Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
NovelToon tiene autorización de Ariana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 21: Una nueva sospecha
—¿Qué significa que no solo está relacionado con el accidente?
Seo-yeon miró a Ji-ho, esperando una respuesta.
Él seguía leyendo el mensaje de Min-jae.
—No lo sé.
—Entonces averigüémoslo.
Ji-ho levantó la mirada.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Después de todo lo que pasó...
Seo-yeon suspiró.
—Estoy enojada contigo. Mucho.
Él bajó la mirada.
—Lo sé.
—Pero eso no significa que quiera dejar de buscar la verdad.
Ji-ho sonrió ligeramente.
—Gracias.
—No me agradezcas todavía.
Ella señaló su teléfono.
—Llama a Min-jae.
---
Los cuatro se reunieron esa misma noche.
Min-jae colocó varios documentos sobre la mesa.
—Encontramos transferencias de dinero entre tu padre y Sung-ho.
Ji-ho tomó uno de los papeles.
—¿Cuándo?
—Antes y después del accidente.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Después también?
Do-yun asintió.
—Durante casi dos años.
Ji-ho permaneció en silencio.
—¿Tu padre nunca mencionó esto? —preguntó Seo-yeon.
—Nunca.
Min-jae sacó otro documento.
—Hay algo más.
Lo dejó sobre la mesa.
—Sung-ho no trabajaba solamente para tu padre.
Ji-ho lo miró.
—¿Para quién más?
Min-jae señaló un nombre.
Han Tae-jun.
Seo-yeon se quedó inmóvil.
—Mi padre también le pagaba.
Ji-ho levantó la mirada.
—Entonces nuestros padres estaban trabajando con él.
—O contra él —dijo Do-yun.
Nadie respondió.
---
Al día siguiente, Seo-yeon fue a buscar a su padre.
Lo encontró en el despacho.
—Necesito preguntarte algo.
Tae-jun dejó los documentos que tenía en las manos.
—¿Qué sucede?
Seo-yeon colocó una copia de la transferencia sobre el escritorio.
Su padre palideció.
—¿De dónde sacaste eso?
—Eso no importa.
—Seo-yeon...
—¿Quién es Choi Sung-ho?
El silencio fue inmediato.
—Es un antiguo socio.
—¿Por qué le pagabas?
—Era parte de un negocio.
—¿Y qué negocio?
—No tienes que preocuparte por eso.
Seo-yeon soltó una pequeña risa.
—Todos me dicen lo mismo.
Su padre la miró.
—Porque queremos protegerte.
—No necesito protección. Necesito la verdad.
Tae-jun se levantó.
—Hay cosas que no puedes entender todavía.
—Entonces explícamelas.
Él permaneció callado.
Seo-yeon tomó aire.
—¿Conocías a la madre de Ji-ho?
—Sí.
—¿Estabas con ella la noche del accidente?
Su padre cerró los ojos.
—Sí.
Seo-yeon sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Y Sung-ho?
Tae-jun no respondió.
—Papá.
Finalmente habló.
—También estaba allí.
---
Esa tarde, Seo-yeon encontró a Ji-ho en la azotea.
—Ya sé quién estaba allí.
Él se giró.
—¿Quién?
—Mi padre.
Ji-ho no pareció sorprendido.
—Lo sospechaba.
—Y Sung-ho también estaba allí.
Ji-ho apretó los puños.
—Entonces tenemos que encontrarlo.
—Hay algo más.
Seo-yeon sacó su teléfono.
—Mi padre dijo que tu madre estaba a punto de contar algo.
—¿Qué cosa?
—No lo sé.
Ji-ho se acercó.
—¿Y si mi madre descubrió algo sobre nuestras familias?
—Entonces quizás por eso murió.
Los dos quedaron en silencio.
Ji-ho tomó su mano.
—Pase lo que pase, no voy a dejar que esto nos separe.
Seo-yeon lo miró.
—No hagas promesas que no sabes si podrás cumplir.
—Esta sí puedo.
Ella sonrió débilmente.
—Eso espero.
---
Esa noche, Ha-rin finalmente regresó al instituto.
Seo-yeon la encontró sola en un pasillo.
—Tenemos que hablar.
Ha-rin se detuvo.
—Lo sé.
—¿Dónde estabas?
—Intentando descubrir la verdad.
—¿Sobre el accidente?
Ha-rin asintió.
—Sí.
Seo-yeon se acercó.
—¿Quién conducía?
Ha-rin comenzó a llorar.
—No puedo decírtelo.
—¿Por qué?
—Porque si te lo digo, nada volverá a ser igual.
Seo-yeon la miró fijamente.
—Ya nada es igual.
Ha-rin respiró profundamente.
—Entonces prométeme algo.
—¿Qué?
—Cuando descubras quién fue, no confíes en todo lo que te diga.
—¿Por qué?
Ha-rin sacó una fotografía de su bolso.
—Porque la persona que conducía aquel automóvil...
Se quedó callada.
Seo-yeon esperó.
—...no estaba sola.
Antes de poder explicar más, escucharon pasos al final del pasillo.
Ha-rin guardó rápidamente la fotografía.
Ambas miraron hacia allí.
Una silueta desapareció detrás de la esquina.
Y esta vez, Seo-yeon estaba segura de algo.
Alguien los estaba siguiendo.