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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE MI PADRE QUIZO OLVIDAR

Valeria permaneció inmóvil frente a la fotografía.

La frase seguía allí.

“Porque fui yo quien pidió que te hicieran olvidar.”

Sentía que aquellas palabras le atravesaban el pecho.

—No puede ser —murmuró.

Adrián tomó la fotografía y volvió a leerla.

—Puede haber otra explicación.

Valeria levantó la mirada.

—¿Cuál?

—Que alguien haya querido que pensaras que fue tu padre.

—¿Y por qué alguien falsificaría una nota de Julián?

Adrián guardó silencio.

Porque ambos sabían la respuesta.

El libro.

La organización.

El hombre del anillo negro.

Toda aquella gente había pasado años manipulando la verdad.

Valeria tomó aire.

—Mi padre sabía que esto iba a ocurrir.

—Sí.

—Entonces, ¿por qué nunca me lo contó?

Adrián se acercó.

—Porque eras una niña.

—Eso no es suficiente.

—Quizá estaba intentando protegerte.

Valeria negó con la cabeza.

—Todos dicen lo mismo.

Lo miró directamente.

—Tú también.

Adrián sintió el golpe de aquellas palabras.

—Valeria…

—Me dijiste que me protegías.

—Lo hago.

—Pero también me mentiste.

Adrián bajó la mirada.

No tenía cómo defenderse.

Había ocultado cosas.

Había reconocido su colgante desde el primer día.

La había seguido durante semanas.

Había sabido quién era mucho antes de que ella conociera su nombre.

Y aun así, se había enamorado de ella.

—Tienes razón —dijo finalmente—. Te mentí.

Valeria tragó saliva.

—¿Hay algo más?

Adrián levantó los ojos.

—Sí.

Ella sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Qué?

—Hay algo que nunca te conté porque no estaba seguro de recordarlo correctamente.

Valeria se acercó.

—Dímelo.

Adrián miró la fotografía.

—La noche del accidente, antes de entrar a la casa, vi a alguien salir.

—¿A quién?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Era oscuro. Estaba lloviendo. Solo recuerdo que llevaba un abrigo negro.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Y el anillo?

Adrián negó.

—No pude verlo.

Ella bajó la mirada.

—Entonces no sabemos quién dio la orden.

—Todavía no.

Valeria volvió a mirar el sobre.

Había algo más dentro.

Un papel doblado.

Lo sacó con cuidado.

Esta vez no había ninguna frase enigmática.

Solo una dirección.

Calle 17, número 42.

Debajo, una hora.

Medianoche.

Y una última línea:

“Ve sola.”

Adrián leyó por encima de su hombro.

—No.

Valeria giró.

—¿No qué?

—No vas a ir.

—Tengo que hacerlo.

—Es exactamente lo que esperan.

—¿Quiénes?

—Los que te dejaron esa dirección.

Valeria apretó el papel.

—Samuel dijo que vino a advertirme.

—Samuel también podría estar mintiendo.

—¿Y si no?

Adrián se acercó.

—Entonces iremos juntos.

—Dice que vaya sola.

—Me importa muy poco lo que diga.

Por primera vez desde que habían comenzado aquella pesadilla, Valeria sonrió ligeramente.

—Siempre quieres protegerme.

Adrián sostuvo su mirada.

—No siempre.

—¿No?

—A veces quiero protegerme de ti.

Ella frunció el ceño.

—¿De mí?

Adrián dio un paso más.

—Sí.

—¿Por qué?

Su voz se volvió más baja.

—Porque cuando estoy cerca de ti, olvido todo lo que debería hacer.

Valeria sintió que el miedo se mezclaba con algo mucho más peligroso.

Deseo.

—Adrián…

—Y eso me preocupa.

—¿Por qué?

—Porque tú eres lo único que ya no puedo tratar como una misión.

Valeria lo miró durante unos segundos.

Después levantó una mano y rozó su rostro.

—Nunca quise ser una misión.

Adrián cerró los ojos ante su contacto.

—Lo sé.

—Entonces mírame como lo que soy.

Él abrió los ojos.

—¿Y qué eres?

Valeria se acercó.

—La mujer que eliges cuando nadie te obliga.

Adrián respiró profundamente.

—Te elegiría incluso si pudiera volver atrás.

Aquellas palabras acabaron con la última distancia entre ellos.

Se besaron.

No fue un beso desesperado.

Fue más profundo.

Más consciente.

Como si ambos entendieran que, en medio de todas aquellas mentiras, aquello era lo único que podían reconocer como verdadero.

Adrián rodeó su cintura.

Valeria apoyó las manos sobre su pecho.

Durante unos segundos desaparecieron el libro, la organización, Samuel y los recuerdos.

Solo existían ellos.

Hasta que Valeria se separó lentamente.

—Hay algo que tengo que recordar.

Adrián acarició su mejilla.

—No tienes que hacerlo esta noche.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque cuando Samuel dijo “habitación siete”, sentí algo.

—¿Qué?

Valeria cerró los ojos.

—Una puerta.

Respiró profundamente.

—Y una canción.

Adrián se quedó quieto.

—¿Una canción?

—Sí.

—¿Cuál?

Valeria negó con la cabeza.

—No puedo recordarla completa.

Se llevó los dedos a la sien.

—Pero alguien la estaba cantando.

Entonces una imagen apareció en su mente.

Una niña.

Una habitación.

Una lámpara encendida.

El libro sobre la mesa.

Y una mujer sentada junto a la ventana.

Valeria abrió los ojos de golpe.

—Había alguien más.

Adrián se tensó.

—¿Quién?

—Una mujer.

—¿Quién?

—No lo sé.

Valeria comenzó a respirar con dificultad.

—Pero ella me conocía.

Adrián la sostuvo por los hombros.

—Valeria, mírame.

Ella lo miró.

—Me dijo algo.

—¿Qué?

Valeria cerró los ojos nuevamente.

La voz regresó.

Suave.

Casi maternal.

“No confíes en el hombre que lleva el anillo.”

Valeria abrió los ojos.

—Adrián…

—¿Qué?

—No confíes en Samuel.

Él asintió lentamente.

—Nunca confié en él.

Pero entonces Valeria recordó algo más.

Algo que hizo que su rostro perdiera el color.

—No.

—¿Qué pasa?

—La mujer…

—¿Qué?

Valeria lo miró fijamente.

—No estaba hablando de Samuel.

Adrián frunció el ceño.

—¿Entonces de quién?

Valeria tomó lentamente su colgante.

El símbolo negro brilló bajo la luz.

—Del hombre que llevaba el anillo.

Adrián quedó en silencio.

—¿Y quién era?

Valeria negó.

—No lo sé.

Miró nuevamente la fotografía.

Y entonces vio algo que antes no había notado.

En una esquina, detrás de Samuel, había una sombra.

La figura de un hombre.

Su rostro estaba oculto.

Pero su mano era visible.

Llevaba un anillo negro.

Valeria acercó la fotografía a la luz.

—Adrián…

—¿Qué?

Ella señaló la imagen.

—Ese hombre estaba allí aquella noche.

Adrián observó la fotografía.

Y sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Porque conocía ese anillo.

No por la organización.

No por Gabriel.

No por Samuel.

Lo había visto antes.

Mucho antes.

En una fotografía que su padre guardaba escondida.

Adrián levantó lentamente la mirada.

—Valeria…

—¿Qué?

—Creo que sé quién es.

Ella sintió un nudo en el estómago.

—¿Quién?

Adrián volvió a mirar la sombra.

—El hombre que mi padre temía.

Y antes de que pudiera decir su nombre, las luces de la casa se apagaron.

Completamente.

Un segundo después, el teléfono de Valeria vibró.

Un mensaje.

Solo contenía una frase:

“Ahora ya saben demasiado.”

1
Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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