Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
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besar para ganar
Luis descubrió que tenía un poder y era peligroso.
Greicy era imparable discutiendo. Tenía datos, tenía pasión, tenía esa forma de mirar que hacía que hasta los profesores dudaran. Pero había descubierto su punto débil sin querer. Cuando se ponía nerviosa, cuando sentía que estaba perdiendo o cuando hablaba demasiado por ansiedad, si la besaba, se reiniciaba.
No era manipulación. Era que el mundo de Greicy era ruido y el beso era silencio. Y a ella, aunque no lo admitiera, le gustaba ese silencio.
Esa semana fue de finales. Estaban estresados, desvelados, tomando demasiado café. Ensayaban en cualquier rincón. Una tarde en la biblioteca, Greicy empezó a entrar en pánico porque no encontraba una fuente para su argumento final.
"¡Te dije que lo guardaras! ¡Siempre haces lo mismo, Luis! ¡Eres un desorganizado! ¡Vamos a perder y va a ser tu culpa y yo..."
Luis no dijo nada. Miró a los lados, se aseguró de que la bibliotecaria no viera, tomó su cara entre sus manos y la besó. Corto, firme, en medio de los libros de derecho constitucional.
Greicy se quedó en blanco. Sus ojos muy abiertos, sus labios entreabiertos, su respiración cortada.
"¿Qué... qué haces?", susurró cuando se separó.
"Callarte. ¿Funcionó?"
"No", mintió ella, con las mejillas ardiendo.
"Sí funcionó. Respira."
Y respiró. Y encontró la fuente. Estaba en su propia mochila todo el tiempo.
Esa noche, en su departamento, pasó lo mismo pero al revés. Estaban tirados en el piso, con apuntes por todos lados. Luis estaba frustrado porque no le salía una canción que le había prometido a Greicy. Rasgaba la guitarra con enojo.
"No sirve. Todo suena igual. Soy un fraude."
Greicy lo dejó quejarse un minuto. Luego gateó hasta él, le quitó la guitarra con cuidado y se sentó a horcajadas sobre sus piernas. Luis se quedó helado. Era la primera vez que ella tomaba la iniciativa de esa forma tan directa.
"Ahora tú cállate", le dijo ella.
Y lo besó. Lento, sin rabia, con intención. Le mordió suavemente el labio inferior como él le había hecho la primera vez. Luis soltó un suspiro que no pudo controlar y la apretó de la cadera.
"¿Ves? Se siente bien que te callen, ¿verdad, Salinas?", susurró ella contra su boca, con una sonrisa pequeña y poderosa.
Luis entendió en ese momento que había creado un monstruo. Ella había aprendido su truco y ahora lo usaba contra él. Y le encantaba.
Se quedaron besándose por horas, olvidando los finales, olvidando la competencia, olvidando que afuera el mundo existía. Fue la noche más larga y más corta de su semestre. Se durmieron abrazados, con la guitarra a un lado y los apuntes regados. No tuvieron intimidad más allá de besos largos, manos que exploraban con respeto, susurros y risas. Para dos personas de 19 años que se habían odiado tanto, eso ya era todo.
Lo que no sabían era que Valeria ya había hablado con Robles. Y tenía un plan
Para separar a la pareja de debates y destruir su quimica