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DONDE DUERMEN LOS LOBOS

DONDE DUERMEN LOS LOBOS

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Padre soltero / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elías tiene 19 años. Pospone la universidad por la muerte de su hermana y se va a Moonvale a trabajar de bibliotecario de día y mesero de noche.

Una noche encuentra dos bebés abandonados en la biblioteca. Nadie los reclama. Si los deja, irán a un orfanato. Decide criarlos como suyos.

Lo que no sabe es que Lyra y Milo no son normales. Crecen muy rápido, aúllan a la luna y sus ojos brillan como lobos. Son hombres lobo, los últimos Alfa.

Ahora tiene que comprar una cabaña en el bosque, aprender a ser papá lobo, protegerlos de los cazadores del pueblo y no enamorarse del veterinario que le está ayudando a criarlos.

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PRÓLOGO - La Caja

No te mueres cuando se muere tu hermana. Esa es la mentira más grande del velorio.

Tú sigues. Sigues respirando, pagando el arriendo, viendo la carta que dice "Felicidades, Elías Varga, has sido aceptado". El mundo no se detiene por tu luto.

Mi hermana Elena tenía veinticuatro. Yo diecinueve. Nuestros papás se fueron hace mucho, así que ella me crió y me abrazaba cuando tenía miedo. Hace tres meses se mató en un choque camino a Concepción. Lluvia, camión, curva. Sin despedida. Un día se quejaba porque no sabía hacer arroz y al otro elegía un ataúd.

Tengo el pelo castaño, largo hasta la espalda, recogido en un moño. En ciudad daba igual. En Moonvale no. Aquí un hombre con pelo largo genera chismes al instante.

Pospuse la universidad. Vendí todo. Acepté el único trabajo que encontré: bibliotecario en Moonvale. Un pueblo de ochocientas personas entre pinos y neblina, donde la biblioteca tiene más goteras que libros. De día ordeno libros. De tarde soy mesero en El Ciervo. Gano poco y duermo cuatro horas. Soy el chico nuevo del moño.

Esa noche llovía como si el cielo se rompiera. Eran las once y cuarenta y siete. Cerraba la biblioteca, con las llaves en la mano y la chaqueta empapada. Vi una caja frente a la puerta, bajo el farol. Pensé que eran libros.

La caja se movió.

No eran libros. Eran dos bebés envueltos en una manta gris empapada. Una niña llorando con fuerza y un niño que no lloraba, solo me miraba con los puños cerrados. No tenían ni una semana.

Miré la calle. Vacía. Solo lluvia y pinos. Alguien los dejó y se fue.

Mi cabeza gritó lo lógico: llama a carabineros, a la asistente social, entra y finge que no los viste. Tienes diecinueve, pelo largo, dos trabajos miserables, no tienes familia.

Pero mis manos ya estaban dentro de la caja.

Si llamaba, terminarían en un hogar, en un orfanato, con un número en vez de nombre. Solos, esperando que alguien los elija. Sé lo que se siente no tener a nadie en casa. No dejaría que sintieran eso.

Los levanté. Pesaban menos que dos libros. La niña me agarró el dedo con una fuerza brutal, antinatural para una recién nacida. Cuando la luz les dio en la cara, se me heló la sangre.

Sus ojos no eran cafés. Eran amarillos, luminosos, dorados, brillando como los de un animal. Cuando el niño estornudó, le vi dos colmillos diminutos donde debía haber encía.

Me reí bajo la lluvia, con dos bebés en brazos, de desesperación.

—Perfecto —susurré—. No sé hacer arroz, no sé pagar cuentas, mi hermana murió y ustedes me eligen a mí.

Los metí a la biblioteca, cerré con llave, prendí la estufa y les puse mi chaqueta seca. Esa noche no llamé a nadie. Les di leche tibia y los acosté en una caja de Stephen King.

Tres días después, con ojeras y la misma ropa, una señora en el registro civil preguntó:

—¿Nombres de los menores?

Los miré. Dormían abrazados. La niña roncaba. El niño tenía hipo. Ya se acurrucaban como si fuera su mamá, aunque yo les digo que soy papá.

—Lyra y Milo Varga —dije con la voz rota.

—¿Varga como usted?

—Sí —mentí, y por primera vez en tres meses no me sentí solo—. Son mis hijos.

El pueblo murmuraba sobre lobos en el bosque, pero yo solo escuchaba su respiración contra mi pecho. Después entendería que me dirían mamá con ternura y que el veterinario tendría que defenderme por mi apariencia.

No tenía idea de qué comen los hombres lobo.

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bruja de la imaginación 👿😇
🥰me gustó mucho está historia
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