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Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:19.2k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14: ¿Fue El Rey Alfa?

Valentina despertó sobre una cama demasiado suave.

Esa fue la primera señal de que algo estaba mal.

En la Hacienda Reyes, su cama era estrecha y dura, con una tabla que crujía cada vez que la rodilla le dolía lo suficiente para obligarla a cambiar de postura. Esta cama, en cambio, la sostenía como agua quieta. Las sábanas olían a jabón limpio y jazmín. Había un brasero encendido cerca de la ventana. Sobre una silla descansaba ropa seca que no era suya.

Valentina abrió los ojos de golpe.

El dolor llegó después.

Rodilla. Palmas. Hombro. Costado.

Memoria.

Pilar bajando la mirada.

El carruaje desviándose hacia calles vacías.

Catalina mandó hombres.

La puerta abierta bajo la lluvia.

El lodo.

La cuerda.

El árbol.

La caída.

Unas botas negras con hilo dorado.

Valentina intentó incorporarse y un sonido áspero se le escapó de la garganta.

—Con cuidado.

La voz venía de la puerta.

Regina Montero de Fuentes entró con una taza humeante entre las manos. Vestía de verde oscuro, sin joyas visibles salvo un broche de oro con forma de lobo. No necesitaba corona para parecer nacida bajo un techo más alto que los demás.

—Princesa Regina —dijo Valentina, forzando la voz.

—Eso suena demasiado oficial para una mujer que casi se rompe el cuello en mi casa.

—¿Estoy en su casa?

—En mi residencia Fuentes. No en mi dormitorio, tranquila. Mi esposo habría hecho preguntas muy aburridas.

Regina dejó la taza sobre la mesa y se acercó con una sonrisa ligera, pero sus ojos revisaron el vendaje de la rodilla, las manos, el color de los labios.

—La sanadora dice que tuvo suerte.

Valentina miró la habitación.

—¿Cómo llegué aquí?

Regina acomodó la manta sobre sus piernas.

—Alguien la encontró en un callejón y decidió que no era buena idea devolverla a la boca que la había escupido.

Valentina se quedó inmóvil.

La frase fue amable.

También fue una respuesta incompleta.

—¿Alguien?

—Un hombre con muy poca práctica en consolar mujeres y demasiada práctica en dar órdenes.

Valentina sintió que la loba se movía en su interior. No con dolor. Con esa misma quietud extraña que había sentido antes de perder la conciencia.

—No recuerdo su rostro.

—Tal vez mejor. Los rostros vuelven los asuntos más complicados.

—Recuerdo sus botas.

Regina levantó una ceja.

—Eso sí es específico.

—Negras. Bordado dorado. No era adorno común.

La sonrisa de Regina se volvió más fina.

Valentina no necesitó más.

Había familias ricas que usaban oro porque podían pagarlo. Y había familias que podían usarlo como advertencia. El bordado que vio bajo la lluvia no era una flor ni una moda de salón. Era un trazo antiguo, parecido a la curva de un lobo en movimiento.

El lobo dorado de la Casa Montero.

La garganta se le cerró.

—Fue... ¿el Rey Alfa?

Regina no confirmó.

Tampoco negó.

Tomó la taza y se la ofreció.

—Anoche estuvo herida. Hoy necesita beber esto antes de hacer preguntas capaces de mover medio palacio.

Valentina recibió la taza con ambas manos. El calor le dolió en las palmas raspadas.

—Debo regresar.

—Sí.

La rapidez de la respuesta la sorprendió.

Regina caminó hasta la ventana y apartó apenas la cortina. Afuera, el patio de la residencia ya estaba despierto: guardias montados, un carruaje preparado, sirvientas con mantas dobladas.

—Pero no regresará sola.

Valentina miró los estandartes.

Negro y oro.

Lobo dorado sobre campo oscuro.

—Princesa...

—Mi hermano no sabe cuidar mujeres, pero sí sabe entender amenazas. Y yo sé entender escándalos. Si vuelve escondida en un carruaje sin marca, los Reyes podrán contar la historia que quieran antes de que usted abra la boca. Si vuelve bajo mi estandarte, todos deberán medir sus palabras.

Valentina bajó la vista a la taza.

En la Hacienda Reyes, cada favor venía con una cuerda escondida.

Esto también podía ser una cuerda.

Pero por primera vez en mucho tiempo, alguien le mostraba la cuerda antes de atarla.

—¿Por qué me ayuda?

Regina apoyó el hombro contra la ventana.

—Porque una mujer que salta de un carruaje para salvarse merece llegar a casa de pie.

La respuesta era demasiado simple para ser completa.

Valentina lo supo.

Regina también supo que ella lo sabía.

Eso, curiosamente, hizo que la mentira parcial doliera menos.

—Gracias —dijo Valentina.

—Guarde la gratitud para cuando le cobre algo de verdad.

Una hora después, Valentina cruzó las puertas de la residencia Fuentes apoyada en una criada y envuelta en una capa verde que no pertenecía a Reyes. La rodilla no quería sostenerla. Cada paso era una punzada. Pero cuando vio el carruaje Montero esperando bajo el cielo limpio después de la tormenta, enderezó la espalda.

Regina la acompañó hasta el estribo.

—No hable de más delante de Doña Milagros —dijo en voz baja—. Diga lo suficiente para iniciar una investigación. No entregue todo lo que sabe.

—¿Por qué?

—Porque quien armó la trampa ya debe estar destruyendo pruebas.

Valentina recordó la cuerda en la mano del hombre. La voz bajo el árbol. Catalina pagó por una Luna.

—Pilar sabe.

—Entonces Pilar es valiosa y peligrosa al mismo tiempo.

—Pilar me entregó.

Regina la miró con una seriedad inesperada.

—A veces las mujeres encerradas aprenden a sostener el cuchillo del carcelero. Eso no limpia la sangre. Pero ayuda a entender dónde buscar la cerradura.

Valentina no respondió.

No estaba lista para perdonar a Pilar.

Tal vez nunca lo estaría.

El regreso a la Hacienda Reyes no fue silencioso.

Los cascos de los escoltas Montero golpearon la calzada con un ritmo limpio, ordenado, imposible de ignorar. Al frente iba un estandarte negro con el lobo dorado. Detrás, dos guardias a cada lado del carruaje. No era una procesión de guerra. Tampoco una visita social.

Era una declaración.

Cuando llegaron a la puerta principal, los sirvientes Reyes salieron como si alguien hubiera tocado una campana invisible. Tomás apareció primero, pálido. Nana Elena detrás, con la boca apretada. Sofía corrió desde el patio lateral y se detuvo solo porque un guardia Montero abrió la puerta antes que ella.

—Mi señora.

La voz de Sofía se rompió.

Valentina bajó despacio.

El dolor casi le dobló la pierna, pero Sofía la sostuvo por la cintura.

—Estoy viva —susurró Valentina.

Sofía empezó a llorar sin hacer ruido.

En lo alto de la escalinata apareció Doña Milagros. La seguía Sebastián, con el cabello desordenado y una expresión que pasó del alivio al desconcierto cuando vio el estandarte Montero.

—Valentina —dijo él—. ¿Dónde estabas?

Antes de que Valentina respondiera, Regina descendió del carruaje.

El patio entero bajó la cabeza.

Doña Milagros también, aunque lo hizo un segundo tarde.

—Princesa Regina —dijo.

—Luna Madre.

El saludo fue correcto.

Frío.

—Anoche encontraron a Luna Valentina herida en la ciudad —dijo Regina—. Mi casa la atendió por cortesía a Manada Reyes y por respeto a La Matriarca. Consideré apropiado devolverla personalmente.

Sebastián miró a Valentina como si acabara de entender que ella había existido fuera de su alcance durante una noche entera.

—¿Quién la encontró?

Regina sonrió.

—Alguien que pasaba.

—Quiero saber quién.

—Y yo quiero que una Luna no aparezca ensangrentada en un callejón después de salir desde su hacienda. Todos queremos cosas razonables, Alfa Reyes.

El golpe cayó sin alzar la voz.

Doña Milagros palideció.

—Debe haber una explicación.

—Eso espero —dijo Regina—. Porque si no la hay, Manada Reyes tendrá que explicar ante el Palacio del Gran Alfa cómo una mujer bajo su protección terminó huyendo de hombres contratados.

La palabra contratados se clavó en el patio.

Nana Elena bajó los ojos.

Sebastián giró hacia Valentina.

—¿Hombres contratados?

Valentina sostuvo su mirada.

—Pilar me invitó a la ciudad. El carruaje se desvió. Ella confesó que Catalina había pagado a hombres para esperarme.

El nombre de Catalina cayó como aceite sobre fuego.

Doña Milagros no se movió.

Ese fue su error.

No pareció sorprendida.

Doña Aurora llegó apoyada en Nana Rosa antes de que nadie pudiera ocultar mejor la cara. Había envejecido desde la enfermedad, pero su voz conservaba la fuerza de las piedras antiguas.

—Repítelo, mi Luna.

Valentina se volvió hacia ella.

—Pilar me entregó a una trampa. Dijo que Catalina mandó hombres para destruir mi honra y forzar a Sebastián a repudiarme.

Doña Aurora cerró los ojos.

Cuando los abrió, ya no había tristeza.

Solo autoridad.

—Milagros.

Doña Milagros inclinó la cabeza.

—Madre, yo no sabía...

—No te pregunté si sabías. Te estoy mirando para que recuerdes que esta casa aún tiene Matriarca.

El patio quedó inmóvil.

Doña Aurora golpeó el suelo con su bastón.

—Traigan a Pilar. Cierren las puertas. Nadie sale de la hacienda sin mi permiso. Tomás, manda llamar a los guardias internos y a dos sanadores. Sofía, lleva a Valentina a mi patio. Princesa Regina, Manada Reyes agradece su intervención y recibirá cualquier informe que su casa considere pertinente.

Regina inclinó la cabeza con elegancia.

—Lo enviaré por escrito.

Por escrito.

Valentina entendió el regalo.

Una palabra oral podía negarse. Un informe Montero no.

Doña Milagros también lo entendió. La mirada que lanzó hacia Valentina duró menos que un parpadeo, pero tenía veneno suficiente para matar flores.

Sebastián intentó acercarse.

—Valentina, yo...

Sofía se puso entre ambos.

No dijo nada.

No hizo falta.

Doña Aurora ya caminaba hacia su patio interior.

—Mi Luna viene conmigo.

Esa frase, dicha delante de Regina, de Sebastián, de Doña Milagros y de todos los sirvientes, levantó a Valentina del barro de la noche anterior más que cualquier mano.

La llevó de regreso a la casa.

No como culpable.

Como sobreviviente.

En el ala de Catalina, una criada entró sin tocar.

—Señorita, la trajeron de vuelta. Con estandartes Montero.

Catalina dejó caer el peine.

—¿Quién más sabe?

—Todos.

Por primera vez desde que llegó a la Hacienda Reyes, Catalina no sonrió.

Cruzó la habitación, abrió un cajón y sacó una bolsita de monedas.

—Encuentra al cochero. También a los hombres.

—¿Y Pilar?

Catalina miró hacia la ventana, donde el estandarte negro y dorado todavía se veía sobre el patio.

Su voz salió plana.

—Pilar ya habló demasiado.

1
Nana Pelaez
24 capítulos y ella feliz sufriendo 😭😭😭
Marleys Sofia Cervantes
uffffffffffffffffffff
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏
Carla Carvajal
autora quise leer algunas de tus obras, ninguna de las que escogí está terminada, espero puedas terminar esta y sigas con las otras
Natt_Lpz
ne encanta.. pero creo q sabemos q Valentina es fuerte feroz pero xq sufrir tanto? me parte el alma 💔
gabriel rios
es el final o va a seguir
Carla Carvajal
ojalá está novela no sea tan larga, las novelas cuando comienzan a ser rebuscadas suelen aburrir al lector, solo es mi opinión, aburre leer muchos capítulos
Marleys Sofia Cervantes
Alguien sensato
Marleys Sofia Cervantes
Valentina es
Lola calamidades
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
muy bien Damián
Marleys Sofia Cervantes
Hay va arder troya
Marleys Sofia Cervantes
Valentina si lleva porrazos
porrazos viene
porrazos van
Marleys Sofia Cervantes
le están buscando 5 patas al gato
Zaida Sanchez
toda esa gente no vale la
Zaida Sanchez: no valen la pena de sus esfuerzos 😡
total 2 replies
Marleys Sofia Cervantes
pisando en terreno mojado
Marleys Sofia Cervantes
Esa Catalina es un grano en la nalga
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
valentina
Marleys Sofia Cervantes
Doña aurora tiene más pelota que un poco jajajajaja y está vieja me imagino en sus años mosos
Marleys Sofia Cervantes
1 más 1 2
y estos ufff no se que esperan
Lilian Benitez
🤔no está completa
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