Una joven enfermera huérfana que trabaja 48 horas para poder subsistir,despiertan en el cuerpo de una joven en el tiempo antiguo siendo esta la hija de un Duque el más importante del reino Luna,prometida del príncipe heredero de dicho reino,sentenciada a muerte tras atentar contra la vida de la joven amante del príncipe heredero.Renace para cambiar el rumbo de la vida de Patricia ahora su nueva vida.
*Esta es mi primera obra, espero que me den ideas para seguir escribiendo muchas gracias*
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La captura de los traidores...
El día llegó, la trampa estaba puesta, solo faltaba que el traidor cayera en ella. Ya todo estaba preparado para partir, los soldados que irían encubiertos eran más de cien, ellos irían un kilómetro más atrás que la pequeña caravana con la supuesta reserva.
- Yo quiero ir-, le decía Patricia con un puchero molesto a Sebastian.
- Es muy arriesgado que vayas, me moriría si te pasa algo-, me decía tomándome del rostro y depositando un suave beso en mi frente. Aquellos me derritió el corazón.
- Yo sé defenderme, además para qué te tengo a ti y mi padre también estará allí-, lo miré con ojos de cachorro y él suspiró suavemente y me dio una pequeña aceptación con la cabeza. Rápidamente, le doy un pequeño beso y voy a prepararme para partir.
-Es muy terca verdad?, me dice mi suegro con una sonrisa.
- Sí, es la terquedad andante, pero quién se resiste a esa carita tan bella-, le decía Sebastian a Dimitri mirando hacia donde Patricia cogió, al mirar a su suegro Sebastian se queda callado.
-Te recuerdo que es de mi hija de quien estamos hablando-, le dijo dándole un apretón en el hombro a Sebastian. Al cabo de unos minutos Patricia regresaba con un ajustado traje de lucha, diseñado especialmente para ella, al Sebastian verla así lo dejó con la boca abierta, ya que se veía muy hermosa y llamativa, se le notaban sus perfectas curvas. Él estaba sobre su hermoso caballo negro y rápidamente se bajó de él y corrió donde ella estaba.
-Que es eso que traes puesto-, le dijo aportándola hacia un costado para que nadie escuchara, ella se observó y le dijo.
-Es mi traje para luchar-, le respondo inocentemente, ya que no le veía nada de malo. Él se pasa su mano por el rostro y suelta un fuerte suspiro.
-Me vas a volver loco, vámonos ya-, la tomo de la mano y la guio hasta su caballo, era un hermoso ejemplar de color blanco, él se lo había obsequiado anteriormente para que pudiera recorrer el territorio cuando quisiera.
Así partieron rumbo a atrapar al traidor. Al llegar al lugar acordado, el Duque manda a parar y manda a un soldado a que se adelantara para ver que ha ocurrido, así salió el soldado a todo galope hacia el objetivo, al cabo de media hora llega de regreso con la noticia de que ya estaban los mercenarios en posición para atacar la pequeña caravana, el Duque manda a que sigan, ya que no quería que hubiese bajas con el pequeño grupo de la caravana. Así cuando llegan ya había empezado la batalla, en ese momento empezaron a luchar contra los mercenarios, no muy lejos de allí estaba el Duque Vaelric observando la pelea, al ver al suegro del Emperador sintió miedo, con él andaban varios de sus soldados, él no sabía que Sebastian también estaba ahí junto a su prometida, al querer retirarse vio a Sebastian luchando y no muy lejos de él a su prometida, entonces se le ocurrió matar al Emperador y culpar a Dimitri de traición junto a su hija. Enseguida se encaminó junto a sus soldados dándoles la orden de matar a Patricia y él se encargaría del Emperador, en verdad él era un buen espadachín, había luchado en innumerables batallas, pero no tenía idea de que Sebastian aparte del entrenamiento que tuvo junto a su padre, también lo había entrenado el Duque Dimitri en el tiempo que estuvo en el reino Luna. Al Sebastian girarse, vio a Vaelric atacarlo por la espalda, rápidamente frena el ataque con su espada y contraataca con movimientos rápidos y precisos. Al Vaelric ver la agilidad con que Sebastian luchaba trató de escapar, rápidamente Sebastian se lo impide y lo hiere en el costado, al Vaelric ver que estaban perdiendo y que estaba herido suplicó clemencia, los mercenarios al ver a su contratista derrotado, quisieron escapar, Dimitri dio la orden de no dejar escapar a ninguno y el que se opusiera lo eliminara.
Enseguida encarcelaron a los mercenarios sobrevivientes y al Duque Vaelric junto a los pocos soldados que quedaron vivos. Ya en el castillo la princesa Valentina había convocado una reunión de emergencia con todos los nobles y el Concejo de Sangre, el Duque Dimitri le había mandado un mensaje de que ya iban en camino y que convocara la reunión. Al llegar a la entrada, todos los aldeanos estaban en los costados del camino, con frutas y verduras podridas y empezaron a tirarles a los prisioneros, Vaelric no podía con la vergüenza, saber que de ser un gran Duque vampiro, de los más antiguos y respetado, pasar a ser un prisionero por traición lo hacía arrepentirse de su ambición y decisiones. Cuando llegaron al castillo Valentina los esperaba en la entrada, cuando pasaron a la sala del trono, Sebastian se sienta en su trono, a su lado derecho se encuentra Patricia y en su izquierda, Valentina y Dimitri,
al frente del trono, arrodillados estaban los traidores, Vaelric junto a sus soldados y los pocos mercenarios que quedaron con vida, alrededor estaban todos los nobles y en un lugar especial de la sala estaban en Concejo de Sangre.
-Empecemos con el juicio-, decía Sebastian en la sala,- aquí tengo las pruebas del delito que cometió el Duque Vaelric contra el Imperio-, enseguida su secretario le pasa unos documentos con todas las pruebas que habían conseguido,- en estas pruebas están todos aquellos que conspiraron junto al Duque para la rebelión en contra de mí-, los nobles implicados estaban sudando y muy nerviosos, Sebastian pasó las pruebas a los del Concejo y al General de sus tropas, enseguida mandaron apresar a los implicados, estos lloraban y pedían perdón, pero ninguno tuvo misericordia de aquellas víctimas que murieron en sus manos, directa o indirectamente cuando planearon la rebelión. Los del Concejo sentenciaron al Duque y los nobles implicados a muerte, a sus familias al destierro del reino, a los mercenarios y soldados a trabajar en las minas de carbón, donde estaban los condenados para toda la vida. El Duque junto a los nobles gritaban por misericordia, pero nadie los escuchaba, los familiares de ellos estaban angustiados porque algunos si sabían de la rebelión, pero otros estaban ajenos y tenían que pagar las consecuencias de los actos de esos irresponsables. Así se ejecutaron a los traidores y desterraron a sus familiares. La paz volvió al imperio y los preparativos para la boda seguían, ya solo faltaba un mes y ambos novios estaban ansiosos por estar juntos para siempre.