Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mercenarios
Días después, ya había anochecido.
La cena había terminado hacía pocos minutos y, como se había vuelto habitual, Circe y Adrian habían pasado buena parte de la velada intercambiando sonrisas y pequeñas provocaciones.
Hasta que las puertas del comedor se abrieron.
Un soldado entró apresuradamente.
—¡Duque Vanderbilt!
Adrian dejó inmediatamente su copa.
—Habla.
—Nuestros hombres detectaron un grupo de mercenarios en los bosques del norte.
La expresión del duque cambió.
Toda aquella actitud relajada desapareció.
—¿Cuántos?
—No estamos seguros. Los exploradores creen que son varios.
Adrian se levantó.
—Preparen mi caballo.
Circe lo observó.
El duque parecía completamente diferente cuando asumía sus responsabilidades.
Seguro.
Firme.
Imponente.
[Definitivamente necesito preparar esa poción.]
[Se ve jodidamente sexi asi]
Adrian se dirigió hacia la salida.
Pero Circe se levantó también.
—Yo iré también.
Adrian se volvió.
—No es necesario.
—Quiero ir.
—Circe...
Ella sonrió.
Se acercó tranquilamente y, delante de todos, le dio un suave beso en la mejilla.
—Iré de todas formas.
Adrian quedó inmóvil durante un instante.
Circe sonrió y se marchó para cambiarse.
El duque permaneció mirando las escaleras por donde ella había desaparecido.
Uno de los soldados bajó discretamente la cabeza para ocultar una sonrisa.
Adrian finalmente reaccionó.
—¿Qué están mirando?
—Nada, mi lord.
—Entonces preparen los caballos.
Poco después, Circe apareció nuevamente.
Llevaba pantalones negros ajustados para facilitar el movimiento, una camisa cómoda y el cabello recogido en un moño alto.
Sobre los hombros llevaba una capa blanca con detalles dorados.
Era la capa del templo.
Adrian la observó y sonrió.
—Esperen.
Uno de los sirvientes recibió una orden.
Poco después regresó con otra capa.
Circe la tomó.
Era de color naranja oscuro y tenía bordado el emblema de los Vanderbilt.
Ella levantó la mirada.
—¿Para mí?
—Para usted.
Circe sonrió.
—Es bonita.
Se colocó la capa.
[Así que ahora llevo los colores de Vanderbilt.]
La idea le produjo una sensación extrañamente agradable.
Pero no tuvo demasiado tiempo para pensar en ello.
Ambos montaron sus caballos.
Después de casi una hora de cabalgata, llegaron a la entrada del bosque.
Los soldados permanecieron allí.
Adrian y Circe continuaron con un grupo reducido.
La noche era silenciosa.
Demasiado silenciosa.
Circe sentía el corazón acelerado.
Pero no por miedo.
Por emoción.
[Al fin.]
[Una situación real.]
Había entrenado durante semanas.
Había aprendido hechizos.
Había fortalecido su cuerpo.
Había practicado con la daga.
Pero nunca había tenido que utilizar realmente todo aquello.
Hasta ahora.
Finalmente encontraron una pequeña fogata.
Seis hombres estaban sentados alrededor.
Circe los observó.
Seis.
[Perfecto.]
Miró a Adrian.
—¿Puedo ir primero?
—No.
Ella hizo un pequeño puchero.
—Por favor.
—Es peligroso.
Circe se acercó.
Le dio un suave beso en la comisura de los labios.
Adrian quedó mirándola.
Ella sonrió.
—Por favor.
El duque finalmente suspiró.
—Está bien.
La señaló.
—Pero si resulta herida o tiene problemas, entraremos inmediatamente.
—De acuerdo.
Adrian se acercó ligeramente y susurró..
—Y si resulta herida, dejará que yo mismo atienda sus heridas.
Circe lo miró.
Una sonrisa picarona apareció en su rostro.
[Definitivamente tengo que preparar la poción anticonceptiva]
Se dio la vuelta.
⸺¿Esos hombres son realmente bandidos?
El duque asintió y un soldado respondio..
⸺Incendiaron una vivienda humilde despues de robarla.
Circe asintió, sonrio y caminó hacia los mercenarios.
Adrian había esperado que Circe atacara desde las sombras.
No que caminara directamente hacia ellos.
[¿Qué está haciendo?]
Los hombres levantaron la mirada.
Al verla acercarse sola, comenzaron a sonreír de manera desagradable.
—Miren lo que tenemos.
—Parece que tendremos compañía esta noche.
Los hombres soltaron risas.
Circe también sonrió.
Pero por una razón muy diferente.
[Seis.]
[Será suficiente para probar todo lo que aprendí.]
Uno de los mercenarios se levantó.
—Ven aquí, preciosa.
Extendió la mano para tocarla.
Circe reaccionó inmediatamente.
Su daga apareció en su mano.
En un movimiento rápido, hirió al hombre en el abdomen.
—¡AAH!
Los otros se levantaron de golpe.
Adrian dio un paso adelante.
Pero se detuvo.
Había prometido dejarla intentarlo.
Y Circe no parecía necesitar ayuda.
El segundo mercenario corrió hacia ella.
Circe extendió la mano.
—Atrás.
Una ráfaga de magia lo golpeó de lleno.
El hombre salió despedido y cayó directamente cerca de la fogata, apartándose rápidamente entre gritos.
Circe miró alrededor.
[Quedan cuatro.]
Otro intentó atacarla.
Circe esquivó.
Su daga se movió rápidamente y alcanzó una de sus piernas.
El hombre cayó de rodillas.
Ella aprovechó el momento y volvió a atacar la otra pierna.
[Quedan tres.]
Los otros dos intentaron rodearla.
Circe retrocedió.
Extendió ambas manos.
La magia salió disparada.
Uno recibió el impacto en el pecho.
Después otro.
Ambos cayeron al suelo.
Circe respiró profundamente.
[Queda uno.]
El último mercenario era diferente.
Más rápido.
Más experimentado.
Atacó.
Circe esquivó por poco.
Intentó utilizar magia.
Él consiguió acercarse.
Durante un instante pareció que podía alcanzarla.
Pero Circe fue más rápida.
Le dio una patada en la entrepierna para apartarlo y aprovechó el desequilibrio para golpearlo con la daga en el mismo lugar, obligándolo a retroceder.
Se escucho un murmullo de los soldados, Circe los miro, algunos hicieron gestos de dolor e incluso algunos se cubrieron su propia entrepierna.
El hombre cayó al suelo.
Los soldados del ducado finalmente salieron de entre los árboles.
El resto de los mercenarios, al ver que estaban completamente rodeados, levantaron las manos y se rindieron.
Uno de los soldados soltó un silbido.
Otro murmuró..
—No sabía que la señorita peleaba así.
Circe respiraba agitadamente.
Estaba cansada.
Pero sonreía.
Había funcionado.
Había utilizado su magia.
Su velocidad.
Su entrenamiento.
Y su daga.
Adrian se acercó inmediatamente.
—¿Está bien?
Circe lo miró.
—Perfectamente.
Él revisó rápidamente que no estuviera herida.
Circe sonrió.
—Aunque...
Adrian levantó una ceja.
—¿Aunque?
Ella se acercó un poco.
—Si quiere asegurarse personalmente de que estoy bien...
Sonrió.
—No voy a impedírselo.
Adrian soltó una pequeña risa.
—Siempre encuentra una manera de hacer eso.
—¿Hacer qué?
—Provocarme.
Circe sonrió.
—Quizás.
Entonces escucharon un insulto.
El mercenario al que Circe había derribado gritó desde el suelo..
—¡Maldita mujer! ¡Te arrepentirás! ¡Voy a vengarme!
Adrian giró.
Caminó hasta él.
Y le dio una patada que lo hizo callar inmediatamente.
Circe lo observó.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después se mordió ligeramente el labio.
[Oh.]
Adrian se veía especialmente atractivo cuando estaba enfadado.
[Definitivamente ese hombre va a acabar siendo mi perdición.]
El duque se volvió hacia ella.
—¿Qué?
Circe negó rápidamente.
—Nada.
Pero no pudo evitar sonreír.
El regreso a la mansión fue mucho más tranquilo.
Circe estaba agotada.
Cada músculo de su cuerpo parecía recordarle que acababa de luchar de verdad.
Pero estaba feliz.
Mientras cabalgaba junto a Adrian, miró sus propias manos.
[Lo hice.]
Había utilizado su magia de ataque.
Había peleado.
Había reaccionado bajo presión.
Y había salido victoriosa.
No era la antigua Circe.
Tampoco era simplemente la mujer de su vida anterior.
Era alguien nuevo.
Alguien que estaba construyéndose a sí misma.
Adrian la observó de reojo.
—¿Está cansada?
Circe sonrió.
—Mucho.
—Entonces mañana descansará.
Ella lo miró.
—No.
Adrian arqueó una ceja.
—¿No?
—Mañana entrenaré.
Él soltó una risa.
—Por supuesto que diría eso.
Circe sonrió.
Y mientras las luces de la mansión aparecían nuevamente a lo lejos
[Estoy empezando a gustarme esta nueva vida.]
Hizo una pausa.
[Y quizás...]
Miró de reojo al guapo duque.
[El moreno también.]