Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capitulo 24- El hombre que todos conocían
"La traición duele mucho más cuando viene de alguien a quien alguna vez llamaste familia."
Durante unos segundos nadie reaccionó.
El hombre permanecía frente a ellos con una tranquilidad que resultaba casi insultante.
Dante fue el primero en hablar.
—Dilo.
El hombre sonrió.
—¿Qué quieres que diga?
—Tu nombre.
—Creo que ya lo sabes.
Dante dio un paso adelante.
—Quiero escucharlo de tu propia boca.
El hombre levantó lentamente la cabeza.
—Adrián Moretti.
Valentina sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—No...
Su padre cerró los ojos.
Marco miró a Dante.
—¿Pero cómo...?
Dante no apartaba la mirada de Adrián.
—Te vimos morir.
Adrián soltó una pequeña risa.
—Eso fue precisamente lo que necesitaba que creyeran.
Valentina sintió que sus manos temblaban.
—¿Todo este tiempo?
Adrián la miró.
—Todo este tiempo.
—¿Tú enviaste los mensajes?
—Algunos.
—¿Tú vigilabas nuestra casa?
—Sí.
Dante apretó la mandíbula.
—¿Y Vieri?
—Una pieza útil.
—¿Esteban?
—Otra pieza.
Dante negó lentamente.
—Entonces todo lo que ocurrió...
—Fue provocado.
El padre de Valentina avanzó.
—¿Por qué?
Adrián lo miró.
—Porque ustedes destruyeron mi familia.
—¡Nosotros no hicimos nada!
—Eso es lo que siempre dijeron.
Adrián señaló a Dante.
—Tu padre y el padre de Valentina hicieron un acuerdo que terminó arruinando los negocios de mi familia.
Dante respondió con frialdad:
—Y por eso decidiste destruirnos.
—No.
Adrián negó.
—Decidí hacer que sintieran lo mismo que yo.
Valentina dio un paso adelante.
—¿Y qué tienen que ver mis hijos?
Por primera vez, Adrián dejó de sonreír.
—Todo.
Dante inmediatamente se colocó frente a ella.
—No vuelvas a hablar de ellos.
—Son los herederos de dos familias que llevan décadas enfrentadas.
—Son mis hijos.
—Precisamente.
Valentina salió de detrás de Dante.
—No soy una pieza de tu juego.
Adrián la observó.
—Eso es lo que más me interesa de ti.
Dante giró hacia ella.
—Valentina, aléjate.
Ella negó.
—No.
Después miró directamente a Adrián.
—Quieres que tenga miedo de ti.
—No.
—Entonces ¿qué quieres?
Adrián respondió:
—Que comprendas que esta guerra no comenzó contigo.
—Pero sí está pasando por mi culpa.
—No.
Adrián sonrió.
—Está pasando porque eres la única persona capaz de unir a las dos familias.
Valentina quedó en silencio.
Marco avanzó.
—¿Y qué piensas hacer?
Adrián lo miró.
—Eso depende de ustedes.
—¿De nosotros?
—Sí.
Adrián sacó un sobre.
—Aquí está la última parte del acuerdo.
Lo dejó sobre una mesa.
—Si lo destruyen, la guerra continúa.
Dante tomó el sobre.
—¿Y si no?
—Entonces tendrán que cumplir el pacto.
El padre de Valentina preguntó:
—¿Qué pacto?
Adrián sonrió.
—Eso lo descubrirán cuando lean el documento.
Y antes de que alguien pudiera detenerlo, dio media vuelta.
Dante lo siguió con la mirada.
—¿Vas a marcharte?
—Por ahora.
—No terminará así.
Adrián se detuvo.
—Lo sé.
Después desapareció entre las sombras del almacén.
Cuando regresaron a la residencia, nadie hablaba.
El sobre estaba sobre la mesa.
Dante finalmente lo abrió.
Dentro había un documento antiguo.
Varias firmas.
Nombres.
Fechas.
Y una cláusula escrita en una sección aparte.
Valentina se acercó.
—¿Qué dice?
Dante leyó.
Su expresión cambió.
—No puede ser.
—¿Qué?
Dante le entregó el documento.
Valentina comenzó a leer.
Sus ojos se abrieron lentamente.
—¿Nuestros hijos...?
Su padre tomó la hoja.
—Déjame verla.
Después de unos segundos, su rostro se endureció.
—Este pacto establece que, si algún día ambas familias tienen descendientes directos, los bienes que fueron divididos deberán volver a un mismo control.
Marco frunció el ceño.
—¿Quién tendría ese control?
Dante señaló la última línea.
—La persona que posea el documento original.
Todos quedaron en silencio.
Luca preguntó:
—¿Y quién lo tiene?
Dante levantó la mirada.
—Adrián.
Valentina se sentó.
—Entonces todo esto era por dinero.
Dante negó.
—No solamente.
—¿Entonces?
—Por poder.
Valentina acarició su vientre.
—No puedo creer que mis hijos estén en medio de algo que comenzó antes de que yo naciera.
Dante se sentó a su lado.
—No están en medio.
Ella lo miró.
—Sí lo están.
—No.
Dante tomó su mano.
—Ellos no tienen ninguna culpa.
Valentina sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Tengo miedo.
Dante apretó su mano.
—Yo también.
Esa misma noche, la familia se reunió en el salón.
El padre de Valentina habló:
—Tenemos que decidir qué hacer.
Marco respondió:
—No vamos a entregar nada.
Luca asintió.
—Mucho menos por una amenaza.
La madre de Valentina miró a su hija.
—¿Y tú qué piensas?
Valentina respiró profundamente.
—Creo que no podemos seguir reaccionando a lo que Adrián hace.
Todos la miraron.
—Tenemos que adelantarnos a él.
Dante sonrió ligeramente.
—Eso estaba pensando.
Enzo entró.
—Entonces tengo buenas noticias.
Dante levantó la mirada.
—Habla.
Enzo dejó una carpeta sobre la mesa.
—Encontramos una propiedad que Adrián ha estado utilizando.
—¿Dónde?
—Cerca del puerto.
Marco preguntó:
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Qué hay allí?
Enzo negó.
—No lo sabemos.
Pero encontramos movimientos recientes.
Dante cerró la carpeta.
—Entonces ahí está nuestra siguiente pista.
Más tarde, Valentina salió al jardín.
Dante la siguió.
—¿Por qué saliste?
—Necesitaba aire.
Él se colocó a su lado.
Durante unos segundos ninguno habló.
—Dante.
—¿Sí?
—¿Crees que algún día podremos vivir tranquilos?
Dante la miró.
—Sí.
—¿Aunque todo esto siga?
—Precisamente por eso.
Valentina sonrió.
—Antes eras mucho más frío.
—Todavía lo soy.
—No conmigo.
Dante guardó silencio.
—Contigo es diferente.
Valentina bajó la mirada.
—Nunca pensé que terminaríamos así.
—Yo tampoco.
Ella apoyó una mano sobre su vientre.
—Ellos cambiaron todo.
Dante puso su mano sobre la de ella.
—Sí.
De repente, uno de los bebés se movió.
Valentina sonrió.
—Creo que está escuchando.
Dante soltó una pequeña risa.
—Entonces dile que su padre va a protegerlo.
—¿Y si es una niña?
—Entonces tendrá un padre todavía más preocupado.
Valentina se rio.
—Pobre niña.
Pero aquella tranquilidad duró poco.
El teléfono de Dante vibró.
Era Enzo.
—Dime.
La voz de Enzo sonaba preocupada.
—Tenemos un problema.
Dante se puso serio.
—¿Qué ocurrió?
—Encontramos a Vieri.
—¿Dónde?
—En la propiedad del puerto.
Dante frunció el ceño.
—¿Está vivo?
—Sí.
—Entonces llévenlo.
—Hay algo más.
Dante esperó.
—Está herido y dejó un mensaje.
—¿Qué mensaje?
Enzo hizo una pausa.
—Dijo que Adrián no es el único que está detrás de todo.
Dante quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Dijo que hay alguien más.
Valentina lo observó.
—¿Quién?
Enzo respondió:
—No quiso decirlo.
—¿Por qué?
—Porque está aterrorizado.
Dante miró a Valentina.
—Llévenlo a la residencia.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y si es una trampa?
—Entonces estaremos preparados.
Una hora después, Vieri estaba frente a Dante.
Su rostro mostraba cansancio.
Valentina permanecía en otra habitación junto a su familia.
Dante lo observó.
—Habla.
Vieri respiró profundamente.
—Adrián cree que controla todo.
—¿Y no es así?
—No.
—Entonces dime quién lo controla a él.
Vieri bajó la mirada.
—No puedo.
Dante se acercó.
—Puedes.
—No entiendes.
—Entonces explícame.
Vieri levantó los ojos.
—Si digo su nombre, mi familia morirá.
Dante quedó en silencio.
—¿Tan poderoso es?
Vieri asintió.
—Mucho más de lo que imaginas.
—¿Lo conozco?
Vieri no respondió.
Dante comprendió.
—Lo conozco.
Vieri cerró los ojos.
—Sí.
—¿Está cerca de mi familia?
Silencio.
—¿Está cerca de Valentina?
Vieri finalmente respondió:
—Sí.
Dante sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Vieri abrió la boca.
Pero antes de poder responder, las luces volvieron a apagarse.
Se escuchó un golpe en algún lugar de la residencia.
Dante se giró inmediatamente.
—¡Valentina!
Corrió hacia el salón.
Todos estaban allí.
Pero la silla donde Valentina había estado sentada estaba vacía.
Su madre gritó:
—¡Valentina!
Dante sintió que el corazón se le detenía.
—¡Cierren todas las salidas!
Los hombres comenzaron a correr.
Marco gritó:
—¡No está en ninguna habitación!
Dante miró hacia la puerta principal.
Entonces encontró algo en el suelo.
El teléfono de Valentina.
La pantalla estaba encendida.
Había un último mensaje.
«Si quieres volver a verla, ven solo.»
Dante apretó el teléfono entre sus dedos.
Su rostro se volvió completamente frío.
—Nadie toca a mi familia.
Y salió de la residencia.
Sin saber que, desde algún lugar cercano, alguien observaba cada uno de sus movimientos.
La verdadera guerra acababa de comenzar.
CONTINUARÁ...
🖤 Palabras de la autora
Gracias por llegar al capítulo 24. 🖤
Gracias por seguir acompañándome en esta historia y por leer cada capítulo. 🥹🖤
Con cariño,
Natalia Moreno 🖤