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El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Valentina Ríos huyó de la ciudad cinco años atrás con el corazón destrozado y un secreto que jamás pensó revelar.
Ahora ha regresado con su pequeño hijo, Leo, decidida a comenzar una nueva vida.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — El enemigo dentro de casa

El vehículo desapareció al final de la calle.

Adrián permaneció frente a la ventana, observando hasta que las luces traseras dejaron de verse.

En su mano todavía sostenía la hoja que habían encontrado en la habitación de Leo.

“El testamento solo era el comienzo.”

Y debajo, el nombre de Victoria.

Pero Victoria aseguraba que nunca había sido nombrada heredera.

Algo no encajaba.

—Adrián… —dijo Valentina.

Él se giró.

—¿Qué?

—Leo está conmigo.

Adrián miró hacia el niño.

Leo permanecía abrazado a su madre, todavía confundido por lo ocurrido.

Adrián se acercó y se agachó frente a él.

—¿Estás bien?

Leo asintió.

—Sí.

—¿Viste a alguien?

El pequeño pensó unos segundos.

—No.

Luego señaló hacia el escritorio.

—Pero había alguien ahí antes.

Adrián se quedó quieto.

—¿Qué quieres decir?

—Cuando entré a mi cuarto, la ventana estaba abierta.

Valentina miró inmediatamente hacia la ventana.

—Yo la había cerrado.

Adrián se levantó.

—Entonces alguien estuvo aquí.

---

Daniel llegó pocos minutos después.

Revisó las cámaras de seguridad y encontró una interrupción de aproximadamente siete minutos.

—Durante ese tiempo, alguien desactivó el sistema.

—¿Desde dónde? —preguntó Adrián.

Daniel señaló el plano de la casa.

—Desde la sala de seguridad.

Adrián frunció el ceño.

—¿Quién tiene acceso?

—Usted, su madre, yo y el personal autorizado.

Valentina preguntó:

—¿Y alguien más?

Daniel dudó.

—Hay una tarjeta adicional.

—¿De quién?

Daniel miró los registros.

—De Sebastián Montenegro.

Adrián cerró los ojos durante un instante.

Otra vez Sebastián.

—¿Dónde está él ahora?

—No responde las llamadas.

—Encuéntrenlo.

---

Mientras Daniel investigaba, Adrián reunió a Valentina y Victoria en la biblioteca.

Sobre la mesa colocó todos los documentos encontrados durante los últimos días.

Fotografías.

Contratos.

La carta de su padre.

El supuesto testamento.

Y la memoria con la grabación.

—Alguien está manipulando nuestra familia desde hace años —dijo Adrián—. Y creo que esa persona tiene acceso a todo lo que hacemos.

Victoria observó los documentos.

—Eso significa que alguien cercano nos está vigilando.

—Exactamente.

Valentina tomó la fotografía de su padre.

—¿Y si fue él quien dejó instrucciones para proteger a Leo?

Victoria asintió.

—Es posible.

—Entonces, ¿por qué alguien cambió el testamento?

Victoria permaneció callada.

Adrián la observó.

—Mamá.

Ella levantó la mirada.

—Hay algo que no nos has contado.

Victoria respiró profundamente.

—Sí.

—¿Qué?

—La noche antes de que tu padre muriera, recibí una llamada.

Adrián se quedó inmóvil.

—¿De quién?

—No lo sé.

—¿No viste el número?

—Era privado.

—¿Qué te dijo?

Victoria bajó la mirada.

—Me dijo que si quería mantenerte con vida, debía obedecer.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Obedecer qué?

Victoria tardó unos segundos en responder.

—Debía asegurarme de que Valentina abandonara la ciudad.

Adrián apretó los puños.

—¿Y mi padre sabía eso?

—Sí.

—¿Y no hizo nada?

Victoria negó.

—Intentó detenerlo.

—¿Quién?

Victoria cerró los ojos.

—La persona que lo amenazaba.

Adrián se inclinó hacia ella.

—Dime quién era.

Victoria negó lentamente.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque no sé si esa persona todavía está viva.

---

En ese momento, alguien llamó a la puerta.

Era Esteban Ferrer.

Adrián inmediatamente se puso de pie.

—Tú.

Esteban entró con expresión seria.

—Tenemos que hablar.

—¿Sobre qué?

—Sobre tu padre.

Adrián cruzó los brazos.

—Ya sé que trabajabas para él.

—Eso no es todo.

Esteban dejó una carpeta sobre la mesa.

—Tu padre sospechaba que alguien dentro de la familia quería controlar las acciones de Leo.

Valentina miró los documentos.

—¿Quién?

—No tenía pruebas suficientes.

Adrián abrió la carpeta.

Había movimientos financieros, nombres de empresas y fechas.

—Esto ya lo vimos.

Esteban negó.

—No viste esto.

Sacó una hoja.

—Esta transferencia fue realizada el día en que nació Leo.

Adrián la tomó.

El dinero había sido enviado a una cuenta perteneciente a una empresa desconocida.

—¿Quién recibió el dinero?

Esteban respondió:

—Una empresa registrada a nombre de Sebastián.

Adrián levantó la mirada.

—Entonces fue él.

—No necesariamente.

—¿Cuánto tiempo vas a seguir defendiéndolo?

Esteban sostuvo su mirada.

—No lo estoy defendiendo. Te estoy diciendo que Sebastián pudo haber sido utilizado.

Valentina intervino:

—¿Por quién?

Esteban miró hacia Victoria.

—Por alguien que conocía perfectamente los movimientos de tu familia.

Victoria se puso de pie.

—No.

Esteban la miró.

—Sí, Victoria.

Adrián observó a ambos.

—¿Qué saben que yo no sé?

Esteban respondió:

—Que tu padre tenía un socio secreto.

El silencio fue inmediato.

—¿Un socio? —preguntó Adrián.

—Sí.

—¿Quién?

Esteban sacó una fotografía.

Adrián la tomó.

Su expresión cambió.

En la imagen aparecían su padre y un hombre.

Un hombre que Adrián conocía.

—No puede ser…

Valentina miró la fotografía.

—¿Quién es?

Adrián respondió lentamente:

—El padre de Isabela.

---

Esteban continuó:

—Tu padre descubrió que Ferrer quería adquirir acciones de Montenegro Group utilizando empresas intermediarias.

—Entonces Isabela…

—Isabela conocía una parte de los negocios de su padre —explicó Esteban—, pero no todo.

Valentina recordó las palabras de Isabela.

“Busquen al verdadero culpable antes de acusar a la persona equivocada.”

—Quizá ella realmente intentaba detenerlo —dijo.

Adrián asintió.

—Pero entonces, ¿quién está utilizando su identidad?

Esteban miró los documentos.

—Esa es la pregunta correcta.

---

En otro lugar de la ciudad, Sebastián entró a una oficina.

La habitación estaba en penumbra.

Sobre la mesa había una carpeta.

Sebastián la abrió.

—No entiendo por qué seguimos escondiéndonos.

Una voz respondió desde la oscuridad:

—Porque todavía no es el momento.

—Adrián ya descubrió lo de mi padre.

—Lo sé.

—Y Esteban está hablando.

—También lo sé.

Sebastián golpeó la mesa.

—Entonces debemos hacer algo.

La persona salió lentamente de las sombras.

—Ya lo hice.

Colocó una fotografía sobre la mesa.

Era una imagen de Valentina.

Luego otra de Leo.

Y finalmente una de Adrián.

—Ahora ellos comenzarán a desconfiar de todos.

Sebastián observó las fotografías.

—¿Y qué quieres conseguir?

La persona sonrió.

—Que Adrián entregue voluntariamente lo único que nos interesa.

—¿Las acciones?

—No.

Hizo una pausa.

—El heredero.

---

En la mansión, Adrián caminaba por el pasillo cuando recibió un mensaje.

“Deja de investigar a mi familia.”

Adrián respondió:

“¿Quién eres?”

La respuesta llegó inmediatamente.

“Alguien que conoce la verdad sobre Leo.”

Adrián sintió que la sangre se le helaba.

Llegó otro mensaje.

“Mañana recibirás una prueba.”

—¿Adrián?

Valentina apareció detrás de él.

—¿Qué ocurre?

Adrián le mostró el teléfono.

Valentina leyó el mensaje.

—No podemos confiar en nadie.

Adrián la miró.

—No.

Entonces escucharon un ruido.

Ambos se giraron.

La puerta principal acababa de abrirse.

Victoria apareció en el pasillo.

—¿Quién llegó?

Nadie respondió.

Adrián bajó lentamente las escaleras.

La puerta estaba abierta.

Sobre el suelo había un sobre.

Lo recogió.

Dentro había una fotografía reciente.

Leo aparecía dormido en su habitación.

Valentina se llevó una mano a la boca.

—La tomaron esta noche.

Adrián volteó la fotografía.

Había una frase escrita detrás:

“El enemigo no está afuera.”

Adrián levantó lentamente la mirada hacia el interior de la casa.

Victoria.

Valentina.

Esteban.

Daniel.

Todos tenían motivos para guardar secretos.

Pero entonces vio algo en la fotografía.

En el reflejo del espejo de la habitación de Leo aparecía una silueta.

Adrián acercó la imagen.

La persona llevaba un reloj.

El mismo reloj que habían encontrado frente a la mansión.

Y esta vez pudieron distinguir claramente el rostro.

Adrián palideció.

—No…

Valentina se acercó.

—¿Quién es?

Adrián no respondió.

Porque acababa de reconocerlo.

Era alguien que había estado con ellos durante toda la investigación.

Alguien en quien había confiado.

Continuará…

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Edith Tortolero
hola me está gustando, me gusta el suspenso,. ojalá y se resuelva pronto porque, cuando pasa mucho tiempo en resolverse aburre.. 🥰
Eliana Angulo
me gustó tu novela.. te felicitó
Maria Garcia
muy buena su novela
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Gracias por este apoyo tan lindo... Me motiva muchísimo 💙 te invito a leer otras mis novelas
total 1 replies
Eliana Angulo
Leo es increíble... niño muy inteligente.. tiene la fe más fuerte🥹
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Totalmente de acuerdo! Su fe y su valentía lo hacen especial, vienen momentos hermosos con él
total 1 replies
Eliana Angulo
lo explica todo.. estaba planeado desde antes😱
Eliana Angulo
Quién les manda las advertencia... será un amigo o enemigo... necesito saberlo ya🤭
Eliana Angulo
tiene dos caminos para recuperar a Leo o perderlo todo...la tensión está al máximo y cada frase me hace querer saber más👏👏
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Me alegra muchísimo que te atrape.. Cada decisión cuenta y el destino de Leo está en juego… ¡sigue leyendo!😉
total 1 replies
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