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Renacer Entre Espinas

Renacer Entre Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Traiciones y engaños / Mujer poderosa
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Itz

"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."

NovelToon tiene autorización de Itz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Travesía del Heredero

El amanecer bañaba con tonos dorados los jardines del Palacio Imperial.

Desde la terraza más alta, el joven príncipe contemplaba la inmensidad de la capital.

Más allá de los muros del palacio se extendía Aurelis, la ciudad donde convergían comerciantes, nobles y viajeros de todos los rincones del Imperio de Astravia.

Era un espectáculo que había visto toda su vida.

Y, sin embargo...

Aquella mañana era diferente.

—¿Nervioso?

La voz grave del emperador Cassian Aurelius Astravia rompió el silencio.

Azel se volvió e hizo una respetuosa inclinación de cabeza.

—Padre.

El emperador se acercó hasta quedar a su lado.

Durante unos instantes ambos contemplaron la ciudad.

—Cuando tenía tu edad —comenzó Cassian—, yo también creía conocer Astravia.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—Qué equivocado estaba.

Azel guardó silencio.

Sabía que aquellas palabras no eran casuales.

Cassian continuó.

—Mañana abandonarás el Palacio Imperial.

No como príncipe.

No como heredero.

Sino como un joven dispuesto a aprender.

El emperador giró ligeramente hacia su hijo.

—¿Sabes por qué existe la Travesía del Heredero?

Azel respondió sin vacilar.

—Porque ningún Astravia debe gobernar un Imperio que no conoce.

Cassian asintió.

—Exactamente.

Se volvió hacia el horizonte.

—Durante más de cuatro siglos, cada heredero de nuestra sangre ha recorrido las grandes casas del Imperio.

No para recordarles quién será su futuro emperador.

Sino para recordarles a los Astravia que el trono existe gracias a quienes sostienen este Imperio.

El viento agitó suavemente las banderas imperiales.

Cassian extendió una mano hacia el mapa de Astravia que descansaba sobre una mesa de piedra.

—Tu primer destino será el Archiducado Belmonth.

Los ojos de Azel descendieron hacia la costa occidental.

—Aunque no irás a la residencia del Archiduque.

El emperador señaló un gran puerto fortificado.

Puerto Ebonmar.

—El corazón de la Armada Imperial.

Allí conocerás el verdadero poder marítimo de Astravia.

Aprenderás navegación, estrategia naval, comercio y logística.

El Archiduque Alaric Belmonth supervisará personalmente tu formación.

Cassian sonrió apenas.

—No esperes un trato especial.

Azel dejó escapar una leve risa.

—Jamás lo esperaría.

El emperador continuó.

Su dedo avanzó hacia el centro del Imperio.

—Después viajarás al Ducado Valenor.

La Casa de la Luz.

Allí comprenderás que una guerra evitada puede ser una victoria más grande que cualquier batalla.

Los Valenor te enseñarán diplomacia.

Justicia.

Y el peso de las palabras.

El dedo descendió hacia el sur.

Bosques interminables cubrían aquella región.

—Más tarde conocerás a la Casa Sylvaris.

Guardianes de nuestros bosques y nuestras cosechas.

Aprenderás que un Imperio no se sostiene únicamente con soldados.

También necesita pan para alimentar a su pueblo.

Azel escuchaba atentamente.

Nunca había pensado en el gobierno de aquella manera.

Por último...

Cassian señaló el extremo norte del mapa.

Las montañas aparecían cubiertas por un blanco infinito.

—Los Bennett.

La Casa del Hielo.

Protegen nuestras fronteras septentrionales desde hace generaciones.

Su disciplina es tan legendaria como sus inviernos.

El emperador apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Tu estancia allí será la última.

Y también la más difícil.

Los inviernos del norte ponen a prueba incluso a los hombres más fuertes.

Pero si logras comprender el corazón de esas montañas...

Comprenderás también el sacrificio que mantiene unido al Imperio.

Azel inclinó la cabeza.

—No los decepcionaré.

Cassian observó a su hijo durante unos segundos.

Ya no veía al niño que corría por los jardines del palacio.

Veía al hombre que algún día ocuparía el Trono Imperial.

Apoyó una mano sobre su hombro.

—No busques que te admiren.

Busca comprenderlos.

Porque el día que asciendas al trono...

No gobernarás ciudades.

Gobernarás personas.

Los meses se transformaron en estaciones.

En Puerto Ebonmar, Azel conoció el rugido del mar, el olor de la sal y la disciplina de la Armada Imperial. Bajo la severa mirada del Archiduque Alaric Belmonth aprendió que una flota no se sostenía únicamente con barcos, sino con la confianza de quienes navegaban en ellos.

Después, en las tierras de los Valenor, descubrió que una guerra podía evitarse con una conversación bien conducida y que una sentencia justa valía más que un centenar de espadas.

En los vastos dominios de los Sylvaris, comprendió que el verdadero poder de un Imperio nacía de sus campos, de sus bosques y de las manos que trabajaban la tierra.

Cada casa le enseñó una forma distinta de servir a Astravia.

Cada viaje lo alejaba un poco más del príncipe que había partido de Aurelis.

Y lo acercaba al emperador que algún día debía ser.

Finalmente, tras casi tres años de recorrido, el camino lo condujo al último destino.

Las montañas del norte se alzaban majestuosas bajo un cielo cubierto de nieve.

El viento helado golpeó su rostro en cuanto cruzó las puertas del ducado.

A lo lejos, ondeaba el estandarte de un lobo blanco sobre un fondo azul profundo.

Había llegado a los dominios de la Casa Bennett.

Sin saberlo...

Aquel sería el lugar donde el destino comenzaría a escribir una historia muy distinta a la que el Imperio esperaba para su futuro emperador.

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