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SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.

Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.

Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.

Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.

Hasta que Dante Varela aparece.

Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.

Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.

Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cien mil dólares por una canción

Cuando salimos al escenario, las luces nos cegaron por un instante. El público estaba ahí, cientos de personas vestidas de gala, en un silencio expectante. Empezamos con la balada, una canción suave, tierna, donde nuestras voces se entrelazaron en perfecta armonía. No necesitábamos gritar para emocionar. Cada nota salió del pecho, sincera, sentida. Y cuando terminó esa parte, la música cambió, se volvió alegre, vibrante, y la coreografía empezó. Saltamos, giramos, sonreímos, y poco a poco el público reaccionó. Algunos empezaron a aplaudir al ritmo, otros asentían con la cabeza, y vi caras que se iluminaban al vernos.

En medio de la canción, en un momento donde debía cantar sola, levanté la vista hacia la primera fila. Y ahí estaba él. Dante. Sentado, con el traje impecable, la copa en la mano… y sus ojos fijos en mí. No me quitó la mirada ni un segundo. Y entonces, curvó los labios en una sonrisa. No era una sonrisa dulce. Era depredadora. La sonrisa de quien ya ha decidido que tú eres su presa y solo espera el momento de atraparla.

El corazón se me detuvo. Me asusté tanto que retrocedí un paso, y mi pie tropezó con el borde del escenario. Casi caigo. Las chicas me miraron de reojo, alarmadas. Pero en ese instante, algo me dijo que no podía detenerme. Respiré hondo, me enderecé, y convertí ese tropiezo en parte del baile, como si hubiera sido planeado. Justo en ese momento cantaba la parte que decía: "a veces tropezamos, pero seguimos caminando". Y el gesto encajó tan perfecto, tan lleno de sentimiento, que el público aplaudió con más fuerza.

Terminamos la canción con las tres tomadas de la mano, inclinándonos ante el estruendo de aplausos. El presentador subió al escenario y dijo con voz emocionada:

—¡Bueno, señoras y señores! Creo que estamos presenciando el nacimiento de un nuevo grupo que va a dar mucho de qué hablar. ¡Un fuerte aplauso para Lumina Hearts!

Bajamos del escenario con el corazón aún acelerado, y en cuanto estuvimos fuera de la vista del público, Luna me abrazó riendo:

—¡Lía! ¡Nos hubieras dicho que ibas a hacer esa improvisación! En el baile creí que te habías tropezado de verdad… pero no, fue perfecto. Justo en la parte que dice "a veces tropezamos". ¡Fue increíble!

—Lo siento, chicas —respondí, forzando una sonrisa—. Me nació en el momento. No lo pensé, simplemente… fluyó.

—¡Siempre nuestra Lía, la creativa del grupo! —dijo Mila dándome un empujoncito alegre.

Yo asentí y reí con ellas, pero por dentro no podía dejar de ver esa sonrisa suya. Esa sonrisa que me helaba la sangre. ¿Qué hacía él ahí? ¿Por qué me miraba así? ¿Qué estaba planeando?

Cuando terminaron de presentarse todos los grupos, el presentador regresó al escenario con un martillo en la mano y una sonrisa:

—Señoras y señores, como saben, esta es una gala benéfica. Y para cerrar con broche de oro, vamos a continuar con nuestra tradición. Los cinco grupos que se han presentado hoy serán subastados. El ganador compartirá la mesa con ellas durante la cena posterior, y todo el dinero recaudado irá íntegro al fondo de educación para niños de las zonas más pobres de nuestro país. ¡Empecemos!

Subastaron al primer grupo, Sol Incandescente, y las pujas empezaron rápido: mil, dos mil, tres mil, cuatro mil dólares. Los grupos de chicos alcanzaron cifras similares. Y entonces llegó nuestro turno.

—¡A continuación, Lumina Hearts! —anunció el subastador—. ¡Empieza la puja!

—¡Quinientos dólares! —gritó alguien.

—¡Novecientos!

—¡Cinco mil! —se escuchó desde otra mesa.

—¿Cinco mil dólares? ¿Alguien ofrece más? —preguntó el subastador mirando a la sala—. ¿Nadie más? ¿Cinco mil por primera vez? ¿Por segunda…?

Las tres nos miramos y asentimos con una sonrisa tranquila. —Está bien —susurró Mila—. Cinco mil es un buen número. No somos las más altas, pero no estamos mal. Además, somos nuevas. Es un buen comienzo.

—¡Cien mil dólares!

La voz retumbó en todo el salón, cortando cualquier conversación, cualquier ruido. Todos nos giramos al mismo tiempo hacia el fondo de la sala. Ahí estaba él. Dante Valero, de pie, levantando su paleta de puja con calma, como si estuviera ofreciendo un dólar y no cien mil.

—¡Cien mil dólares! —repitió el subastador con los ojos muy abiertos, casi sin voz—. ¡Por el señor Dante Valero! ¿Alguien ofrece más?

Nadie se movió. Nadie habló. En toda la sala solo se escuchaba el murmullo de la sorpresa. El subastador levantó el martillo, lo dejó caer con fuerza y gritó:

—¡Vendido! ¡Al señor Dante Valero! ¡Cien mil dólares!

El estruendo de aplausos fue ensordecedor. Las chicas abrieron los ojos de par en par y me miraron con la boca abierta, sin poder creerlo.

—¡Cien mil dólares! —susurró Luna—. ¡Lía, eso es una fortuna!

—Señor Valero, ¿quiere subir un momento? —lo invitó el presentador.

Dante subió al escenario con paso tranquilo, seguro, y tomó el micrófono sin dejar de mirarnos.

—Todo sea por los niños y su educación —dijo con voz firme, y luego nos miró a nosotras—. Señoritas, por favor, acompáñenme a mi mesa. Será un honor compartir la velada con ustedes.

Bajó del escenario y caminó hacia su mesa, esperando que lo siguiéramos. Las chicas, emocionadas, casi temblando de felicidad, lo siguieron de inmediato. Yo caminaba detrás de ellas, sintiendo que las piernas no me respondían. Cien mil dólares. Había pagado cien mil dólares para tenernos en su mesa. Para tenerme a mí. Y mientras caminaba hacia él, solo podía pensar una cosa: ¿Qué es lo que planea, Dante? ¿Qué precio voy a tener que pagar por esto?

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