Hades, el dios del inframundo, jamás imaginó que podría enamorarse de una mortal. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de ella, todo cambió. A escondidas de los dioses, se casaron y esperaron juntos la llegada de su hijo.
Sin embargo, su amor despertó el temor de los dioses, quienes creyeron que aquella unión amenazaba el equilibrio del mundo. Engañaron a Hades para alejarlo y, mientras él estaba ausente, le arrebataron a su esposa y a su hijo antes de que pudiera conocerlo.
Consumido por el dolor y la sed de venganza, Hades juró hacer pagar a los responsables. Pero Perséfone, cegada por los celos, lanzó una maldición sobre los amantes: estarían destinados a encontrarse en cada nueva vida, solo para perderse una y otra vez.
NovelToon tiene autorización de Luna de Tinta para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL TEMPLO DE LOS RECUERDOS PERDIDOS
El sol apenas comenzaba a elevarse cuando Alison salió de su casa.
La ciudad despertaba lentamente. Las primeras voces se escuchaban en el mercado, los vendedores acomodaban sus mercancías y el humo de los hogares se elevaba sobre los tejados de piedra.
Alison había dormido poco.
No por culpa de una pesadilla, sino porque llevaba horas pensando en la tablilla que habían encontrado el día anterior.
La flor de cinco pétalos.
El círculo incompleto.
Y aquella sensación extraña que había cruzado el rostro de Hades al verla.
Él había intentado disimularla, pero Alison lo conocía lo suficiente para reconocer cuándo algo lo inquietaba. No sabía cuánto tiempo llevaba guardando secretos ni qué clase de vida había tenido antes de conocerla. Sin embargo, empezaba a comprender que su silencio no siempre significaba indiferencia.
A veces parecía miedo.
Y eso la preocupaba mucho más.
Al llegar a la plaza, lo encontró esperándola junto a una columna de piedra.
Hades vestía una túnica oscura y llevaba el cabello apartado del rostro. Parecía tan sereno como siempre, aunque sus ojos delataban que tampoco había descansado demasiado.
—Pensé que llegarías más tarde —dijo él.
—Y yo pensé que encontraría una excusa esperándome.
—¿Una excusa?
—Para no ir al templo, por supuesto. Algo como que los sacerdotes son insoportables o que las tablillas antiguas tienen la mala costumbre de maldecir a quienes las leen.
Hades arqueó una ceja.
—No me des ideas.
Alison sonrió.
—Demasiado tarde. Ya estoy preparada para escuchar cualquier disparate que se te ocurra.
—Entonces será mejor que nos marchemos antes de que me arrepienta.
Comenzaron a caminar hacia la parte más antigua de la ciudad.
Alison no tardó en notar que Hades estaba más callado de lo habitual. Miraba las calles con atención, como si buscara algo entre los rostros de los transeúntes.
—¿Esperas encontrar a alguien? —preguntó.
—No exactamente.
—Esa respuesta no significa nada.
—Significa que prefiero asegurarme de que nadie nos sigue.
La sonrisa de Alison desapareció.
—¿Crees que alguien podría hacerlo?
Hades tardó un instante en responder.
—No lo sé. Pero prefiero ser prudente.
Alison miró por encima del hombro. Un hombre cargaba una cesta de aceitunas; dos mujeres conversaban junto a una fuente y un anciano discutía el precio de unas sandalias con un comerciante.
No vio nada sospechoso.
Aun así, continuó caminando junto a Hades, más atenta a su entorno.
Por primera vez, el misterio que rodeaba a aquel hombre dejó de parecerle una curiosidad y comenzó a convertirse en una preocupación real.
---
El templo antiguo se alzaba sobre una elevación de piedra, apartado del bullicio de los mercados.
Sus columnas, desgastadas por el tiempo, sostenían un techo de tejas oscuras. A ambos lados de la entrada había figuras talladas que representaban criaturas mitológicas. Algunas habían perdido el rostro; otras conservaban expresiones severas que parecían observar a quienes se acercaban.
Alison se detuvo ante los escalones.
—Es más antiguo de lo que imaginaba.
Hades contempló la construcción.
—Algunos lugares sobreviven porque nadie recuerda por qué fueron levantados.
Alison lo miró.
—¿Eso es una de tus frases misteriosas o significa algo de verdad?
—Puede significar ambas cosas.
—Qué sorpresa.
Subieron los escalones y entraron.
El aire del interior era fresco. El olor a aceite de lámpara, piedra húmeda y pergamino antiguo impregnaba la estancia. Cerca de una pared, un sacerdote acomodaba pequeñas vasijas mientras otro copiaba una inscripción sobre una tablilla.
Un hombre de edad avanzada se acercó a recibirlos.
—Bienvenidos. ¿Qué buscan en este lugar?
Alison dio un paso al frente.
—Nos dijeron que aquí conservan registros de símbolos antiguos. Queremos averiguar el significado de una marca.
El sacerdote la observó con interés.
—Hay muchas marcas cuyos significados se han perdido. ¿De qué símbolo se trata?
Hades describió la flor de cinco pétalos rodeada por un círculo incompleto.
La expresión del anciano cambió apenas.
Fue un movimiento pequeño: una pausa, un ligero endurecimiento de la mirada.
Pero Alison lo advirtió.
—¿La conoce? —preguntó ella.
El sacerdote no respondió inmediatamente.
—Acompañadme.
Los condujo por un pasillo estrecho hasta una habitación donde se guardaban tablillas, rollos de papiro y fragmentos de cerámica inscritos con letras antiguas.
Había estantes de madera contra las paredes y una mesa cubierta de documentos cuidadosamente ordenados.
—No todos estos registros están completos —explicó el sacerdote—. Algunos llegaron aquí después de incendios, guerras o saqueos. Otros fueron copiados tantas veces que resulta difícil distinguir la historia original de los errores añadidos.
Alison recorrió las estanterías con la mirada.
—¿Y aun así los conservan?
—Olvidar una historia no significa que haya dejado de importar.
La frase hizo que Hades levantara la cabeza.
Por un instante, recordó una voz que había pronunciado palabras parecidas. No pudo distinguir el rostro de quien hablaba, pero sintió una tristeza tan intensa que tuvo que apartar la mirada.
Alison lo observó.
—¿Estás bien?
—Sí.
Ella no pareció convencida, pero decidió no insistir delante del sacerdote.
El anciano comenzó a buscar entre los documentos.
Pasaron varios minutos antes de que retirara un rollo estrecho, protegido por una cubierta de cuero envejecido.
—Aquí hay una referencia a una marca parecida.
Lo colocó sobre la mesa y desenrolló cuidadosamente el papiro.
La tinta estaba descolorida. Algunas líneas habían desaparecido por completo y otras eran tan tenues que resultaban difíciles de leer.
Alison se inclinó para observarlo.
En medio de varias inscripciones encontró un dibujo.
Una flor de cinco pétalos.
Rodeada por un círculo que no llegaba a cerrarse.
Sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Es la misma —susurró.
Hades permaneció inmóvil a su lado.
El sacerdote siguió una línea con el dedo.
—El texto menciona un símbolo que aparece en relatos muy antiguos. No era utilizado por los sacerdotes en sus ceremonias habituales y tampoco pertenecía a una familia conocida de la ciudad.
—¿Qué representaba? —preguntó Hades.
El anciano frunció el ceño.
—Eso es lo extraño. La explicación se perdió.
Pasó a la siguiente línea.
—Aquí se habla de un vínculo entre dos seres separados por una frontera que no debía cruzarse.
Alison sintió un escalofrío.
—¿Qué frontera?
—El texto no lo aclara. Podría tratarse de una frontera entre ciudades, de una prohibición religiosa o de algo simbólico.
Hades bajó la mirada hacia el papiro.
La palabra frontera había despertado algo en su memoria.
Una puerta gigantesca.
Agua negra.
Una voz femenina que pronunciaba su nombre.
Después, nada.
Apretó los dedos contra el borde de la mesa.
—¿Hay alguna referencia a una mujer? —preguntó.
El sacerdote volvió a examinar el documento.
—Hay una palabra que podría significar mujer, esposa o compañera. La escritura está dañada, así que no puedo asegurarlo.
Alison miró a Hades.
Él no la estaba mirando a ella. Tenía los ojos fijos en el papiro y una expresión que jamás le había visto.
Parecía estar luchando contra un recuerdo.
—¿Qué más dice? —preguntó Alison.
El sacerdote acercó la lámpara para iluminar el texto.
—Aquí aparece una advertencia.
—¿Cuál? —preguntó Hades.
El anciano intentó descifrar las palabras.
—Algo relacionado con la memoria. El texto parece indicar que, cuando el vínculo fuera olvidado, la marca volvería a aparecer.
Alison dejó de respirar por un instante.
—¿Olvidado por quién?
—Eso no está escrito. La parte siguiente ha desaparecido.
El silencio se extendió por la habitación.
No habían encontrado una explicación definitiva, pero sí una conexión imposible de ignorar.
La misma flor aparecía en la tablilla del artesano y en un registro antiguo que hablaba de un vínculo olvidado.
Y ahora Alison comprendía que quizá sus sueños no eran una simple sucesión de imágenes sin sentido.
—¿Puedo copiar el símbolo? —preguntó.
El sacerdote asintió.
Alison tomó una tablilla pequeña y reprodujo cuidadosamente la figura. Quería llevarse algo que pudiera estudiar después, aunque no supiera qué esperaba descubrir.
Cuando terminó, se apartó de la mesa.
—Gracias por ayudarnos.
El anciano enrolló de nuevo el papiro.
—Si encontráis otra inscripción con esa marca, regresad. Quizá podamos reconstruir lo que falta.
Hades inclinó la cabeza en señal de agradecimiento.
Pero cuando ambos se dirigieron hacia la salida, el sacerdote añadió:
—Una cosa más.
Se volvieron.
El anciano los observaba con una seriedad que había desaparecido durante la conversación.
—No todos los recuerdos deben buscarse sin precaución. Algunas historias fueron ocultadas por quienes temían las consecuencias de recordarlas.
Alison sostuvo su mirada.
—¿Y cómo sabemos si una historia fue ocultada para protegernos o para impedir que descubramos la verdad?
El sacerdote no respondió de inmediato.
—Esa es una pregunta que cada persona debe responder por sí misma.
Alison salió del templo con más preguntas de las que había llevado al entrar.
Y, por primera vez, Hades no intentó convencerla de que dejara de buscar.
---
Al otro lado de la ciudad, una mujer observaba el movimiento de las calles desde un balcón de piedra.
Perséfone había regresado a la superficie sin anunciar su presencia.
Desde hacía días, la inquietaba el comportamiento de Hades. Sus ausencias eran cada vez más frecuentes y sus respuestas, cada vez menos convincentes.
Pero lo que más le molestaba era algo que no podía explicar con facilidad.
Hades estaba cambiando.
No en su aspecto ni en su manera de hablar con los demás, sino en la forma en que reaccionaba cuando se mencionaba a Alison.
Había una atención especial en sus ojos. Una preocupación que Perséfone conocía demasiado bien porque alguna vez había deseado ser la destinataria de aquella mirada.
Ahora parecía pertenecerle a otra mujer.
Un sirviente se acercó y se inclinó ante ella.
—Mi señora, han visto a Hades en el templo antiguo.
Perséfone volvió lentamente la cabeza.
—¿Con quién?
—Con Alison Benet.
Sus dedos se cerraron alrededor del borde de piedra del balcón.
—¿Qué buscaban?
—No lo sabemos. Entraron y permanecieron allí bastante tiempo.
Perséfone guardó silencio.
Alison no era una diosa, no pertenecía a una familia divina conocida y, hasta donde había podido averiguar, no poseía ningún poder extraordinario.
Entonces, ¿por qué Hades arriesgaba tanto por ella?
¿Por qué parecía temer que algo le ocurriera?
Y, sobre todo, ¿por qué había comenzado a comportarse como si el pasado estuviera regresando para reclamarlo?
—Quiero saber qué encontraron —ordenó Perséfone.
—¿Debemos acercarnos a la mortal?
—No. Si Hades descubre que la estoy siguiendo, sospechará de inmediato.
Se apartó del balcón.
—Averigua qué registros consultaron. Y no permitas que nadie sepa que la investigación es para de mí.
El sirviente inclinó la cabeza y se marchó.
Perséfone permaneció sola.
Por primera vez, su preocupación no se limitaba a perder la atención de Hades.
Había algo en aquella mujer que parecía despertar una parte de él que llevaba demasiado tiempo dormida.
Y Perséfone estaba decidida a descubrir qué era antes de que resultara demasiado tarde.
---
Alison y Hades caminaron de regreso por las calles de la ciudad.
Ella llevaba la tablilla con el símbolo cuidadosamente guardada entre sus pertenencias.
Durante un rato, ninguno habló.
Finalmente, Alison rompió el silencio.
—El sacerdote dijo que la marca reaparece cuando un vínculo es olvidado.
—Eso fue lo que creyó leer.
—Pero tú también sentiste algo cuando viste el símbolo.
Hades la miró.
—¿Por qué lo dices?
—Porque dejaste de respirar durante unos segundos. Y porque tienes la misma expresión que cuando te hablo de mis sueños.
Él no pudo evitar una sonrisa cansada.
—Observas demasiado.
—Alguien tiene que hacerlo. Tú no eres precisamente un libro abierto.
La sonrisa de Hades desapareció lentamente.
—No sé qué significa ese símbolo, Alison. Pero cuando lo vi, sentí que había algo importante detrás de él.
—¿Algo relacionado conmigo?
Hades contempló la calle que se extendía ante ellos.
—No puedo asegurarlo.
Ella asintió, aunque la respuesta no la satisfizo.
—Entonces seguiremos buscando.
Hades se volvió hacia ella.
—¿No tienes miedo de lo que podamos descubrir?
Alison pensó en el hombre de sus sueños, en las puertas inmensas y en aquella voz que le pedía que no permitiera que alguien recordara demasiado tarde.
Sí, tenía miedo.
Mucho más del que estaba dispuesta a admitir.
Pero también estaba cansada de vivir rodeada de preguntas.
—Tengo miedo de descubrir algo que no pueda cambiar —respondió—. Pero me daría todavía más miedo pasarme la vida sin saber qué me está ocurriendo.
Hades guardó silencio.
Había esperado que Alison se asustara, que decidiera alejarse o que le pidiera que la protegiera de todo aquello.
En cambio, estaba eligiendo continuar.
—No tendrás que buscar sola —dijo.
Alison lo miró.
—Eso espero.
Reanudaron la marcha.
Cuando llegaron a una calle más tranquila, Hades se detuvo un instante.
—Alison.
Ella volvió la cabeza.
—¿Qué?
Él quiso decirle que, si algo le ocurría, no sabía si sería capaz de soportarlo. Quiso confesarle que había comenzado a temer no solo por su seguridad, sino por la posibilidad de perder algo que ni siquiera comprendía.
Pero aquellas palabras no le pertenecían todavía.
—Ten cuidado con tus sueños —dijo finalmente—. Si vuelves a ver a ese hombre, intenta recordar todo lo que diga.
Alison frunció el ceño.
—¿Y si me pregunta por ti?
Hades sintió que el corazón se le detenía durante un instante.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—No lo sé. Pero cada vez que aparece, parece que quiere decirme algo sobre ti.
Él sostuvo su mirada.
—Entonces quiero que me lo cuentes todo.
Alison asintió.
Se despidieron cerca de la calle donde se encontraba su vivienda. Hades la observó subir los escalones de la entrada y esperar un momento antes de abrir la puerta.
Ella volvió la cabeza y le dedicó una sonrisa.
Él respondió con otra.
Solo cuando Alison desapareció en el interior, Hades permitió que la preocupación regresara a su rostro.
El registro del templo había hablado de un vínculo olvidado.
La flor había provocado en él un recuerdo que no conseguía recuperar.
Y el hombre de los sueños parecía saber algo que ninguno de los dos comprendía.
Por primera vez, Hades se preguntó si su pasado no estaba simplemente oculto.
Quizá alguien había querido borrarlo.
---
Aquella noche, Alison colocó la tablilla sobre una superficie junto a su lugar de descanso.
La luz de la lámpara iluminaba el dibujo de la flor.
Lo contempló durante largo rato, intentando descubrir algún detalle que se le hubiera escapado en el templo.
Entonces recordó las palabras del sacerdote.
Cuando el vínculo fuera olvidado, la marca volvería a aparecer.
Alison pasó un dedo cerca del círculo incompleto, sin tocar la tablilla.
—¿Qué vínculo? —susurró.
El cansancio terminó venciéndola.
Y volvió a soñar.
Esta vez no apareció el río oscuro.
Se encontró en el jardín de flores blancas, junto a una fuente de piedra. El cielo tenía un tono violáceo y el aire olía a lluvia.
El hombre estaba de pie al otro lado de la fuente.
Alison no sintió sorpresa al verlo.
—Necesito respuestas —dijo.
Él la observó con una tristeza que parecía más antigua que el propio jardín.
—Lo sé.
—He encontrado el símbolo. Estaba en un registro del templo. Habla de un vínculo olvidado.
El desconocido cerró los ojos.
Durante un instante, Alison creyó que iba a llorar.
—¿Qué significa? —preguntó ella.
Él abrió los ojos de nuevo.
—Significa que no todo lo que se pierde desaparece.
Alison dio un paso hacia él.
—¿Qué tengo que ver yo con todo esto?
El hombre no respondió.
—¿Y qué tiene que ver Hades?
Al escuchar aquel nombre, el jardín pareció quedarse inmóvil.
Las flores dejaron de moverse.
La superficie de la fuente se oscureció.
El hombre miró hacia el agua, alarmado.
—No deberías haberlo mencionado.
Alison sintió que el miedo le recorría la espalda.
—¿Por qué?
Él se acercó un paso, pero la distancia entre ambos pareció aumentar en lugar de disminuir.
—Porque hay verdades que pueden destruir aquello que intentan salvar.
—¡No entiendo de qué estás hablando!
—Todavía no.
La figura comenzó a desvanecerse.
Alison extendió la mano.
—¡Espera! ¡No te vayas!
Por primera vez, el desconocido intentó acercarse a ella.
Pero antes de que pudiera alcanzarla, una sombra atravesó el jardín.
El hombre volvió la cabeza y su expresión cambió por completo.
Ya no parecía triste.
Parecía aterrorizado.
—Te han encontrado —susurró.
—¿Quiénes?
El jardín comenzó a desaparecer.
—¡Dime quién eres!
El desconocido la miró por última vez.
—No confíes en el silencio, Alison.
Y desapareció.
Alison despertó sobresaltada.
La lámpara seguía encendida y la habitación permanecía en silencio.
Tardó varios segundos en recuperar el aliento.
Miró la tablilla.
La flor de cinco pétalos parecía observarla desde la oscuridad.
Pero había algo que no podía dejar de recordar.
La expresión del hombre cuando ella mencionó a Hades.
No había sido sorpresa.
Había sido miedo.
Y ahora Alison tenía una nueva pregunta que no podría ignorar.
¿Qué verdad podía ser tan peligrosa que incluso un desconocido, dentro de sus sueños, temía escuchar el nombre de Hades?