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El Heredero Del Imperio Eterno

El Heredero Del Imperio Eterno

Status: En proceso
Genre:Héroes / CEO / Fantasía épica
Popularitas:275
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.

Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.

Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.

Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.

Un falso heredero ocupa su lugar.

Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.

Antiguas familias empiezan a perseguirlo.

Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.

Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.

Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.

Pero existe un problema todavía mayor:

Su identidad no fue simplemente robada.

Fue dividida.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Vanguard

El amanecer encontró a Shen Yuchen todavía despierto.

Sobre la mesa estaban extendidos todos los documentos que Tang Rui había conseguido sobre Vanguard.

La estructura era extraña.

Demasiado extraña para haber sido diseñada únicamente como un fondo de emergencia.

Vanguard Foundation.

Fundada dieciocho años atrás.

Dos beneficiarios.

Dos partes idénticas.

Cincuenta por ciento para cada uno.

La primera mitad había sido retirada aquella misma mañana por Adrian Valerius.

La segunda continuaba bloqueada.

Yuchen repasó nuevamente las fechas.

Dieciocho años.

La misma época del incendio.

La misma época de Doble Umbral.

La misma época en que los recuerdos de ambos niños habían comenzado a mezclarse.

Eso significaba que alguien había preparado Vanguard antes de saber, supuestamente, si ambos sobrevivirían.

Yuchen tomó el bolígrafo.

En la hoja escribió:

Posibilidad 1: alguien sabía que Doble Umbral funcionaría.

Debajo:

Posibilidad 2: Vanguard fue creado como seguro si ambos sobrevivían.

Después:

Posibilidad 3: Doble Umbral nunca fue un accidente.

La tercera era la peor.

Durante días había aceptado la idea de que el procedimiento había salido mal.

Dos niños.

Dos resonancias.

Memorias alteradas.

Rostros modificados.

Identidades confundidas.

Pero ¿y si ese resultado era exactamente lo que alguien buscaba?

Dos hombres capaces de confundirse incluso entre ellos mismos.

Dos vidas enlazadas.

Dos mitades de algo mucho mayor.

Yuchen apoyó la espalda contra la silla.

La palabra regresó a su mente.

Vanguard.

Adrian había dicho que era la última palabra que recordaba antes del incendio.

Yuchen también tenía sensaciones asociadas a ella.

No recuerdos completos.

Una habitación.

Su padre.

Una pantalla.

Una especie de logotipo.

Una V atravesada por una línea vertical.

Cerró los ojos.

Intentó empujar el recuerdo.

Nada.

Entonces sintió un tirón en el pecho.

La segunda resonancia.

Se detuvo inmediatamente.

No podía forzar.

No sabía qué consecuencias tendría.

El teléfono vibró.

Un mensaje.

Gu Meilin.

Encontré algo. No puedo hablar por teléfono.

Debajo había una ubicación.

No Casa Gu.

Un pequeño templo en el extremo oriental de Lóngchéng.

Yuchen miró la hora.

05:41.

Guardó los documentos.

Antes de salir abrió el cuaderno.

DÍA 2 DE 99.

Lo corrigió.

98 DÍAS.

Luego escribió:

Meilin encontró algo sobre el medallón.

El templo estaba cerrado al público.

Pequeño.

Antiguo.

Atrapado entre edificios modernos.

Gu Meilin esperaba en el patio lateral.

No llevaba ropa de la Casa Gu.

Eso fue lo primero que Yuchen notó.

—¿No regresaste?

—Sí.

—Entonces.

—Me fui de nuevo.

Yuchen levantó una ceja.

—¿Te declararon separada?

—Todavía no.

—¿Todavía?

Meilin sonrió sin humor.

—Mi abuelo me dio veinticuatro horas para decidir.

—¿Entre qué?

—Volver definitivamente o continuar contigo.

Yuchen frunció el ceño.

—No soy una opción familiar.

—Para ellos sí.

—¿Qué elegiste?

—Todavía tengo veinte horas.

Yuchen no insistió.

—¿Qué encontraste?

Meilin sacó un rollo.

Lo abrió sobre una mesa de piedra.

Un dibujo antiguo.

Nueve figuras humanas alrededor de una décima posición vacía.

Cada figura sostenía un símbolo.

En el centro aparecía el mismo patrón que el medallón.

Nueve líneas.

Nueve círculos.

Y una pequeña corona incompleta.

Yuchen sintió inmediatamente la resonancia.

—¿De cuándo es?

—El archivo dice seiscientos ochenta y nueve años.

—Antes de las Nueve Casas.

—Sí.

—¿Qué representa?

Meilin señaló caracteres antiguos.

—No pude traducir todo.

—¿Lo que sí?

—“Los Nueve Custodios”.

Yuchen pensó en Han Qiren.

—¿Custodios del Umbral?

—No exactamente.

—¿Diferencia?

—Los Custodios del Umbral son una organización relativamente reciente. Trescientos años, quizá algo más.

Señaló el dibujo.

—Esto es mucho más antiguo.

Yuchen recorrió las figuras.

—¿Nueve personas, nueve Puertas?

—Eso parece.

—¿Y el centro?

Meilin permaneció callada.

—¿Qué dice?

—“El Portador Sin Nombre”.

Yuchen la miró.

—¿Qué significa?

—No lo sé.

—¿Puerta número diez?

—No.

Meilin señaló el espacio.

—No parece una Puerta. Parece alguien capaz de unirlas.

La segunda resonancia de Yuchen volvió a reaccionar.

Meilin lo notó.

—¿Sentiste eso?

—Sí.

—Yuchen.

—Estoy bien.

—No deberías reaccionar a un dibujo.

—Mi cuerpo aparentemente no recibió ese memo.

Meilin guardó silencio.

Yuchen observó la parte inferior.

Había una frase.

—¿Qué dice?

Ella tardó.

—“Cuando dos caminos ocupen un mismo nombre, el custodio perdido despertará”.

Yuchen sintió frío.

—Dos caminos.

—Tú y Adrian.

—Un mismo nombre.

—Exacto.

—¿El Guardián de la Segunda Puerta?

—Quizá.

Yuchen miró nuevamente.

—¿Dónde encontraste esto?

—Archivo privado de mi abuelo.

—¿Sabe que lo tomaste?

—No.

—Entonces ya elegiste.

Meilin lo miró.

—No.

—Traicionaste una orden de tu Casa para traerme información.

—Eso no significa que haya elegido.

—Significa que empezaste.

Meilin no respondió.

De regreso, Yuchen recibió una llamada de Tang Rui.

—Encontré algo más.

—Habla.

—Vanguard Foundation no era el nombre original.

Yuchen se detuvo.

—¿Cuál?

—Vanguard Meridian Technologies.

La memoria.

La misma sensación.

—Empresa.

—Sí.

—¿Existe?

—Legalmente, apenas.

—¿Dónde?

Tang dio una dirección.

Distrito Industrial Oeste.

Yuchen sintió que algo se alineaba.

—¿Propietarios?

—Complicado.

—Simplifica.

—Han Qiren tenía cuarenta por ciento.

—Continúa.

—Lin Yue, veinte.

Yuchen guardó silencio.

—Shen Jianhong, veinte.

Su padre.

—¿El resto?

Tang dudó.

—Dos participaciones de diez por ciento.

—¿Nombres?

—Fideicomisos.

—Beneficiarios.

—Adrian Valerius y Shen Yuchen.

Yuchen apretó el teléfono.

—¿Desde cuándo?

—Dieciocho años.

Otra vez.

—¿Valor?

Tang rio.

—Negativo.

—¿Qué tan negativo?

—Cerca de ciento ochenta millones en obligaciones, según registros.

Yuchen casi sonrió.

—Perfecto.

—¿Perfecto?

—¿Por qué sigue existiendo?

Silencio.

Tang entendió.

—Eso también me pregunté.

—¿Respuesta?

—Porque alguien ha evitado que entre formalmente en liquidación.

—¿Quién?

—No puedo ver.

—¿Fondo?

—Varias entidades.

—Dame nombres.

Tang lo hizo.

Yuchen anotó.

Tres fondos.

Uno vinculado indirectamente a Casa Wei.

Uno a Casa Shen.

El tercero no reconocido.

—¿Qué producía Vanguard?

—Tecnología médica. Sistemas de predicción. logística hospitalaria. análisis biométrico.

—¿Sigue teniendo patentes?

—Varias.

—¿Alguien intentando comprarlas?

—Cinco compañías.

—Entonces no vale cero.

—Nunca dije eso.

—¿Personal?

—Doce empleados registrados.

—¿Después de seis años de casi inactividad?

—Sí.

Yuchen miró hacia el cielo gris.

—Voy allí.

Tang respiró.

—Yuchen.

Era la primera vez que usaba su nombre.

—¿Qué?

—Si Han Qiren, Lin Yue y Shen Jianhong construyeron una empresa juntos justo antes de destruir tus identidades...

Pausa.

—Vanguard no era un negocio normal.

Yuchen respondió:

—Por eso voy.

El edificio de Vanguard parecía abandonado.

Tres plantas.

Cristal sucio.

Portón oxidado.

Un antiguo logotipo apenas visible.

La V.

Exactamente como en sus recuerdos.

Yuchen se quedó inmóvil frente a ella.

Meilin lo vio.

—¿La reconoces?

—Sí.

—¿Recuerdo?

—Sensación.

Tocó el portón.

La primera resonancia permaneció tranquila.

La segunda no.

Un calor frío, contradictorio, recorrió el centro del pecho.

Un hombre anciano salió de una pequeña caseta.

—Propiedad privada.

—Busco a Vanguard Meridian Technologies.

—No recibe visitas.

Yuchen sacó una copia del registro.

—Soy accionista.

El anciano tomó el papel.

Sus ojos fueron directamente al nombre.

Shen Yuchen.

Después miró su rostro.

El papel cayó de sus manos.

—No.

Yuchen permaneció quieto.

—¿Me conoce?

El hombre retrocedió.

—No puede ser.

—¿Quién es usted?

El anciano tragó saliva.

—Song De.

Yuchen reconoció el nombre de los documentos.

Empleado número uno.

Registrado desde hacía diecisiete años.

—¿Conoció a Han Qiren?

Song De levantó la vista.

—¿Está muerto?

Yuchen no respondió inmediatamente.

—Sí.

Los hombros del anciano descendieron.

No lloró.

Pero pareció envejecido de golpe.

—Sabíamos que algún día pasaría.

—¿Quiénes?

Song miró a Meilin.

—¿Casa Gu?

Ella asintió.

El anciano dudó.

Después abrió el portón.

—Entren.

Vanguard estaba viva.

No mucho.

Pero viva.

Once personas trabajaban dentro.

Una mujer de unos treinta años manipulaba muestras en un laboratorio.

Dos técnicos reparaban equipos.

Un hombre discutía por teléfono con un proveedor.

Computadoras antiguas continuaban encendidas.

Yuchen no entendía.

—¿Quién paga esto?

Song respondió:

—Nadie.

—Imposible.

—Trabajamos proyectos pequeños.

—¿Salarios?

El anciano sonrió.

—A veces.

Yuchen observó.

—¿Por qué siguen?

Song lo llevó a una sala.

Fotografías.

Han Qiren.

Lin Yue.

Shen Jianhong.

Y una imagen de dos niños.

Yuchen y Adrian.

Su respiración se detuvo.

—¿Trabajaban aquí?

—Sí.

—¿Nosotros?

—A veces.

—¿Qué era Vanguard?

Song De tardó.

—Un intento.

—¿De qué?

—De demostrar que cultivación y ciencia no tenían por qué ser enemigas.

Meilin se tensó.

Yuchen miró el laboratorio.

—Entonces los empleados saben.

—Algunos.

—¿Por qué quebró?

Song se acercó a una ventana.

—Hace seis años Vanguard creó algo.

—¿Qué?

—Meridian.

—¿Sistema?

—Sí.

—¿Para qué?

—Detectar patrones energéticos sin cultivadores.

Yuchen comprendió inmediatamente.

—Encontrar personas como yo.

—Entre otras cosas.

—Eso habría destruido secretos de las Casas.

Song asintió.

—Tres semanas después, comenzaron demandas.

—¿Quién?

—Empresas distintas.

—Casa Shen.

—Una de ellas.

Yuchen sintió una mezcla de rabia y fascinación.

Su propia familia había atacado una empresa creada parcialmente por su padre.

—¿Han qué hizo?

—Se negó a vender.

—¿Y después?

—Desapareció.

—¿Hace seis años?

—Sí.

Eso coincidía con la Piedra Meridian y la caída de la empresa.

—¿Lin Yue?

—Desapareció antes.

—¿Mi padre?

Song negó.

—Nunca volvió después de la fundación formal.

Yuchen examinó una fotografía.

Shen Jianhong parecía más joven.

Junto a él, Han.

Lin Yue.

Y dos niños.

—¿Qué quiere decir la fundación?

—Han siempre decía que Vanguard no pertenecía a sus fundadores.

—¿Entonces?

Song señaló a los niños.

—A ustedes.

Yuchen giró.

—Tenemos veinte por ciento total.

—Legalmente.

—¿Y realmente?

Song abrió una caja fuerte.

Sacó dos documentos.

Acciones preferentes.

Clase V.

Dos títulos.

Cada uno otorgaba derecho de veto sobre venta, liquidación y transferencia de las patentes principales.

Uno:

Shen Yuchen.

Otro:

Adrian Valerius.

Yuchen sintió el alcance.

—Por eso no pudieron liquidarla.

—Exacto.

—Necesitan ambas firmas.

—Sí.

—Adrian retiró su dinero del fondo.

—Entonces está vivo.

—Sí.

Song cerró los ojos.

—Gracias.

Aquella simple palabra sorprendió a Yuchen.

—¿Por qué?

—Han pasó años preguntándose si había condenado a dos niños para nada.

Yuchen no respondió.

Song continuó.

—Si ambos siguen vivos, quizá todavía exista oportunidad de arreglar algo.

—¿Qué?

—No lo sé.

Los empleados se reunieron.

No estaban impresionados con apellidos.

Eso agradó a Yuchen.

La mujer del laboratorio se llamaba Tang Lian.

El hombre de operaciones, Chen Bo.

El programador principal, Xu Ke.

Yuchen fue directo.

—¿Cuánto necesitamos para sobrevivir noventa días?

Su Yan, contadora, respondió:

—Depende de qué considere sobrevivir.

—Mantener empleados esenciales, servidores y patentes.

—Cuatro millones.

Yuchen tenía 1.935 millones si conseguía liberar su mitad del fondo.

—¿Ingresos?

—Casi cero.

—Deudas.

—Ciento ochenta y siete millones.

Jian Mo habría reído.

Yuchen no.

—¿Por qué alguien quiere las patentes?

Tang Lian habló.

—Meridian.

—Muéstremelo.

Era software viejo.

Interfaz simple.

Pero el algoritmo seguía funcionando.

Tang cargó datos médicos.

Meridian predijo rutas de distribución.

Necesidades.

Riesgos.

Y algo más.

Una sección bloqueada.

Resonance Analysis.

Yuchen señaló.

—Ábrela.

Tang negó.

—Necesita una llave.

—¿Cuál?

—Nunca la tuvimos.

Yuchen pensó en el medallón.

Lo acercó al lector.

La pantalla reaccionó.

Todos quedaron inmóviles.

AUTORIZACIÓN V-02 RECONOCIDA.

Yuchen sintió frío.

V-02.

¿Quién era V-01?

La pantalla cambió.

Nueve gráficas.

Meilin se acercó.

—Son Puertas.

Tang la miró.

—¿Qué?

Yuchen respondió:

—Después.

Otra ventana apareció.

SEGUNDO GUARDIÁN: ESTADO DESCONOCIDO.

Yuchen sintió el corazón acelerar.

Meridian sabía.

—Buscar archivos.

Xu Ke obedeció.

Había un registro.

Fecha: seis años atrás.

Última ubicación del Guardián.

Un nombre cifrado.

Solo dos iniciales.

G.M.

La habitación quedó completamente inmóvil.

Gu Meilin.

Yuchen giró.

Ella miraba la pantalla.

—No.

La cicatriz blanca de su muñeca comenzó a arder.

La interfaz de Meridian cambió.

GUARDIÁN DETECTADO.

Todos miraron a Meilin.

Ella retrocedió.

—Eso es imposible.

La pantalla mostró:

SEGUNDO SELLO — ANCLA HUMANA: ACTIVA.

Yuchen sintió la segunda resonancia golpear.

El contador apareció en su mente.

98 DÍAS.

Después cambió.

GUARDIÁN LOCALIZADO.

Por primera vez desde que comenzó la cuenta regresiva, Yuchen tenía una respuesta.

Pero Meilin parecía aterrorizada.

—Han nunca me dijo...

La pantalla agregó una segunda línea.

PROCEDIMIENTO DE LIBERACIÓN: REQUIERE MUERTE DEL GUARDIÁN.

Nadie habló.

Yuchen miró el mensaje.

Luego miró a Meilin.

Ella entendió antes de que él dijera nada.

La Segunda Puerta podía liberarse.

Pero según Vanguard...

el precio sería la vida de Gu Meilin.

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