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Un Matrimonio Imperial

Un Matrimonio Imperial

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Todo empezó en la crueldad: el hombre que amo se casa con mi mejor amiga, y yo debo presenciarlo todo, humillada, en primera fila.

Para dejar de ser su juguete, suelto la mentira que me salva y me venga:
—Estoy comprometida con Denney Callahan.

Se burlan… hasta que él aparece, me rodea la cintura con posesión feroz, me pega a su cuerpo y declara:
—Es mi prometida. Créanlo.

La mentira se vuelve verdad. Y el juego dulce, vengativo y oscuro ha comenzado.

NOVELA EXTENSA...

Advertencia: Novela +21

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Capítulo 17: En el dominio del cazador

La mañana siguiente llegó envuelta en una luz grisácea que se filtraba con dificultad a través de los altos ventanales del penthouse. Denney había salido antes de que el sol terminara de asomar, dejando tras de sí un silencio denso que parecía impregnado de advertencias no dichas. Lana, tras una breve parada en su taller donde apenas pudo concentrarse en los bocetos, regresó a la residencia con una determinación que temblaba pero no se quebraba. No podía seguir esperando a que él decidiera explicarle lo inexplicable. No podía seguir viviendo a ciegas, sintiendo que cada paso que daba era vigilado, medido y dirigido por una voluntad que no era la suya.

Caminó por los pasillos de mármol, con el corazón latiéndole con fuerza en la garganta, hasta llegar a la puerta que siempre había permanecido cerrada: una hoja maciza de roble oscuro, con herrajes de bronce ennegrecido, situada al fondo del ala oeste, lejos de las zonas comunes. Al acercarse, notó que no estaba completamente entreabierta, sino apenas separada del marco por un resquicio estrecho, como si alguien hubiera salido apresuradamente sin asegurarse de encajarla por completo.

La empujó despacio. La puerta se abrió sin un chirrido, pesada y silenciosa, y el interior la recibió con una atmósfera que le erizó la piel.

El despacho era monumental, de una belleza severa y desprovista de calidez. Las paredes estaban revestidas de madera de nogal oscuro y tonos gris ceniza; el suelo, de pizarra pulida sobre la que descansaba una alfombra de lana espesa en tono carbón. En el centro dominaba un escritorio de mármol negro de una sola pieza, tan pulido que devolvía la imagen borrosa de cuanto se posaba sobre él. A los lados, estanterías bajas sostenían encuadernaciones de cuero y cajas de seguridad sin rótulos. Los ventanales, amplios y protegidos por cristales blindados, ofrecían una vista panorámica de la ciudad, pero el espesor del vidrio aislaba tanto del ruido como de la luz, sumiendo el espacio en una penumbra controlada. No había fotografías familiares, ni objetos personales, ni rastro de afecto o recuerdo. El aire olía a cuero tratado, tabaco de primera calidad y un orden tan riguroso que rozaba la obsesión. Era el territorio de un hombre que no dejaba huellas, que no mostraba debilidades, que lo planeaba todo con antelación.

Lana cerró la puerta tras de sí, suavemente, y avanzó un paso. El silencio la rodeó de inmediato, espeso y vigilante.

Se acercó al escritorio. Sus manos le temblaban, pero las apoyó sobre la fría superficie de piedra y empezó a buscar. Abrió los cajones superiores, uno tras otro: carpetas con sellos de empresas que no reconoció, informes financieros con cifras de tantos ceros que le costaba comprender su magnitud, esquemas de activos distribuidos en paraísos fiscales. En varias páginas, el apellido Hudson aparecía marcado con tinta roja, subrayado, rodeado de anotaciones en clave que no lograba descifrar por completo. Veía fechas, códigos, nombres de sociedades que parecían no tener relación entre sí, y la impresión que se formaba era la de una estructura compleja construida con deliberación, como una red tendida poco a poco hasta cerrarse sobre una sola presa.

Se detuvo ante una carpeta de cuero negro que descansaba ladeada sobre el borde del escritorio. La abrió con dedos impacientes. Dentro, documentos con membrete de firmas legales extranjeras, transferencias bancarias rastreadas, gráficos de caída de acciones vinculadas a negocios de la familia de Nash. Todo parecía indicar que la ruina financiera de Hudson no había sido casualidad ni producto de su propia imprudencia. Había sido orquestada. Planificada. Ejecutada.

Estaba tan concentrada en descifrar las fechas y los nombres que no escuchó los pasos. La alfombra amortiguaba todo sonido. Solo cuando una sombra inmensa se proyectó sobre las hojas que sostenía, levantó la vista con un sobresalto.

Denney estaba allí.

De pie bajo el dintel de la puerta, inmóvil, impecable con su traje de tres piezas de corte perfecto, la corbata alineada con precisión milimétrica. No venía corriendo. No venía gritando. Su postura era rígida, estática, cargada de una quietud mortal. Lo único que revelaba su estado eran los ojos: oscuros, profundos, ardiendo con una amenaza contenida que parecía a punto de desbordarse.

Cerró la puerta tras de sí con un golpe seco que resonó en cada rincón de la habitación. Caminó hacia ella a pasos lentos, calculados, sin apartar la vista ni un instante.

—Te di una sola indicación anoche, Lana —dijo, y su voz era tan baja y rasposa que parecía un susurro letal—. Te dije que no buscaras respuestas en la oscuridad.

Lana retrocedió hasta chocar contra el borde del escritorio. El pánico le heló la sangre, pero la indignación fue más rápida. Cerró la carpeta de golpe, haciendo que varias hojas se deslizaran, y alzó la barbilla, sosteniéndole la mirada a pesar de la diferencia de estatura, a pesar de la imponente presencia que la acorralaba.

—¡No soy un peón en tu tablero de ajedrez, Callahan! —exclamó, con la voz firme a pesar del temblor que amenazaba con traicionarla—. Me arrastraste a un evento rodeado de hombres armados, me encerraste en un reservado sin decirme por qué, me metiste a empujones en un auto y te niegas a explicarme nada. ¡Tengo todo el derecho de saber qué demonios estoy pagando por llevar este anillo!

Denney siguió avanzando, rodeando el escritorio hasta quedar a menos de un metro de ella, invadiendo su espacio, llenando todo el campo de visión con su figura alta y poderosa.

—Tú no estás pagando nada —siseó, inclinándose apenas hacia ella, su aliento cálido rozándole la frente—. Yo compré tu tranquilidad cuando decidiste pronunciar mi nombre frente a Nash Hudson. Lo hice. Y ahora quieres entrar aquí, a este lugar, para registrar mis cosas como si tuvieras derecho a ellas. Este despacho sostiene vidas y destruye imperios. Lo que hay sobre esta mesa no es entretenimiento. Entrar sin permiso no es curiosidad, Lana… es una provocación.

—¡Pues considéralo una provocación! —respondió ella, sin ceder un milímetro, aunque el aire le faltaba por la cercanía—. Me dijiste que éramos socios. Que estábamos en esto juntos. Pero me tratas como a una prisionera a la que alimentas con silencios y medias verdades. Si no vas a darme respuestas, si no confías en mí lo suficiente para compartir lo que sea que estás ocultando, me voy de esta casa hoy mismo.

Intentó pasar a su lado, pero él se movió con rapidez inesperada. Colocó ambos brazos a los lados de su cintura, apoyando las palmas sobre el borde de mármol, encerrándola por completo entre su cuerpo y el escritorio. No la tocó, pero el cerco era absoluto, ineludible. Lana quedó inmóvil, atrapada en su sombra, sintiendo el calor que emanaba su pecho, la fuerza latente en sus brazos, la mirada fija en la suya con una intensidad que la desarmaba.

—No te vas a ir a ninguna parte —sentenció, con una frialdad tan absoluta que hizo vibrar algo en el pecho de ella—. Firmaste el pacto conmigo. Elegiste mi nombre. Y ahora no puedes simplemente marcharte cuando la realidad no coincide con el cuento que imaginaste. Si cruzas esa puerta sin mi permiso, Nash Hudson será el menor de tus problemas. No vuelvas a tocar un solo papel de este lugar si aprecias tu libertad.

Lana respiró entrecortadamente, sintiendo la cercanía de su rostro, la tensión que vibraba entre ellos, la mezcla de miedo y algo más oscuro que se resistía a nombrar.

—¿Mi libertad? —repitió, con un susurro amargo—. ¿Crees que la tengo aquí?

Denney la sostuvo con la mirada un instante más, y en sus ojos algo se debatió: la furia, la advertencia, una atracción peligrosa que ambos fingían no ver. Luego se irguió lentamente, con parsimonia, ajustándose el saco y las mancuernillas con movimientos deliberados.

—Sal de aquí —dijo, señalando la puerta con un gesto seco—. Y no vuelvas a entrar.

Lana pasó junto a él, sintiendo la presión de su presencia sin tocarlo, y caminó hacia la salida con la cabeza alta, aunque las piernas le temblaban. Al llegar al umbral, se detuvo un instante, sin girarse del todo.

—No me asustas lo suficiente para callarme, Denney —dijo, baja pero clara—. No por mucho tiempo.

Salió al pasillo y la puerta se cerró tras ella, dejándola sola con el corazón desbocado. Y entonces, en la memoria de lo que había visto antes de que él llegara, un detalle se encendió con la claridad de un relámpago.

Había estado hojeando la última carpeta, la que contenía el desglose de operaciones financieras fechadas meses atrás. Y al pie de una página, junto a una anotación con tinta negra, su propio nombre estaba escrito: Lana Myers. Con una fecha. Tres meses antes de la boda de Nash. Tres meses antes de que ella soltara la mentira que los unió.

Se quedó inmóvil en el pasillo, con la mano fría sobre la pared de mármol. La mentira no los había unido por casualidad. Él ya la tenía en su mira. Ya la estaba observando. Ya estaba moviendo las piezas para que, cuando ella necesitara un nombre que gritar, el suyo fuera el único disponible.

Denney no la había rescatado. La había estado esperando.

Y esa certeza, fría y terrible, la acompañó mientras regresaba a su habitación, cerrando la puerta tras de sí y comprendiendo que la red no era de Nash. Era de Denney. Y ella ya estaba atrapada desde antes de saber que existía.

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JOGXANDY BELLO
jejeje critica constructiva, fue a humillar a otros y se humillo ella misma, solo no se doblega contra él protahonista pero si se humilla contra los demas, sobretodo con sus enemigos, no estoy entendiendo la logica de la narraccion. Espero que el cambio realmente sea significativo
A.B.G.L: Si resulta algo exasperante, pero es que ahora quiero darles ese toque humano, donde hay margen de error y así, espero que te vaya gustando...👏
total 1 replies
JOGXANDY BELLO
Que horror eso que es la primera aparicion y ya pierde los modales, no creo que este dando la imagen de chica super poderosa jejeje
A.B.G.L: hola, gracias por tu primer comentario, la verdad es que estoy queriendo que la evolución de los personajes fluyan natural y algo calmado, pero mas adelante ella cambiará un poco, gracias por tu apoyo...
total 1 replies
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