Darien es el hijo mayor de Elara, heredera de la luz y la vida, y del Señor de las Sombras, soberano del reino de la oscuridad. Nació con una fuerza descomunal, una estatura que lo hace parecer un gigante, pero con un alma dulce, ingenua y sincera, como la de un niño que aún no conoce la crueldad total del mundo. Junto a él crecieron sus hermanos menores: Liora, que domina la magia de la naturaleza, y Kael, con el don de viajar entre sombras.
Cuando la paz entre los reinos se ve amenazada por fuerzas antiguas que buscan separar de nuevo la luz y la oscuridad, Darien es enviado a negociar una alianza con el reino de los inmortales, gobernado por la Reina Irina en el continente de Mordrasil. Pero Irina no es una simple soberana: es astuta, calculadora, y ha oído hablar de los peligros del linaje de Darien. Decide espiarlo, acercarse a él con fingida amabilidad para descubrir sus debilidades y sus secretos.
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Los primeros pasos y la llegada de los tíos.
Pasaron los meses y el tiempo pareció volar. Cuando Elion y Thalion cumplieron los seis meses, ya se sentaban solos, se sostenían de los muebles para intentar levantarse y reían con una alegría contagiosa que iluminaba toda la estancia. Sus habilidades también comenzaron a manifestarse claramente: Elion podía hacer que pequeñas luces flotaran en el aire con solo mover la mano, mientras que Thalion lograba que objetos pequeños se mantuvieran en su sitio sin caerse, como si tuviera un peso mayor del que realmente tenían.
Darien e Irina estaban maravillados. Cada día descubrían algo nuevo en sus hijos y se aseguraban de enseñarles con paciencia a controlar esa energía, sin asustarlos, sino explicándoles que formaba parte de lo que eran.
Fue entonces cuando llegó el mensaje esperado desde las tierras de Darien: Kael y Liora, sus hermanos, ya habían terminado de organizar todos los asuntos en el reino y estaban listos para viajar para conocer a sus sobrinos.
El viaje duró casi una semana, y cuando finalmente aparecieron en el horizonte, en la entrada del castillo, todos salieron a recibirlos. Darien abrazó a su hermano con fuerza, mientras Irina saludaba a su cuñada con una sonrisa cálida.
—¡Por fin estáis aquí! —exclamó Darien—. Hace mucho que los niños esperan conocer a su familia.
Al entrar en la sala donde estaban los pequeños, Kael y Liora se quedaron sin palabras. Ver a esos dos niños, con la mezcla perfecta de rasgos de ambos linajes y con esa energía especial que se sentía en el aire, les llenó el corazón de orgullo.
—Son hermosos —dijo Liora, acercándose despacio para no asustarlos y ofreciéndoles sus manos—. Se nota que llevan en su sangre todo lo que hemos construido durante generaciones.
—Elion y Thalion —explicó Irina con cariño—. Elion es el mayor, lleva la luz y el equilibrio; Thalion, el menor, la fuerza y la estabilidad.
Durante los días siguientes, los tíos pasaban todo el tiempo posible con ellos. Kael les enseñaba a sentir el flujo de energía que hay en el aire, mientras Liora les cantaba canciones antiguas y les contaba historias de sus antepasados. Los niños se encariñaron rápido, y pronto buscaban a sus tíos para jugar, reír y aprender cosas nuevas.
Por las noches, cuando todos descansaban, Darien e Irina seguían encontrando momentos para estar solos. Una de esas noches, fueron hasta la fuente oculta del jardín, un lugar rodeado de arbustos altos y flores luminosas, donde el agua caía en un estanque de piedra y el sonido era relajante y tranquilo.
Allí, bajo la luz plateada de la luna eterna, se desnudaron con calma y se metieron en el agua tibia. Darien atrajo a Irina hacia sí, sintiendo cómo el agua deslizaba su piel suavemente. Sus manos recorrieron su cuerpo, subiendo hasta sus sen°s, mientras ella se acercaba para besarlo.
—Aquí estamos solos, nadie nos verá —le susurró él, sintiendo cómo su zona húmeda se abría con facilidad a su tacto, y cómo su propia dureza crecía con el deseo de estar unidos a ella.
Se movieron despacio, sostenidos por el agua, en un ritmo suave y profundo, disfrutando de la sensación de flotar y de estar tan cerca. Cada beso, cada caricia, cada movimiento los llevaba a un placer intenso y tranquilo, hasta que alcanzaron el clímx juntos, abrazados bajo el agua y las estrellas.
—Esto es lo que nos hace fuertes —le dijo Darien acariciando su espalda—. Todo lo que compartimos, todo lo que somos.