Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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4- pequeña interrupción.
El silencio reinaba dentro del despacho.
Nadie se movía.
Nadie hablaba.
Todos mantenían la vista fija sobre la enorme puerta de madera.
Unos segundos después...
Esta se abrió lentamente.
Dos hombres vestidos de negro ingresaron primero al despacho.
Recorrieron el lugar con la mirada antes de hacerse a un lado.
Entonces apareció Marcus Greco.
Vestía un impecable traje azul oscuro.
Su expresión permanecía serena.
Transmitía la misma autoridad que Alessandro, aunque de una manera completamente distinta.
No caminaba como un hombre que buscara intimidar.
Caminaba como alguien que conocía perfectamente el peso de su apellido.
Detrás de él ingresaron cuatro de sus capitanes.
Los hombres de seguridad de la familia Moretti tensaron discretamente la postura.
Bastaba una sola orden...
Para que aquella sala se convirtiera en un campo de batalla.
Marcus se detuvo a pocos pasos de la mesa.
Su mirada recorrió el despacho.
El retrato de Alexander y Sara.
Los comandantes Moretti.
Dante.
Matteo.
Finalmente...
Sus ojos se encontraron con los de Alessandro.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
Era la primera vez que se encontraban frente a frente desde que ambos habían asumido el liderazgo de sus respectivas familias.
Alessandro fue el primero en romper el silencio.
—Bienvenido a la Mansión Moretti, Marcus.
Marcus inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias por recibirme.
Alessandro rodeó lentamente la mesa hasta quedar frente a él.
Los comandantes observaron cada movimiento con atención.
Marcus hizo lo mismo.
Sin apartar la vista de Alessandro...
Extendió la mano.
Alessandro la estrechó con firmeza.
No hubo sonrisas. Tampoco desafío.
Solo el respeto que dos hombres capaces de cargar el destino de cientos de personas eran capaces de comprender. Después de unos segundos...
Ambos soltaron el apretón.
—Tomemos asiento.
Propuso Alessandro.
Marcus asintió.
Los dos ocuparon sus lugares frente a frente.
El resto permaneció en absoluto silencio.
Marcus apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Antes de comenzar...
Quiero agradecerte el gesto que tuviste con mi familia.
Alessandro sostuvo su mirada.
—No fue un gesto. Era lo correcto.
Marcus asintió lentamente.
—Entregar a John para que recibiera el castigo que merecía... Fue una decisión que pocos jefes habrían tomado.
Hizo una breve pausa.
—Eso me hizo comprender que, quizá...
Esta generación puede hacer las cosas de manera diferente.
Dante cruzó una rápida mirada con Leonardo.
Por primera vez desde que Marcus había entrado...
El ambiente comenzó a perder parte de la tensión.
Alessandro apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Imagino que no viniste únicamente para agradecerme.
Marcus esbozó una leve sonrisa.
—No. Vine porque nuestras familias llevan demasiado tiempo enterrando gente por guerras que comenzaron nuestros padres.
Y creo... Que ninguno de los dos desea seguir haciendo lo mismo.
El despacho volvió a quedar en silencio.
Aquella era la primera vez...
En muchos años...
Que un Moretti y un Greco hablaban de paz sin esconder una amenaza detrás de sus palabras.
Alessandro apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Entonces... ¿Qué esperas exactamente de esta reunión?
Marcus sostuvo su mirada.
—Conocerte.
La respuesta tomó por sorpresa a varios de los presentes.
Marcus continuó hablando con la misma serenidad.
—Durante años escuché hablar del hijo de Alexander Moretti.
Ahora quiero conocer al hombre que heredó su lugar. Las guerras suelen comenzar porque dos líderes escuchan más a sus hombres que al enemigo que tienen enfrente.
Prefiero evitar ese error.
Alessandro asintió levemente.
—En eso estamos de acuerdo.
Dante abrió una carpeta y la deslizó sobre la mesa.
—Si realmente buscamos evitar otra guerra...
Podemos comenzar estableciendo algunos límites.
Marcus hizo un gesto invitándolo a continuar.
—Los Moretti proponen mantener intactas las fronteras actuales de ambas organizaciones.
Ninguna de las dos familias ocupará territorio perteneciente a la otra.
Uno de los capitanes Greco tomó la palabra.
—Aceptable.
A cambio... Solicitamos que cualquier conflicto entre miembros de ambas organizaciones sea comunicado directamente entre sus líderes antes de tomar represalias.
Alessandro asintió.
—Es razonable.
Leonardo intervino.
—También exigimos que ninguna empresa legal perteneciente a ambas familias sea utilizada como objetivo durante futuros conflictos.
Marcus respondió sin dudar.
—Nunca he estado de acuerdo con involucrar inocentes.
Acepto.
Dante anotó cada punto.
—Y, por último... Los Moretti no permitirán ataques contra familiares de ningún miembro de la organización.
Los ojos de Marcus se endurecieron apenas un instante.
—Eso jamás debió convertirse en una regla.
Debió ser un principio.
El despacho volvió a quedar en silencio.
Por primera vez... Ambas familias coincidían en algo.
Alessandro cerró lentamente la carpeta.
—No son malas bases.
Marcus asintió.
—No. Pero todavía es demasiado pronto para hablar de un tratado.
Primero debemos descubrir si realmente podemos confiar el uno en el otro.
Justo en ese instante...
La puerta del despacho se abrió de golpe.
—¡Amor... Lorenzo se va a ca...!
La voz de Valentina se interrumpió en cuanto levantó la vista.
El despacho entero quedó en silencio.
Más de veinte hombres la observaron al mismo tiempo.
Valentina parpadeó.
—Lo... lo siento.
Pensé que la reunión ya había terminado.
Uno de los comandantes veteranos frunció el ceño.
Inmediatamente susurró para que solo los hombres más cercanos pudieran escucharlo.
—¿Cómo demonios pudo entrar hasta aquí?
¿Acaso nadie está vigilando la puerta?
Sergio, que permanecía de pie junto a Matteo, esbozó una pequeña sonrisa.
—Creo que, con la tensión que había dentro de esta sala... Nadie quiso quedarse afuera.
Algunos de los presentes no pudieron evitar sonreír discretamente.
Valentina dio un paso hacia atrás.
—Perdón... Luego vuelvo.
Alessandro la observó en silencio.
Notó la forma en que evitaba levantar la vista.
La ligera vergüenza con la que intentaba marcharse.
Y algo dentro de él se negó a permitirlo.
No. Jamás dejaría que la mafia hiciera sentir a Valentina como una intrusa.
Mucho menos en su propia casa.
Levantó la mano.
—Valentina.
Ella se detuvo de inmediato.
Giró lentamente hacia él. Alessandro le dedicó una pequeña sonrisa.
La misma que solo ella era capaz de provocar.
—Ven un momento.
Después dirigió la mirada hacia Marcus.
—Disculpa la interrupción.
Marcus hizo un leve movimiento con la cabeza.
—No hay nada que disculpar.
Alessandro volvió a mirar a Valentina.
—¿Qué era eso tan importante que querías decirme?
La expresión de Valentina cambió por completo.
Sus ojos volvieron a iluminarse.
Se acercó rápidamente hasta quedar a su lado.
—¡Lorenzo se casa!
Exclamó con una enorme sonrisa.
—Acaba de llamarme.
Le pidió matrimonio a Isabella... ¡Y ella aceptó!
Por un instante... El despacho entero quedó en silencio. Alessandro sonrió.
No pudo evitar hacerlo.
Su cuñado finalmente había encontrado la felicidad.
Tomó suavemente la mano de Valentina.
—Me alegra mucho.
Ella sonrió.
—Lo sabía.
Sabía que te pondrías feliz.
Entonces...
Como había hecho toda su vida cada vez que acompañaba a Giovanni a reuniones de negocios...
Dirigió la mirada hacia el hombre sentado frente a Alessandro.
Sonrió con educación.
Y dio un pequeño paso hacia él.
Alessandro sintió cómo todos los músculos de su cuerpo se tensaban.
No...
Pensó de inmediato.
no lo hagas Valentina...
Marcus levantó la vista con curiosidad.
Ella extendió la mano con absoluta naturalidad.
—Mucho gusto.
Mi nombre es Valentina Visconti.
Es un placer conocerlo.
El despacho entero dejó de respirar.
Uno de los comandantes veteranos apretó con fuerza los brazos de su silla.
Otro cerró los ojos por un instante.
Dante observó a Marcus sin apartar la vista.
Matteo estaba listo para intervenir al menor indicio de peligro.
Alessandro sintió un nudo en el estómago.
Valentina no tenía idea de quién era el hombre al que acababa de tenderle la mano.
Para ella... Solo era otro empresario reunido con su padre... o, ahora, con él.
Toda su vida había sido educada para actuar así.
Para presentarse.
Sonreír.
Tender la mano.
Ser amable.
Y él... Jamás permitiría que perdiera esa esencia por culpa del mundo al que pertenecía.
Marcus contempló durante unos segundos la mano que Valentina mantenía extendida.
Después...
Sonrió.
Y estrechó su mano con la misma cortesía.
—Marcus Greco.
El gusto es mío, señorita Visconti.
Alessandro soltó el aire lentamente.
Solo entonces comprendió...
que una tragedia, se había evitado.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.