Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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EN LIBERTAD
El tono alterado de Rodrigo, un hombre que usualmente desbordaba paciencia, hizo eco en toda la oficina.
“¡Basta! Recuerden que esto es una comisaría” intervino el general con voz de mando, intentando restablecer el orden y disipar la evidente tensión en el aire.
Lesly bajó la mirada, sintiendo el peso de la vergüenza ajena sobre sus hombros. La verdad de las palabras de Rodrigo la golpeaba como un espejo incómodo.
El prejuicio y el orgullo la habían cegado, derrotada y con la dignidad fracturada, miró a su tío y luego a los oficiales de turno.
“Retiro la denuncia” declaró en voz baja, vencida por la realidad de su error.
Los oficiales asintieron de inmediato. Se realizaron los trámites de rigor con rapidez y, en cuestión de minutos, la injusta pesadilla legal de Rodrigo había terminado oficialmente.
Rodrigo caminó hacia la salida de la estación policial. Aún llevaba a Luca en brazos; el pequeño se aferraba a su cuello con una fuerza inquebrantable, buscando el único refugio que le transmitía paz en medio del caos.
Apenas unos pasos detrás de ellos caminaba Lesly, con la mirada fija en el suelo y el bolso colgado al hombro.
El viento helado de la mañana golpeó el rostro de Rodrigo en cuanto cruzaron el umbral de la comisaría, actuando como un bálsamo inmediato sobre su temperamento alterado.
Respiró hondo, llenando sus pulmones de aire limpio. Sentirse libre de nuevo, tras haber estado a un paso de perderlo todo por una injusticia, era la mejor sensación del mundo.
La rabia acumulada comenzó a disiparse, dejando únicamente un cansancio abrumador y un vacío enorme en el estómago.
A su lado, Lesly caminaba en silencio, observándolo de reojo. La coraza de la fría parecía haber sido reemplazada por una timidez que no le era propia.
“Vamos por un café” sugirió ella en un susurro, rompiendo la tensión del ambiente “Ni siquiera nos hemos presentado formalmente”
Rodrigo la miró y, tras dudarlo un segundo, asintió con la cabeza. Tenía un hambre voraz; la cena de la noche anterior apenas había alcanzado para engañar al estómago.
Caminaron un par de calles hasta llegar a una cafetería de techos altos y aroma a grano recién tostado.
Se acomodaron en una mesa apartada, cerca de un ventanal. Lesly tomó la iniciativa y ordenó al camarero una generosa porción de tostadas, jugos naturales de frutas y café cargado.
Una vez que el camarero se retiró, Lesly entrelazó sus manos sobre la mesa y miró a Rodrigo a los ojos “Mi nombre es Lesly Acuña” dijo, presentándose con una sencillez inusual en ella “Y él, como ya sabes, es mi hijo Luca”
Rodrigo arqueó una ceja “Umm... ¿De la familia Acuña? ¿Los dueños de la corporación y prácticamente de media ciudad?” preguntó con un deje de ironía.
Lesly asintió con una media sonrisa, casi disculpándose por su propio estatus “De esos mismos. ¿Y tú eres...?”
“Rodrigo García” respondió él, sosteniéndole la mirada “Trabajo como estibador, ayer me encontré a Luca merodeando cerca de donde yo descargaba los camiones. Y no pensaba robármelo... aunque ganas no me faltaron; es un niño adorable, inteligente y muy lindo” añadió en un susurro, acariciando con ternura el cabello dorado de Luca, quien ya se había acomodado sobre su pecho.
Una sombra de dolor cruzó por los ojos de Lesly al recordar el pánico de las últimas horas “Él es mi mayor tesoro, mi vida entera” confesó, bajando la guardia “Ayer estaba completamente angustiada... y la verdad es que no lo perdí yo; estaba bajo el cuidado de mi madre y de mi hermana. Pero eso no justifica cómo actué contigo. Discúlpame... por favor. Sé que me excedí”
Rodrigo se quedó en silencio por un instante. Ver a una mujer de la alta sociedad, disculparse con tanta honestidad frente a un humilde trabajador, lo desarmó por completo.
“Acepto tus disculpas, Lesly. Y te pido que disculpes las mías también” respondió Rodrigo, suavizando el tono “No suelo perder la paciencia con facilidad, pero venía de una mala noche. Estaba agotado”
Lesly asintió, abrió su bolso y buscó su billetera “Sé que por culpa de todo este lío hoy no podrás presentarte a trabajar. Déjame, al menos, compensarte el día”
Rodrigo frunció el ceño de inmediato y su postura se volvió rígida. El orgullo inquebrantable que lo caracterizaba se reflejó en sus ojos oscuros.
“No me ofendas, por favor” la cortó con voz firme, deteniendo su mano con un gesto “Sé perfectamente que te sobra el dinero, pero yo solo acepto el dinero que me gano con el sudor de mi frente. Además...” añadió con una mueca de amarga resignación “creo que ya ni siquiera tengo un empleo al cual volver. Estaba a un pelo de que me despidieran por llegar tarde ayer, y con lo de hoy, es seguro que ya buscaron mi reemplazo”
Lesly sintió una punzada de culpa. Ella era, indirectamente, la causante de que este hombre honesto perdiera su único sustento “Puedo ayudarte a conseguir otro trabajo” propuso de inmediato, usando sus influencias “En la corporación siempre hay vacantes o puedo recomendarte personalmente con...”
Antes de que terminara la frase, Rodrigo la miró con una mezcla de reproche y cansancio. No quería que una millonaria intentara "solucionar" su vida como si fuera un proyecto de caridad.
Al notar la mirada severa del joven, Lesly de manera casi infantil, infló las mejillas con frustración. Definitivamente, era un hueso duro de roer.
Quiso insistir, buscando otra forma de doblegar su terquedad, pero en ese momento el camarero regresó con las bandejas cargadas de comida. Sin decir más, comenzaron a desayunar.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡