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INFIELES

INFIELES

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: R Torres

🔥🔞⚠️ EXCLUSIVA PARA PUBLICO ADULTO 🔥🔞⚠️

Mónica, obligada a casarse con Valentín Marín para saldar la deuda de su padre, descubre que su nuevo esposo la ve como propiedad. En su noche de bodas, conoce a Lucas, el hermano de Valentín, quien le advierte sobre el destino de la esposa anterior y le ofrece su ayuda. Atrapada entre el miedo y el deseo, ella comienza a acercarse al único hombre que podría ayudarla a escapar de aquel matrimonio, sin imaginar que Lucas también guarda secretos y que sus intenciones están lejos de ser desinteresadas.

NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

21. Permiso para salir

La luz del amanecer entraba por las persianas de la residencia cuando Mónica abrió los ojos. Se incorporó sobre el colchón, se levantó descalza y caminó hasta el cuarto de baño. 

El espejo le devolvió un rostro que no reconocía del todo, los labios aún algo hinchados, una sombra violácea en el cuello. Se tocó la marca con dos dedos. Dolía apenas, como un recuerdo que se niega a desvanecerse. Fue al armario, sacó un pañuelo de seda oscuro y se lo anudó en el cuello cubriendo la mancha. Después vistió el pantalón de lino beige, una blusa blanca de manga corta y las sandalias que guardaba en el fondo del estante. 

Bajó por la escalera de madera hasta el zaguán. Las persianas de la planta baja estaban medio cerradas. Salió al patio, donde la saludó parcamente.

- “Necesito que le pidas a él permiso para salir”, dijo Mónica.

- “¿Para ir a dónde?”, preguntó la criada.

- “A ver a mi padre. Vive en San Gil. Está solo y no se encuentra bien”, dijo Mónica.

La mentira salió redonda, sin vacilación. Su padre no estaba enfermo, pero estaba solo, y eso era verdad a medias, y las verdades a medias son las que mejor se venden. 

- “Le llamo y te aviso. Quédate donde estás”, dijo la mujer.

Mónica se sentó. El sol le caía sobre los tobillos. Esperó once minutos. Luego la criada dijo que Valentín había aceptado, y que no debía demorar más de dos horas. 

Raúl la esperaba en el garaje, apoyado en el capó de un Audi negro con los brazos cruzados. Llevaba una camiseta negra ajustada y pantalones de chándal oscuros. La cicatriz del labio inferior le brilló bajo la luz fluorescente del garaje. No la miró a la cara cuando se acercó. Solo dijo "Buenas" y abrió la puerta trasera del coche.

Mónica se sentó atrás. El asiento de cuero estaba frío. Raúl arrancó el coche y salió a la calle sin decir nada más. Conducía con una mano en el volante y la otra apoyada en la ventanilla abierta.

Minutos más tarde, Raúl aparcó en la calle Feria, junto a la acera, frente a un edificio de tres pisos con la fachada descascarada. La puerta de la calle estaba abierta, como siempre, porque el portero automático llevaba roto meses. Mónica bajo del auto y subió las escaleras hasta el tercer piso. Llamó a la puerta. Tres golpes y la puerta se abrió con un chirrido de bisagras sin aceite.

Su padre estaba en la cocina, sentado en una silla, con la camisa blanca manchada de café en el pecho y los pantalones de chándal gris. El pelo grasiento peinado hacia atrás, las ojeras moradas más profundas que la última vez. Tenía un vaso de plástico en la mano, con una mancha marrón en el fondo que podía ser café o podía ser algo peor. La miró sin levantarse.

- “¿Qué vienes a hacer aquí?”, preguntó él hombre.

Mónica cerró la puerta detrás de Mónica. El pasillo quedó a oscuras. La cocina, al fondo, estaba iluminada por una bombilla que colgaba del techo con un cable forrado de tela verde. La pila estaba llena de platos sucios. El cenicero de la mesa rebosaba colillas torcidas.

- “Vengo a preguntarte una cosa. Una sola”, dijo Mónica.

Se sentó en la silla de enfrente. Su padre bajó la mirada al vaso de plástico. Le dio un giro entre los dedos. El agua del fondo chapoteó.

- “La mujer. La que te contactó con Valentín. La que te presentó a él para la deuda. Dijiste que se llama Inés. Que vive en una casa blanca entre olivos. ¿Quién es?”, cuestionó Mónica.

El padre levantó la cabeza. La miró como si le hubiera pedido que le explicara el funcionamiento de un motor nuclear. Parpadeó. Se pasó la lengua por el labio inferior, reseco y rajado.

- “Ya te lo dije. Una mujer. Me la presentó un tipo en el puerto. Dijo que conocía gente que podía prestarme el dinero. Yo necesitaba…”, dijo su padre.

-:“No. No me digas lo que necesitabas. Ya sé lo que necesitabas. Necesitabas jugar. Necesitabas apostar. Necesitabas perder cuatrocientos mil euros que no tenías y pagar con tu hija como si fuera una res. Eso ya lo sé. Lo que te pregunto es quién es esa mujer. No su nombre. Quién es para Valentín”, insistió Mónica.

- “No lo sé. Te lo juro. Solo sé que ella me dijo que Valentín Marín era hombre de palabra, que si le pagaba lo que debía con lo que él pidiera, todo se solucionaba. Yo no sabía que iba a pedirte a ti. Creí que…”, comentó el hombre.

- “Creías que iba a pedirte las manos. Los dedos. Algo que podías perder sin que nadie lo echara de menos. (Mónica se inclinó hacia adelante. Las patas de la silla se quejaron) Pero no pidió tus dedos. Pidió mi cuerpo. Y tú se lo diste envuelto en papel de regalo”, dijo Mónica.

El padre abrió la boca. La cerró. La abrió otra vez. Las manos le fueron a la cara, se las pasó por las mejillas, se apretó los párpados con los pulgares.

- “No sabía cómo iba a ser. No sabía que iba a tratarte así. Yo pensé que un matrimonio era un matrimonio. Que te cuidaría”, dijo el hombre.

- “Que me cuidaría. Como se cuida un ganado. Con pienso y con vacuna”, expresó Mónica con rabia.

Se levantó. La silla se volcó hacia atrás. No la recogió. Caminó hasta la pila, miró los platos sucios, la grasa acumulada en los bordes, el cuchillo con restos de tomate seco. Se dio la vuelta.

- “¿Es su amante?”, preguntó Mónica.

El padre la miró desde la silla, con los hombros caídos, la camisa manchada, las ojeras moradas como dos moretones internos.

- “No lo sé. Puede. Las mujeres así, que andan con hombres así, suelen ser una cosa o la otra. O amantes o socias. O las dos”, dijo el hombre.

- “¿Cómo era?”, preguntó Mónica.

- “Morena. Pelo largo. Bonita. Bonita de verdad. No como…”, dijo el hombre y se detuvo. Tragó saliva. El cuello se le movió como si tuviera algo atascado.

- “No como yo. Acaba de decirlo”, completó Mónica.

- “No he dicho eso”, dijo el hombre.

- “Lo ha pensado”, replicó Mónica.

El cenicero humeaba una colilla aún encendida. Mónica se acercó, la aplastó con el pulgar y el índice. La quemadura le dolió, un pinchazo mínimo, casi nada, pero suficiente para traerla de vuelta al centro de su propio cuerpo.

- “Si te enteras de algo. Si alguien te llama, si alguien te dice algo sobre ella, sobre dónde está, quién es, qué es para él, me llamas. Tienes mi número. Y si no lo tienes, búscalo. Porque si no lo haces, la próxima vez que venga no será a preguntarte. Será a decirte que Valentín ha descubierto que le debes más que dinero. Y entonces no serán los dedos. Será la cabeza”, expresó Mónica.

El padre se levantó de la silla. Era más bajo que Mónica de pie, más bajo que Valentín, más bajo que cualquier hombre que Mónica hubiera conocido que tuviera peso en el mundo; antes le tenía miedo ahora no. Le puso una mano en el brazo. Los dedos estaban fríos, húmedos.

- “Hija. Yo no quería que…”, dijo el hombre.

Mónica le apartó la mano. No con violencia. Con la misma precisión con la que se aparta una rama del camino.

- “No. No querías. Pero lo hiciste. Y ahora yo vivo con eso. Y tú vives aquí, con los platos sucios y el café frío. Así que haz una cosa útil en tu vida. Busca, pregunta y llámame”, dijo Mónica.

Salió de la cocina. El pasillo la tragó en su oscuridad de bombilla fundida. Bajó las escaleras con las sandalias repiqueteando contra el cemento. Se dirigió a la puerta de emergencia del edificio. Necesita no ser vista por Raúl, necesitaba ir a la farmacia.

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Ana Elena Jiménez
esperemos que puedan salir con vida de ahí y puedan ser felices,y el Valentín se conforme con su amada Inés
Ana Elena Jiménez
el verdadero disfrute 🔥🔥🔥🔥
Ana Isabel
Muy bueno
Ana Elena Jiménez
lucas si te va hacer disfrutar de lo bueno 🔥🔥🔥
Ana Elena Jiménez
ella quiere que pase de todo todito 🔥🔥🔥
Rossana🥰
Lucas, protegerla, xq tu hermano te mata, y a esa Inés no hay q darle chance
Yura Ran
vamos Lucas sale fino
Yura Ran
muy buena y deseo leer más. @RTorres
Ana Elena Jiménez
eres arriesgada Mónica
Ana Elena Jiménez
oohhh oohhh esto se está poniendo muy interesante, ella quiere sentir ese 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥 ardiente
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬🤦🤦
Ana Elena Jiménez
Inés,Inés, Inés esto ya es un tras pies 😬😬
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤨🤨🤨🤨🤨
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱😱😱
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
que te lo puedes arrebatar bruja
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦
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