PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...
LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...
¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?
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21
Diego
Antes de renacer...
El sonido de las cadenas era un eco constante en mi cabeza; el ruido se hacía cada vez más insoportable, taladrando mis sienes sin piedad.
*—Tienes que ceder, déjame actuar, ellas gritarán igual que las demás... —*susurró la otra voz dentro de mí, fría y burlona, agazapada en lo más hondo de mi mente.
—Cállate... déjame en paz, ¡vete de una vez! —repuse en un murmullo frenético, negando con la cabeza mientras apretaba los puños con fuerza.
Ya no lo podía controlar, tenía que hacer algo, debí hacerlo antes o iba a perder el control en público. No podía permitir que esa faceta oscura volviera a apoderarse de mi mente por completo.
Entonces comencé a correr. Salí del coche en el que iba con mi padre y empecé a correr por la calle de forma desbocada, con la respiración entrecortada. Sin darme cuenta de hacia dónde me dirigía, terminé frente a la entrada de una universidad. El eco de las cadenas se hizo ensordecedor.
Las voces volvieron a estallar, golpeando mi conciencia:
*—Busca a alguien al azar... —*bramaba la sombra en mi interior—. Tómala, hazla tuya, haz que nos pertenezca...
*—¡No! ¡Déjame en paz! —*me defendí mentalmente, negando con desesperación para eliminar sus voces.
Pero no funcionaba.
Y justo cuando pensé que ya no resistiría más, la mano de alguien me sacó de mi trance. Era una mano cálida y delicada, adornada con unas uñas de color amarillo llamativo, repletas de una vibrante energía de vida. Levanté la vista con torpeza para buscar el rostro de aquella persona.
Me quedé en completo silencio, inmóvil. Sus ojos color café claro me devolvieron una calma absoluta; el sonido metálico de las cadenas desapareció de inmediato. Ella me sonrió con una ternura infinita antes de parpadear, y sus labios rosados me devolvieron de golpe a la realidad.
—¿Te encuentras bien? —preguntó con un tono de voz dulce y delicado que causó estragos en el centro de mi pecho. Su voz es hermosa.
Asentí con lentitud, incapaz de articular palabra, pero de inmediato la otra voz interior volvió a llamarme con ponzoña:
*—Es ella... tu nueva prisionera —*susurró la oscuridad con deleite—. De seguro se verá muy bien en el sótano, encadenada y a nuestra Merced...
Y por primera vez, sentí que tenían razón. Sentí que ella se vería hermosa atada por mí. La intensidad de esa sensación de posesión me tomó tan desprevenido que me asusté. Aparté el pensamiento de inmediato, sacudiendo la cabeza.
—Estoy bien, gracias por preguntar —respondí con voz áspera, y comencé a alejarme de allí a toda prisa.
Sin embargo, el deseo abrasador de volver a verla me trajo de regreso a esa universidad una y otra vez.
La empecé a observar a escondidas, escondiendo mi fascinación. No sabía qué hacer con lo que estaba sintiendo; no era igual que en el pasado, esta vez no quería hacerle daño, simplemente quería tenerla a mi lado, contemplarla. No comprendía de dónde surgía este impulso irrefrenable de robarle un beso, de asegurarme de que fuera mía.
Siempre había creído que desear a una persona a mi lado era simplemente el producto de las exigencias de mi otra personalidad. Pero ahora yo también la quería. Yo también la necesitaba desesperadamente.
Así pasaron los meses, hasta que ideé un plan para infiltrarme y estar cerca de ella, logrando convertirme en su amigo.
Lo que jamás calculé fue que Max, un viejo conocido al que conocía demasiado bien, se cruzaría en su camino. Esa idea me carcomía el alma por dentro; sabía exactamente cómo operaba Max, cómo jugaba con los sentimientos de las chicas. Y eso era exactamente lo que estaba haciendo, jugando a dos bandas con ambas hermanas.
Nunca creí que las dos terminarían cayendo en su trampa. Años después, por más que intenté advertirle y salvarla, ella nunca se fijó en mí; para ella solo existía Max, sufriendo en silencio cada vez que él la ignoraba, hasta que finalmente decidió casarse con su hermana.
Max había soltado que si ella se presentaba en su boda, él se fugaría con ella. Al escuchar aquello, supe que no me quedaba más remedio: permití que esa otra personalidad tomara el control absoluto.
—Es nuestra oportunidad de quebrarla, de encerrarla para que nunca más mire a nadie más... —se regodeaba la sombra en mi interior.
—No la dejaré —le planté cara a mi propio reflejo—. No permitiré que ella sufra por culpa de ese imbécil.
Lo que no sabía era que mi otra personalidad no solo pretendía retenerla por la fuerza, sino que también había quedado irremediablemente enamorada de ella, obligándome a mí a mantenerme oculto, luchando por el control de mi propio cuerpo. Su manera retorcida de querer tenerla era esposándola; yo luchaba contra él para otorgarle su libertad, pero fui incapaz de vencerlo por completo... hasta aquel trágico final.
La vi por última vez justo después de beber el veneno. Mi preciosa luz había sido apagada por mis propios demonios...
Y entonces abrí los ojos de golpe.
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...Renació ...
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Estaba de cabeza en el interior del auto siniestrado; la sangre caliente escurría por mi frente hasta la nariz.
No entendía absolutamente nada. Observé el lugar con desorientación, salí del coche cojeando pesadamente, y al mirar hacia atrás descubrí una mansión imponente a lo lejos, mientras la lluvia fría comenzó a caer sobre mí sin piedad.
Comencé a caminar tambaleándome en esa dirección, cargando con el peso aplastante de los recuerdos: Elizabeth falleciendo en mis brazos, la memoria de haberle robado su libertad y de haberla sumido en el sufrimiento.
De repente, nuevos recuerdos estallaron en mi mente con la fuerza de un rayo, atravesándome el cráneo con un dolor insoportable.
El accidente automovilístico de hacía un momento había ocurrido porque estaba ciego de ira, reviviendo las lágrimas de Elizabeth pidiéndome marchar a casa en las escaleras. Una punzada desgarradora me taladró el pecho: estaba repitiendo exactamente el mismo dolor.
Si de verdad la vida me está concediendo una segunda oportunidad para verla de nuevo... tengo que hacer las cosas bien.
Sin esperar un segundo más, corrí desesperado hacia la casa y entré tan rápido como mis fuerzas me lo permitieron. Sentí unos pasos apresurados detrás de mí, pero los ignoré por completo. Al abrir la puerta de golpe, la vi. Su silueta.
La iluminación de la estancia era tenue y no lograba enfocarla bien, pero supe al instante, con cada fibra de mi ser, que era ella.
La abracé con una urgencia salvaje, necesitando comprobar de primera mano que era real. Y sí, era mi Elizabeth. Mi niña. Mi hermosa dama. Mi preciosa luz.
Pero entonces noté su rigidez. Me tiene terror. Los recuerdos de ambas vidas me hicieron frenar en seco, bañado en culpa.
En mis dos existencias la había alejado de su propia felicidad. Ella amaba la libertad con toda su alma. Amaba ser ella misma. Y yo... yo la había destrozado.
De pronto, una puntada salvaje en la cabeza me hizo perder el conocimiento por completo, arrastrándome hacia un bucle infinito de memorias dolorosas que no se detenían.
Lo único que alcanzaba a percibir a lo lejos, flotando en medio de la negrura de mi mente, era su voz suplicante, tan lejana que me desgarraba por dentro:
—Despierta... por favor, tienes que despertar...