Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Otra vez tú
Horas después, Louis llevó a Agustina hasta su habitación y la acostó cuidadosamente sobre su cama.
Se quedó unos segundos observándola.
—Espero que estés bien...
Le tocó suavemente la frente.
Estaba un poco caliente.
Louis sonrió con cierta nostalgia.
—Ah, Agustina... nunca cambias.
Se sentó a su lado.
—Te extrañé mucho.
Cinco años atrás...
La nieve caía lentamente sobre las calles.
Louis caminaba junto a Andrés, abrigado hasta el cuello.
—Hoy va a hacer mucho frío —dijo Andrés, riendo.
—Sí.
Louis sonrió y señaló su bufanda.
—Hoy traje esta. Me la tejió mi mamá.
Andrés sonrió.
—Entonces no puedes quejarte del frío.
él soltó una pequeña risa.
Horas antes de marcharse, había visto a Agustina bajo la nieve.
Su mirada era diferente.
Triste.
Melancólica.
Como si estuviera despidiéndose de alguien sin decir una sola palabra.
Le dio pena se sacó su bufanda.
—Oye-toca el hombro de la chica-
Ella dio la vuelta le extiende una bufanda.
—Ten para que no tenga frío.
Actualidad
Horas después, Agustina abrió lentamente los ojos.
—¿Qué pasó?
Miró a su alrededor.
La habitación era grande, elegante y completamente desconocida.
Se incorporó rápidamente.
—¿Dónde estoy?
Asustada, bajó de la cama y se puso unas pantuflas que estaban junto a ella.
Salió al pasillo.
Mientras caminaba, comenzó a observar las fotografías que decoraban las paredes.
Se detuvo frente a una.
En ella aparecían Jacob, Louis y Kai.
Agustina abrió los ojos.
—¿Qué...?
Entonces percibió un aroma delicioso.
Siguió el olor hasta llegar al living.
Todo estaba cuidadosamente decorado.
—¿Hola?
Avanzó lentamente hacia la cocina.
Y entonces lo vio.
Louis estaba cocinando.
Al escuchar sus pasos, se giró.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Veo que ya despertaste.
Agustina no dijo nada.
Simplemente corrió hacia él.
Lo abrazó con fuerza y rodeó su cintura con los brazos.
Louis quedó completamente sorprendido.
Agustina escondió el rostro contra su pecho.
Las lágrimas comenzaron a caer.
Por unos segundos volvió a sentirse como aquella chica de hacía cinco años.
Louis bajó la mirada.
—¿Por qué lloras?
Le acarició suavemente el rostro y secó una de sus lágrimas.
Agustina hizo un pequeño puchero.
—Porque te extrañé mucho...
Lo miró a los ojos.
—Hace cinco años que no te veía.
Louis sonrió.
—Solo fueron cinco años.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero volví.
Agustina bajó la mirada.
—¿Por qué me trajiste?
—Te vi caer en la calle. No podía dejarte ahí.
—Solo estaba un poco cansada...
Se apartó lentamente.
—Será mejor que me vaya. Ya hiciste demasiado por mí.
Intentó tomar sus cosas.
Pero Louis le tomó suavemente la mano.
—Quédate.
Agustina lo miró sorprendida.
—Preparé comida para los dos.
Sonrió.
—Vamos. Hace cinco años que no nos vemos.
Ella dudó.
—Pero son las dos de la mañana.
Louis miró el reloj.
—¿Y?
Sonrió.
—Por lo general, a esta hora como.
Agustina soltó una pequeña risa.
Un rato después, ambos estaban sentados frente a frente en la mesa.
Por primera vez en cinco años, podían hablar tranquilamente.
—¿Pudiste cumplir tu sueño? —preguntó Agustina.
Louis asintió.
—Sí. Estudié y finalmente estoy trabajando aquí.
La miró.
—¿Y tú?
Agustina bajó la mirada.
—Me fui de la casa de mis tíos y empecé a estudiar enfermería.
Louis levantó ligeramente las cejas.
—¿Enfermería?
—Sí.
Agustina sonrió tímidamente.
—Ahora vivo con Cristian y trabajo en el hospital Lucky.
En ese momento, el teléfono de Louis comenzó a sonar.
—Oh, espera un momento.
Se levantó de la mesa y contestó.
Agustina se quedó esperando.
Jugó nerviosamente con sus manos.
—No puedo creer que esté cenando con Louis...
Miró alrededor de la casa.
Entonces una idea cruzó su mente.
—¿A Leo le gustaría este lugar?
Sonrió al imaginar a su hijo corriendo por aquella casa.
Pero de repente escuchó algo.
—Hola...
Agustina levantó la mirada.
Louis estaba hablando por teléfono.
Entonces escuchó una pequeña voz al otro lado.
—Papi, te extraño mucho.
El rostro de Agustina cambió.
Louis sonrió.
—Yo también te extraño, hija.
Agustina permaneció completamente quieta.
No dijo nada.
Simplemente tomó una servilleta y, al hacerlo, accidentalmente tiró su vaso de agua.
—Ay, no...
Se levantó rápidamente para limpiarlo.
Cuando Louis terminó la llamada y regresó a la mesa, Agustina pálida.
—Perdón. Eran asuntos familiares.
Sonrió.
Agustina no respondió.
—Ah... está bien.
Se levantó.
—Creo que debería irme.
Louis frunció el ceño.
—¿Qué pasó? ¿Te vas?
—Sí.
Agarró su bolso.
—Sabes que es de mala educación quedarse en casa de alguien a estas horas.
Louis miró el reloj.
—Agustina, son las dos y media de la mañana. A esta hora no hay colectivos.
Se acercó.
—Dime dónde vives. Te llevo.
—No es necesario.
Ella negó con la cabeza.
—Ya vienen por mí.
Agustina salió de la casa.
—Agustina...
Louis se quedó mirándola desde la puerta.
Un automóvil esperaba afuera.
Agustina subió.
Cristian estaba al volante.
Apenas arrancó, la miró de reojo.
—¿De quién es esa casa?
Agustina permaneció mirando por la ventana.
—Cristian...
—Hermana, dime la verdad.
Su tono se volvió serio.
—Tú no tienes novio. ¿Qué hacías en la casa de un desconocido a las dos de la mañana?
Los ojos de Agustina comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Me ayudó, nada más.
Su voz salió cortante.
—Me desmayé y él me llevó a su casa. Eso es todo.
Cristian la observó preocupado.
—¿Pasó algo?
Agustina no respondió.
—¿Intentó hacerte algo?
—¡No!
Ella cerró los ojos.
—Basta, Cristian. Déjame en paz.
Él guardó silencio.
Cuando llegaron a casa, Mónica estaba allí.
Al ver a Agustina, se acercó rápidamente.
—¿Por qué no me dijiste nada? ¡Me preocupé!
—Perdón.
Agustina dejó su bolso.
—Me desmayé y alguien me ayudó. Me llevó a su casa hasta que me recuperé.
Cristian y Mónica se miraron.
—Bueno... —dijo Mónica—. Yo dormiré aquí esta noche.
Pero Agustina ni siquiera respondió.
Subió directamente a su habitación.
Mónica miró a Cristian.
—¿Qué le pasó a mi amiga?
—No lo sé.
Cristian suspiró.
—Está rara.
Agustina cerró la puerta de su habitación.
Se metió en la cama y comenzó a llorar.
—Ya hizo su vida...
Se cubrió el rostro.
—Fui una tonta por creer que él aceptaría a Leo.
Las lágrimas volvieron a caer.
—Ya tiene una familia.
Se abrazó a sí misma.
—Seguro que ya se olvidó de mí.
Entonces se levantó y abrió uno de los cajones.
Sacó un pequeño anillo.
Lo sostuvo entre sus dedos.
Y recordó.
Cinco años atrás...
Louis se acercó a ella.
—Oye... sé que no somos nada, pero toma.
Le entregó algo.
Agustina lo miró con curiosidad.
—¿Qué es esto?
Louis se rascó la nuca.
—Bueno... somos amigos, ¿no?
Sonrió.
—Aunque es un poco raro. El nerd y la rebelde.
Agustina soltó una pequeña risa.
—Acepto ser tu amiga.
Louis sonrió.
Y ese pequeño momento había quedado guardado en su corazón durante cinco años.
A la mañana siguiente
Agustina se despertó con los ojos hinchados.
Se cambió y bajó.
Andrés estaba allí.
Al verla, sonrió.
—Agustina... ¿qué pasó?
Mónica, que estaba desayunando, respondió:
—No lo sé. Llegó así y no quiso contarme nada.
Andrés la miró.
—Oye, ¿quién te preguntó a ti?
—Yo respondí porque quise.
Mónica siguió comiendo tranquilamente.
—Ya, ustedes dos dejen de pelear —los regañó Agustina—. Estoy bien. Son mis cosas.
Andrés suspiró.
—Bueno. Hoy te llevo al hospital.
Mónica agarró su bolso.
—Qué bien. Vamos.
Andrés la miró seriamente.
—A ti no te dije que te iba a llevar.
Agustina no pudo contener la risa.
Andrés y Mónica eran dos de las pocas personas que habían permanecido a su lado durante esos años.
Y Andrés, especialmente, siempre había estado ahí para ella.
Había sido el primero en enterarse de su embarazo.
También había sido quien más había cuidado de Leo.
En ese momento, el pequeño bajó las escaleras con su mochila.
—Mami... vamos a la escuela.
Agustina sonrió.
—Hola, campeón.
Leo corrió hacia Andrés.
—¡Andrés!
El hombre lo recibió entre sus brazos.
Horas después, dejaron a Leo en la escuela y se dirigieron al hospital Lucky.
Mientras tanto, en otra parte del hospital...
Louis estaba revisando unos documentos.
—Necesito una enfermera especializada en mi área.
El médico que estaba frente a él lo miró.
—¿Por sus costillas?
Louis asintió.
—Todavía me duele. Necesito que alguien supervise mi recuperación y me ayude durante el trabajo.
El médico tomó una carpeta.
—Aquí tengo algunas postulantes.
Se la entregó.
Louis comenzó a revisar los documentos distraídamente.
Hasta que un nombre llamó su atención.
Se detuvo.
Sus ojos recorrieron nuevamente aquella hoja.
Agustina Torre.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Agustina...
Levantó la mirada.
—Ella.
El médico parpadeó.
—¿Está seguro?
Louis cerró la carpeta.
—Completamente.
Y sin saberlo, acababa de conseguir que la mujer que había perdido cinco años atrás volviera a estar todos los días a su lado.