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De Lastre A Reina

De Lastre A Reina

Status: En proceso
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsi

Cuando la persona que dice amarte se convierte en un extraño y te abandona embarazada diciendo que solo eres un ancla y un lastre en su vida, solo te queda una cosa por hacer: "Convertirte en Reina"

NovelToon tiene autorización de Betsi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso de la presencia

El vestíbulo del hotel Altea Grand conservaba esa atmósfera de opulencia amortiguada típica de los centros financieros: mármol travertino, paneles de madera oscura que absorbían el sonido de los pasos y un aroma sutil a cera y tabaco de contratistas que persistía a pesar de las prohibiciones. Julián Valenzuela ajustó los puños de su camisa frente al espejo del ascensor, pero el reflejo no le devolvió la tranquilidad habitual. La rigidez de su propia mandíbula lo delataba.

Habían pasado tres días desde el foro técnico del puerto.

Tres días desde que el nombre de Ángel dejó de ser una posibilidad abstracta para adquirir el peso concreto de una existencia.

Y desde entonces algo se había desplazado dentro de él con una violencia silenciosa que no lograba controlar.

Había intentado trabajar como siempre. Revisó contratos, corrigió informes de expansión, sostuvo reuniones con inversores extranjeros y hasta cerró dos acuerdos preliminares para Metrik sin cometer un solo error técnico. Nadie alrededor parecía notar la diferencia. Pero Julián sí la notaba. Descubría, cada vez con más frecuencia, que su atención se fracturaba en mitad de una conversación importante para regresar, de manera involuntaria, a una imagen absurda y mínima: un niño sosteniendo una maqueta escolar con las manos manchadas de pegamento.

Ángel salió bien de la exposición.

La frase seguía girando dentro de su cabeza con una persistencia enfermiza.

Al salir al piso del lounge ejecutivo, sus ojos descartaron automáticamente las mesas de negociación y se fijaron en el rincón junto al gran ventanal que daba a la costanera.

Isabella estaba allí.

No vestía el traje oscuro del foro técnico, sino un suéter de hilo color crudo y pantalones sastre que suavizaban su figura sin restarle autoridad. Frente a ella, Ángel intentaba construir una torre irregular de cubos de madera sobre la mesa baja del salón privado, completamente concentrado en una tarea cuya importancia parecía absoluta para él.

La escena le produjo a Julián una sensación extraña, casi física.

Porque durante años había imaginado a Isabella detenida en el instante exacto en que él se marchó, como si ciertas personas quedaran suspendidas en la memoria esperando que uno regresara para reactivar la historia. Sin embargo, la mujer que tenía delante no parecía habitar ningún pasado. Había algo profundamente sereno en la manera en que sostenía la taza de café entre las manos mientras observaba a su hijo. No la serenidad ingenua de quien nunca sufrió, sino la calma mucho más difícil de quienes aprendieron a sobrevivir sin delegar su equilibrio emocional en nadie.

Julián avanzó.

Cada paso sobre la alfombra silenciosa le exigió una concentración absurda. Parte de él comprendía perfectamente que acercarse era una mala idea. Otra parte —más antigua, más desesperada— necesitaba confirmar que aquella escena existía realmente y no era una deformación cruel producida por la culpa tardía.

Antes de que pudiera acortar la distancia, una figura apareció desde el corredor lateral.

Facundo Navarro.

Llevaba las mangas de la camisa remangadas hasta los antebrazos y sostenía una pequeña caja de pañuelos junto a un vaso de agua mineral. Su presencia alteró inmediatamente el equilibrio de la escena sin necesidad de imponerse. Caminó hacia la mesa con esa seguridad tranquila de los hombres acostumbrados a ocupar espacios sin pedir permiso y se agachó para recoger uno de los cubos que había caído al suelo.

—Ese no iba ahí —dijo Ángel con absoluta seriedad, como si acabara de detectar un fallo estructural grave.

Una sombra de sonrisa apareció en el rostro de Facundo.

—Entonces tendremos que revisar el diseño otra vez.

Le devolvió el cubo y, al incorporarse, su mano rozó apenas el hombro de Isabella. Fue un contacto mínimo, casual, casi invisible. Sin embargo, Julián lo vio todo: el leve descenso de tensión en los hombros de ella, la naturalidad del gesto, la ausencia total de incomodidad.

La confianza.

Eso fue lo que verdaderamente le golpeó el pecho.

Porque Isabella nunca había sido una mujer que descansara fácilmente en nadie.

Y, aun así, junto a Facundo parecía hacerlo sin esfuerzo.

—No sabía que el director de Navarro Logistics también trabajaba como arquitecto de emergencia —dijo Julián al acercarse finalmente a la mesa.

Su tono fue correcto. Incluso cordial.

Pero debajo de aquella superficie educada había una tensión metálica que ninguno de los tres necesitó nombrar.

Ángel levantó la vista hacia él con curiosidad. Durante unos segundos lo observó en silencio, intentando ubicarlo dentro de alguna categoría comprensible para un niño. Luego volvió inmediatamente hacia Facundo.

—La torre se cae porque él puso mal el cubo —explicó, señalándolo con una gravedad casi ofendida.

Julián sintió algo extraño quebrarse dentro de sí.

No era rechazo abierto.

Habría sabido defenderse del rechazo.

Era algo mucho peor: indiferencia inocente.

Para Ángel, él no representaba nada.

Ni amenaza.

Ni recuerdo.

Ni ausencia.

Solo un desconocido mal ubicado dentro de un juego que no entendía.

Facundo tomó asiento junto al niño con absoluta naturalidad.

—Entonces tendremos que enseñarle las reglas del puerto —dijo, comenzando a reorganizar los cubos con Ángel—. Ninguna estructura funciona si la base está mal construida.

La frase cayó en el aire con una precisión involuntaria que dejó a Julián inmóvil un instante.

Isabella lo advirtió.

Y también advirtió que Facundo no había dicho aquello como provocación. Precisamente por eso resultaba más incómodo.

—Pensé que la reunión con los representantes ministeriales empezaba dentro de una hora —comentó Julián, dirigiéndose finalmente hacia ella.

—La adelantaron treinta minutos —respondió Isabella, dejando la taza sobre la mesa auxiliar—. El comité técnico quiere cerrar hoy las revisiones del corredor este.

La formalidad impecable de su voz volvió todavía más evidente la distancia entre ambos.

Julián tomó asiento frente a ella.

Por primera vez desde que regresó a Altea, pudo observarla de cerca sin la interferencia de un salón lleno de ejecutivos alrededor. Y el descubrimiento fue peor de lo que esperaba. Isabella seguía siendo hermosa, sí, pero ya no de la manera joven y luminosa que él recordaba. Había en ella una belleza distinta, más sobria, construida sobre la inteligencia, el cansancio superado y esa clase de seguridad interior que solo aparece después de haber sobrevivido sola demasiado tiempo.

La muchacha que lo esperaba despierta después de los turnos nocturnos ya no existía.

Y lo aterrador era que él empezaba a entender que quizá nunca la había conocido realmente.

—Ángel tiene tus ojos —dijo de pronto, antes de poder detenerse.

El silencio posterior fue breve, pero lo bastante denso como para alterar incluso el ritmo tranquilo del salón privado.

Facundo levantó apenas la vista.

Isabella sostuvo la mirada de Julián durante unos segundos que parecieron extenderse demasiado.

—Ángel tiene los ojos de Ángel —respondió finalmente, con una serenidad tan perfecta que volvió imposible cualquier insistencia inmediata.

Julián comprendió la advertencia.

No iba a concederle ese terreno.

Todavía no.

El niño, ajeno a todo lo que se movía alrededor suyo, terminó por levantar la torre con ayuda de Facundo y alzó ambos brazos con una satisfacción silenciosa.

—Ahora sí.

Facundo observó la construcción unos segundos antes de asentir solemnemente.

—Mucho mejor. Esta ya puede soportar tormentas.

La expresión de Isabella cambió apenas.

Fue mínimo.

Una suavidad casi imperceptible cruzó su rostro mientras miraba a su hijo.

Y Julián sintió, con una claridad devastadora, que llevaba años persiguiendo prestigio, poder y reconocimiento profesional sin comprender que las verdaderas intimidades no se construían en directorios ni en acuerdos corporativos, sino en ese tipo de momentos diminutos que parecían insignificantes hasta que uno descubría demasiado tarde que había quedado fuera de ellos.

El teléfono de Facundo vibró sobre la mesa.

El nombre de Elena apareció iluminando brevemente la pantalla.

Julián lo vio.

También Isabella.

Y aunque ninguno comentó nada, algo sutil cambió otra vez en el ambiente.

Porque las vidas adultas rara vez se rompen de manera limpia. Lo habitual era aquello: territorios emocionales superpuestos, vínculos antiguos resistiéndose a desaparecer y personas intentando sostener versiones incompatibles de sí mismas sin destruir demasiado a quienes las rodeaban.

Facundo tomó el teléfono sin revisar el mensaje de inmediato.

Después levantó la mirada hacia Isabella.

—Debo responder esto antes de subir a la reunión.

Ella asintió con absoluta tranquilidad.

—Nos vemos arriba entonces.

No hubo decepción en su voz.

Ni reclamo.

Ni expectativa.

Y, de manera extraña, aquella ausencia de exigencia terminó por producir en Facundo una incomodidad mucho más profunda que cualquier escena emocional.

Porque empezaba a sospechar que Isabella Santoro jamás volvería a pedirle a un hombre más de lo que estuviera dispuesto a dar por decisión propia.

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Emperatriz Reales
No entiendo nada, son unos huevos sin sal, ella no cree en nadie, el no se separa de una novia de 15 años de compromiso, viejos los dos y todavia no les llega la edad para casarse, no entiendo nada
Lilia Guerra
Facundo das penita ajena Autora he leído todas tus historias y son mis favoritas pero a esta no le encuentro ni 👣 ni cabeza 🗣️ es totalmente diferente a las anteriores 🤔🤔 gracias autora activa 👍🎁
Emperatriz Reales: No es clara lo q se trasmite, una mujer engañada, abandonada, sale adelante, hasta ahí estuvo bien, pero todo complicado, la vida sigue, 🤣 un tipo no se decide, no entiendo, arrepentido, una locura
total 1 replies
mariela
Ahora Julian después de que abandonaste a Isabella embarazada vienes a irrumpir en la vida porque no sabes que hacer con el hecho que tienes ese hijo que abandonaste junto a su madre no lo merece siendo ella no dejo ni que lo vea no tiene derecho.
mariela
Elena y Facundo esta como la canción es verdad que la costumbre es mas fuerte que el amor y todavía esta inseguro de lo que siente por Isabella y ahora que anda Julian rondando esta celoso aparte que Angel al no tener hijos se convirtió en algo importante en su vida total que por costumbre o lástima no deja a Elena.
Sandra Maritza Mesa
yo tampoco entiendo esa relación trato de verla por todos ángulos y no encuentro respuesta llevan 15 años párese unos buenos conocidos
Sandra Maritza Mesa
es enserio es idiota o se hace 🤣🤣 necesita escuchar que le digan que si desgraciado
Sandra Maritza Mesa
que señora tan atrevida pare suegra tóxica 🤣las mujeres pelean cuando siente que lo que tiene no le pertenece.
Sandra Maritza Mesa
hay ahora sí llore de tanta felicidad y esperanza 👏👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
hay casi lloro de la preocupación hay Facundo te vas a meter poquito a poquito 👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
esa es 👏👏se que lo van a lograr
Sandra Maritza Mesa
ella era su base, quiero ver la cara de idiota,y perder una gran mujer y a su hijo 🤣👏👏
Sandra Maritza Mesa
me encanta las novelas que destruyen por dentro a alguien pero el karma es mi esperanza, que empodera y transforma, desgraciado lo veré arrastrado simplemente no la amaba porque cual era el problema de salir adelante juntos ahora le tocaba a él ayudar la a ella es un imbécil pero quiero verlo arrastrado 🤣 está buena 👏👏
Claudia Patricia Cruz Saa
Entonces sí eran pareja o no
Autora dramatisas mucho en cada capítulo y describes demasiado cosas que no son tan importantes y esto evita que avances con la historia y aclares lo verdaderamente importante
Sandra Maritza Mesa: si loca 🤣 no solté la novela hasta que llegue aquí, quiero máaaaaaaaaaas está buena 👏👏
total 1 replies
Isela Aguirre
excelente inicio felicidades autora saludos
Lilia Guerra
listo Facundo y Elena son pareja
ósea marido y mujer
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena no sé sin novio marido y mujer, compañero de trabajo, amigos 🤔🤔
necesito claridad en esa relación
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena 🤔🤔
gracias autora activa 🎁👍
mariela
Desde su embarazo y el negocio que hicieron hay química el problema es Elena que no deja a Facundo sabiendo que el agradecimiento no es amor.
mariela
Que comodidad Julian el no sabia claro que sabias que cuando te fuiste ella te dijo que estaba embarazada pero como ella era un lastre en tu vida te hiciste la vista gorda no me importa y ahora que ves a Ángel interactuando con Facundo con familiaridad te da escozor de lo que te haz perdido nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Lilia Guerra
He leído todos los capítulos
y todavía no entiendo esa relación
de Facundo y Elena🤔🤔
Emperatriz Reales: No hay ninguna relacion, dos tontos enamorados el con un compromiso de antaño, 15 años comprometidos y no tienen edad para casarse, angel los va alcanzar en edad, y isabela, no se sabe q sienye
total 1 replies
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