Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Subasta 2
Durante los días siguientes, Kayla trabajó junto a los hermanos Morrison para preparar la subasta.
Aunque, siendo completamente sincera...
Su trabajo no era precisamente agotador.
—¿Qué color prefiere para las flores, mi lady? —preguntó Brenda una tarde.
Kayla miró las muestras de tela.
—Ese tono crema.
—Perfecto.
Otro día..
—¿Le parece mejor esta distribución de las mesas?
Kayla observó el plano.
—Sí, esa.
—Entonces lo haremos así.
Y al día siguiente..
—¿Prefiere cintas doradas o plateadas para las invitaciones?
Kayla señaló una.
—Doradas.
—Excelente.
Kayla se quedó mirando cómo Brenda anotaba la decisión.
[¿Eso era todo?]
La joven comenzó a sospechar que los hermanos Morrison estaban haciendo prácticamente todo.
Brandon llevaba las cuentas.
Brenda organizaba la decoración.
Ambos coordinaban al personal.
Preparaban las listas.
Revisaban las invitaciones.
Supervisaban la comida.
Organizaban los objetos para la subasta.
Y hasta se encargaban de que cada detalle estuviera listo.
Kayla, por su parte, elegía colores, aprobaba diseños y daba algunas opiniones.
Una tarde se quedó mirando a ambos trabajar.
[Estos dos son demasiado eficientes.]
Casi se sintió culpable.
[¡Yo quería ayudar!]
Pero después recordó que aquello también era parte de organizar.
Si ella confiaba en personas capaces y les permitía hacer su trabajo, la subasta podía salir mucho mejor.
Así que dejó de preocuparse.
Y finalmente llegó el día anterior.
La mansión Fletcher comenzó a llenarse de movimiento.
Carruajes entraban y salían.
Sirvientes recibían cajas.
Los administradores revisaban documentos.
Y uno tras otro comenzaron a llegar los objetos donados por los nobles que no podrían asistir personalmente.
Kayla observaba todo con creciente asombro.
Primero llegaron varias cajas con joyas.
Collares.
Anillos.
Brazaletes.
Broches adornados con piedras preciosas.
Después llegaron pinturas.
Algunas eran obras de artistas reconocidos.
Otras pertenecían a colecciones familiares.
Luego llegó una enorme caja con porcelana fina.
Después esculturas.
Relojes.
Muebles antiguos.
Incluso vestidos que algunas damas nobles habían decidido donar.
Kayla estaba maravillada.
[¡Los nobles realmente se están tomando esto en serio!]
Pero entonces escuchó el ruido de un carruaje mucho más grande.
Se asomó por una ventana.
Y se quedó con la boca abierta.
Un enorme carruaje elegante estaba siendo descargado.
Kayla miró a Brandon.
—¿Eso también es para la subasta?
El joven revisó el documento que tenía en las manos.
—Sí, mi lady.
Kayla parpadeó.
—¿Qué es?
—Un carruaje.
—Eso ya lo veo.
Brandon tosió para contener una sonrisa.
—Fue donado por el duque Krugher
Kayla volvió a mirar el carruaje.
[¡¿El esposo de lady Davina donó un carruaje?!]
Se acercó a la ventana.
Lady Davina era una de las pocas nobles que habia conocido desde que ella renacio, era una hermosa duquesa de cabello rosado y muy amable a pesar de estar casada con uno de los duques mas importantes del reino.
Es que en las reuniones sociales, a las pocas que los hermanos Morrison habían insistido que debia ir, Kayla habia aprendido que aunque ella pertenecia a una familia ducal, habían niveles también dentro del reino de Sunderland, ya que los duques que tienen magia son mas destacados que otros duques.
Aun asi, al ver la mansión Fletcher con tanto movimiento se dio cuenta que el evento era mucho mas grande de lo que ella habia pensado.
[¡Esto dejó de ser una pequeña subasta hace rato!]
La subasta se estaba convirtiendo en un evento importante.
Y todo indicaba que recaudarían mucho más dinero de lo que había imaginado.
Kayla sonrió.
[Perfecto.]
Aquella noche recibió además una carta.
Reconoció inmediatamente la letra.
Era de su primo, el conde Fletcher.
Kayla abrió el sobre y comenzó a leer.
Su primo se disculpaba por no poder asistir debido a sus responsabilidades y al trabajo que tenía pendiente.
Sin embargo, había enviado a alguien en su lugar.
Su primo Frank asistiría.
Kayla levantó la mirada.
Y sonrió.
Según sus recuerdos, hacía bastante tiempo que no veía a Frank.
Francis se había convertido en conde muy joven y sus responsabilidades lo mantenían constantemente ocupado, además de los libros y sus clases de historia con profesores inclusos de otros reinos.
Frank, en cambio...
Era otra historia.
Era divertido.
Ligero.
Espontáneo.
Le gustaba disfrutar de la vida.
Y tenía una personalidad mucho más relajada.
Kayla recordó algunas de las imágenes que había visto.
Frank escapando de clases.
Frank entrenando con la espada.
Frank apareciendo de repente en la mansión.
Frank hablando con cualquier muchacha bonita que se cruzara en su camino.
Kayla soltó una pequeña carcajada.
[¡Este hombre va a ser peligroso!]
Pero luego sonrió.
[Aunque para una gala así, su personalidad puede ser perfecta.]
Una persona demasiado seria podía hacer que una fiesta se sintiera como una reunión de negocios.
Frank, en cambio, probablemente conseguiría que la gente se relajara.
Kayla dobló cuidadosamente la carta.
—Será bueno verlo.
Después miró por la ventana.
La mansión estaba iluminada.
Los preparativos estaban prácticamente terminados.
Las flores estaban colocadas.
Las mesas preparadas.
Los objetos de la subasta cuidadosamente organizados.
Las invitaciones habían sido entregadas.
Y ahora comenzaban a llegar las donaciones.
Todo estaba listo.
Kayla sonrió.
[Espero que mañana salga bien.]
Luego recordó algo.
[¡Y espero que nadie intente comportarse como la antigua Kayla!]
Hizo una pequeña mueca.
Después se echó a reír.
[En realidad, si alguien se comporta como ella, yo misma le daré una lección.]
Se acercó al espejo.
—Mañana será un gran día.
Su reflejo le devolvió la sonrisa.
Y por primera vez desde su reencarnación, Kayla sintió que aquella nueva vida comenzaba realmente a pertenecerle.
Al día siguiente...
La mansión Fletcher recibiría a toda la nobleza.
Dos bombas sexuales🤭👏👏