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EL RUIDO QUE DEJASTE

EL RUIDO QUE DEJASTE

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Escuela / My Hero Academia / Completas
Popularitas:520
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

Es la historia de Elena, una joven de 24 años que vuelve a la facultad de Derecho que abandonó por bullying para recuperar su voz, y en el camino encuentra en Luz, una compañera de pelo azul, la amistad que le enseña que superarse no es olvidar lo que pasó, sino aprender a caminar de nuevo acompañada.

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9: TORRES

Después del caso, pensé que no iba a volver a saber nada de Marcos Torres nunca más.

Me equivoqué.

Primero fueron mensajes de gracias. Normales.

Gracias de nuevo, Elena. Posta me salvaste la carrera.

Yo: De nada, Marcos. A estudiar.

Después fueron mensajes que ya no eran de gracias.

¿Estás en Rosario este finde? Te debo un café.

Yo: Estoy en Buenos Aires, Marcos. Ya no vivo allá.

Vi tu foto en lo de Beccar. Estás re bien. Te queda bien el traje.

Yo: Gracias.

Che, ¿vos estás con Valdez? Me dijeron que sí.

Yo: Marcos, no te corresponde preguntarme eso.

No me gustaba el tono. No era amenazante. Era otra cosa. Era el tono de alguien que está confundiendo gratitud con otra cosa.

Hasta que un martes, a las once de la noche, me llegó un audio de dos minutos. Con la voz tomada.

"Elena, mirá, sé que suena re desubicado. Pero no paro de pensar en vos. Desde que me defendiste. Nadie, nunca, me había defendido así. Ni siquiera mi vieja. Vos me miraste cuando yo era una mierda con vos y me defendiste igual. Y me hizo acordar a todo lo que te hice. Y me empecé a acordar de vos en primer año, antes de que nos hiciéramos los cancheros. Te acordás que una vez me prestaste tus apuntes de Introducción y me pusiste estrellitas para que entienda? Desde ese día me gustaste. Y fui un pelotudo. Y ahora no paro de pensar que si hubiera sido distinto... no sé. Perdón. Borrá este audio".

No lo borré. Lo escuché tres veces. Y sentí lástima. No amor. No culpa. Lástima. Y un poco de bronca.

Al día siguiente lo llamé. No por Zoom. Por teléfono, corta y clara, como me había enseñado Méndez a tener las conversaciones difíciles.

"Marcos, escuché tu audio".

Silencio del otro lado.

"Te voy a decir algo con respeto, porque creo que estás confundido. Vos no te enamoraste de mí. Vos te enamoraste de la primera persona que no te trató como vos trataste a los demás. Te sentiste visto por primera vez. Y eso no es amor, es alivio. Y te entiendo, porque a mí también me pasó".

"Elena, yo..."

"Dejame terminar. Yo no puedo corresponderte. Primero, porque estoy en pareja con Martín y estoy muy bien. Segundo, y más importante, porque yo no soy tu redención, Marcos. Yo no estoy acá para que vos te sientas menos culpable por lo que hiciste. Vos tenés que arreglar eso con vos, no conmigo".

Del otro lado se escuchó que respiraba hondo.

"Tenés razón. Soy un pelotudo. De nuevo".

"No sos un pelotudo. Fuiste un pibe forro en la facu, como muchos. Pero podés no serlo más. Y la mejor forma de demostrarme que cambiaste no es invitándome un café. Es no haciéndole nunca más a nadie lo que me hiciste a mí".

"Te juro que nunca más".

"Te creo. Ahora, te pido algo: no me escribas más si no es por algo de la facu. Necesito esa distancia. ¿Estamos?".

"Estamos. Y Elena... gracias. De verdad. Por todo. Incluso por esto".

Cortamos.

Esa noche se lo conté a Martín por videollamada. Todo. Sin editar.

Martín se rió.

"¿Te puso celoso?", le pregunté.

"No. Me hizo acordar a cuando yo tenía tu edad y me creía que si alguien me trataba bien, ya estaba enamorado. No me da celos, me da ternura. ¿Vos cómo estás?".

"Bien. Tranquila. Por primera vez, puse un límite sin sentir culpa".

"Eso, abogada Rivas, vale más que ganar un caso en Beccar Varela".

Colgamos. Yo me quedé mirando la ventana de mi departamento en Buenos Aires. Abajo pasaban colectivos, gente apurada.

Pensé en Marcos. No con odio. Con distancia. Entendí algo que Valdez me había dicho una vez en clase y que había anotado en mi cuaderno: "El derecho no sirve para vengarse. Sirve para que la venganza no sea necesaria".

Yo ya no necesitaba vengarme de nadie. Ni de Camila, ni de Marcos, ni de todos los que me hicieron sentir que sobraba.

Porque mi lugar ya no dependía de si ellos me lo daban o no.

Mi lugar me lo había dado yo.

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