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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

—¿Manera? —Luna la miró fijamente.

—¿Quedarte aquí sentada mirando cómo tu esposo te engaña, resignada, eso es tu "manera"?

—¿Qué quieres que haga? ¿Que vaya corriendo a donde está Diego, que arme un escándalo, que llore delante de él?

—Él no merece nada de eso.

—Hacer eso solo me haría parecer patética y sin un gramo de dignidad. ¿Eso quieres? —preguntó Tania, el rostro tan plano como una lámina de hielo.

—Entonces no llores. Solo ve, confronta a esa mujer, dale una bofetada a Diego, y a la otra le jalas el pelo hasta que le duela. ¡Listo! —soltó Luna.

—No hace falta. Vámonos a la casa —Tania la tomó del brazo y la sacó del restaurante.

Ya en la calle, Luna se soltó de un tirón y empezó a dar pisotones en el piso como una niña berrinchuda que exige un caramelo.

—No entiendo cómo piensas, Tania. Si yo fuera tú, no me quedaría así de brazos cruzados. Mínimo le doy su merecido a esos dos. ¡Son basura! —exclamó Luna.

—¿Vas a venir conmigo o te quedas aquí? Si prefieres quedarte, me voy sola —Tania echó a caminar sin mirar atrás.

—¡Espera! Nos vamos juntas. No quiero que te pase algo, Tania. Yo sé que por dentro estás destrozada, solo te haces la fuerte delante de mí —Luna la alcanzó y se colgó de su brazo.

—Si quieres llorar, llora de una vez. No te lo guardes, por favor. No finjas que estás bien y después vayas y hagas alguna tontería —dijo Luna.

—¿Cómo se te ocurre? Tu mente es un agujero negro, Luna. Deja de ver tanto drama barato —Tania le dio un golpecito suave en la frente.

—¡Es que las calladas como tú son las que más me asustan! Se tragan el dolor, se tragan el dolor, y de repente un día se hacen algo terrible. Me da pánico, Tania —Luna se estremeció.

—En vez de seguir hablando incoherencias, mejor apurémanos. Me muero de hambre —Tania la jaló para que caminara más rápido.

—Dios mío... ¿de verdad esta es mi amiga? Le acaban de confirmar que su marido la engaña y lo único que le preocupa es su estómago —Luna levantó la mirada al cielo.

Durante todo el camino, Luna no paró de despotricar contra Diego y contra la amante.

Tania le respondía apenas con risas ligeras, lo cual ponía a Luna aún más furiosa.

Llegaron a la casa de Tania, una vivienda de estilo minimalista que Diego había comprado hacía unos meses en un conjunto residencial, después de recibir un ascenso en la empresa donde trabajaba.

—Ven, comamos algo —Tania le retiró una silla en el comedor.

—Seguro estás muerta de hambre. Se te fue toda la energía en gritar sin sentido —dijo Tania.

—¿Sin sentido? Mi enojo tiene todo el sentido del mundo. ¿Cómo no me voy a enojar con una amiga como tú?

—Creo que necesito estrellarte la cabeza contra la pared, Tania —añadió Luna, observando cómo su amiga se dedicaba tranquilamente a servirle comida.

Después de llenarle el plato a Luna, Tania se sirvió el suyo.

—Anda, come. Tu plato ya está lleno, y te lo vas a terminar todo —dijo Tania.

—¡Tania! —Luna la fulminó con la mirada, indignada por la montaña de comida que su amiga le había puesto en el plato.

—¿Quieres que engorde, que nadie me quiera, que me quede soltera de por vida acompañándote a ti? ¿Eso es lo que quieres?

—No es mala idea. Así debería ser. Somos mejores amigas, hay que ser leales —contestó Tania, riéndose.

—¡Ya! —Luna dejó de protestar y se concentró en la comida, que estaba deliciosa.

Tania cocinaba extraordinariamente bien. Todo lo que preparaba era un éxito, y Diego siempre le había alabado la sazón.

—Tania... después de esto, ¿cuál es tu plan? —preguntó Luna de repente.

—¿Mi plan? Hmm... tengo sueño. Quiero dormir —respondió Tania.

—Olvídalo, ya no quiero hablar contigo. Eres insoportable —se quejó Luna.

Las dos se quedaron en silencio, terminando lo que tenían en el plato.

—Gracias a Dios, estoy llena. Tu comida nunca falla, Tania —Luna se acarició la barriga satisfecha.

—Me voy ya. No quiero cruzarme con Diego. Y ni se te ocurra hacer nada raro, ¿me escuchaste? —advirtió Luna.

—Que no, mujer. Ven, te acompaño a la puerta —Tania la ayudó a levantarse.

Tania se despidió agitando la mano mientras Luna se acomodaba dentro de su auto, lista para irse.

Esperó a que el coche desapareciera por completo del estacionamiento antes de volver a entrar.

Adentro, se quedó de pie en la sala, inmóvil, mirando fijamente el marco de la foto de bodas que colgaba en la pared.

Su expresión era impasible, pero tenía ambos puños apretados con fuerza.

—Me subestimaste demasiado, Diego —murmuró, y una sonrisa apenas perceptible se asomó en sus labios.

Caminó despacio hasta la foto, la descolgó. Fue quitando uno por uno todos los marcos con fotografías de ella y de Diego que decoraban la sala.

Los llevó al pequeño cuarto junto a la cocina que usaba como bodega y los dejó ahí.

—Debería tirarlos a la basura —murmuró, mirando sin emoción la pila de retratos.

Salió de la bodega, entró a la recámara, recogió las fotos que quedaban ahí y las llevó también al cuarto de almacenaje.

La casa entera quedó limpia de cualquier imagen de los dos juntos.

Tania regresó a su habitación y tomó el teléfono del buró.

—Buenas noches —dijo Tania al otro lado de la línea.

—Buenas noches, señora Tania. ¿Ha tomado una decisión? —preguntó la voz.

—Sí. Estoy lista para incorporarme a su empresa —respondió Tania.

—¿Sucedió algo malo? Su voz suena pesada, señora Tania.

—No se preocupe por eso. Aunque esté pasando por un problema personal, le aseguro que no afectará mi rendimiento en la empresa —contestó Tania.

—De acuerdo. Mañana puede presentarse en la oficina para reunirse directamente con mi jefe.

—¿A qué hora debo llegar?

—Un momento... necesito revisar la agenda del señor Rey en mi tablet.

—Le confirmo por mensaje.

—Muy bien, y disculpe la molestia, Renzo —dijo Tania.

—No tiene por qué disculparse, señora Tania. Para nuestra empresa es un honor poder contratar a una diseñadora tan talentosa como usted.

—El concepto de diseño de joyería que usted nos presentó hace seis años fue el que llevó a la empresa al éxito y la fama que tiene hoy. Ese concepto le dio un giro completamente nuevo a nuestra marca. Este logro tiene mucho que ver con usted, señora Tania.

—Es usted muy generoso con los elogios, Renzo —respondió Tania.

—No hay nada de exageración. Se los merece todos. Es una lástima que haya decidido retirarse para casarse.

—Incluso rechazó recibir su parte de las ganancias después del lanzamiento de la línea de joyas que diseñó. Hasta el día de hoy, las ventas de esa colección siguen siendo sólidas.

Tania solo sonrió, maldiciendo internamente su propia ingenuidad de aquel entonces. Para proteger el orgullo de Diego como hombre y como cabeza de hogar, había decidido relegar todas sus capacidades a un segundo plano.

—Entonces nos vemos mañana en la empresa, señora Tania —dijo Renzo.

La llamada terminó.

Tania dejó el teléfono sobre la mesa. Una sonrisa tenue se dibujó en sus labios. Una sonrisa serena, pero cargada de un secreto que haría preguntarse a cualquiera qué pasaba exactamente por la cabeza de Tania.

Continuará...

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