubrir qué precio tendría aquel secreto.
Carla había sido comprensiva. No la había juzgado. Le había recordado algo importante que Lucía ya estaba entendiendo sola. Que la persona que había imaginado durante años no era la misma que estaba empezando a conocer ahora.
Javier le había contado sobre Layla, sobre su padre, sobre lo difícil que fue mudarse y sobre la universidad. Era una persona real, con dudas, no solo un recuerdo.
Y eso hacía que todo fuera más lento, más tranquilo. No había prisa. Primero tenían que conocerse de verdad, como amigos, sin imaginar un futuro que aún no existía.
Lucía entendió que su amistad con Carla y Sofía seguía siendo lo más importante. Y que contarle a Carla había sido un primer paso para no llevar todo sola.
aunque no sé cómo, por la distancia